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10 novelas eróticas que sí valen la pena (y NO se llaman 50 sombras)

Foto: Christian Coigny
Foto: Christian Coigny

Las cincuenta sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda,  la literatura erótica perversa y rica existe desde hace siglos. Para contrarrestar su derroche de creatividad fallida propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 opciones para celebrar el sexo. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.

1. La Venus de las pieles, Leopold von Sacher-Masoch, Axial (1870)
Cuenta la esclavitud sexual que un hombre establece con Wanda, una mujer alucinantemente fría. La novela está inspirada en las historias verdaderas de sometimiento a las que se expuso el autor, a partir de cuyo apellido se formó la palabra “masoquismo”. Aparecen látigos, disfraces, humillaciones y castigos que disfrutan tanto la “diosa cruel” como su esclavo, feliz de ser maltratado por ella.

2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, Tusquets (1989)
La protagonista, de 15 años, se enreda sexualmente con un amigo de su hermano mayor y se da cuenta de que le fascina el juego. A partir de ahí se convierte en la eterna niña (aunque tenga 30), insaciable, obsesionada por el sexo. Novela ganadora del Premio La sonrisa vertical, fue llevada al cine por Bigas Luna.

3. La historia del ojo, Georges Bataille, Fontamara (1928)
Escabrosa y a ratos surrealista, narra un viaje a España de Simone y Georges, pareja inmoral que se regodea entre semen, sangre y orina. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: “Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas”.

 4. Luna caliente, Mempo Giardinelli, Planeta (2009)
Cuando Ramiro regresa a casa luego de estudiar en el extranjero conoce a Araceli, una chica muy joven y muy sexual, que lo calienta “desmesuradamente”. Ella lo lleva a disfrutar un placer sin freno pero también aterrador, imparable, desaforado.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama (1955)
Una adolescente que sin darse cuenta (o sí) es provocadora y un hombre maduro enamorado de ella protagonizan esta joya de novela, controversial y llena de humor. La pluma de Nabokov regala pasajes como: “Después se precipitó a mis brazos impacientes, radiante, abandonada, para acariciarme con sus ojos tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes, umbríos… como la más barata de las bellezas baratas”.

6. Las piadosas, Federico Andahazi, Plaza & Janés (1998)
Ubicada a fines del siglo XVIII, aborda las reuniones de escritores notables como Byron y Shelley, pero con un twist perversito: no digo de qué se trata por evitar un odioso spoiler, pero el semen tiene un papel importante en la trama.

7. Historia de O, Pauline Réage, Tusquets (1954)
Una fotógrafa parisina es convertida por su amante en un objeto de placer sadomasoquista y compartida por él con varios hombres. Cadenas y azotes son algunos juguetes de ese intercambio arriesgado aceptado por ambos, en el que se alternan el dolor y el placer.

8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, Juan García Ponce, Fondo de Cultura Económica (1989)
Escrita por el genial autor mexicano, pone el foco en una joven intensa que muestra la vocación de obedecer. Cuando descubre su sexualidad desbordada, Inmaculada se dedica a perseguir el orgasmo como la única certeza de estar viva: “Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba […] que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

9. Justine o Los infortunios de la virtud, Marqués de Sade, Valdemar (1791)
Escenas de violencia sexual, seducciones hábiles, libertinaje y excesos pueblan las páginas de esta novela francesa que cuenta cómo Justine, quien quiere conservar la virtud, sólo encuentra incitaciones al vicio y la perversión.

10. Dorada, David Miklos, Tusquets (2014)
Por carta, una desconocida invita al protagonista a conocer sus “pechos exagerados”. Así viaja a la ciudad de La Dorada, cuyas mujeres se dejan hacer “cualquier cosa”. Ahí vive una experiencia de lujuria y alucinación, para luego visitar Aguafuerte, llena de chicas siempre listas y dispuestas a jugar.

Bonus: La pasión turca, Antonio Gala, Planeta (1993)
En un viaje a Turquía,
Desideria conoce a Yamam: por él se olvida de su marido, su país y su vida.  Poco a poco se ve revelando la pesadilla de esa relación en la que el cuerpo y el deseo son el eje.

“Gutenberg fue un vil estafador”

Imagen 2Para el lanzamiento de su nueva novela, El libro de los placeres prohibidos (Planeta), el escritor argentino Federico Andahazi declaró que Gutenberg no es el héroe que nos ha vendido la historia. En lugar de estar interesado en la difusión del conocimiento (¿quién puede creer que el impresor tenía ojos de futuro, para saber que su invento cambiaría al mundo?), en realidad fue un falsificador en busca de lucro. Con este fin en mente encontró cómo reproducir en dos horas un libro, tarea que hasta entonces podía tardar años al hacerse a mano y a un costo altísimo, “similar al de una casa”, señala Andahazi en entrevista citada por La página del idioma español. Afirma haber visto documentos que prueban que Gutenberg fue enjuiciado por estafa. Yo busqué en la web información al respecto pero sólo encontré que mantuvo su trabajo en el mayor secreto y que su familia, comerciante de metales, se vio involucrada en juicios por falsificación.

Lo que plantea el argentino no es descabellado. Además, me gustan su pluma y su osadía en novelas como Las piadosas, con lo que sin duda leeré El libro de los placeres prohibidos. Sin embargo, me despierta suspicacias que esta revelación surja al momento de promover su nuevo libro y, también, no localizar más información al respecto. Ojalá Andahazi aporte fuentes y datos duros o algún historiador serio profundice en el tema. Mientras tanto, me deja sembrada la duda.

Link relacionado

Artículo en La página del idioma español: http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=2243

Biografía de Gutenberg: http://www.robinsonlibrary.com/library/history/gutenberg.htm

Errante en la sombra, de Andahazi y Le potentiel érotique de ma femme, de Foenkinos

Hace tiempo que no escribo sobre mis recientes lecturas y varias editoriales internacionales me han llamado, preocupadas porque sus volúmenes de ventas están cayendo estrepitosamente a consecuencia de mi descuido. Lo reparo, pues, y comento los dos últimos libros a los que les hinqué el diente.

Esperaba mucho del argentino Federico Andahazi, Errante en la sombra, Planeta. Hace años le leí El anatomista y Las piadosas, ambos excelentes, disfrutabilísima su clave erótica. De este volumen aplaudo el riesgo de cambio de registro (dejar los temas eróticos en los que Andahazi se mueve cómodamente para abordar ahora la vida de un tanguero ¿de ficción?: Juan Molina) y la osadía de traducir a novela el tono de un melodrama musical (los personajes empiezan a cantar a media calle y peatones, automovilistas, vendedores se suman en coreografía perfecta, para después regresar a sus actividades). Sin embargo, no me convenció el experimento. La anécdota me quedó corta, el personaje de Gardel me atrapó al principio pero luego se desdibujó, al de Juan Molina lo sentí excesivo. Además, aunque presumo de conocer términos en lunfardo porque amo el tango “clásico”,  llegó a cansarme su excesiva inclusión en la novela. En fin, que no me dejó huella.

En cuanto al francés Foenkinos, es mi primer acercamiento a su narrativa, sobre la que había leído muchos elogios. Compré en español La delicadeza, también de él, por consejo de un librero bonaerense a quien pedí me recomendara un libro “que no podía morirme sin haber leído”. Luego en París me topé con este y decidí que era mejor conocer al autor en su lengua original, así que por ahí arranqué. Es una novela divertida, sobre un hombre gris que se dedica a coleccionar lo-que-sea y luego de “rehabilitarse” de la adicción termina por coleccionar momentos de su mujer, particularmente cuando ella lava los vidrios. El personaje cita a Thomas Mann: “Quien ha contemplado la belleza está ya predestinado a la muerte” y se dice que ver a Brigitte lavando los vidrios es un propia Muerte en Venecia. La novela es divertida, permite pasar un buen rato: el “negocio” familiar de una agencia de viajes para mitómanos que quieren hacer creer a otros que estuvieron en un determinado país, la escena de Hector mostrando su sexo en una cena de amigos para cumplir la fantasía de su mujer, los trillizos que coronan la vida de un hombre que no puede con la “unicidad” son momentos ingeniosos, pero no más.

Ahí están ambas experiencias de lectura y aunque pasé sin pena ni gloria por ellas, seguiré a los dos autores: de Andahazi quiero Argentina, con pecado concebida (una historia sexual de ese país) y de Foenkinos pronto leeré la ya mencionada La delicadeza.