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#MiércolesDePoesía Versos de ¡nálgame, Dios!

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Esta bonitanoticiabonita que ayer compartieron los amigos del Weso (@elwesomx) me deparó una tarde-noche de lo más enriquecedora. Resulta que retuiteé las palabras del prócer de la fe y de inmediato David Miklos (@dmiklos) se puso en sintonía. Y así venga un intercambio de tuits luminosísimos sobre el asunto. Con permiso del respetable (cada vez más escaso dados los tiempos que corren, insisto), al amparo del Cardenal surgió un lujo de frases sobre el pagano ano y sobre la importancia de mantenerlo republicano. Se sumaron también @ÚrsulaCamba y Daniel Sánchez (@danywino), todos igualmente paganos que los de marras.

Ya en la noche tuve una visita de la musa y como resultado di a luz (no, perdón, que no fue por ahí) el siguiente sonetito soberano. Va con dedicatoria especial a los veteranos amigos de este blog. Sea el #MiércolesDePoesía.

SOBRE EL ANILLO DE LA PUREZA

El Cardenal, probo en amor mariano,
por el tema se interesa del ano.
Afirma que lo hizo Dios, ufano,
para dar sin recibir, buen cristiano.

Pero el fiel, mezcla de infiel y gusano
“Amaos los anos a los otros”, vano,
obedece con fervor franciscano
cual si fuera instrucción del Vaticano.

Así todos gozan del ano sano
que el Creador confirió a cada paisano
(celebran botaneando Gran Padano)

y el Cardenal le ruega a San Susano
conservar su cuerpo casto y lozano
aunque se diga que le cabe un piano.

Cinco indiscreciones de escritores

Foto: Shutterstock
Foto: Shutterstock

Devotos de las palabras, obsesivos de lecturas que les habitan la cabeza, 21 autores nacionales y extranjeros de novela, poesía, novela gráfica y entrevista nos dijeron si roban libros o no y qué harían si encontraran una bodega llena de ediciones pirata suyas, entre otras chuladas.

1. ¿En qué personaje te gustaría convertirte?

David Miklos En el Bartleby de Herman Melville, para decir: “Preferiría no hacerlo”.

Jorge Zepeda Patterson En Jon Stark, de Game of Thrones. Debe de ser padrísimo tener un lobo dentro.

Liniers En Sal Paradise de En el camino, de Kerouac. Lo leí a los 18 años, edad perfecta porque entonces representó la promesa de que al crecer yo podría viajar, tener mujeres, tomar drogas. En cambio, si lo lees a los 40 te recuerda todo lo que no hiciste.

Mónica Maristáin Yo, de hecho soy García Madero, de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Rogelio Guedea Casi soy Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno, de Salinger. Como él, tuve una adolescencia loca, pero de gran ingenuidad.

Jorge F. Hernández En Ignatius J. Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, para comer hot dogs en Nueva Orleans por el resto de mis días.

Jorge Alberto Gudiño En el Quijote, porque vive mezclando ficción y realidad.

Rowena Bali En Ada, de Ada o el ardor, de Nabokov; en Teresa, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; en María, de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll; en Antínoo, de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar: todos ellos, por la forma como fueron amados.

  1. ¿Qué libro hubieras querido escribir?

Alberto Chimal La naranja mecánica, de Anthony Burgess. Es tremendo por la trama y el lenguaje y también por su célebre capítulo 21, que fue cortado tanto en muchas ediciones como en la película de Stanley Kubrik. Ahí, el protagonista se da cuenta de que está envejeciendo y debe incorporarse a la vida adulta. Es muy conmovedor.

Irvine Welsh El código Da Vinci, de Dan Brown. ¡Sería millonario!

Liniers Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Es de los libros que no te hacen más culto, sino mejor persona.

David Miklos A Field Guide To Getting Lost, de Rebecca Solnit. Es un gran libro de ensayo.

Alberto Montt La Biblia. Sería putrimillonario, dirían que Dios me inspiró, podría acostarme con niños y todas esas cosas lindas que pasan en la Iglesia.

Laura García Océano mar, de Alessandro Baricco. Es de los libros que más me han hecho detener la lectura y quedarme pensando.

Gabriela Jáuregui El libro de cuentos Samuel Johnson Is Indignant, de Lydia Davis. Soy muy fan de ella.

  1. ¿Cuál es tu insulto preferido para otro escritor?

Laura Martínez Belli “Escribe como Paulo Coelho”.

Jorge Alberto Gudiño “Es un completo analfabeto”. Nos lo dijeron a mí y a mi editor.

Luigi Amara “Cacalibri”. Lo usaban los romanos para referirse a alguien que literalmente cagaba libros porque hacía muchos, todos descuidados.

Rocío Cerón “Es un autor menor”.

Gabriela Jáuregui “Que te chupe la falla lacaniana”. Es de Severo Sarduy, mi ídolo.

Alberto Chimal “Fementido, canalla”, del Quijote.

Laura García “Es un escritor ñoño”.

Paola Tinoco “Fulanito puede entrar a mi biblioteca, porque sé que no va a tocar los libros”.

José “Monero” Hernández Me fusilaría a Groucho Marx: “He leído un libro extraordinario. Y, ciertamente, no es el tuyo”.

4. ¿Cuál fue el primer libro que robaste?

Jorge F. Hernández Charlotte’s Web, de E. B. White, mientras estudiaba primaria en los Estados Unidos. Fui un gran ratero de libros hasta que mi maestro, Luis González, me dijo que no era honroso hacerlo si uno es un escritor publicado.

Rocío Cerón No lo hice, pero debería haberme quedado una primera edición de Blanco, de Octavio Paz.

Julio Trujillo He robado varios, entre ellos las cartas de José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, de la librería Tomo 17, que cerró hace años. En realidad pensaba pagarlo, pero en la caja había mucha gente y me desesperé, entonces me lo guardé e intenté salir. La dueña me gritó en público. No fue el primero, pero sí el último.

Irvine Welsh Docherty, de William McIlvanney, lo robé de una librería en Edinburgo. Tenía unos 13 años.

Alma Delia Murillo Era niña y vi en casa de una tía Colmillo blanco y El llamado de la selva, de Jack London, en una misma edición. No me aguanté.

  1. ¿Qué harías si encontraras una bodega con libros pirata tuyos?

Jorge F. Hernández Me pondría parche, perico al hombro y garfio. Luego repartiría todos gratis.

Irvine Welsh Diría: ¿por qué pierden tiempo en eso, si mis libros están tan baratos en Amazon?

Luigi Amara, Rowena Bali, Rocío Cerón, Alberto Chimal, Jorge Alberto Gudiño, José “Monero” Hernández, Liniers, Mónica Maristáin, Laura Martínez-Belli, Alma Delia Murillo, Julio Trujillo, Jorge Zepeda Me pondría feliz, porque significaría que se venden, que funcionan.

Alberto Montt Los vendería más baratos que la editorial. Sería la única forma de ganar plata con mis libros.

(Originalmente publicado en el suplemento Punto y comas, de periódico Sinembargo.  Da click aquí para ir al artículo completo).

10 novelas eróticas que sí valen la pena (y NO se llaman 50 sombras)

Foto: Christian Coigny
Foto: Christian Coigny

Las cincuenta sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda,  la literatura erótica perversa y rica existe desde hace siglos. Para contrarrestar su derroche de creatividad fallida propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 opciones para celebrar el sexo. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.

1. La Venus de las pieles, Leopold von Sacher-Masoch, Axial (1870)
Cuenta la esclavitud sexual que un hombre establece con Wanda, una mujer alucinantemente fría. La novela está inspirada en las historias verdaderas de sometimiento a las que se expuso el autor, a partir de cuyo apellido se formó la palabra “masoquismo”. Aparecen látigos, disfraces, humillaciones y castigos que disfrutan tanto la “diosa cruel” como su esclavo, feliz de ser maltratado por ella.

2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, Tusquets (1989)
La protagonista, de 15 años, se enreda sexualmente con un amigo de su hermano mayor y se da cuenta de que le fascina el juego. A partir de ahí se convierte en la eterna niña (aunque tenga 30), insaciable, obsesionada por el sexo. Novela ganadora del Premio La sonrisa vertical, fue llevada al cine por Bigas Luna.

3. La historia del ojo, Georges Bataille, Fontamara (1928)
Escabrosa y a ratos surrealista, narra un viaje a España de Simone y Georges, pareja inmoral que se regodea entre semen, sangre y orina. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: “Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas”.

 4. Luna caliente, Mempo Giardinelli, Planeta (2009)
Cuando Ramiro regresa a casa luego de estudiar en el extranjero conoce a Araceli, una chica muy joven y muy sexual, que lo calienta “desmesuradamente”. Ella lo lleva a disfrutar un placer sin freno pero también aterrador, imparable, desaforado.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama (1955)
Una adolescente que sin darse cuenta (o sí) es provocadora y un hombre maduro enamorado de ella protagonizan esta joya de novela, controversial y llena de humor. La pluma de Nabokov regala pasajes como: “Después se precipitó a mis brazos impacientes, radiante, abandonada, para acariciarme con sus ojos tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes, umbríos… como la más barata de las bellezas baratas”.

6. Las piadosas, Federico Andahazi, Plaza & Janés (1998)
Ubicada a fines del siglo XVIII, aborda las reuniones de escritores notables como Byron y Shelley, pero con un twist perversito: no digo de qué se trata por evitar un odioso spoiler, pero el semen tiene un papel importante en la trama.

7. Historia de O, Pauline Réage, Tusquets (1954)
Una fotógrafa parisina es convertida por su amante en un objeto de placer sadomasoquista y compartida por él con varios hombres. Cadenas y azotes son algunos juguetes de ese intercambio arriesgado aceptado por ambos, en el que se alternan el dolor y el placer.

8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, Juan García Ponce, Fondo de Cultura Económica (1989)
Escrita por el genial autor mexicano, pone el foco en una joven intensa que muestra la vocación de obedecer. Cuando descubre su sexualidad desbordada, Inmaculada se dedica a perseguir el orgasmo como la única certeza de estar viva: “Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba […] que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

9. Justine o Los infortunios de la virtud, Marqués de Sade, Valdemar (1791)
Escenas de violencia sexual, seducciones hábiles, libertinaje y excesos pueblan las páginas de esta novela francesa que cuenta cómo Justine, quien quiere conservar la virtud, sólo encuentra incitaciones al vicio y la perversión.

10. Dorada, David Miklos, Tusquets (2014)
Por carta, una desconocida invita al protagonista a conocer sus “pechos exagerados”. Así viaja a la ciudad de La Dorada, cuyas mujeres se dejan hacer “cualquier cosa”. Ahí vive una experiencia de lujuria y alucinación, para luego visitar Aguafuerte, llena de chicas siempre listas y dispuestas a jugar.

Bonus: La pasión turca, Antonio Gala, Planeta (1993)
En un viaje a Turquía,
Desideria conoce a Yamam: por él se olvida de su marido, su país y su vida.  Poco a poco se ve revelando la pesadilla de esa relación en la que el cuerpo y el deseo son el eje.

Invitación a conocer unos pechos exagerados

Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Un pintor recibe la carta de una desconocida, quien le dice haber visto su retrato en una revista y encontrarlo “interesante”. Así empieza un intercambio epistolar que va subiendo de tono, alimentado por la fantasía de que ella es originaria de La Dorada, ciudad cuyas mujeres se desmarcan del resto por su peculiar belleza y redondez (turgente, para más señas) y porque “se dejan hacer cualquier cosa”, como sabremos después. Tras varias misivas ella envía un retrato: con la imagen, en la que destacan sus pechos exagerados, viene también la invitación a “conocerlos”. El hombre viaja entonces a La Dorada, urbe teñida de sexo donde vivirá una experiencia de lujuria y alucinación. Por otro lado visita también Aguafuerte, tierra donde nada es lo que parece, lugar de placeres sin freno y de mujeres que son calca una de la otra, todas húmedas, todas “listas y dispuestas”.Con ambas historias cargadas de deseo, carne y rupturas en el tiempo se teje Dorada, novela de David Miklos que acaba de salir a la venta, publicada en la colección erótica La sonrisa vertical, de Tusquets. En la misma línea fragmentada de su reciente El abrazo de Cthulhu, aquí la atmósfera fantástica y las constantes fracturas en el tiempo me cansaron a ratos, pero me gustó la tensión que genera la escurridiza dorada y las ricas descripciones, como ese día en el que el protagonista entra en una habitación para descubrir “a un trío de mujeres tendidas, entrelazadas sobre la cama. Ven a desanudarnos, me dijeron. Y fui a su encuentro. No llevaban puesto nada más que el vestido o el camisón de tela delgada, casi raída, traslúcida ante la luz de la habitación, los pubis libres de calzón, el vello expuesto, la pelusa tupida, las vaginas entreabiertas, en su punto, penetradas por vez primera o visitadas una vez más”.Me acuerdo de aquella frase de Oscar Wilde: “No hay libros morales o inmorales, sino libros bien o mal escritos”. Esta novela breve de Miklos está bien escrita y además es inmoral. Será por eso que la disfruté.(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

 

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