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“No podría vivir si no dosificara mi ignorancia”: Alberto Montt

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Platiqué con el humorista gráfico y creador de En dosis diarias antes de la función de standup ilustrado que ofrece con su cómplice, el enorme Liniers.

Vino a México para asistir a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, presentar el tercer volumen de su libro En dosis diarias (Sexto Piso) y ofrecer dos funciones de standup ilustrado con Liniers, ese otro puntal definitivo del humor gráfico en español. Pero, ¿qué es un standup ilustrado? En escena y mientras todo se proyecta en una gran pantalla para el público que ambos han creado a golpes de inteligencia y humor, Liniers y Montt platican, bocetan, uno dibuja anécdotas del otro y el otro, del uno. Se ríen, cómplices sin complejos. O con pocos. O con muchos, pero exorcizados a través de sus monos. Luego, piden a los asistentes que anoten en un papelito su miedo más grande. Sacan papeles al azar y le ponen cara a los miedos para reírse de ellos y luego regalar los dibujos a la audiencia, en una jugada freudiana soberbia.

Aquí, lo que Montt me dijo antes de la primera función.

¿Qué ofrecen en el standup?
Estamos experimentando, no tenemos idea cómo va a salir. Yo tengo miedo. Claro, Liniers tiene muchas horas de circo por las giras musicales que hace con Kevin Johansen, es un enfermo. Yo no. A ver cómo nos va.

En tus dibujos aparecen con frecuencia Dios y el Diablo, pero no los políticos. ¿Por qué?
Casi todo lo que toco en mis cartones es política, aunque no es contingencia. Algo que intento copiar de Quino es tratar temas grandes, no quedarme en la pequeñez. Criticar a Peña Nieto es facilísimo, no tiene ninguna gracia, pero hablar de prepotencia, impotencia, dolor o manipulación es mucho más grande y mucho más político. Por otro lado, Dios y el Diablo están muy presentes en mis dibujos porque como latinoamericanos hemos vivido bajo el yugo judeocristiano. Además, no hay nada que evidencie más la naturaleza humana que esas proyecciones magnificadas de nuestras propias miserias.

¿Qué le criticarías a tus monos?
Uf, hay mucho que mejorarles. Diría que les falta rigor tanto en forma como en fondo, pero al mismo tiempo eso tampoco es válido, porque yo empecé a dibujar con el afán de hacer algo rápido, que me permitiese drenar ideas. Cuando no termino un cartón en 40 minutos me aburro y no me funciona, así que si les metiera más obsesividad perderían el sentido por el cual fueron creados. No les critico nada. Son perfectos.

¿Algo te genera culpa?
Quitarle tiempo a mi hija si por falta de eficiencia me tardo de más en un dibujo. ¿Qué hago con esa culpa? Todo lo que no me conviene lo barro debajo de una alfombra enorme que tengo.

¿Qué ignoras?
Ignoro muchas cosas por comodidad, porque si le pusiera atención a cada detalle me suicidaría. Es decir, no puedo ir a comprar unos zapatos en paz si no ignoro todo lo que conllevan, que quizá fueron hechos por niños explotados en Tailandia. El mundo es un lugar muy desgraciado y no tengo la madurez emocional para abarcarlo todo. No podría vivir si no dosificara mi ignorancia.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

Da click aquí para ir a la entrada Mi maldito teléfono celular, con un cartón de Montt

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Estoy huérfana de libro

Foto: www.thewortzone.net
Foto: http://www.thewortzone.net

Tengo muchos títulos a la mano, de autores que ya son parte de mi familia elegida, pero me falta uno. Y ese uno se vuelve todos.

Llevo horas buscando en mi biblioteca Diario de un aspirante a santo, novela de Georges Duhamel publicada por El Equilibrista. La leí hace años y la releí casi de inmediato, fascinada por su humor corrosivo. Trata de un oficinista que un día decide alcanzar la celebridad y calcula que volverse santo es lo más accesible, considerando que no tiene ni dinero ni talento. Un santo pasa a la historia por sacrificarse y practicar formas de la piedad, así sean tan predeciblemente ingenuas como amar mucho y a todos. Suena factible.

Razona que para ser canonizado es preciso practicar la humildad más paradójica: ser el más pobre, el más obediente. Alcanzable. Supone que no importa carecer de fe, al fin y al cabo, quién cree hoy en día. Así empieza una ardua labor de machucarse el dedo con la puerta, para entrenarse en soportar el dolor. De entregar su dinero a los pobres, aunque sean abusivos. De renunciar a las vanidades diarias en pos de la vanidad máximo: consagrarse como santo. Bueno, pues ese libro que destroza con elegancia prejuicios varios no está en mi biblioteca.

Estoy segura de no haberlo prestado, segurísima. No lo perdí en la última mudanza porque recuerdo haberlo acomodado en los anaqueles de narrativa extranjera (así de laxamente los organizo). No está. Busco en las repisas cercanas, un desbarajuste de títulos. Tampoco. En el proceso abro algunos, se me antoja releerlos y con esfuerzo los regreso a su lugar, para seguir hurgando. Enfilándome hacia la paranoia, miro de soslayo a la chica que resuelve mi desastre casero. No parece ocultar ninguna culpa relativa a mi libro. Tampoco mi adolescenta es sujeto de sospecha: la palabra “santo” la hubiera ahuyentado de inmediato.

Literalmente, el Diario de un aspirante a santo parece haberse esfumado. Entiendo cómo se siente el fetichista sin su objeto caro. Su caro objeto. No sé hace cuánto lo perdí pero caigo en una nostalgia retroactiva. En eso estoy cuando mi querido amigo Andrés me manda una columna impecable del escritor colombiano Arturo Guerrero, titulada “Reorganizar una biblioteca”. En ella cuenta lo que pasa cuando se requiere poner orden en los libros. “El primer acto consiste en desocupar los anaqueles. ¡Sorpresa! Una biblioteca está viva y es impredecible. Con los años crece, engorda, se deforma, le nacen tentáculos que duermen acostados sobre el orden erguido de los tomos. Es inevitable que la disposición por temas, autores, países o épocas se reviente. Entonces las tablas destierran volúmenes recién llegados, con destino a estanterías peregrinas donde estos fundan repúblicas independientes. Al cabo, el depósito de la inteligencia entre palos se hace galimatías. Nadie, ni el mismo acumulador, encuentra el libro oportuno y urgente. Un libro siempre es urgente.”.

Sí, mi libro es urgente. Tengo a la mano otros muchos, de autores que ya son parte de mi familia, pero no me consuelan. Sólo quiero ese. Sufro una extraña sensación de orfandad.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Rodrigo Fresán: “Celebro que mis libros no puedan ser adaptados para TV”

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Conversé con el escritor argentino sobre su más reciente novela, La parte inventada, en la que a puro estilo literario se planta de cara a las modas (y los medios).

Navega a contracorriente, como todo lo que hace Fresán. Demandante, de estructura fragmentada y lenguaje torrencial, La parte inventada rebasa las 600 páginas sobre un tema difícil: la mente de un escritor, la vocación literaria. Pero al mismo tiempo derrocha estilo, igual que el trapecista que hace piruetas descabelladas y cae en el banquito al redoble del tambor, como si nada. Así. Ambiciosa en esta época de literatura light, trata sobre un autor, rabiosamente antielectrónico, que tuvo éxito en el pasado pero ya no puede escribir.

Estamos en la Feria del Libro de Guadalajara. Mientras saludo a Martín Caparrós, su amigo y también argentino, aparece Fresán. Es altísimo. Trae un libro en la mano: Galápagos, de Kurt Vonnegut. “Lo estoy releyendo. No tenía esta edición”, dice. Le pregunto qué leyó en el vuelo desde su casa en Barcelona. Contesta que en los viajes sólo relee, no le gusta empezar algo en el avión y terminarlo en casa. Entonces carga libros que casi sabe de memoria, para interrumpirlos sin problema. “Ahora traje los cuentos de Salinger y Música para camaleones, de Truman Capote, uno de los libros más estremecedores que hay”. Nos sentamos a platicar.

LEER Y ESCRIBIR TANTO… EN TWITTER. La parte inventada destroza las redes sociales, pero es una postura exagerada. Aunque no la comparto, sí creo que contribuyen a destruir narradores. El momento top de mi infancia eran las vacaciones: tres meses de no ver a tus amigos y luego contarles lo que habías hecho, volverlo fascinante. Ahora, en 140 caracteres todos saben a dónde fuiste. Me irrita que se lea y escriba tanto y que el resultado sea eso. Tuitear El Quijote no lo entiendo como vanguardia. En cuanto a la lectura, el gesto vanguardista insuperable es que unos caracteres negros se te metan por los ojos. ¿Qué más?

DEFENDER LA SOLEDAD. Mi literatura es retaguardista, se ocupa de la retaguardia de las cosas. La vanguardia de este oficio son ferias, festivales, premios, pero a mí me preocupa el momento de la escritura: ahí se libra la verdadera batalla. Uno se hace escritor porque le gusta estar solo, es una de las pocas formas legítimas de defender la soledad. Hasta el siglo XIX era algo noble. Hoy, si dices: “Quiero estar solo”, todos se preocupan, pero si dices “Quiero estar solo porque tengo que escribir” todavía te lo dejan pasar.

SIGUIENTES 14 PORTADAS. La novela tenía siete partes inconexas y no encontraba cómo unirlas, estaba bloqueado. Un día, llevando a mi hijo al colegio pasamos por una tienda en cuyo aparador había un muñequito de cuerda. Mi hijo lo vio y dijo: “Es la portada de tu libro, el protagonista”. Lo compramos y de vuelta en casa encontré que era la solución: terminó de unir el libro. De hecho, la portada lleva el crédito de mi hijo y él cobró lo correspondiente. Ahora, claro, ya tiene las de mis próximos 14 libros.

DISFRUTAR SIN INTERFERENCIAS. Los odontólogos y los panaderos se desconectan al llegar a casa, pero el escritor no, porque todo es escribible, literalizable. Nabokov decía que la realidad no es más que información más especialización: hay una realidad neutral que habitamos todos, del tipo “esto es una silla”, y luego un carpintero se detiene en su estructura carpenterística, mientras un escritor piensa qué hacer narrativamente con ella. Cuando estoy de vacaciones me gustaría disfrutar y sufrir plenamente las cosas, sin interferencias literarias. Y además está el respeto: no puedes estar en el funeral de tu amigo y decir “mmm, esto que escuché me interesa”.

LITERATURA Y TELEVISIÓN. Vivimos en un momento tan crítico para la literatura que, paradójicamente, te permite arriesgar más: si nada vende, por qué no intentar lo que quieras. Yo trato de escribir libros parecidos a los que me gustan, con cierta complejidad, cierto juego. Ante el bombardeo audiovisual, la única batalla que puedo ganar es la del estilo. Me interesa que la literatura sea diferente a la televisión. Para mí es un logro que ninguno de mis libros pueda ser filmado o adaptado para una serie.

VIDA Y FICCIÓN, INEXACTAS. Mi metáfora favorita sobre escribir es la frase de John Updike que cito en La parte inventada: el artista trae al mundo algo que no existía y lo hace sin destruir nada a cambio, “en una especie de refutación de la conservación de la materia”. Me gusta esa referencia químico-física, disciplinas sobre las que no tengo idea, porque tanto la realidad como la literatura son ciencias inexactas.

BIOY, POR SOBRE BORGES. El estilo de Borges acaba comiéndoselo, sus últimos libros parecen escritos por un admirador suyo. Bioy, en cambio, se sostiene. Me parece un mejor escritor, ahora lo estuve leyendo en la Antología de la literatura fantástica. Me deja alucinado lo bien que escribe, con sus toques de rareza, como esquirlas destellando en una aparente normalidad.

DEVORADOS POR LA LITERATURA. Desde niño quise ser escritor. No conozco otra cosa, nunca pensé que la vida podía ser de otra manera. La mayoría de mis amigos son escritores, estamos en lo mismo, así que el único antídoto que me puede sacar de cierto solipsismo es que estoy muy enamorado de mi mujer y de mi hijo, me llevo muy bien con ellos. Yo tengo esa suerte, pero entiendo a los escritores que tienen situaciones familiares complicadas y son devorados por la literatura.

¿ARGENTINO? Disfruto mucho la amplitud temática de la literatura argentina, pero en otros temas no me envuelvo en la bandera de mi país. No me interesa el futbol, no pienso que Gardel cante mejor cada día, estoy seguro de que Dios no es argentino, no me psicoanalicé nunca.

LO QUE VIENE. Para 2015 quiero escribir una novela y en tándem hacer un cuento por mes. Todos mis libros de cuentos están imbricados, unidos al final, pero ahora me apetece hacer cuentos sueltos: uno sobre el verano, otro sobre Marte, otro sobre no levantarte de la cama, aunque no sé si podré, porque me pierde la idea de ensamblar estructuras.

(Originalmente publicado en la revista SoHo).

Durante la entrevsita
Durante la entrevista

 

Cuatro pelis que fueron de papel

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Este mes se estrenan en México varias cintas basadas en libros. Bien vale la pena mencionarlas y recordar los títulos que las soportan.

Libro y pantalla manejan lenguajes distintos, emplean recursos diferentes, incluso tiempos que no se parecen, así que la discusión simplista de si el libro es mejor que la película o viceversa me da flojerita. Eso sí, mi deformación lectora hace que normalmente termine clavándome más con los personajes tejidos en mi mente desde las páginas de un libro, que de los montados en pantalla. Supongo que influye que a los primeros los invito a vivir a mi casa durante las semanas que toma la lectura, les doy un tono de voz, los voy construyendo, los veo cambiar y me acompañan en el día a día. Así, muchos se vuelven parte de la familia, como Frankenstein. Cuando leí hace años la novela, me gustó el doctor de curiosidad infinita pero me fascinó su criatura, mezcla de ingenuo cursilón y maldito. Seguro iré a ver la nueva versión en cine, a ver qué tal.

Aquí, las cuatro cintas que se estrenan este mes. Para ver antes del libro, después del libro, durante el libro o en vez del libro.

 1) 6 DE NOVIEMBRE. 007 Spectre. “Sólo se vive dos veces: una cuando naces y otra cuando miras a la muerte a la cara”. Ian Fleming, You Only Live Twice.

Los ojos azules de Daniel Craig le vuelven a dar vida a James Bond. El personaje estelar de la película 24 de la saga es el inverosímil espía inspirado en las 12 novelas del inglés Ian Fleming, aunque luego el escritor John Gardner tomó la estafeta y escribió otras 14 novelas sobre él. Esta nueva entrega fue parcialmente filmada en el Centro Histórico del D.F. (obvio, con extras mexicanos) y tuvo una sonada premiere esta semana con la presencia de Craig y las chicas Bond: Monica Belluci y Stephanie Sigman. Si a Fleming alguien con una bola de cristal le hubiera contado que su espía de cabecera iba a debutar en México el Día de Muertos seguro suelta una carcajada. O un insulto, por la burla.

2) 6 DE NOVIEMBRE. El Principito. “Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos pensó el principito caminaría suavemente hacia una fuente”. –Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince.

Con una combinación de animación y stop motion, mañana viernes también se estrena la reinterpetación del clásico libro infantil para adultos. En ella, una niña contemporánea que vive como gente grande lee por primera vez la novela que Antoine de Saint-Exupéry escribió en 1943. Literalmente se alucina con el libro en el que viven la boa que se come un elefante, el habitante del asteroide B612, el planeta lleno de árboles baobabs. La película llega al cine en versiones 2D y 3D. Como dato curioso (y aterrador), Manuel “El loco” Valdés participa en el doblaje al español.

3) 20 DE NOVIEMBRE. Sinsajo. El final. “Para que haya traición, primero debe haber confianza”. -Suzane Collins, The Hunger Games.

A partir de tres películas basadas en la trilogía de ficción Los juegos del hambre, la escritora estadounidense Suzanne Collins convirtió en moda mundial el futuro desolador de la humanidad. La protagonista es Katniss Everdeen, adolescente insegura y arrogante (perdón por la redundancia), que despierta devociones no controladas entre fans de la distopía, de la épica, de la esperanza de que podemos recomponer la historia humana. Y provoca cifras de venta de muchos millones de dólares, tanto de libros de papel y electrónicos como de merchandising y, claro, de taquilla. Ahora llega la última parte de la saga, pero no se requiere suspicacia para adivinar que pronto vendrán secuelas, precuelas y hasta gemelas. Todo con tal de seguir exprimiendo el limón.

4) 26 DE NOVIEMBRE. Victor Frankenstein. “Si no puedo inspirar amor, ¡provocaré miedo!”. -Mary Shelley, Frankenstein.

El monstruo imaginado en 1818 por la muy joven escritora británica (tenía 21 años cuando se publicó) pasa de nuevo por la pantalla grande. La novela fue escrita para una competencia de cuentos de horror en la que también participaron los poetas Percy Bysshe Shelley, esposo de Mary, y Lord Byron, además del narrador John William Polidori. Cada uno produjo un texto, pero el que sigue fascinando hasta hoy es el de Mary. El libro es de veras una joya narrativa, escrito en forma de cartas y con un doctor Frankenstein que no desmerece frente a su creación. En la cinta actúa Daniel Radcliffe, es decir, Harry Potter, como ayudante del intenso doctor.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

#CrónicaDesdeJapón Por qué este escritor nipón rompió con el haikú

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Shuntaro Tanikawa

Acostumbrada como estoy a asociar literatura japonesa y haikú, nunca había pensado que un autor renegara de esa riquísima tradición. Pero sí, entiendo el porqué.

Ando de viaje por Japón y aprovecho la excusa para empaparme de su literatura. Traigo conmigo Dos mil millones de años luz de soledad, de Shuntaro Tanikawa, traducido al español por Cristina Rascón y publicado recientemente por la UAM. Nacido en 1931, Tanikawa es uno de los poetas nipones actuales más reconocidos, merecedor de infinidad de premios literarios y autor de más de 60 títulos. Éste fue su primer libro,  publicado cuando tenía 21 años y su país acababa de liberarse de la ocupación estadounidense. En ese contexto, se distanció de las formas tradicionales, como el haiku y el tanka, e incluso se confesó contrario a su uso, “ya que la métrica del 7 y 5 [había] sido utilizada para campañas imperialistas de exhortación a la guerra”. En consecuencia buscó nuevas formas para referirse a la realidad de un Japón post-guerra y post-bomba atómica: empleó metáforas, sonetos, referencias occidentales. En ese marco se inserta su espléndido poema “Noche de lluvia silenciosa”:

“quiero estar sentado así por mucho tiempo

mientras escucho en silencio cómo se hunden nuevos miedos y tristezas

lisonjear el olor de Dios sin creer en Dios

recoger hojas en la avenida de un país lejano

anegarme de candiles ilusorios del pasado y del futuro

creer en un sofá mullido sobre el mar azul

y     más que nada

amarme sin límites

quiero estar sentado así en secreto mucho tiempo”

El poema me llega. Lo releo y me toca más. Me sienta de golpe en el centro de un país descreído que tiembla de dolor y miedo, en el que un escritor intenta hacerse un espacio, crear un lenguaje que le ponga palabras a lo nuevo (¿no es un poco el intento de todo autor?). Luego leo la nota de la traductora: los ideogramas de la palabra hojas y del concepto palabras están relacionados. Mejor dicho, hojas es un ideograma contenido dentro de palabras. Pensar en ideogramas japoneses no es lo mío, así que busco un ejemplo en español: niño está contenido dentro de la voz niñera. Supongo que es algo así. El asunto es que una de las primeras antologías de literatura japonesa, Manyoshu, puede significar a la vez “colección de las diez mil hojas, colección de las diez mil palabras o colección de los diez mil poemas”, dice Rascón. Por eso, el verso “recoger hojas en la avenida de un país lejano” puede referirse también al “acto de crear poesía o palabras en la avenida de una región aparte, es decir, una región poética distinta a la generación de escritores que precede a Tanikawa”. Agradezco la nota, que me ayuda a entrar en las honduras del verso, entender mejor la intención de rompimiento del autor con sus antecesores, la fuerza que implica pero también la vulnerabilidad que lleva entretejida y con la que puedo conectar.

Una nota adicional sobre Rascón: además de ser escritora por derecho propio, es maestra en Política pública por la Universidad de Osaka, en Japón, y diplomada en Estudios asiáticos por la Universidad de Kansai Gadai. En sus ratos libres le da por traducir del japonés libros imperdibles, como éste, enriquecido con referencias culturales y notas de contexto histórico. De verdad, muy recomendable.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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Lo que averigué de la Nobel de Literatura 2015

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Se anuncia el nombre de la ganadora: este año es Sveltana Alexievich, de  67 años, nacida en Ucrania. Primera noticia.

Me entero de que la Academia Sueca reconoce sus escritos “polifónicos, un monumento actual al sufrimiento y al coraje”.

Que empezó trabajando como periodista y su estilo es un collage de voces, de emociones sobre conflictos como Chernobyl, la guerra de Afganistán, la era post-Unión-Soviética.

Que su primer libro, de 1985, podría traducirse como La guerra no tiene rostro de mujer. Se basa en entrevistas con cientos de francotiradoras, pilotos y conductoras de tanques que participaron en la Segunda Guerra Mundial, pero al terminar el conflicto fueron olvidadas, cuando los hombres se apropiaron por completo la victoria. El planteamiento no es malo. Espero que no caiga en el lugar común de creer que algo es importante sólo porque lo hicieron mujeres. U hombres.

Entro a su página de Internet y encuentro un texto suyo que se llama Una búsqueda del hombre eterno. En lugar de biografía. Dice mucho de la escritora detrás de los libros (la traducción de los fragmentos es mía):

“Busco notas, matices, detalles sobre la vida, porque lo que me interesa no es el evento como tal, no la guerra como tal, no Chernobyl como tal, no el suicidio como tal. Lo que me interesa es lo que pasa en el ser humano, lo que le pasa. Cómo se comporta y reacciona. Cuánto del hombre biológico está en él, cuánto del hombre de su tiempo, cuánto hombre del hombre”.

“No sólo hago la historia marchita de eventos y hechos. Escribo una historia de los sentimientos humanos. Lo que la gente pensó, entendió y recordó durante determinado evento. En qué creía, de qué desconfiaba. Qué ilusiones, esperanzas y miedos sentía”.

Me gusta lo que propone. Hablar de lo que pasa dentro de las personas le da carne a los hechos que de otro modo son fríos, distantes.

“Armo mis libros con base en miles de voces, destinos, fragmentos de nuestra vida y nuestro ser. Escribir cada uno me toma de tres a cuatro años. En cada caso converso con entre 500 y 700 personas. Mis crónicas abarcan varias generaciones”.

Luego dice sobre su libro Voces de Chernobyl: “Nuestra medida del horror es la guerra. Nuestra conciencia no va más hondo que eso, se queda en el umbral. Lo que pasó en Chernobyl es mucho peor que los gulags y el Holocausto. […] Los eventos contados por una persona componen su vida, pero los eventos contados por muchas personas componen la historia”. Me interesa el movimiento pendular entre una historia y la historia colectiva. Hay mucho que escarbar ahí.

Y sobre su libro de relatos El maravilloso venado de la búsqueda eterna apunta: “¿Qué puede el lector encontrar en este libro? Que todo se convierte en recuerdos. Que cada vida es interesante a su modo. Que sin la muerte no puedes entender la vida. Que el amor nos hunde en las profundidades de nuestro ser […] Que en el amor, la gente busca las mismas cosas que en la guerra y el crimen. Que cada uno de nosotros esconde tanto hombres como mujeres. […] Que la tecnología moderna no nos libera de la necesidad de amar, sentir y sufrir”.

Sí, se me antoja leerla. A nivel de la teoría me convence su propuesta de que las voces de muchos armen un tapete de historias necesarias. Veo que iTunes tiene disponible en español Voces de Chernóbil y Amazon.com ofrece la edición en inglés del mismo libro, más Niños de zinc. Voces soviéticas de la guerra de Afganistán. A ver qué tal.

P.D. Perdón, pero me da gusto que otra vez no se lo haya llevado Murakami. Nothing personal. Ok, sí.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de SoHo).

Martín Caparrós: “Hay placer en lo que choca o repugna”

Foto: http://planetadelibrosmexico.com/el-hambre-el-nuevo-libro-de-martin-caparros/
Foto: http://planetadelibrosmexico.com/el-hambre-el-nuevo-libro-de-martin-caparros/

Siempre en movimiento, insatisfecho y curioso, el reconocido escritor argentino hizo un viaje de meses para abrazar y luego contar la esencia de su nacionalidad. Aquí, mi conversación con él sobre su libro El Interior.

Siendo niño tuvo dos gatitos y les llamó Livingstone y Stanley, “porque cuando sea grande quiero ser explorador”, dijo entonces. Hoy afirma que no, no es ningún explorador, “más que, acaso, de ciertas formas de contar las cosas”. En efecto, mientras observa el mundo desconfía de lo que tiene una sola lectura, indaga debajo de lo aparente y busca palabras para narrar lo que ve. Y además intenta que esas palabras evoquen ambientes, aromas, porque en sus libros subyace, sí, una idea de belleza. Pero también es un poco explorador: nacido en Buenos Aires y radicado en España, ha escrito ficción y no-ficción desde infinidad de sitios y ahora reitera esa vocación en El Interior, que Malpaso Ediciones acaba de publicar en México. Se trata del viaje de veintitantos mil kilómetros que hizo por la provincia de su país para “contar” su esencia, si la hubiera. Durante meses recorriendo pueblos y caseríos vio que “argentino” podía significar mucho más de lo que creía: “Busco una unidad y veo cada vez más las diferencias”, anotó. En el intento compuso una Road Movie literaria en la que se entrecruzan crónica, relato, diálogos y hasta chistes que la pluma de Caparrós, polifónica, rica en matices y acentos, logra que en México se disfrute a pesar de la distancia geográfica y temporal (el libro se publicó en Argentina hace nueve años). Aquí, extractos de lo que dijo en entrevista con SoHo.

SER UN PAÍS El libro está hecho de verbos como mirar, mirarse, contar, contarse. Por un lado porque se dirige a nosotros, los argentinos, sobre lo que supuestamente somos. Y luego porque trata de pensar qué es ser un país, qué es ser compatriotas.

MARADONA El gran adalid del esencialismo nacional es Diego Armando Maradona, que dijo: “Estamos como estamos porque somos como somos”. Igual que toda definición de nacionalidad, ésta conlleva la idea de que nada puede modificarse porque hay una inevitabilidad absoluta: las cosas pasan porque somos de equis manera. Yo en el libro digo qué es lo que no somos, pero estoy en contra de decir “somos esto o aquello”. La única certeza es que no hay tal frase como “ser argentino es tal o cual”. Y eso aplica igual a ser mexicano o a ser spaghetti o una lechuga. Como cada uno es una combinación azarosa de factores, no hay definición posible.

NO ABURRIRME Así como me interesa tratar de entender lo que cuento, quiero tratar de entender cómo contarlo. Situaciones distintas convocan distintas maneras de narrar. Además, cuando iba a empezar el libro dije: “Quiero experimentar con formas distintas para que me interese en términos literarios y no me aburra”. Por eso, además de los relatos hay personas escritas en forma poemática. O paisajes que se describen con un haikú. Y es que me aburro si escribo siempre igual.

EL SOUNDTRACK Una banda sonora de El Interior sería el silencio. Me obligué a no poner la radio en el coche, quería que el silencio me obligara a pensar. Fue un ejercicio casi zen de concentración. Ya afuera del auto, el soundtrack sería la cumbia villera. Es una música sin el menor prestigio, paupérrima, con una sofisticación tendiente a cero, pero que se oye en la mayor parte de la Argentina. Me pareció interesante constatar que aunque no la asumimos como nuestra, se oye casi todo el tiempo.

DESPILFARRO No pensaba incluir en el libro las Cataratas de Iguazú. Es un sitio tan de postal que quería esquivarlo, pero pasé muy cerca y me detuve. Cuando caminé por ahí, me dio una especie de arrebato místico. Me parece el lugar donde la naturaleza pone en escena el máximo despilfarro de poder. Es impresionante esa avalancha de energía que se desploma en un lugar perdido y no sé si haya muchas situaciones donde la naturaleza se manifieste con tanta barbarie.

COMPARTIR CON UNA BESTIA Mi auto, al que en el libro llamo Erre, fue el único que estuvo conmigo todos esos meses. Ahora se me ocurre algo que no había pensado: la “erre” es la inicial de Rocinante. Siempre tengo un poco de nostalgia por esa época en la que andábamos a caballo, aunque no la viví. Eso de compartir tus viajes con una bestia, con algo vivo, debía tener un punto muy fuerte. Supongo que de algún modo convertí a Erre en un caballo, para palmearle el cuello y darle un terroncito de azúcar.

DESMELENADO En los meses de viaje me sorprendió el placer de dejarme ir, de estar solo y no cambiarme la sudadera por días. Aunque estaba en contacto constante con gente, siempre escuchando cosas que pudiera contar, al mismo tiempo eran personas ajenas, así que me fui haciendo cada vez más ermitaño y desmelenado, si fuera posible. La sensación de no peinarme en días me daba cierto orgullo, claro, porque es algo que me resulta difícil concebir.

PLACER EN LO QUE CHOCA En el libro hablo de muchos sitios que no son agradables de mirar, pero aun en esos casos mirar es un placer, siempre lo es. Es hipócrita pensar que sólo lo agradable se disfruta. Hay mucho placer en lo que te choca, te repugna o te inmoviliza, te inquieta o te asusta.

SER BUENA PERSONA Está por ahí algo que dijo Kapuscinski sobre que para ser buen periodista hay que ser buena persona, intentar comprender a los demás. Eso querría decir que quien busca comprender a los demás es buena persona, pero se puede querer hacerlo por las razones más canallas, para utilizarlos. Aunque le tengo cariño a Kapuscinski, esa reflexión me parece un poco ñoña.

LOS RIESGOS He dicho que si me viera como futbolista sería el portero, el que mira las cosas a la distancia. Pero los riesgos que él corre son visibles. Él sabe que le duele la costilla porque se tiró al suelo. En cambio, el escritor enfrenta peligros más imperceptibles, no sabe dónde se golpea. A veces cree que no le pasa nada y después descubre que se abrió la cabeza.

(Originalmente publicado en la revista SoHo, septiembre, 2015).

 

10 novelas favoritas sobre el amor

Dibujo: Sara Herranz
Dibujo: Sara Herranz @sara_herranz

¿Amor que empieza? ¿Que devora? ¿Compartido? ¿No correspondido? ¿Fracasado? Aquí hay una lectura para cada caso. Estas novelas transitan por las inmediaciones del enamoramiento, la pasión, el amor, el desenamore. Y vuelta a empezar. Van de la más sutil a la más desgarrada pero, eso sí, esquivan la cursilería. Tienen humor, hondura. Son mi Top Ten en cada caso y estas citas demuestra por qué.

1. Atracción: El amor es una droga dura “No encuentro ninguna razón aparentemente objetiva para explicar por qué estoy seducido por Nora, excepto que su belleza me conmueve, me emociona, me hace delirar, me provoca erecciones múltiples, me estimula, me deprime, me subleva, me obnubila, me atosiga, me ahoga, me asfixia […]”. Cristina Peri Rossi, El amor es una droga dura (Seix Barral)

2. Primer beso: El sabor de un hombre “Recuerdo ese primer beso, esa sensación de empequeñecimiento repentino: de golpe soy tan pequeña que me hundo en él, me sumerjo en su garganta húmeda. Toda yo estoy en su boca, como si fuera un bocado. Él me toma y me traga, y en esa cálida oscuridad en la que caigo, siento que desaparezco en su interior. Me diluyo y él me absorbe, como si ya no fuéramos a separarnos jamás”. Slavenka Drakulic, El sabor de un hombre (Anagrama)

3. Primer encuentro sexual: Canción de tumba “Mónica y yo nos conocimos hace cuatro años. Nos metimos a la cama durante horas sin apenas intercambiar nuestros nombres y mucho antes de haber tenido una conversación coherente. El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad. El sexo —el más perfecto y simple al que se puede aspirar, como beber agua pura sin pagar la botella de pet— nos reveló que habría entre nosotros un lazo visceral más sólido que cualquier otro compromiso que tuviéramos con el mundo. Un vínculo tan hondo que, en mis pesadillas, se parece al incesto”. Julián Herbert, Canción de tumba (Mondadori)

4. Enamoramiento: Rayuela “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. […] Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos”. Julio Cortázar, Rayuela (Alfaguara)

5. Erotismo: La pasión turca “Nos desprendemos de las ropas con tal ferocidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel […] Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, al paroxismo, que es una aleación, un extravío recíproco, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en sí, distinto ya del otro nuevamente. Qué pena volver; sería un buen momento para morir”. Antonio Gala, La pasión turca (Planeta)

6. Amor no correspondido: Un amor “La posesión física a él le importaba relativamente poco. Si, por ejemplo, una enfermedad la hubiera obligado a no hacer nunca más el amor, en el fondo él se habría alegrado. Se imaginaba, por ejemplo, que ella hubiera sido atropellada por un tranvía y hubiese perdido una pierna. ¡Qué estupendo habría sido! Ella inválida, separada para siempre del mundo de la prostitución, del baile, de las aventuras, ya no asediada por nadie. Sólo él seguiría adorándola. Tal vez ésa fuera la única posibilidad de que ella, aunque sólo fuese por gratitud, empezara a quererlo”. Dino Buzzati, Un amor (Gadir)

7. Posesión: La mujer justa “Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería por entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió”. Sándor Márai, La mujer justa (Salamandra)

8. Amor compartido: Un acto de amor “Ningún hombre ha amado a una mujer sin imaginársela en los brazos de otro. Ningún marido es feliz —verdadera, genitalmente feliz, con una felicidad que le llega al alma en cuanto marido— hasta que no tiene pruebas positivas de que otro hombre se la está follando”. Howard Jacobson, Un acto de amor (Miscelánea Editores)

9. Caducidad: El amor dura tres años “Un mosquito vive un día; una rosa, tres días. Un gato, trece años. El amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente un año de aburrimiento. El  primer año, uno dice: ‘Si me abandonas, me mato’. El segundo año, uno dice: ‘Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré’. El tercer año, uno dice: ‘Si me abandonas, invito el champán'”. Frédéric Beigbeder, El amor dura tres años (Anagrama)

10. Amor que mira hacia atrás: Hablar solos “Cuando veo a dos besándose, creyendo que se aman, creyendo que durarán, hablándose al oído en nombre de un instinto al que dan nombres elevados, cuando los veo acariciarse con esa avidez molesta […] cuando veo a dos idiotas ejerciendo impunemente su deseo a plena luz, como si yo no los mirase, no sólo siento envidia. También los compadezco. Compadezco su futuro podrido […] y les sonrío de costado, como si hubiera vuelto de una guerra que ellos dos no imaginan que está a punto de empezar”. Andrés Neuman, Hablar solos (Alfaguara)

 

Cinco escritores tuiteros que debes seguir

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Twitter es una plataforma más para estos autores que en 140 caracteres inventan, se divierten, crean, piensan. Y tienen miles de seguidores. 

No sé si existe la tuiteratura. Es más, no me importa abonar a esa discusión. Lo que sé es que leo en Twitter historias, miniensayos, cuentos y aforismos como estos, de cinco escritores mexicanos que conviene seguir. Mauricio Montiel (Ehombredetweed), Daniel Saldaña París, Rafael Pérez Gay, Alma Delia Murillo y Margo Glantz son muy distintos entre sí por edad, intereses, género y voz. Sin embargo, esta mínima selección de tuits recientes dispara ideas, a veces en torno a un mismo tema, a veces sobre distintos. En eso, los tuits se parecen a la literatura.

@elhombredetweed 15,600 seguidores Autor del libro de cuentos Ciudad tomada (Almadía)

1.     [En un día como hoy, pero de 1980, un ciclista fue arrollado por un conductor que se acababa de enterar del fallecimiento de su madre.]
2.     [En un día como hoy, pero de 1798, un hombre advirtió en los ojos de su amante que pensaba en alguien más mientras él le hacía el amor.]
3.     [En un día como hoy, pero de 1671, un campesino se detuvo al escuchar el eco de su nombre en el viento que sacudía el trigal que cruzaba.]
4.     [En un día como hoy, pero de 1285, el vientre de una mujer embarazada fue acariciado por una mano que horas atrás había tocado otro vientre.]
5.     [En un día como hoy, pero de 1169, un adolescente que seguía la trayectoria de un pájaro vio cómo este caía muerto sin mayor explicación.]

@ds_paris 7,927 seguidores Autor de la novela En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso)

1.     ¿Algún historiador freelance que reconstruya lo que me pasó anoche?
2.     No sé lo que hice pero perdón por ayer. Fue el mezcal.
3.     Estoy tan crudo que percibo la rotación del planeta como una afrenta.
4.     Cruda nivel Profesor Xavier: siento en la cabeza a todos los mutantes del mundo.
5.     Tengo una cruda tan cabrona que sale en las radiografías.

@RPerezGay 25,200 seguidores Autor del libro autobiográfico El cerebro de mi hermano (Seix Barral)

1.     Gran juego de México. De Jamaica no sé mucho pues dormí profundo. De verdad, profundidades abisales. Gran torneo.
2.     ¿Qué, no ha empezado? Va.
3.     Me parece que han marcado un penal a favor de México. Somos inmorales.
4.     Creo que el Piojo es un hombre muy elegante.
5.     Les informo que el futbol mexicano se ha cubierto de gloria pues le ha empatado a Trinidad a 4 goles. Una opereta.

@almadeliamurillo 14,900 seguidores Autora de la novela Las noches habitadas (Planeta)

1.     El problema con la gente cursi es que no se da cuenta de lo cursi que es.
2.     Si quisiera ser feliz mi vida sería miserable pero, por fortuna, la felicidad cada vez me interesa menos.
3.     No se puede vivir como si la poesía no existiera. No se puede.
4.     Déjame, déjame mucho, como si fuera esta noche la última vez.
5.     -Amo la libertad con la que escribes tus escenas sexuales fabulosas.
-Son ficción. Si fueran realidad estaría cogiendo, no escribiendo.

@margoglantz 19,400 seguidores Autora del libro de retazos de memoria Yo también me acuerdo (Sexto Piso)

1.     Tuiteo y tuiteo y no digo nada que tuitvalga.
2.     Este no es un tuit ni una pipa ni… ¿es un tuit? ¿qué es un tuit?
3.     Me modernizo, tuiteo, retuiteo, Ipadeo, ¿texteo?
4.     Tuiteo, retuiteo, leo tuits, escribo, sueño con tuits. Grave ¿no?
5.     Titubeos y tuiteos. Tiroteos, añade el corrector.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Hay que quitarle al sexo el ‘deber ser’: Alma Delia Murillo

Alma Delia con su criatura
Alma Delia con su criatura

Tiene ojos que brillan y manos que hablan, una inteligencia desbordante, muchas lecturas y la intensidad de un explorador (¿un kamikaze?) bajo la piel de periodista. Cada sábado publica una leidísima columna en el periódico digital SinEmbargo.mx. Además, Editorial Planeta acaba de lanzar Las noches habitadas, su primera novela, que escribió como quien se lanza al vacío antes de revisar si lleva puesto el arnés. Lo hizo tan bien, que en el intento también creó cuatro personajes que respiran, cuatro mujeres creíblemente humanas. Y es que Magdalena, Carlota, Dalia y Claudia transitan la vida como si fuera la primera vez. Las cuatro padecen insomnio y las cuatro, en su relación consigo mismas y con los hombres, en el sexo, en el amor y el desamor, están aprendiendo a desvestirse de culpas, miedos y disimulos, para luego encontrarse en el espejo. Sus historias son honestas, miran de frente.

Aquí, la primera parte de la plática que tuve con Alma Delia para SoHo.

Algo vivo Soy una atascada de la condición humana. En la novela quise hablar del alma, explorar las contradicciones que todos tenemos. A ratos las cuatro protagonistas son encantadoras pero luego las odias, son solidarias y son unas cabronas, se divierten aunque también se azotan. Ésa era mi meta, crear algo vivo.

Somos este animal Las noches habitadas toca temas universales como la soledad, el deseo, la orfandad, pero también aborda temas específicos de la realidad mexicana de clase media y media alta, donde se vive un juego esquizoide. Hacia afuera todos aparentan estar bien, simulan todo el tiempo, pero en realidad están muy trastornados. Estas mujeres son la voz de ese segmento, se atreven a decir: por dentro somos este animal.

Renunciar al godinismo El libro surgió por idea de Gabriel Sandoval, director literario de Planeta. Él había leído mi columna en SinEmbargo y le gustaba. La primera vez que me reuní con él, yo llevaba unos cuentos como idea de lo que se me antojaba hacer. Le gustaron, pero dijo: “No, haz una novela”. Firmamos el contrato sin tener libro. Yo trabajaba todo el día en la industria de la moda, así que me lo aventé de noche, a ratos. Como tenía poco tiempo para escribir sentía mucha ansiedad. Pensaba: “Hay un contrato firmado, una fecha de entrega y no he escrito nada”. Casi me cuesta la cordura. Por fin en octubre pasado renuncié a mi trabajo, al godinismo, y me pude dedicar sólo a escribir. Entonces lo disfruté de verdad. Aunque la inseguridad siguió ahí.

Demasiado denso Si me pidieran hacer la crítica más dura de mi novela diría que es demasiado azotada, demasiado intensa, espesa. Que todo sea tan denso puede ser hartante.

Sexo sin “deber ser”
 En Las noches habitadas quise contar historias reales y no ideales. Quise quitarle al sexo el deber ser, creo que es necesario hacerlo. Por ejemplo, hay una historia de amor incestuoso (ojo, es de amor, no de abuso) y una relación lésbica que se disfruta mucho.

Reírse a solas De los siete a los 14 años viví en un internado de niñas. A los 19 me independicé y hasta ahora he postergado la maternidad, no sé si voy a ser madre. Es decir que llevo muchos años viviendo sola. Si bien la soledad tiene su lado cool y bohemio, también tiene un lado terrible. Para no enloquecer, el remedio ha sido reírme siempre. Me río mucho, de tonterías, cosas que pienso. Me gusta mucho correr y a veces de la nada me tengo que detener por un ataque de risa.

Lo primero que me dicen estas palabras…

¿Orfandad?
Todos

¿Sexo?
Libertad

¿Soledad?
Doloroso

¿Miedo?
Alimento

¿Fornicar?
¡Yeah!

(Primera de dos partes)

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo. Da click aquí para ir a la entrada original)

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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“Somos felices cuando creamos algo, no cuando vamos de compras”: Lipovetsky

Foto: Cortesía Anagrama
Foto: Cortesía Anagrama

El reconocido filósofo francés estuvo en México para promover su nuevo libro La estetización del mundo y platiqué con él. Es provocador y, sí, muy interesante. Dice que el arte ha salido de los museos para tomar la calle y los escaparates. Que si antes sólo los artistas tenían oportunidad de crear, hoy todo el mundo puede escribir, cantar o hacer un video, en lo que significa una democratización positiva del arte. Que el capitalismo no es el sistema infernal que prostituye todo lo que toca. Son los lentes a través de los cuales Gilles Lipovetsky propone leer el mundo de hoy.

Sociólogo y filósofo francés, es uno de los estudiosos más importantes de la sociedad actual. Luego de libros importantes para entender la realidad contemporánea, como La era del vacío y El imperio de lo efímero, recientemente estuvo en México para presentar su nuevo volumen, La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico (Anagrama), hecho en conjunto con Jean Serroy. Tuve oportunidad de conversar con él al respecto. En pocas palabras, el volumen matiza la crítica casi unánime hacia el capitalismo, que lo condena como un sistema que a través del hiperconsumo empobrece la vida y pervierte el arte. En cambio, Lipovetsky plantea que la sociedad capitalista incorpora la exigencia estética (es decir, el consumidor quiere productos bellos, que toquen su sensibilidad), la exigencia utilitaria (que además funcionen) y la económica (sus creadores quieren buenas ganancias por ellos, además de que sin cesar lanzan productos mejorados que desplazan a los anteriores).

Es decir, de acuerdo con el filósofo francés hoy no es clara la frontera entre economía, moda y arte, porque el individualismo despierta el gusto estético y seduce a través del diseño de productos atractivos. Antes de 1950, por decir algo, lo importante era la “función”, no interesaba tanto que los productos fueran bellos. Ahora el paradigma es distinto: todo, desde los lentes de sol hasta los coches, las plumas y el papel de baño tienen un diseño atractivo, para vender deben seducir. Esa combinación entre rentabilidad y valores estéticos tiene puntos en contra: por ejemplo, el consumo como único satisfactor de vida genera personas frustradas e insatisfechas. Sin embargo, también tiene ángulos positivos, como la democratización del arte. Hoy se reconoce que todo el mundo tiene una sensibilidad, no sólo los artistas encumbrados. “Dejemos de satanizar el consumo pero tampoco lo hagamos un dios”, dice.

Aquí, cuatro extractos de la conversación que tuvimos en torno al libro.

La seducción de elegir

El sistema capitalista ofrece la libertad de escoger. Algunos insisten en que esa libertad es peligrosa y sí, implica riesgos, pero no de forma sistemática. Junto a las fashion victims, los adictos al consumo y el servilismo de los adolescentes por los tenis de moda está la opción que tenemos todos de decidir dónde ir de vacaciones, por ejemplo. Cada quien puede elegir el lugar que prefiera. Además, el individualismo provoca menos presión social que la que había en épocas pasadas.

Hoy uno se viste como quiere, puede crear su propio universo y la crítica no tiene la importancia de antes, cuando había un juicio real. En cierta forma, en la actualidad la presión por consumir es más fuerte porque roza todos los ámbitos, todo se puede comprar, pero en un nivel de más detalle es menos fuerte. Es, al mismo tiempo, ambas cosas. Aunque el individuo está obsesionado por comprar y el consumismo lo invade, puede comprar lo que quiera. Ése es un rasgo complejo de la hipermodernidad.

Un mundo cada vez más estético

Estoy convencido de que, en el futuro, el diseño estará aún más presente en todos los productos de consumo. Veo tres tendencias a corto plazo, que ya se anuncian: 1. La gente demandará que los productos sean cada vez más bellos, es decir, habrá una mayor universalización de la demanda estética. 2. La creación carecerá por completo de un eje, distintas tendencias van a coexistir. En parte ya lo vemos, todos los estilos son posibles: lo japonés minimalista, el kitsch y el barroco viven lado a lado. Ninguno es más válido que el otro. Hay marcas de moda muy estrictas en su propuesta, pero también hay otras muy eclécticas. 3. El mercado creativo ya no se limitará a Europa o Estados Unidos, como hasta hace poco. Hoy hay Fashion Weeks en muchos países, además de que diseñadores y cineastas hacen un trabajo destacado en México, en China, en Corea. La creación estética se ha planetarizado.

La calidad es un buen negocio

Vivimos en un sistema de superproducción cultural. Se filma y se publica más que nunca, pero pocos se hacen ricos con lo que crean. Hay tanta producción que un libro que no tiene éxito pierde visibilidad pronto y, en el mejor de los casos, lo consume un público pequeño. El mercado es desafiante, nadie lo controla. Pero el asunto tiene otro ángulo: está la necesidad de formar el gusto de la gente, enseñarle distintas opciones, y ésa es tarea de la familia, la escuela, los medios, el Estado. No se le puede pedir a un sistema de mercado que se preocupe por la cultura. No es su lógica. Las empresas quieren ganar dinero y eso no me parece indigno: es su objetivo. Por otro lado, no todo lo que vende bien es malo. Por ejemplo, las películas excelentes suelen ser un negocio redondo. Otro caso es Apple: una gran calidad resulta en números extraordinarios. Y ahí hay un reto que sí involucra al capitalismo: hacer entender a quienes toman las decisiones económicas que la calidad es positiva para el negocio, que funcionan bien los productos buenos y, además, atractivos.

Todo el mundo es artista

Creo necesario analizar las sociedades no sólo a partir de alta cultura, sino sobre todo de la cultura media. Ésa es la importante, porque toca a millones. En ese sentido, en la sociedad capitalista actual todo el mundo se ha vuelto artista. Cualquiera escribe, canta, toma fotos y hace video en busca de la felicidad que no encuentra yendo de compras. En cambio, desde Platón la alta cultura es un fenómeno de minorías. No sé si un día Heidegger sea leído por las masas, pero hoy interesa a unos pocos. ¿Es escandaloso? No estoy seguro, la alta cultura siempre ha sido de élite. La violencia y la injusticia sí son escandalosos, y también el hecho de no poder decir lo que uno quiera. En cambio, lo que sí me molesta es que la vida de una persona se dedique sólo a comprar y seguir la moda, es desagradable porque el ser humano no se reduce a su ángulo consumista. Hay que favorecer las aspiraciones creativas de la gente, hacerle ver que la creación aporta bienestar. Y no hablo sólo de quienes hacen grandes obras, sino de cualquiera. En ese sentido, la sociedad individualista favorece la expresión personal y sus productos la hacen posible: hoy están al alcance de todos cámaras, sintetizadores, guitarras, hasta la autoedición. Eso es muy positivo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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La improbable amistad de Jaime López y Camilo Sesto

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Camilo Blanes, conocido como Camilo Sesto, es el colmo de lo cursi, lo meloso. Y por eso me gusta. Seguro influye que me acompañó en varias tardes de enamoramiento adolescente, con aquello de “Me acostumbré a tus besos y a tu piel color de miel, a la espiga de tu cuerpo, a tu risa y a tu ser”. Aunque mis entendederas de los 13 o 15 años no me dieran para mucho.

Pues en esta edición de la revista SoHo, dedicada a la música, Jaime López publica un texto sin desperdicio: “A la salud del amigo Sesto”. Jaime me es, a partes iguales y desbordadas, querido como persona y admirado como artista: músico fundamental en la historia del rock nacional, antropólogo urbano audaz e inteligente, loco genial (lo digo para los lectores de otros países, porque los mexicanos que necesiten que se los presente, mejor que saquen pasaporte gringo). En el texto de SoHo una vez más se jala las greñas y rompe el molde: reivindica a Camilo Sesto, dice que le encanta, lo defiende, pues, con esa pluma suya tan sonora, de la que tomo un mínimo fragmento: “Quién no cayó en el profundillo albur secundariano, más bien preparatoriano, de los años 70 del siglo pasado que a quematripa disparaban al cautivo incauto los sacrosantos cábulas bluedemoniacos del callejón sin saliva en el formato de una simple trivia que cuestionaba: “¿Quién es la madre de Camilo Sesto?” “Pos Mama Sesta, güey”.” Y luego la frase con la que cierra el artículo: “La poesía no se crea ni se destruye, sólo se trastorna”.

De veras, recomiendo mucho el texto. Es una pequeña maravilla textual a la salud de esa amistad que no había imaginado posible.

PD Mañana es sábado de Playlist colectivo. Si quieres participar responde aquí la pregunta: ¿qué canción te recuerda a alguien que ya no está contigo?

Probadita de la escandalosa nueva novela de Michel Houellebecq (sin spoiler)

La portada, poderosa de tan austera, me encanta.
La portada, poderosa de tan austera, me encanta.

El tipo me cae mal. Por misógino y misántropo, por posado, porque cena con buenos vinos pero lleva look de clochard-que-vive-bajo-los-puentes. Hace tiempo escribí, a propósito de la película sesudamente llamada El secuestro de Michel Houellebecq (donde se interpreta a sí mismo), que es tan pesado que si en la vida real lo secuestraran, lo regresarían de inmediato. Sin embargo, me gusta su pluma, creo que toca botones necesarios (La posibilidad de una isla me chocó pero le aplaudí muchas cosas). Ahora mismo tengo en las manos su escandalosa nueva novela, publicada por Anagrama. Es la misma que salió a la venta en Francia el mismo día del atentado a Charlie Hebdo y ahora acaba de ser publicada en español, con meses de adelanto sobre el plan original gracias al buen olfato de sus editores. De por sí la pluma de Houellebecq genera curiosidad. A eso se añade el hecho extraliterario de la coyuntura noticiosa, de que es una novela con regusto a versos del Corán y que su autor ha sido acusado de islamofobia. La expectativa está servida. Ahora falta ver los talentos del libro per se.

Sumisión se ubica en un futuro próximo, 2022, cuando el líder de un partido musulmán moderado se convierte en el nuevo presidente galo. El protagonista, François, es un profesor universitario especialista en Huysmans, autor que se convirtió del ateísmo al catolicismo. Alarmado, el académico ve islamizada su vida, la Sorbona convertida en una universidad confesional y enriquecidos a sus colegas que se convierten al culto a Mahoma, de modo que debe tomar decisiones prácticas. No de balde la novela ha sido acusada de promover el alarmismo, en una Europa que no necesita muchas excusas para ello.

La estoy empezando pero ya me encontré esta joyita, que comparto por invitar a su lectura, porque no contiene ningún spoiler y porque da en el clavo de la distancia entre la literatura y otras artes: “Al igual que la literatura, la música puede determinar un cambio radical, una conmoción emocional, una tristeza o un éxtasis absolutos; al igual que la literatura, la pintura puede generar asombro, una nueva mirada ante el mundo. Pero sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto […]”. Si de veras, el tipo sabe escribir.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Un día con la reina del albur (crónica urbana)

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Para dominar la esgrima mental y el chingaquedito del doble sentido me inscribí en el Diplomado de Albures Finos con Lourdes Ruiz Baltazar, una tepiteña que asegura que jugar con las palabras afina los reflejos propios para la vida. A ver si es cierto.

1.

Es una cabrona. “Y a mucha honra”, agrega Lourdes. En su puesto del mercado de Tepito, en el que vende ropa de bebé, alburea a los clientes mientras los invita a comprar. “¿Qué talla, mamacita, qué talla?”, grita con voz ronca. La destinataria del mensaje, delgada pero de caderas imposibles, no se da por enterada. “¿Un mameluco para su chiquito?”, pregunta a dos jóvenes espabilados, que se alejan riendo. Es el mediodía de un jueves y los pasillos del mercado son un hervidero. Algunos pasean como por un parque, otros avanzan con prisa eficiente, una pareja se besa sin pudor, tres niños manotean, una anciana arrastra un raquítico carro del mandado.

Los precios son inverosímiles: un trajecito de bebé cuesta 50 pesos, mientras alrededor se ofrecen CD de música a dos pesos y playeras del Barça a 100. Mientras platica conmigo, Lourdes no pierde de vista el negocio. Rápida para contestar, de ojos rasgados, inquietos, se ríe fuerte y fuma dando grandes jaladas al cigarro, como las grandes jaladas que le da al lenguaje. Porque alburear es sexualizar las palabras: estirarlas hasta dejarlas rojas, llevarlas al máximo disfrute, promiscuirlas, embarazarlas de nuevos sentidos. O, como dice ella, ponerles huevos.

2.

Estoy un poco nerviosa. En este salón improvisado de la Galería José María Velasco, en el mero Tepito, está por empezar el Diplomado de Albures Finos del que soy alumna, auspiciado por la Delegación Cuauhtémoc y con el aval del Instituto Nacional de Bellas Artes y Conaculta. No soy precisamente experta en el doble sentido, así que me siento en la tercera fila, para evitar exponerme.

El curso lo imparten Lourdes Ruiz Baltazar, Campeona Nacional de Albures, y Alfonso Hernández Hernández, cronista y director del Centro de Estudios Tepiteños. Son amigos y cómplices de años: en 1997, Alfonso inscribió a Lourdes en el torneo de albures “Trompos contra pirinolas”, en el Museo de la Ciudad de México. “Eran mujeres contra hombres. Se trataba de hablar en doble sentido y te descalificaban si decías groserías, te quedabas callado o te metías autogol”, explica ella.

“Primero, nosotras les ganamos a los hombres. Luego eliminé a las demás competidoras y algunos del público quisieron medirse conmigo. Les gané y competí contra los jueces. Al final quedé como vencedora. De ahí me viene el título de Campeona Nacional”, dice. Pícara, añade: “Yo compito duro. Hoy, si me retan ofrezco tres premios a quien me gane: al tercer lugar le disparo unos ostiones en el centro, al segundo le doy unos raspados de anís y al primero le toca la reata de oro”. Tardo en darme cuenta de que todo lo que me acaba de decir es un albur. No guardo grandes esperanzas sobre mi futuro alburero.

De rasgos fuertes, vestida con delantal con cuadros rosas, el pelo sujeto con ‘bolitas’, Lourdes arranca el diplomado como corresponde: en doble sentido. “Aquí les vamos a dar la introducción del encabezado. Van a salir sobresaltados, pero no sobrecogidos”, dice riendo. Vaya, por fin entiendo algo. Alfonso complementa: “El albur va contra el lenguaje político que no dice nada, contra la mojigatería. No solapa pendejos ni engrandece cabrones”. Lourdes dice tener el vicio de la lectura y luego abunda: “La tecnología nos ha atrasado. Si hace poco los niños debían leer para hacer su tarea, ahora se meten a Internet, copian un resumen y se acabó. Los adultos antes nos aprendíamos los teléfonos de los amigos, pero hoy todo está en el celular. Hemos dejado de usar la cabeza. En cambio, el albur hace trabajar los dos hemisferios del cerebro”. Luego recomiendan material de consulta: el libro Picardía mexicana, de Armando Jiménez, y la canción “La tienda de mi pueblo”, de Chava Flores, con líneas como: “Tuve una tienda en mi pueblo, precioso lugar./ Te vendía de un camote de Puebla a un milagro a San Buto,/ pitos, pistolas pa niños te hacía yo comprar”.

Entre los asistentes al curso, más mujeres que hombres, hay un estudiante de Sociología, gente del barrio, una señora mayor con su hija, una historiadora del arte y una chica harta de no entender el doble sentido de sus colegas: “Me trago todo”, se queja, y Lourdes revira “¡Qué rico!”. También está un chicano que aspira a no quedarse callado cuando sus hermanos, mecánicos, lo agarran de bajada, además de un ama de casa que admite: “Cuando me enfermo, mi marido dice que me va a dar mi té de ramo blanco. Hasta hace poco entendí: ‘Te_derramo_blanco’. ¡Qué cabrón!”. Alguien le pregunta a Lourdes cómo aprendió a alburear. Mientras cruza las manos, largas y delgadas, responde: “Sobre todo escuchando. En mi casa me enseñaron. Por ejemplo, mi abuela nunca se imaginó ver hijas tan grandes, y aunque mi papá ya es grande, todavía me da para el gasto”. En su español de acento gringo, el chicano brinca: “No entendí nada”. Lourdes explica que al cambiar los cortes de las palabras aparece el sentido oculto: “verijas grandes” (verija es el espacio entre los genitales y el muslo) y “mi papaya es grande” (papaya, alusión a la vagina). Es que el albur alude al sexo y a los órganos sexuales con la mayor variedad posible de metáforas y similitudes de sonido. Se trata de buscar semejanzas en todo. Así, el pene es reata, plátano, chile, salchicha, camote, chorizo, el sin–hueso o ‘lo que me sobra’, mientras la vagina es raya, papaya, mamey, sartén (donde se estrellan los huevos) y el ano se convierte en anillo, anís, coliseo, sacapuntas, el quinto o el chico. “Y al que no me crea le juego un volado de su raya contra lo que me sobra”, apunta Alfonso. Nadie se le pone al brinco.

Claro, el albur requiere imaginación y repertorio verbal. Al acabar la clase y mientras camino por Tepito pasa junto a mí un camión destartalado, desde el cual una voz monótona anuncia: “Se compran colchones, tambores, refrigeradores…”. Trato de imaginarme algún albur sobre ese pregón, pero nada se me ocurre.

No tengo remedio.

3.

Al terminar otra sesión del Diplomado entrevisto a Lourdes. Con uñas postizas y precisa al hablar, la Reina del doble y triple sentido de las palabras está acostumbrada a las entrevistas. Precavida, me preparo para lo que venga.

—¿Cómo estás?

—En lo que cabe estoy bien… y en lo que no cabe, cómo duele.

—¿Qué es el albur?

—Es un ajedrez mental donde hombres y mujeres nos ponemos al mismo nivel. Alburear no es de machos ni de nacos, sino el ejercicio de aprender a reutilizar las palabras, a sacarles el jugo, a ponerles genitales. Cualquiera puede decir una grosería, pero no cualquiera es capaz de hacer un albur.

—¿Qué te gusta de alburear?

—Es divertido, un juego. Además involucra agilidad mental, porque apenas terminas de decir algo y ya tienes que ver cómo contestar. Eso sí, entre más complejos tienes, menos reflejos para la vida.

—¿Te los aprendes de memoria o los improvisas?

—No me gustan los ya hechos, prefiero los que inventas en el momento. Por ejemplo, si me preguntas sobre mis lugares preferidos de la República, te digo que mi estado favorito es Puebla, famoso por su mole, su camote y sus mascadas. Ahora te venden el dulce en barras y hasta en cajones. De Zacatecas me gusta su leche, es riquísima. ¿Y de Oaxaca? Sus memelas.

—Según Sergio Corona, las tres reglas del oficio son no explicar nada, no decir groserías y no “cometer suicidio”. ¿Falta alguna?

—Corona es un maestro del albur fino. Estoy de acuerdo en evitar las groserías y el autogol, y también es básico no quedarte callado. En lo que no estoy de acuerdo es que no se expliquen los albures. Yo lo hago, porque sólo así se aprende.

—¿Qué puede uno hacer cuando no entendió?

—Reírse y disfrutarlo. Luego, preguntar: “¿qué me dijiste?”.

—Esto es como el lenguaje de los políticos porque ambos requieren explicación, como cuando el vocero de Vicente Fox traducía: “Lo que el presidente quiso decir es…”.

—Ninguna de las dos jergas se entiende fácil, pero el albur es divertido y el habla de los políticos no, y menos cuando pagas impuestos. Los políticos te cogen de verdad y ni un besito te dan.

—Dices que el albur es el sismógrafo de la experiencia sexual. ¿La tuya es amplia?

—Claro, ¿la tuya no? Aquí te la ampliamos…

Me acaba de coger y apenas me doy cuenta.

4.

Aunque nació y creció en Tepito, el barrio macabrón, siendo niña ya tenía ganas de mundo: de grande quería ir a Europa, tener un hijo y una casa con jardín. Actualmente, conoce Europa y tiene una casa sin jardín, “pero tengo un chingo de pasto allá afuera”. Además hace las veces de mamá de Valentina, una adolescente que en realidad es su sobrina, hija de su hermana que murió en un accidente. “En Tepito, las mujeres nos chingamos para sacar adelante a nuestros hijos. Si te va bien el papá da dinero, pero la que educa y forma a los hijos es la mamá. Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer y es verdad: atrás, adelante, arriba, donde se acomoden”.

Con su boca grande se ríe de todo y parece comerse el mundo, pero las cicatrices que carga no son poca cosa. De chica era traviesa: se resbalaba por el barandal de la escalera de la vecindad y una vez se golpeó muy fuerte en la ingle. Para evitar el regaño no dijo nada, sin saber que a lo largo de dos años se le desarrollaría un tumor canceroso. Al detectarlo la operaron y recibió radiaciones, pero los médicos dijeron que máximo viviría hasta los 15 años. Tratando de salvarle la vida, su mamá firmó una autorización médica para que le quitaran los ovarios y la matriz. Cuando Lourdes lo supo se llenó de coraje hacia ella, por cancelarle la posibilidad de tener hijos. “Sentí odio gacho, feo”. 

Enojada y sin saber cuánto tiempo de vida le quedaba, se dedicó a emborracharse y a vivir de fiesta, hasta que su mamá la corrió de la casa. Vinieron años negros, de calle, de alcohol y drogas. “Vivía con doña Chole, doña Soledad. Muy de la chingada”. Por fin, una amiga la retó a ir a Alcohólicos Anónimos. Fue y aunque le parecía una pendejada, se quedó. Poco a poco entendió que estaba viviendo para el cáncer, alrededor de él. Quiso aprender a vivir con él.“Un día dije: ‘ya estuvo, pare de sufrir, cabrón’. Hoy veo las cosas distinto, disfruto la vida y si mi cuerpo necesita quimioterapia no hay pedo, la tomo, ya no la sufro. Chaplin decía que un día sin reír es perdido. Es cierto, hoy no dejo de reírme, incluso de mí misma. Por eso digo que soy cabrona, porque serlo no quiere decir pegar, robar o matar. Eso lo hace cualquier pendejo. Ser cabrona es caerte, levantarte y decir ‘no pasa nada’, porque la vida siempre tiene que seguir y hay que chingarle”, dice. 

Sus ojos negros miran de frente.

5.

Estamos en su puesto en el mercado. Mientras veo pasar un travesti que cojea desde tacones altísimos, Lourdes me cuenta que desde la infancia empezó a atender este negocio de sus papás. “Y hace años pude comprar otro puesto, mío. Ahí empecé a vender piratería, hice lana y con eso viajé. Conozco el mundo completo. Es para lo único que trabajo. He estado en el Vaticano, en Austria, Francia, Italia. Lo que más me ha impactado es Egipto. La primera vez que estuve ahí, uta, fue increíble”. Además, dedica parte de su tiempo a difundir la riqueza cultural de Tepito, que más que su casa es “un orgasmo, porque todo el mundo quiere llegar a él y, cuando llega, no quiere irse”. Y, claro, también enseña sobre el albur, esa esgrima en la que “entre la guasa y la risa te clavan la longaniza”.

Siempre jugando, dice que se encomienda a San Alejo para que le ponga uno más pendejo y que su película favorita es Por tus pugidos nos cacharon.

Entonces, le pregunto: Dicen que en Tepito hay que jugarse el pellejo. ¿Tú te lo juegas? “Sí, hay que chambearle duro, echarle ganas”.

Estoy orgullosa: me la acabo de alburear y no se dio cuenta. No importa que estuviera distraída.

(Originalmente publicado en la revista SoHo de marzo 2015)

La codicia que generan unas pantaletas inmensas

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La ley de Herodes es el libro de 11 cuentos que el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia publicó en 1967. Agudo, dotado de humor preciso y nunca gratuito, incluye uno que se titula “What Became of Pampa Hash?”, así, en inglés. Narra la aventura de un hombre obsesionado por las pantaletas de una gringa seductora y superlativa, que está de paso por México. De ahí el título anglo.

La Caja de Cerillos Ediciones y Conaculta acaban de publicar una nueva edición del cuento. De 32 páginas y pasta dura, es un botón del delicioso humor de Ibargüengoitia, quien tiene “el muy serio don de hacernos pensar en medio de una carcajada”, dice Jorge F. Hernández en el prólogo. Pero además está gráficamente intervenido por Alejandro Magallanes, ese loco creativo de muchas manos, que lo mismo dibuja, ilustra, conceptualiza y crea mundos estéticos.

Aquí, un pequeño fragmento del libro, en el que la gordura de la extensa Pampa Hash cobra dimensiones mitológicas: “Sus dimensiones eran otro inconveniente. Por ejemplo, bastaba dejar dos minutos un brazo bajo su cuerpo, para que se entumeciera. La única imagen histórica que podía ilustrar nuestra relación es la de Sigfrido, que cruzó los siete círculos de fuego, llegó hasta Brunilda, no pudo despertarla, la cargó en brazos, comprendió que era demasiado pesada y tuvo que sacarla arrastrando, como un tapete enrollado”.

En serio, el libro es una joya que hay que leer, saborear y acariciar. Y así como el deseo del narrador se dispara por las descomunales panties, también las pantaletas de Magallanes (es decir, las que él dibuja) generan la codicia de tener precisamente esta nueva edición.

 

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

El raro del salón se apellida Chimal

Composición con fotos de Alberto Chimal: J. M. Tavella
Composición con fotos de Alberto Chimal: J. M. Tavella

Me cae bien, no sólo porque me gusta lo que escribe. Alberto Chimal me cae bien por loco. Es el excéntrico del salón, el despeinado que lleva en la mochila canicas de colores y ningún compás, el que se divierte como enano, rompe las reglas y al final se sabe sólo las respuestas que le interesan, pero en cuanto se las sabe ya no le interesan, así que busca otras. Sus libros son como él, de ojos grandes, siempre nuevos, distintos a todo. Por citar dos de sus publicaciones ahí está Gente del mundo (Ediciones Era), catálogo de civilizaciones imaginarias y especie de respuesta a las Ciudades invisibles de Italo Calvino, en la línea de Borges. Y también está El viajero del tiempo (Hormiga Iracunda), colección de ficciones cortas que juegan con el reloj, como ésta:  “El Viajero del Tiempo sirve el café, retrocede a toda velocidad y pone la taza a tiempo para recibir el líquido. —¡Ocioso! —lo regaña su mamá”. Seguro Alberto era el que nunca entregaba la tarea, pero llenaba cuadernos con textos de imaginación impecable.

También imparte cursos de narrativa y está muy activo en la Red: @albertochimal tiene +90 mil seguidores en TW, organiza en línea concursos de cuento brevísimo y alimenta la página web http://www.lashistorias.com.mx, por donde paso con frecuencia porque siempre tiene cosas ricas. Ahí encuentro que la pestaña Descargas ofrece gratis libros suyos y los audios de tres textos leídos por él, entre ellos “Álbum”, cuento caprichoso y corto (2:56), narrado a partir de instantáneas hilvanadas. Chimal, el raro del salón, me cae bien porque además se arriesga a que lo tachen de loco.

Da click aquí para oír el cuento.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Entregarse a un duro placer

 

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Fotos: Henri Cartier-Bresson http://www.magnumphotos.com

Leo que Henri Cartier-Bresson llega a México. Bueno, no él, sino su obra, que es lo más él de él: para coincidir con los 80 años de su primera visita a México, una exposición que reúne su trabajo acaba de inaugurarse en Bellas Artes.

Me fascinan sus imágenes en blanco y negro, que dibujan momentos a partir de la intuición. Uno de los fotógrafos más notables del siglo XX, llamado “el ojo del siglo” y padre del fotorreportaje según algunos, Cartier-Bresson decía que la autenticidad es la mayor virtud de un fotógrafo. Por ello se oponía a usar flash y a arreglar la escena o a los modelos: “Siempre espero obtener la foto de la cual digan: ‘Eso es verdad. Ha sabido verlo'”. En otro momento casi anticipó la explosión de la imagen a partir de los smartphones: “Cualquiera puede hacer fotos. Justamente porque nuestro oficio está abierto a todo el mundo continúa siendo, pese a su fascinante facilidad, extremadamente difícil”. Sus palabras me hacen sentido: aunque cada día se suben 200 millones de fotos a Facebook, la mayoría se pierde en el lugar común y la obviedad. Otro día, hablando sobre el futuro de la fotografía, dijo: “Mientras los seres humanos sigan viviendo y sigan existiendo problemas verdaderos, vitales, importantes, y alguien tenga ganas de expresarlos con simplicidad, con sinceridad, con alegría y sentido del humor, habrá un lugar para los fotógrafos, igual que para los poetas y los novelistas”.

El librito del que recupero estas citas incluye 12 entrevistas que el artista concedió a distintos medios. Publicado en 2014 por la editorial catalana Gustavo Gili y disponible en México, se llama Henri Cartier-Bresson, Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998. En él se describe como “un maniático”, profundamente obsesionado por captar la vida sin retocarla. Aunque tiene muchos fragmentos deliciosos, me quedo con éste: “Uno de mis amigos me dijo: ‘En el fondo, tú no trabajas, tú te entregas a un duro placer'”. No sé si haya mejor manera de definir la pasión por lo que uno hace.

Aquí abajo, una pequeña muestra de su obra.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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¿Sentir un poema con el cuerpo? Sí (qué rico)

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Que alguien le dedique un buen texto a las nalgas es de aplaudirse. Ricardo Castillo, autor mexicano, tuvo la idea de decir: “[…] las nalgas de una mujer/ son incomparablemente mejores que las de un hombre,/ tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;/ son más importantes que el sol y Dios juntos […]”. Bueno, pues Castillo será el gurú del Festival de Poesía Interdisciplinar Del sueño a la Realidad, que arranca hoy en San Luis Potosí. Contará con la participación de 23 poetas nacionales e internacionales, quienes hasta el sábado jugarán y conjugarán poemas con música, video y pintura en una propuesta novedosa y rica. Entre ellos estarán el poetoide o poeta eSLAMero Rojo Córdova, el músicopoeta Pávido Návido y Rosario Loperena, fotógrafa que hace videopoemas.Esto me contó Rocío Cerón, conocida poeta mexicana que dirige este proyecto.
¿Cómo nace este Festival?

Partimos de la idea de que somos seres multiperceptuales, entendemos el mundo a través de los cinco sentidos y traducimos entre ellos. Por ejemplo, cuando vas a un concierto oyes la música pero también la sientes, la conviertes en palabras, sensaciones y hasta colores. En el festival buscamos hacer que la poesía sea una experiencia que percibas a través de los sentidos, no sólo a través de la página escrita.¿Qué actividades incluirá?

Habrá conciertos en los que al mismo tiempo convivirán música, experimentación sonora, improvisación de artes visuales con tinta china más lectura de poesía. Lo que ocurra ahí no volverá a suceder, serán actos únicos. También haremos Clínicas de Imaginación Poética, es decir, talleres en los que la gente podrá jugar con palabras, divertirse con ellas. Y luego se repartirán 120 mil separadores con poemas, para al final cerrar con un concierto de la banda de rock Chamanes.¿Cómo puede seguirlo quien no esté en San Luis Potosí?

Desde la página de Facebook de Más libros, Mejor futuro podrán imprimir gratis los separadores y además habrá detrás de cámaras y streaming de las actividades.

Por cierto, el poema “Las nalgas” termina diciendo que son “un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,/ una bendición de la naturaleza,/ el origen de la poesía y del escándalo”. Me pregunto cómo sonarán esos versos en una mezcla de música, experimentación sonora y visual. Seguro, muy bien.

10 novelas eróticas que sí valen la pena (y NO se llaman 50 sombras)

Foto: Christian Coigny
Foto: Christian Coigny

Las cincuenta sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda,  la literatura erótica perversa y rica existe desde hace siglos. Para contrarrestar su derroche de creatividad fallida propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 opciones para celebrar el sexo. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.

1. La Venus de las pieles, Leopold von Sacher-Masoch, Axial (1870)
Cuenta la esclavitud sexual que un hombre establece con Wanda, una mujer alucinantemente fría. La novela está inspirada en las historias verdaderas de sometimiento a las que se expuso el autor, a partir de cuyo apellido se formó la palabra “masoquismo”. Aparecen látigos, disfraces, humillaciones y castigos que disfrutan tanto la “diosa cruel” como su esclavo, feliz de ser maltratado por ella.

2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, Tusquets (1989)
La protagonista, de 15 años, se enreda sexualmente con un amigo de su hermano mayor y se da cuenta de que le fascina el juego. A partir de ahí se convierte en la eterna niña (aunque tenga 30), insaciable, obsesionada por el sexo. Novela ganadora del Premio La sonrisa vertical, fue llevada al cine por Bigas Luna.

3. La historia del ojo, Georges Bataille, Fontamara (1928)
Escabrosa y a ratos surrealista, narra un viaje a España de Simone y Georges, pareja inmoral que se regodea entre semen, sangre y orina. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: “Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas”.

 4. Luna caliente, Mempo Giardinelli, Planeta (2009)
Cuando Ramiro regresa a casa luego de estudiar en el extranjero conoce a Araceli, una chica muy joven y muy sexual, que lo calienta “desmesuradamente”. Ella lo lleva a disfrutar un placer sin freno pero también aterrador, imparable, desaforado.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama (1955)
Una adolescente que sin darse cuenta (o sí) es provocadora y un hombre maduro enamorado de ella protagonizan esta joya de novela, controversial y llena de humor. La pluma de Nabokov regala pasajes como: “Después se precipitó a mis brazos impacientes, radiante, abandonada, para acariciarme con sus ojos tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes, umbríos… como la más barata de las bellezas baratas”.

6. Las piadosas, Federico Andahazi, Plaza & Janés (1998)
Ubicada a fines del siglo XVIII, aborda las reuniones de escritores notables como Byron y Shelley, pero con un twist perversito: no digo de qué se trata por evitar un odioso spoiler, pero el semen tiene un papel importante en la trama.

7. Historia de O, Pauline Réage, Tusquets (1954)
Una fotógrafa parisina es convertida por su amante en un objeto de placer sadomasoquista y compartida por él con varios hombres. Cadenas y azotes son algunos juguetes de ese intercambio arriesgado aceptado por ambos, en el que se alternan el dolor y el placer.

8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, Juan García Ponce, Fondo de Cultura Económica (1989)
Escrita por el genial autor mexicano, pone el foco en una joven intensa que muestra la vocación de obedecer. Cuando descubre su sexualidad desbordada, Inmaculada se dedica a perseguir el orgasmo como la única certeza de estar viva: “Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba […] que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

9. Justine o Los infortunios de la virtud, Marqués de Sade, Valdemar (1791)
Escenas de violencia sexual, seducciones hábiles, libertinaje y excesos pueblan las páginas de esta novela francesa que cuenta cómo Justine, quien quiere conservar la virtud, sólo encuentra incitaciones al vicio y la perversión.

10. Dorada, David Miklos, Tusquets (2014)
Por carta, una desconocida invita al protagonista a conocer sus “pechos exagerados”. Así viaja a la ciudad de La Dorada, cuyas mujeres se dejan hacer “cualquier cosa”. Ahí vive una experiencia de lujuria y alucinación, para luego visitar Aguafuerte, llena de chicas siempre listas y dispuestas a jugar.

Bonus: La pasión turca, Antonio Gala, Planeta (1993)
En un viaje a Turquía,
Desideria conoce a Yamam: por él se olvida de su marido, su país y su vida.  Poco a poco se ve revelando la pesadilla de esa relación en la que el cuerpo y el deseo son el eje.

10 genialidades de Sergio Pitol

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El enorme Sergio Pitol está hospitalizado en Veracruz, luego de un sangrado intestinal. A sus 81 años, el importantísimo traductor, cuentista, novelista y editor está delicado.

Por si alguien no se ha enterado de su peso, aquí va un mínimo recuento de por qué es crucial para la literatura mexicana e hispanoamericana. Además de su propia obra (novelas como El desfile del amor y Domar a la divina garza, volúmenes de cuentos como Nocturno de Bujara, de relatos como No hay tal lugar y cuadernos de viajes como El arte de la fuga), quien ha merecido el Premio Cervantes y el Xavier Villaurrutia tradujo más de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Anton Chéjov y Jerzy Andrzejewski. Fue amigo cercano de José Emilio Pacheco, contemporáneo de Juan García Ponce, Salvador Elizondo y José de la Colina. Esta anécdota que contaba Carlos Monsiváis me encanta. Una vez, Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas. “En ese momento [Sergio] me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”. Qué cosa. Hace poco leí su traducción de Las puertas del paraíso, del polaco Jerzy Andrzejewski, “una de las novelas más perfectas que conozco”, según dijo. Yo añadiría que la versión de Pitol es de lo más deslumbrante que he leído en los últimos años.

Editorial Almadía le publicó en 2010 Una autobiografía soterrada. Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones, compendio de ensayos y relatos en los que Pitol habla de recuerdos, lecturas, viajes y personas que conformaron su estilo literario. De ahí entresaco estos 10 fragmentos que lo revelan de cuerpo entero:

  1. Puedo documentar la niñez, la adolescencia, toda mi vida a través de las lecturas. A partir de los veintitrés años, la escritura se entreveró con la lectura.
  2. En buena parte la imaginación deriva de mis experiencias reales, pero también de los muchos libros que he transitado.
  3. Descreo de los catálogos y las recetas universales. […] Sería monstruoso que todos los escritores obedecieran las reglas de un mismo decálogo o que siguieran el camino de un único maestro. Sería la parálisis, la putrefacción.
  4. Cuando viajo llevo más de una docena de libros para tener varias opciones de lectura.
  5. Hace unos días encontré en Autobiografie altrui, el último libro de Antonio Tabucchi, una frase formidable: “Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de cualquier escritor que no desconfiara de su propia labor”.
  6. Salvo el instinto lo demás son minucias.
  7. Mi aprendizaje es resultado de una lectura inmoderada de cuentos y novelas, de mis empeños como traductor y del estudio de algunos libros sobre aspectos de la novela […].
  8. De la única influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo.
  9. Estoy convencido de que ni siquiera la inexistencia de lectores podrá desterrar la poesía.
  10. Escribir ha sido para mí, si se me permite emplear la expresión de Bajtín, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Humor 2.0

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Mi querido amigo Andrés Grillo me manda desde Bogotá el más reciente número de la revista SoHo Colombia, madre de nuestra SoHo México. Edición dedicada a la caricatura, incluye textos sobre Quino, una entrevista a Liniers por Leila Guerriero y el cartón favorito de Alberto Montt, además de una estupenda entrevista a Maitena, del propio Grillo, con la noticia de que la argentina prepara un libro con lo mejor de su trabajo erótico, poco conocido hasta ahora. En sus páginas también encuentro esta caricatura genial del ecuatoriano Bonil sobre los niños de la era digital, que seguro no saben la dirección de su casa pero no olvidan su cuenta de gmail, en la que “viven” la mayor parte del tiempo. Me desarma por aguda y tierna. Vaya combo para este #LunesDeMonos.

La primera clase de sexo

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Una mujer en sus treintas quiere que alguien le enseñe a coger (bueno, como es española dice “follar”), que la encamine en la teoría y la práctica de un buen brinco. Hace tanto que no se da un revolcón que ya se le olvidó cómo se hace, así que pone un anuncio en el periódico: “Chica de 30 años, ni tonta ni fea, busca un profesional que le enseñe”. Le responde un hombre que le asegura ser el mejor y promete ningún tipo de involucramiento emocional y la devolución del dinero si no se convierte en una experta en la cama.

Es el cuento “La nadadora”, de la española Eugenia Rico (qué cosa de apellido, lo mucho que promete) y está incluido en la antología Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos, publicada por Editorial Berenice. La acabo de comprar en una librería de viejo y este cuento bien logrado es el primero que leo al azar. Como es muy improbable que vayas corriendo a la librería, lo encuentres y lo leas, aquí van un par de líneas disfrutables. Son sobre la primera “clase”, que tiene lugar en el despacho del instructor: “Se puso a la práctica enérgica de algo que no sé cómo se llama pero debe tener algún nombre rico, porque es como cuando Aladino frotaba la lámpara, sólo que él frotaba incansable como esperando que yo le concediera un deseo, y cuando se cansaba su lengua, se ayudaba con unas manos suaves que no le habría supuesto yo a primera vista. Y a mí un sudor se me iba y otro se me venía. Le pregunté si no podríamos seguir al día siguiente, que a mí me parecía que como primera lección no había estado nada mal. Él ni me contestó, siguió a lo suyo […]”.

Evito citar más, no quiero convertirme en spoiler de las letras eróticas, pero me quedo con la fantasía femenina, que aunque sea lugar común resulta profundamente apetecible: pagarle a alguien para que te enseñe a coger porque tú no sabes. Y repaso la primera instrucción del maestro: que tú misma recorras con el dedo la distancia entre la oreja y el tobillo, pasando por todos los recovecos posibles. Suena como una gran idea para estos días de frío.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Mis mejores libros 2014

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Entre los demasiados libros de los que hablaba Gabriel Zaid, todo lector desaforado (como yo) escoge unos y deja fuera otros, muchísimos. Como uno sólo puede hablar de los pocos que leyó, hoy propongo mencionar los títulos que me marcaron en este 2014. Hay novela, cuento, ensayo, poesía. Figuran autores hispanoamericanos pero también de otras latitudes, como Polonia y Reino Unido. Algunos son novedades y otros tienen años de haber sido publicados. El único criterio de selección fue que los leí este año y que, en cada caso, tuve que interrumpir varias veces la lectura para paladear un pasaje lleno de verde y gorjeos.

Más que dar mi opinión sobre ellos preferí mencionar brevemente qué me gustó y luego dejarlos hablar, o sea, citar un fragmento luminoso, en el que se cuele entre letras la luz fresca de cada uno. Como dice el genial Liniers sobre los libros que ama: más que acompañarme, estos “ya se esconden adentro de mí”.

  1. Alan Pauls, La historia del pornógrafo (Anagrama). Novela intimista con varias capas, hondas y llenas de ecos. “¿Con qué cara me enfrentaré a ti? Me miro al espejo y lo que allí veo es un fantasma; no, peor que eso: la sombra de un fantasma que fue un hombre, un hombre al que tú amaste casi sin conocerlo”.
  2. Fabio Morábito, El idioma materno (Sexto Piso). Colección de pequeños ensayos sobre la lectura y la vocación de escribir, en los que cada palabra se saborea. “El subrayador se vuelve un segundo autor del libro, extrae de éste el libro que él hubiera querido escribir, entra en controversia con el libro que lee, al que somete a una implacable cacería de frases subrayables”.
  3. Idea Vilariño, Poesía completa (Cal y Canto). La escritora uruguaya ofrece versos de amor y desamor como quien regala una combustión que quema los dedos, pero se disfruta. “Buscamos/ cada noche/ con esfuerzo/ entre tierras pesadas y asfixiantes/ ese liviano pájaro de luz/ que arde y se nos escapa/ en un gemido”.
  4. Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso (Conaculta). Deslumbrante novela-reto polaca sobre la Cruzada de los niños fue traducida al español por Sergio Pitol. De veras vale la pena. “La satisfacción de los sentidos no sacia el deseo, de un deseo saciado surgen cien nuevos aún más imperiosos, los actos nacidos de los deseos más puros agonizan en la infamia, tal vez no existen los deseos puros, la necesidad de violencia y de crueldad trastorna la naturaleza del hombre”.
  5. Eduardo Galeano, Bocas del tiempo(Siglo XXI). Compendia la hondura de Galeano en relatos y pequeñas cápsulas, como pildoritas que ayudan a andar. “[…] el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje”.
  6. Rodrigo Fresán, Trabajos manuales(Planeta Biblioteca del Sur). La pluma precisa del escritor argentino propone cuentos lúcidos, con cara y cuerpo de ensayos. “El final de un libro es como un suspiro. Por eso Forma suspira cada vez que termina un libro. Llegar a la última página produce una suerte de triste felicidad. Felicidad por saberlo todo sobre una historia y por sentirse capaz de creer en personajes con una intensidad con la que nunca se creerá en las personas. Tristeza porque la historia no sigue. Entonces sólo queda volver a empezar”.
  7. Valeria Luiselli, La historia de mis dientes(Sexto Piso). Esta novela singular se avienta al vacío y se pone de pie como si nada, con todos los huesos intactos. Trata sobre un cantador de subastas. “Se sentía tan disminuido que intentó suicidarse colgándose de una rama de aquel árbol pequeñísimo. Fracasó por poco”.
  8. Julian Barnes, Niveles de vida (Anagrama). Tres relatos aparentemente inconexos, el tercero de los cuales cohesiona el libro y sacude: es la expresión acendrada del dolor de perder al ser amado. “En un acto social al que mi mujer y yo solíamos asistir juntos, un conocido se me acercó y dijo simplemente: ‘Aquí falta alguien’. Me pareció correcto, en ambos sentidos”.
  9. Evelio Rosero, Los ejércitos (Tusquets). Novela demoledora sobre la violencia, colombianamente mexicana. “Nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana”.
  10. Carlos Velázquez, La marrana negra de la literatura rosa(Sexto Piso). Cuentos marcados a fuego por una de las mejores plumas del escenario mexicano actual. “Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vajillas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano”.
  11. (o, lo que es lo mismo, 10 + 1) Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE). Cascada de poemasque hacen cada día más ancho y mucho más pleno. “Habítame, penétrame./ Sea tusangre una como mi sangre./ Tu boca entre a mi boca./ Tu corazón agrandeel mío hasta estallar./ Desgárrame./ Caigas entera en mis entrañas./Anden tus manos en mis manos./ Tus pies caminen en mis pies, tus pies./Árdeme, árdeme […]”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

“Me sorprendió que el hambre y los dioses estén tan ligados: Martín Caparrós

Foto: María Teresa Slanzi
Foto: María Teresa Slanzi
Platiqué con el escritor argentino en su paso por México para presentar su nuevo libro, El hambre (Editorial Planeta), una mezcla de crónica y análisis sobre la situación actual de más de 800 millones de personas desnutridas o malnutridas. Aquí lo que dijo.
“Vaya, qué bien, muy bien”. Sonríe con el bigote, mientras alza la mano para chocar la mía. No entiendo a qué viene el entusiasmo. Acabamos de terminar la entrevista y antes de despedirnos lancé la última pregunta, para no quedarme con la duda. La solapa de su libro dice: “Tradujo a Voltaire, a Shakespeare y a Quevedo”. Entonces dije: “¿A Quevedo? ¿A qué lengua?” (Fue entonces que se puso feliz). “Hace cinco años puse eso en las solapas de mis libros pensando que alguien tendría curiosidad, pero eres la primera que lo pregunta. En los años 80 traduje al francés una parte de los Sueños de Quevedo, para una película argentina. Fue un trabajo duro pero me gustó mucho”.El tema nos da excusa para despedirnos más ligeros, luego de escarbar en casos de gente que a diario ve el rostro de la miseria y un día cierra los ojos para siempre.“Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado más gente. Ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre. Yo no sabía”, dice en el libro publicado por Planeta. Lleno de información, sobre todo me sacuden las historias cotidianas que Caparrós captó en nueve países y que permiten palpar la pobreza auténtica. Le propongo plantearle preguntas a partir de esas historias. Acepta.

En Níger, una madre cuyo hijo está hospitalizado lleva meses manteniéndolo un poco por debajo del peso mínimo para que le sigan dando suplementos alimentarios para él, más algo de comida para la familia. ¿Cómo haces para seguir viviendo conociendo casos así? No tengo una respuesta, más bien tengo respuestitas que no terminan de satisfacerme. Supongo que la más fácil es decirme que por lo menos trabajé en el libro, intento hacer algo, pero no termino de creérmela…

En Sudán del Sur conversas con una madre cuya hija está en riesgo de muerte. Le preguntas si piensa que va a sobrevivir: “Si no vuelve a quedar desnutrida, creo que sí. Pero si vuelve a quedar desnutrida no sé”. Insistes: ¿qué puedes hacer para que no se desnutra? Con calma dice: “Nada.” ¿Qué te pasa con historias como ésta? No pensaba encontrar esa pobreza de horizontes. Aun así, lo que le pasa a ella no es tan distinto de lo que nos pasa a la mayoría, que no conseguimos imaginar sociedades donde ocurren esas cosas. Estamos tan limitados en nuestra realidad como ella en la suya, aunque se supone que tenemos más armas y posibilidades para imaginar. Otro chico se enojó al preguntarle qué disfrutaba más comer: “A mí no me gusta comer esto o lo otro; a mí lo que me gusta es comer”. Yo prefiero por mucho esa furia al “nada, nada”, que se cabreara fue un gusto, me resultó menos duro que aquella resignación absoluta.

En Bangladesh, una mujer te confiesa: “Cuando no como no puedo encontrar paz. Es como si tuviera cien mil mosquitos zumbándome en la oreja”. ¿Qué metáfora define mejor el hambre? Más que metáfora pienso en una imagen, la de esa madre que cuando no tiene qué darles de comer a sus hijos, a escondidas pone una piedra en el caldero y les dice que está cocinando algo pero va a tardar, que se duerman un poco. Eso me impresiona muchísimo, pensar la vida como un engaño sin futuro.

Luis, de Médicos Sin Fronteras y con varios años de trabajo humanitario en India, se sincera contigo: “Estoy aquí porque no puedo no hacerlo. Si quieres ponerlo así, al fin y al cabo resulta que lo hago por puro egoísmo, para no sentirme mal”. ¿La culpa es un tema de fondo en todo esto? Todos tenemos culpa de las cosas, pero hay algunos que tienen más que el resto y la reparten, para disolverla. Es decir, yo tengo la culpa por no matarte y hacer que desaparezca tu fondo de inversión que eleva la comida hasta que millones no pueden pagarla, pero tú organizas el fondo de inversión. Por otro lado, aunque quisiera pensar que con el libro cambiará algo, es un libro, nada más. Con todo, creo que es mejor hacerlo que no hacerlo, porque si se sumaran miles de gestos chicos podrían dar un salto cualitativo. Al final, escribí el libro porque no pude no hacerlo.
En India, una joven te habla de su bebita, muerta por falta de alimento, y señala: “Iba a ser mi hija por mucho tiempo y de pronto no estaba más”. ¿Qué sentiste como papá? Me impresionó mucho, porque prejuiciosamente no esperas que esas situaciones te hablen de ti. Se supone que estás preparado para oír cosas muy emocionales sobre personas que crees distintas, pero te das cuenta de que esa idea es una tontería: yo suscribiría totalmente lo que ella dijo. Entonces ocurre ese cortocircuito en el que uno ya no está de un lado o del otro, estamos todos hablando de lo mismo.
Una abuela en Níger, cuyo nieto acaba de morir, apunta: “Dios me mandó este destino, así que seguro lo merezco”. ¿Cómo recibes eso? Me sorprendió que el hambre y los dioses estén tan ligados. Entrevisté a cientos de personas y no encontré prácticamente a nadie que no mencionara a Dios para justificar lo que ocurría. Yo pensaba que los creyentes que sufren tendrían algún rencor contra Dios, pero no. La religión es tan fuerte que les enseña a dirigir su rencor contra sí mismos: en algo fallaron para que Él, siempre justo, les haga eso.

“Cuando estamos saciados nos convencemos de que es imposible que matemos, robemos, violemos, engañemos, defraudemos, nos prostituyamos. Cuando tenemos hambre podemos hacerlo”, dice el autor Pitirim Sorokin. ¿Es cierto eso tan brutal? Él plantea que no tener comida puede volver atrás el proceso supuestamente evolutivo. Nosotros somos gente codificada, actuamos bajo la premisa de códigos, pero en momentos extremos de hambre los dejamos de lado y reaccionamos de forma instintiva, “animal”. Es decir, llevamos dentro las dos posibilidades… A mí me intriga mucho ese azar decisivo según el cual uno nace aquí y ahora, en un determinado país y familia con comida segura, no allí y entonces. El azar de ser uno es algo en lo que no se piensa demasiado, pero al enfrentarte a otros “muy otros” le das vueltas.

(Originalmente publicado en la revista SoHo México).