Archivo de la etiqueta: Antonio Gala

Invito la champaña: este blog rebasa los 10 mil seguidores

Gracias a ti y a las otras 9,999 vidas que me acompañan en este espacio.

Me llega una notificación de que Palabras A Flor de Piel ha superado ese número críptico, telúrico, estruéndico (a la izquierda de este texto puedes ver la cifra).

La noticia me pone de muy buenas, me hace alucinarme de gusto, porque pagaría cualquier cosa por tener esta comunidad y sin embargo cada uno de ustedes me acompaña de gratis: son gente que ama los libros y las letras, que se emociona con un verso y lo va murmullando como un mantra, que busca (igual que yo) una forma intensificada de habitar la realidad.

Gracias amplias, coloridas, hondas y altas por enriquecerme de cotidiano, por hacer que este espacio sea una casa tan ricamente amueblada.

Aquí va una canción que me encanta y me apetece regalarte, porque me emociona cada vez que la oigo: es la musicalización que hizo Antonio Vega al soneto de Antonio Gala.

Salud y gracias de nuevo. Desde los hipocondrios.

 

 

#SábadoDeMúsica Una celda de amor contigo llena

Captura de pantalla 2016-05-14 a las 12.19.22

El sábado es más sábado si lo inaugura un buen soneto de amor, como éste del andaluz Antonio Gala, musicalizado por Antonio Vega. Porque sí, no creo en más infierno que tu ausencia y no concibo castigo menos grave que una celda de amor contigo llena. Es más, por qué no vamos inaugurando mi sentencia.

 

 

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

10 novelas eróticas que sí valen la pena (y NO se llaman 50 sombras)

Foto: Christian Coigny
Foto: Christian Coigny

Las cincuenta sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda,  la literatura erótica perversa y rica existe desde hace siglos. Para contrarrestar su derroche de creatividad fallida propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 opciones para celebrar el sexo. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.

1. La Venus de las pieles, Leopold von Sacher-Masoch, Axial (1870)
Cuenta la esclavitud sexual que un hombre establece con Wanda, una mujer alucinantemente fría. La novela está inspirada en las historias verdaderas de sometimiento a las que se expuso el autor, a partir de cuyo apellido se formó la palabra “masoquismo”. Aparecen látigos, disfraces, humillaciones y castigos que disfrutan tanto la “diosa cruel” como su esclavo, feliz de ser maltratado por ella.

2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, Tusquets (1989)
La protagonista, de 15 años, se enreda sexualmente con un amigo de su hermano mayor y se da cuenta de que le fascina el juego. A partir de ahí se convierte en la eterna niña (aunque tenga 30), insaciable, obsesionada por el sexo. Novela ganadora del Premio La sonrisa vertical, fue llevada al cine por Bigas Luna.

3. La historia del ojo, Georges Bataille, Fontamara (1928)
Escabrosa y a ratos surrealista, narra un viaje a España de Simone y Georges, pareja inmoral que se regodea entre semen, sangre y orina. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: “Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas”.

 4. Luna caliente, Mempo Giardinelli, Planeta (2009)
Cuando Ramiro regresa a casa luego de estudiar en el extranjero conoce a Araceli, una chica muy joven y muy sexual, que lo calienta “desmesuradamente”. Ella lo lleva a disfrutar un placer sin freno pero también aterrador, imparable, desaforado.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama (1955)
Una adolescente que sin darse cuenta (o sí) es provocadora y un hombre maduro enamorado de ella protagonizan esta joya de novela, controversial y llena de humor. La pluma de Nabokov regala pasajes como: “Después se precipitó a mis brazos impacientes, radiante, abandonada, para acariciarme con sus ojos tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes, umbríos… como la más barata de las bellezas baratas”.

6. Las piadosas, Federico Andahazi, Plaza & Janés (1998)
Ubicada a fines del siglo XVIII, aborda las reuniones de escritores notables como Byron y Shelley, pero con un twist perversito: no digo de qué se trata por evitar un odioso spoiler, pero el semen tiene un papel importante en la trama.

7. Historia de O, Pauline Réage, Tusquets (1954)
Una fotógrafa parisina es convertida por su amante en un objeto de placer sadomasoquista y compartida por él con varios hombres. Cadenas y azotes son algunos juguetes de ese intercambio arriesgado aceptado por ambos, en el que se alternan el dolor y el placer.

8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, Juan García Ponce, Fondo de Cultura Económica (1989)
Escrita por el genial autor mexicano, pone el foco en una joven intensa que muestra la vocación de obedecer. Cuando descubre su sexualidad desbordada, Inmaculada se dedica a perseguir el orgasmo como la única certeza de estar viva: “Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba […] que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

9. Justine o Los infortunios de la virtud, Marqués de Sade, Valdemar (1791)
Escenas de violencia sexual, seducciones hábiles, libertinaje y excesos pueblan las páginas de esta novela francesa que cuenta cómo Justine, quien quiere conservar la virtud, sólo encuentra incitaciones al vicio y la perversión.

10. Dorada, David Miklos, Tusquets (2014)
Por carta, una desconocida invita al protagonista a conocer sus “pechos exagerados”. Así viaja a la ciudad de La Dorada, cuyas mujeres se dejan hacer “cualquier cosa”. Ahí vive una experiencia de lujuria y alucinación, para luego visitar Aguafuerte, llena de chicas siempre listas y dispuestas a jugar.

Bonus: La pasión turca, Antonio Gala, Planeta (1993)
En un viaje a Turquía,
Desideria conoce a Yamam: por él se olvida de su marido, su país y su vida.  Poco a poco se ve revelando la pesadilla de esa relación en la que el cuerpo y el deseo son el eje.

Ojalá así fuera mi insomnio

Imagen 1
Ilustración: Dora Holzhandler

 

Cuando uno tiene problemas de insomnio, lo mejor que puede hacer es dedicar las horas blancas a los libros. Anoche mi sueño y yo estuvimos descoordinados, así que entre otras cosas leí este poema del español Antonio Gala, sobre un amante que se queda dormido en brazos de quien lo besa. Ahora, ya despierta para arrancar el día, me sigue pareciendo un insomnio hermoso.

“Mientras yo te besaba

te dormiste en mis brazos.

No lo olvidaré nunca.

Asomaban tus dientes

entre los labios:

fríos, distantes, otros.

Ya te habías ido.

Debajo de mi cuerpo seguía el tuyo,

y tu boca debajo de mi boca.

Pero tú navegabas

por mares silenciosos en los que yo no estaba.

Inmóvil y en silencio

nadabas alejándote

acaso para siempre.

Te abandoné en la orilla de tus sueños.

Con mi carne aún caliente

volví a mi sitio:

también yo mío ya, distante, otro.

Recuperé el disfraz sobre la arena.

“Adiós”, te dije,

y entré en mi propio sueño,

mi propio sueño,

en el que tú no habitas”.

-Antonio Gala

Bendito sea el sexo

Escultura: Cupido y Psyche, por Auguste Rodin,
Escultura: Abrazo de Cupido y Psyche, por Auguste Rodin,

Siempre que visito un país nuevo me gusta empaparme de literatura que sucede ahí, es como ir con palabras antes de hacerlo con el cuerpo y los ojos desbordados. Ante la perspectiva de un viaje próximo a la deseadísima Turquía (país que hace muchos años muero por conocer), releo La pasión turca, novela del cordobés Antonio Gala que tiene las anotaciones de mi primera lectura, en 1995. Encuentro esto, subrayado por mi mano joven: “Bendito sea el sexo y su desorden, y la pasión que nos desata: ellos nos redimen de nuestros lastres y de nosotros mismos. Aunque también supongo que, si no estuviéramos reducidos a prisión —si fuésemos siempre desenfrenados y procaces—, no gozaríamos tanto con esa libertad provisional a la que aludía, con esa libertad, efímera y compartida, que lleva de la celda común a la huida común”.

Coincido con esta afirmación, que hace casi 20 años me deslumbró. Mi personalidad estructurada, de disciplina inglesa y orden extremo, se libera de sí misma en el encuentro con el otro, con el que es mío (y yo, suya), en esa “huida común” de la que habla Gala. Cómo no va a ser bendita la experiencia.

 

 

 

En zona oscura

Foto: German Paraire
Foto: German Paraire

“Él sigue teniendo el poder de invadirme, de anonadarme, de trasplantarme al séptimo cielo y dejarme allí a oscuras”. Antonio Gala, La pasión turca (Planeta). Nada que añadir. Escribo desde la penumbra de las 10 de la mañana.

Erotismo con sutileza de campo

Imagen 8

Estuve de viaje en la provincia mexicana y una noche recordé vagamente estos versos sutiles. Hoy los transcribo tal como los cita Antonio Gala. Ante la imposibilidad de haberlos escrito yo, los repito como un mantra suculento:

“Dicen que soy tu montura./

Si de ti salgo al campo montada,/

a tu poder me acomodo:/

como una flecha corro cuando metes tu espuela,/

y me detengo cuando tú te detienes.”

(poema árabe citado en El manuscrito carmesí, Planeta)

A veces, el amor se pone a coser

Screen shot 2013-08-12 at 5.29.38 PM

“La mano del amor nos ensartó para la alegría:

nosotros éramos las perlas, y el deseo era el hilo”.

Poemita árabe antiguo citado por Antonio Gala en El manuscrito carmesí (Planeta)

De una sencillez increíble, los versitos sugieren, son plásticos. Cuando sea grande quiero escribir así.

PD Y sí, celebro con trompetas, bocinas y alharaca que la mano del amor nos ensartara…

La definición que plagio cada día

Imagen 2
Anya Mielniczek

“El amor es una amistad con momentos eróticos […] La amistad es un amor imperfecto porque le falta lo erótico. El eros es un amor imperfecto porque le falta lo amistoso, con su firme y sosegada lealtad”, dice Antonio Gala en un pasaje de “Charlas con Troylo”, incluido en la antología El águila bicéfala (Espasa Calpe).

Hace noches, en torno al mezcal, un amigo hizo una de esas preguntas que cimbran: ¿qué es el amor? Yo recordé este concepto de Gala, leído hace tiempo: sin amistad, se trata de amantes ocasionales, que carecen de pegamento después del paroxismo; sin deseo, se trata de amigos. Esa noche, al calor del alcohol se ensayaron muchas definiciones pero para mí, tozuda como soy, ésta del enorme poeta español sigue siendo la favorita (y la que tengo la Fortuna de plagiar cada día).

Memorables comienzos de libros 2

1

Había dicho que escribiría una segunda entrega del post original Memorables comienzos de libros (ver entrada del 9 de diciembre de 2012). En aquel caso consigné mis inicios favoritos de novelas escritas en lengua extranjera; en éste, cito las primeras palabras de libros escritos en español. La idea es consignar esas frases iniciales que prometen un gran texto y cumplen con la expectativa (o la rebasan): en un par de líneas crean un mundo en el que en su momento no pude evitar introducirme, para después de muchas páginas salir sin ganas de hacerlo, tan feliz estaba ahí dentro. Aquí está:

“Empieza con un niño que nunca fue adulto y termina con un adulto que nunca fue niño. Algo así. O mejor: empieza con un suicidio adulto y una muerte infantil, y termina con una muerte infantil y un suicidio adulto. O con varias muertes y varios suicidios de edades variables. No estoy seguro. No importa”. (Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington)

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué”. (Ernesto Sábato, El túnel)

“De lo poco que aprendo en la madraza, fundada por mi antecesor Yusuf I, y de los encanecidos maestros, fríos y desdeñosos con los jóvenes, una sola cosa es la base de todas las demás: no somos libres. Nuestro destino se nos adjudica al nacer […] Yo de mí puedo jurar que jamás he elegido. Sólo lo secundario o lo accesorio: una comida, un color, la manera de pasar una tarde. La libertad no existe”. (Antonio Gala, El manuscrito carmesí)

“Se enamoró. De un hombre con mal tono muscular y bolsas debajo de los ojos. No pudo evitarlo. Uno no puede evitar esas cosas, aunque lo intente. No lo intentó tampoco. Pero en días como ése le gustaba pensar en lo que habría pasado de hacerlo”. (Rosa Beltrán, Alta infidelidad)

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos la cera y destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte”. (Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte)

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad)

“La pequeña plaza de piedra parecía flotar en la reverberación del mediodía ardiente cuando el Cristo de Elqui, de rodillas en el suelo, el rostro alzado hacia lo alto —las crenchas de su pelo negreando bajo el sol atacameño—, se sintió caer en un estado de éxtasis. No era para menos: acababa de resucitar a un muerto”. (Hernán Rivera Letelier, El arte de la resurrección)

“Jacqueline Cascorro, la protagonista de este relato, conoció durante buena parte de su vida las experiencias conyugales de rutina: arrebatos, riñas, infidelidades, crisis y reconciliaciones. Todo cambió en un instante, cuando al quebrar con sus manos una pata de cangrejo y oír descorchar a sus espaldas una botella de champaña se dejó poseer por un pensamiento que la visitaría de manera intermitente, convirtiéndola, y ya para siempre, en una mujer de muy malas ideas”. (Sergio Pitol, La vida conyugal)

“Ese año pasaron muchas cosas en este país. Entre otras, Andrés y yo nos casamos. Lo conocí en un café de los portales. En qué otra parte iba a ser si en Puebla todo pasaba en los portales: desde los noviazgos hasta los asesinatos, como si no hubiera otro lugar. Entonces él tenía más de treinta años y yo menos de quince”. (Ángeles Mastretta, Arráncame la vida)

“La violación comienza con la mirada. Cualquiera que se haya asomado al pozo de sus deseos, lo sabe. Como contemplar esas fotografías de muñecas torturadas, apretadas cual carne floreciente, aprisionada y dispuesta para la mirada del hombre que acecha desde la sombra”. (Ana Clavel, Las Violetas son flores del deseo)

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros”. (Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí)

2

3