Archivo de la etiqueta: Yaugurú

Lo mejor que leí en 2017 (2a parte)

“Los libros siempre desvían: desvían del origen y del destino, proponen un camino diferente para llegar un lugar inesperado”, dice Adolfo García Ortega en un fragmento de Fantasmas del escritor. Eso exactamente me pasó con estos 13 títulos: me hicieron replantear la ruta trazada al aportar matices, conceptos, ángulos.

En la primera parte de este post hablé de los 11 libros mexicanos que me desafiaron en 2017. Aquí van los escritos por autores del resto del mundo. Advierto que en junio estuve en Uruguay y llené las maletas de libros locales, mismos que he ido consumiendo poco a poco, administradamente, para que me durara el gusto adquirido por esas letras. Por eso, que no extrañe que Uruguay acapare preferencias, aunque deje algo de espacio a otros países.

Estos fueron mis favoritos:

POESÍA
1. No hay amor como esta herida, del chileno Óscar Hahn (Tajamar Editores),;

2. Queen of a Rainy Country, de la estadounidense Linda Pastan (W. W. Norton);

 

 

3. De entonces acá, del uruguayo Gustavo Wojciechowski (Yaugurú);

4. Esa polilla que delante de mí revolotea, de la española Olvido García Valdés (Galaxia Gutenberg);

 

 

NOVELA
5. Toño Ciruelo, del colombiano Evelio Rosero (Tusquets);

6. Women in Love, del británico D. H. Lawrence (Penguin);

 

 

7. El astrágalo, de la francesa Albertine Sarrazin (Lumen);

 

 

CUENTO
8. el inclasificable Misales, de la uruguaya Marosa Di Girogio (El Cuenco de Plata);

9. Espacios libres, del uruguayo Mario Levrero (Irrupciones Grupo Editor);  

 

 

10. Cuentos reunidos,  del uruguayo Felisberto Hernández (Eterna Cadencia);

 

 

ENSAYO
11. Escribir, del escocés Robert Louis Stevenson (Páginas de Espuma);

12. Fantasmas del escritor, del español Adolfo García Ortega (Galaxia Gutenberg);

 

 

13. Conversaciones con Mario Levrero, del uruguayo Pablo Silva Olazábal (Lolita Editores).

#MiércolesDePoesía De cuando un abrazo deja fuera el mundo

Foto tomada de http://www.symphonyofflavors.com

Muchas veces la poesía se esconde bajo ropas de narrativa y a la inversa. Estos renglones que comparto no sé a qué categoría pertenecen, pero sí tengo la certeza de que en ellos hay poesía. Poderosa. Ligera.

Son de la uruguaya Alicia Preza y pertenecen a su libro Obertura de la fiebre, publicado por Yaugurú (qué groseros placeres debo a esa editorial).

Con la ricura de ellos ocurre el #MiércolesDePoesía.

“El gato de la percha está llorando. Desde la puerta del sótano una música nos llama. Miramos de reojo, y no queremos salir de nuestro abrazo”.

 

#MiércolesDePoesía Jugar a hacer mundos con las manos

Foto tomada del sitio Tranvías.uy (http://tranvias.uy/media/zoo/images/1-w_MG_6329_b45478192d781d951c47cbb09e7f0735.jpg)

La poesía, ese territorio de lo que no es. Mejor: ese territorio de lo que no era y, a partir de las palabras, ya es. Quien escribe crea algo que no existía, le da consistencia material, deja caer un aliento cálido sobre esas letras y de pronto cobran existencia plena. SON. Escribir se parece tanto a jugar.

El nuevo libro del poeta uruguayo Gustavo Wojciechowski “Maca” alude a ese vértice casi alquímico. Además de la narrativa poderosa de cada poema, Ni siquiera (publicado por Editorial Yaugurú) amasa tipografías, músicas. El conjunto es una suerte de paisaje material bien articulado, trazado por la mano de Maca, niño jugador de letras y diseños y acentos: un poema invita a ver el mundo desde una cima, más adelante aparece un valle, luego un pequeño barranco, para volver a la horizontalidad sorpresiva y volver a empezar. Todo esto, sólido y sugerentísimo, no existía antes de Ni siquiera.

Este poema es de mis favoritos. Crea palabras tan lindas como “maldororamente” y “manicomiado”, salta por aquí y por allá, alude al hormigueo de posibilidades de una vida, se regodea en los varios sentidos de “valla / vaya” y pone el foco en los caminos que se abren y bifurcan.

Al #MiércolesDePoesía le sale una sonrisa bien grande de tenerlo en casa.

“La puta madre”

“yo quería ser un peleador
regir maldororamente
tener la impávida mirada del más Arturo iluminado
aullar como beatnik aullar
ser un manicomiado por un rato un rufián
ponerle antiparras a la poesía
valla     que si me hubiera gustado
tener los nudillos siempre sangrantes
de las generaciones precedentes
estar antes que el futuro
sacándole la lengua a los que vengan
que las revoluciones regurgiten en mi garganta
estar en contra de estar a favor de estar en contra
aunque me rompieran la narizota

¿acaso seré un buen tipo?

a uno siempre lo hormiguea
el otro que no es”

#MiércolesDePoesía ¿Versos a una vaca? Sí. Estos.

De nuevo es día de versos. Y si la poesía es asomarse a ver las cosas de siempre a través de nuevos hoyos en la pared, por qué los rumiantes habrían de ser excluidos de esa mirada de extrañamiento.

Se ve que el uruguayo Juan Pablo Moresco pensó algo similar, porque su libro animales domésticos aborda, justamente, los muchos hilos de pensamiento que puede generar una vaca. Aquí abajo va uno de mis poemas favoritos del libro, irónico y con hondura: las hemos vuelto un animal doméstico a contrapelo.

Y el libro no sólo es rico por los poemas, sino también por su factura: publicado por uruguaya editorial Yaugurú, es una edición divertida, rica, propositiva. La tipografía es precisa y los juegos de color subrayan la intención irónica de varios poemas. Porque los buenos versos merecen un diseño a la altura. Como éste.

Sea el #MiércolesDePoesía.

“Las vacas no piensan. Se reproducen por una inercia vacía, sin razón, bichos esclavos para servir al ser humano. Si se dejaran libres morirían, torpes, inútiles, no sabrían sobrevivir porque su vida es un trance, un breve estado por el que pasan para llegar al plato del hombre. Arruinadas en su esencia no sabrían subsistir como animales salvajes. La costumbre las degradó; el hombre las cultiva, semianimal. Las vacas son animales domésticos.
Cuando los helechos entristecen mi abuela les habla y ellos responden.
La desesperación de ser vaca.
Perverso.
Pero las vacas no piensan”.

Juan Pablo Moresco, animales domésticos, Yaugurú