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“Estamos rotos. Pero enteros”.

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Así dice una línea de Benedetti, de un poema que se me pierde en la memoria. No importa. El verso que se me quedó pegado es suficiente.

Y recuerdo aquella otra imagen de Leonard Cohen, en ese templo de canción que es “Anthem”:

“There is a crack in everything/ That’s how the light gets in”.

Veo ahí a la marioneta, con la temblorosa certeza de que no ha perdido ningún pedazo.

 

 

 

Pelear contra la tentación, sin querer ganar

Salió a la venta hace un par de días. Y sí, me hizo la semana.
Salió a la venta hace un par de días. Y sí, me hizo la semana.

El nuevo disco de Leonard Cohen es una pinche genialidad. Es sarcástico pero no se queda ahí. También baja a las profundidades del dolor y anda un rato descalzo, entre vidrios. Y la música y los coros, con ese dejo de liturgia alejada de la iglesia, subrayan la voz murmurada de quien no necesita más para poner a temblar las telas interiores.

Hace un rato terminé de oírlo y de veras no tiene madre. Descreído, frontal, a ratos penado y otras, burlón de sí, es muy Cohen. Esta rolita, “On The Level”, aborda las decisiones demasiado sensatas, las que son todo lo maduras que deben ser e implican huir del diablo pero, al mismo tiempo, le dan la espalda también al ángel. Ay.

Que me digan que esto no es poesía. De la mejor.

“[…] I was fighting with temptation
But I didn’t want to win.
A man like me don’t like to see
Temptation caving in.

Your crazy fragrance all around
Your secrets in my view.
My lost, my lost was saying found
My don’t was saying do […]”.

P.D. No me deja pegar la canción ni desde Spotify ni el audio de YouTube (seguramente es cuestión de derechos) pero está en ambas plataformas, por si quieres oírla.

Javier Marín o la imperfección como forma de lo perfecto

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Fotos: Julia Santibáñez

Ayer estuve en la inauguración de la muestra Corpus, del escultor mexicano Javier Marín, en el Antiguo Palacio de San Ildefonso de la Ciudad de México. Fui invitada por Edgardo Bermejo, Director de Artes del British Council. Curada por Ery Cámara, la exposición consta de 48 piezas de resina, bronce y madera, en las que Marín exhibe el proceso de trabajo, los pasos intermedios en la realización de cada obra. Así se aprecian las huellas que dejó el moldero, los relieves y las marcas dejadas por los soportes, la fractura del material, de modo que las piezas están, en realidad, inacabadas. Son burdas a voluntad. En el recorrido inaugural por la exposición, acompañado por el artista y por Rafael Tovar y de Teresa, presidente de CONACULTA, el curador subrayó cómo el azar hace única cada pieza, de qué modo mostrar los avatares del proceso creativo obedece a una estética que encuentra belleza en la imperfección. Marín, por su parte, dijo que disfruta mezclar la resina con materiales orgánicos, como la carne seca, lo que provoca cambios químicos inesperados.

Mientras recorro la muestra pienso que me gusta el riesgo de la incompletud, la complacencia en la brusquedad. Me recuerda aquella línea de Leonard Cohen: “There is a crack in everything. That’s how the light gets in”. En la belleza transgredida de estos cuerpos hay un acento de aflicción, sí, pero también de avidez (¿no son lo mismo?), porque en lo inconcluso que muestra las costuras late la potencia, mientras lo acabado es el punto final. Las piezas me remiten al Wabi Sabi japonés que celebra la imperfección. Que enaltece el accidente y honra la aspereza. Me gustan también por lo que implica la postura del artista: reconoce al azar como co-Creador de seres deficientes, anómalos, a ratos monstruosos, siempre precarios, de voz ajada pero amables, como aquel poema de Roberto Juarroz:

“[…] Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada”.

Y me gustan las piezas, cómo no, porque en ellas puedo reconocer mi tosquedad de poeta y también mi ambición ante la poesía, mis gestos de mujer no terminada, lo dual de quien no es sino va siendo, la feliz angustia de cada día.

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#MiércolesDePoesía La declaración de amor que hace creer en el ídem

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Hoy tenemos invitado de lujo. Master Leonard acaba de cumplir 81 años. Master Leonard Cohen, el poeta y cantor que da cuerpo de palabras a las abolladuras del corazón, los entusiasmos, las contradicciones del juego. Master Leonard, autor de 12 libros de poesía y dos novelas. Master Leonard, el mismo que hablando del proceso de escritura dijo esto, que aplica impecablemente para el amor: “Antes de que pueda desechar un verso tengo primero que escribirlo… No puedo desechar un verso antes de escribirlo, porque es justo la escritura del verso la que produce el goce o el interés o las facetas que van a captar la luz. Es necesario terminar de cortar la gema para ver si brilla o no“. O sea, no puedes saber si una experiencia vale la pena o no, a menos de que te tires de cabeza y te pierdas un rato en ella. Y lo conecto con aquella frase que subí hace poco, de Irvin Yalom: “Vivir de manera segura es peligroso”.

Bueno, pues ese lúcido Master Leonard escribió hace años “I’m Your Man”, declaración de amor musicalizada que me devuelve la fe en el ídem, por fina y no exenta de humor. La recupero en este #MiércolesDePoesía, como mínimo homenaje al Master. Al Gran Cohen. Y a los amores que hay que vivir para saber si brillan.

If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you.
If you want a partner
Take my hand
Or if you want to strike me down in anger
Here I stand
I’m your man.
If you want a boxer
I will step into the ring for you
And if you want a doctor
I’ll examine every inch of you.
If you want a driver
Climb inside
Or if you want to take me for a ride
You know you can
I’m your man.

Da click aquí para ir a una versión traducida al español. No bonitamente, pero es lo más decente que encontré.

Por la grieta entra la luz

Screen shot 2013-06-18 at 4.12.25 PM“There is a crack in everything./ That’s how the light gets in”.
– Leonard Cohen, canción “Anthem”
En la voz atemporal de Cohen, estas palabras cobran una fuerza especial, como de vino añejado, más exquisito. Es que la fragilidad y la anomalía tienen un enorme encanto. En un mundo en esencia incompleto, lo falible es lo más verdadero, lo que más nos explica como seres destinados a la imperfección, el deterioro y la muerte. Resulta bello pensar que por esas grietas se pueda colar la luz.

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“Anthem” en voz de Cohen: