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El amante es una flor abierta, incompleta: D. H. Lawrence

Imagen: Byroglyphics

Ayer terminé la novela Women in love (Mujeres enamoradas), de D. H. Lawrence. Publicada en 1920, antecede a la enorme Lady Chatterley’s Lover (El amante de Lady Chatterley), de 1928, que fue lelvada a juicio por “inmoral”.

Women in love cuenta la historia de dos hermanas, Úrsula y Gudrun, maestras en una escuela local inglesa, que sostienen relaciones amorosas con Birkin y Gerald, respectivamente. Pero en la novela están también los escarceos entre Birkin y Gerald,  la Inglaterra decadente, las largas reflexiones filosóficas, la dificultad del amor porque implica un rendimiento, las expectativas sociales sobre la familia y el estatus, la entrega amorosa que se disfruta tanto que duele, la necesidad del ser humano de respirar su propio aire.

Lawrence sabe entrar con bisturí hasta el tuétano del alma humana, ese que no suele mostrarse porque resulta demasiado blando, y lo revela bajo una luz nueva. Ahí aparecen las vísceras, el amargor de los jugos, la blandura donde no hay hueso que proteja. Me encuentro a mí misma ahí, en el colmo de lo vulnerable, lo contradictorio de amar.

Evito, claro, dar un spoiler, pero no me aguanto las ganas de postear este pasaje, que se me quedó pegado a las pestañas (abajo va una traducción mía al español):

“Sometimes it was he who seemed strongest, whist she was almost gone, creeping near the earth like a spent wind; sometimes it was the reverse. But always it was this eternal see-saw, one destroyed that the other might exist, one ratified because the other was nulled […] This wound, this strange, infinitely-sensitive opening of his soul, where he was exposed, like an open flower, to all the universe, and in which he was given to his complement, the other, the unknown, this wound, this disclosure, this unfolding of his own covering, leaving him incomplete, limited, unfinished, like an open flower under the sky, this was his cruelest joy”. (D. H. Lawrence, Women in love, Penguin Books, 1995, p. 446)

(“A veces él parecía más fuerte, mientras ella huía, se arrastraba como un viento gastado; otras veces sucedía al contrario. Pero era eterno ese subibaja: uno destruido para que el otro pudiera existir, uno validado, ya que el otro había sido nulificado […] Esta herida, esta rara, esta dolorida llaga en el alma, en la que estaba desnudo, como una flor abierta, ante el universo y en la que era entregado a su complemento, a lo otro, lo ignorado, esta herida, esta revelación, este descubrirse que lo dejaba incompleto, limitado, inacabado, como una flor a la intemperie, esto constituía su gozo más cruel”.)

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

Por un beso de esos

Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)
Foto: Julie Andrews y Rock Hudson en Darling Lili (1970)

“Se inclinó y la besó de una forma que ella sintió que debía besarla siempre” (p. 182). -D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, Sexto Piso.

A veces, pocas veces, un beso cambia por completo el norte y el sur, porque si alguien es capaz de decir todo eso con los labios, entonces el lenguaje no sirve de mucho. Y, en este caso, tampoco yo y mis labios hemos de mucho. Hasta este momento.

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Homenaje al miembro del miembro

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Ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv, tomadas de la edición de Sexto Piso

Me pongo mal cuando las damitas respetables dicen que es antiestético, horrible. Yo más bien he confesado muchas veces mi devoción por el falo. Lo digo porque estoy leyendo la nueva traducción al español de El amante de lady Chatterley, novela de D. H. Lawrence que acaba de publicar Sexto Piso, con impecables ilustraciones de Romana Romanyshyn y Adnriy Lesiv. Años atrás había leído el original en inglés y lo recordaba como uno de los libros que más lúcida e impecablemente hablan sobre el pene, así que con gusto le hinqué el diente a la versión en español. De ahí extraigo estos tres pasajes en los que Lawrence, maestro de maestros, levanta un templo a la verga a través de la visión de la protagonista, Connie:

“[Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso. ¡Y viene hacia mí! […] Y ahora es pequeño y suave como un capullo lleno de vida —dijo tomando aquel pene empequeñecido entre las manos—; en cierto modo, es encantador, pero independiente y extraño. Y también inocente. Y ha entrado tan dentro de mí… Nunca lo insultes. Ya no es sólo tuyo, ahora también me pertenece“. (pp. 235, 280, 281).

Carajo, no he leído nunca un homenaje más chingón a ese obscuro y al mismo tiempo tremendamente luminoso objeto del deseo.

Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv
Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv