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Villoro: El periodismo le da sentido a lo que no lo tiene

Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)
Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)

Leo que a Juan Villoro le dieron el Premio Periodismo Diario Madrid, por su trabajo sobre temas de la cultura hispanoamericana, además del Premio José Emilio Pacheco, en la Feria del Libro de Mérida. Anda muy celebrado, pues.

La suya es una pluma sólida tanto en la arena literaria como en la periodística, pero desde hace tiempo su trabajo como cronista y ensayista es el que más me interesa. Cuando fue mi maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM leí sus novelas El disparo de Argón y El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, además de los cuentos de La noche navegable. Lo disfrutaba mucho como narrador. Recientemente me gustó su Conferencia sobre la lluvia y el volumen de cuentos Los culpables, pero de algunos años para acá me he decantado por su trabajo periodístico con aroma a literatura: me gustan mucho los textos que publica en SoHo Colombia, en El Malpensante, en Etiqueta negra, en Letras Libres.

Hace unos años leí algo que le dijo en Argentina a Leonardo Tarifeño, magnífico periodista y querido amigo. Busco la cita en Internet y, claro, ahí está: “El gran desafío de la crónica consiste en construir un relato que haga tolerable lo intolerable y darle sentido a aquello que no lo tiene”. Ese es el periodismo que de verdad me apasiona y me parece retador: no el de la coyuntura (si el Presidente dijo A o B, si hoy vendrá X político de visita al país), sino el que rasca en las entrañas y expone con lucidez y análisis temas como la teatralidad del narcotráfico, como en este texto suyo: La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo. Me parece que esa es una de sus enormes virtudes. Y aunque a veces creo que se excede desempeñando un papel de opinionólogo, es un tipo brillante y mesurado que con frecuencia arroja luces sobre lo que pasa en el país y en el mundo.

En fin, todo esto para decir que me da gusto que su pluma sea reconocida. Claro, como si a él le interesara mi opinión.

 

 

“No podría vivir si no dosificara mi ignorancia”: Alberto Montt

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Platiqué con el humorista gráfico y creador de En dosis diarias antes de la función de standup ilustrado que ofrece con su cómplice, el enorme Liniers.

Vino a México para asistir a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, presentar el tercer volumen de su libro En dosis diarias (Sexto Piso) y ofrecer dos funciones de standup ilustrado con Liniers, ese otro puntal definitivo del humor gráfico en español. Pero, ¿qué es un standup ilustrado? En escena y mientras todo se proyecta en una gran pantalla para el público que ambos han creado a golpes de inteligencia y humor, Liniers y Montt platican, bocetan, uno dibuja anécdotas del otro y el otro, del uno. Se ríen, cómplices sin complejos. O con pocos. O con muchos, pero exorcizados a través de sus monos. Luego, piden a los asistentes que anoten en un papelito su miedo más grande. Sacan papeles al azar y le ponen cara a los miedos para reírse de ellos y luego regalar los dibujos a la audiencia, en una jugada freudiana soberbia.

Aquí, lo que Montt me dijo antes de la primera función.

¿Qué ofrecen en el standup?
Estamos experimentando, no tenemos idea cómo va a salir. Yo tengo miedo. Claro, Liniers tiene muchas horas de circo por las giras musicales que hace con Kevin Johansen, es un enfermo. Yo no. A ver cómo nos va.

En tus dibujos aparecen con frecuencia Dios y el Diablo, pero no los políticos. ¿Por qué?
Casi todo lo que toco en mis cartones es política, aunque no es contingencia. Algo que intento copiar de Quino es tratar temas grandes, no quedarme en la pequeñez. Criticar a Peña Nieto es facilísimo, no tiene ninguna gracia, pero hablar de prepotencia, impotencia, dolor o manipulación es mucho más grande y mucho más político. Por otro lado, Dios y el Diablo están muy presentes en mis dibujos porque como latinoamericanos hemos vivido bajo el yugo judeocristiano. Además, no hay nada que evidencie más la naturaleza humana que esas proyecciones magnificadas de nuestras propias miserias.

¿Qué le criticarías a tus monos?
Uf, hay mucho que mejorarles. Diría que les falta rigor tanto en forma como en fondo, pero al mismo tiempo eso tampoco es válido, porque yo empecé a dibujar con el afán de hacer algo rápido, que me permitiese drenar ideas. Cuando no termino un cartón en 40 minutos me aburro y no me funciona, así que si les metiera más obsesividad perderían el sentido por el cual fueron creados. No les critico nada. Son perfectos.

¿Algo te genera culpa?
Quitarle tiempo a mi hija si por falta de eficiencia me tardo de más en un dibujo. ¿Qué hago con esa culpa? Todo lo que no me conviene lo barro debajo de una alfombra enorme que tengo.

¿Qué ignoras?
Ignoro muchas cosas por comodidad, porque si le pusiera atención a cada detalle me suicidaría. Es decir, no puedo ir a comprar unos zapatos en paz si no ignoro todo lo que conllevan, que quizá fueron hechos por niños explotados en Tailandia. El mundo es un lugar muy desgraciado y no tengo la madurez emocional para abarcarlo todo. No podría vivir si no dosificara mi ignorancia.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

Da click aquí para ir a la entrada Mi maldito teléfono celular, con un cartón de Montt

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Estoy huérfana de libro

Foto: www.thewortzone.net
Foto: http://www.thewortzone.net

Tengo muchos títulos a la mano, de autores que ya son parte de mi familia elegida, pero me falta uno. Y ese uno se vuelve todos.

Llevo horas buscando en mi biblioteca Diario de un aspirante a santo, novela de Georges Duhamel publicada por El Equilibrista. La leí hace años y la releí casi de inmediato, fascinada por su humor corrosivo. Trata de un oficinista que un día decide alcanzar la celebridad y calcula que volverse santo es lo más accesible, considerando que no tiene ni dinero ni talento. Un santo pasa a la historia por sacrificarse y practicar formas de la piedad, así sean tan predeciblemente ingenuas como amar mucho y a todos. Suena factible.

Razona que para ser canonizado es preciso practicar la humildad más paradójica: ser el más pobre, el más obediente. Alcanzable. Supone que no importa carecer de fe, al fin y al cabo, quién cree hoy en día. Así empieza una ardua labor de machucarse el dedo con la puerta, para entrenarse en soportar el dolor. De entregar su dinero a los pobres, aunque sean abusivos. De renunciar a las vanidades diarias en pos de la vanidad máximo: consagrarse como santo. Bueno, pues ese libro que destroza con elegancia prejuicios varios no está en mi biblioteca.

Estoy segura de no haberlo prestado, segurísima. No lo perdí en la última mudanza porque recuerdo haberlo acomodado en los anaqueles de narrativa extranjera (así de laxamente los organizo). No está. Busco en las repisas cercanas, un desbarajuste de títulos. Tampoco. En el proceso abro algunos, se me antoja releerlos y con esfuerzo los regreso a su lugar, para seguir hurgando. Enfilándome hacia la paranoia, miro de soslayo a la chica que resuelve mi desastre casero. No parece ocultar ninguna culpa relativa a mi libro. Tampoco mi adolescenta es sujeto de sospecha: la palabra “santo” la hubiera ahuyentado de inmediato.

Literalmente, el Diario de un aspirante a santo parece haberse esfumado. Entiendo cómo se siente el fetichista sin su objeto caro. Su caro objeto. No sé hace cuánto lo perdí pero caigo en una nostalgia retroactiva. En eso estoy cuando mi querido amigo Andrés me manda una columna impecable del escritor colombiano Arturo Guerrero, titulada “Reorganizar una biblioteca”. En ella cuenta lo que pasa cuando se requiere poner orden en los libros. “El primer acto consiste en desocupar los anaqueles. ¡Sorpresa! Una biblioteca está viva y es impredecible. Con los años crece, engorda, se deforma, le nacen tentáculos que duermen acostados sobre el orden erguido de los tomos. Es inevitable que la disposición por temas, autores, países o épocas se reviente. Entonces las tablas destierran volúmenes recién llegados, con destino a estanterías peregrinas donde estos fundan repúblicas independientes. Al cabo, el depósito de la inteligencia entre palos se hace galimatías. Nadie, ni el mismo acumulador, encuentra el libro oportuno y urgente. Un libro siempre es urgente.”.

Sí, mi libro es urgente. Tengo a la mano otros muchos, de autores que ya son parte de mi familia, pero no me consuelan. Sólo quiero ese. Sufro una extraña sensación de orfandad.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Rodrigo Fresán: “Celebro que mis libros no puedan ser adaptados para TV”

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Conversé con el escritor argentino sobre su más reciente novela, La parte inventada, en la que a puro estilo literario se planta de cara a las modas (y los medios).

Navega a contracorriente, como todo lo que hace Fresán. Demandante, de estructura fragmentada y lenguaje torrencial, La parte inventada rebasa las 600 páginas sobre un tema difícil: la mente de un escritor, la vocación literaria. Pero al mismo tiempo derrocha estilo, igual que el trapecista que hace piruetas descabelladas y cae en el banquito al redoble del tambor, como si nada. Así. Ambiciosa en esta época de literatura light, trata sobre un autor, rabiosamente antielectrónico, que tuvo éxito en el pasado pero ya no puede escribir.

Estamos en la Feria del Libro de Guadalajara. Mientras saludo a Martín Caparrós, su amigo y también argentino, aparece Fresán. Es altísimo. Trae un libro en la mano: Galápagos, de Kurt Vonnegut. “Lo estoy releyendo. No tenía esta edición”, dice. Le pregunto qué leyó en el vuelo desde su casa en Barcelona. Contesta que en los viajes sólo relee, no le gusta empezar algo en el avión y terminarlo en casa. Entonces carga libros que casi sabe de memoria, para interrumpirlos sin problema. “Ahora traje los cuentos de Salinger y Música para camaleones, de Truman Capote, uno de los libros más estremecedores que hay”. Nos sentamos a platicar.

LEER Y ESCRIBIR TANTO… EN TWITTER. La parte inventada destroza las redes sociales, pero es una postura exagerada. Aunque no la comparto, sí creo que contribuyen a destruir narradores. El momento top de mi infancia eran las vacaciones: tres meses de no ver a tus amigos y luego contarles lo que habías hecho, volverlo fascinante. Ahora, en 140 caracteres todos saben a dónde fuiste. Me irrita que se lea y escriba tanto y que el resultado sea eso. Tuitear El Quijote no lo entiendo como vanguardia. En cuanto a la lectura, el gesto vanguardista insuperable es que unos caracteres negros se te metan por los ojos. ¿Qué más?

DEFENDER LA SOLEDAD. Mi literatura es retaguardista, se ocupa de la retaguardia de las cosas. La vanguardia de este oficio son ferias, festivales, premios, pero a mí me preocupa el momento de la escritura: ahí se libra la verdadera batalla. Uno se hace escritor porque le gusta estar solo, es una de las pocas formas legítimas de defender la soledad. Hasta el siglo XIX era algo noble. Hoy, si dices: “Quiero estar solo”, todos se preocupan, pero si dices “Quiero estar solo porque tengo que escribir” todavía te lo dejan pasar.

SIGUIENTES 14 PORTADAS. La novela tenía siete partes inconexas y no encontraba cómo unirlas, estaba bloqueado. Un día, llevando a mi hijo al colegio pasamos por una tienda en cuyo aparador había un muñequito de cuerda. Mi hijo lo vio y dijo: “Es la portada de tu libro, el protagonista”. Lo compramos y de vuelta en casa encontré que era la solución: terminó de unir el libro. De hecho, la portada lleva el crédito de mi hijo y él cobró lo correspondiente. Ahora, claro, ya tiene las de mis próximos 14 libros.

DISFRUTAR SIN INTERFERENCIAS. Los odontólogos y los panaderos se desconectan al llegar a casa, pero el escritor no, porque todo es escribible, literalizable. Nabokov decía que la realidad no es más que información más especialización: hay una realidad neutral que habitamos todos, del tipo “esto es una silla”, y luego un carpintero se detiene en su estructura carpenterística, mientras un escritor piensa qué hacer narrativamente con ella. Cuando estoy de vacaciones me gustaría disfrutar y sufrir plenamente las cosas, sin interferencias literarias. Y además está el respeto: no puedes estar en el funeral de tu amigo y decir “mmm, esto que escuché me interesa”.

LITERATURA Y TELEVISIÓN. Vivimos en un momento tan crítico para la literatura que, paradójicamente, te permite arriesgar más: si nada vende, por qué no intentar lo que quieras. Yo trato de escribir libros parecidos a los que me gustan, con cierta complejidad, cierto juego. Ante el bombardeo audiovisual, la única batalla que puedo ganar es la del estilo. Me interesa que la literatura sea diferente a la televisión. Para mí es un logro que ninguno de mis libros pueda ser filmado o adaptado para una serie.

VIDA Y FICCIÓN, INEXACTAS. Mi metáfora favorita sobre escribir es la frase de John Updike que cito en La parte inventada: el artista trae al mundo algo que no existía y lo hace sin destruir nada a cambio, “en una especie de refutación de la conservación de la materia”. Me gusta esa referencia químico-física, disciplinas sobre las que no tengo idea, porque tanto la realidad como la literatura son ciencias inexactas.

BIOY, POR SOBRE BORGES. El estilo de Borges acaba comiéndoselo, sus últimos libros parecen escritos por un admirador suyo. Bioy, en cambio, se sostiene. Me parece un mejor escritor, ahora lo estuve leyendo en la Antología de la literatura fantástica. Me deja alucinado lo bien que escribe, con sus toques de rareza, como esquirlas destellando en una aparente normalidad.

DEVORADOS POR LA LITERATURA. Desde niño quise ser escritor. No conozco otra cosa, nunca pensé que la vida podía ser de otra manera. La mayoría de mis amigos son escritores, estamos en lo mismo, así que el único antídoto que me puede sacar de cierto solipsismo es que estoy muy enamorado de mi mujer y de mi hijo, me llevo muy bien con ellos. Yo tengo esa suerte, pero entiendo a los escritores que tienen situaciones familiares complicadas y son devorados por la literatura.

¿ARGENTINO? Disfruto mucho la amplitud temática de la literatura argentina, pero en otros temas no me envuelvo en la bandera de mi país. No me interesa el futbol, no pienso que Gardel cante mejor cada día, estoy seguro de que Dios no es argentino, no me psicoanalicé nunca.

LO QUE VIENE. Para 2015 quiero escribir una novela y en tándem hacer un cuento por mes. Todos mis libros de cuentos están imbricados, unidos al final, pero ahora me apetece hacer cuentos sueltos: uno sobre el verano, otro sobre Marte, otro sobre no levantarte de la cama, aunque no sé si podré, porque me pierde la idea de ensamblar estructuras.

(Originalmente publicado en la revista SoHo).

Durante la entrevsita
Durante la entrevista

 

Cuatro pelis que fueron de papel

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Este mes se estrenan en México varias cintas basadas en libros. Bien vale la pena mencionarlas y recordar los títulos que las soportan.

Libro y pantalla manejan lenguajes distintos, emplean recursos diferentes, incluso tiempos que no se parecen, así que la discusión simplista de si el libro es mejor que la película o viceversa me da flojerita. Eso sí, mi deformación lectora hace que normalmente termine clavándome más con los personajes tejidos en mi mente desde las páginas de un libro, que de los montados en pantalla. Supongo que influye que a los primeros los invito a vivir a mi casa durante las semanas que toma la lectura, les doy un tono de voz, los voy construyendo, los veo cambiar y me acompañan en el día a día. Así, muchos se vuelven parte de la familia, como Frankenstein. Cuando leí hace años la novela, me gustó el doctor de curiosidad infinita pero me fascinó su criatura, mezcla de ingenuo cursilón y maldito. Seguro iré a ver la nueva versión en cine, a ver qué tal.

Aquí, las cuatro cintas que se estrenan este mes. Para ver antes del libro, después del libro, durante el libro o en vez del libro.

 1) 6 DE NOVIEMBRE. 007 Spectre. “Sólo se vive dos veces: una cuando naces y otra cuando miras a la muerte a la cara”. Ian Fleming, You Only Live Twice.

Los ojos azules de Daniel Craig le vuelven a dar vida a James Bond. El personaje estelar de la película 24 de la saga es el inverosímil espía inspirado en las 12 novelas del inglés Ian Fleming, aunque luego el escritor John Gardner tomó la estafeta y escribió otras 14 novelas sobre él. Esta nueva entrega fue parcialmente filmada en el Centro Histórico del D.F. (obvio, con extras mexicanos) y tuvo una sonada premiere esta semana con la presencia de Craig y las chicas Bond: Monica Belluci y Stephanie Sigman. Si a Fleming alguien con una bola de cristal le hubiera contado que su espía de cabecera iba a debutar en México el Día de Muertos seguro suelta una carcajada. O un insulto, por la burla.

2) 6 DE NOVIEMBRE. El Principito. “Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos pensó el principito caminaría suavemente hacia una fuente”. –Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince.

Con una combinación de animación y stop motion, mañana viernes también se estrena la reinterpetación del clásico libro infantil para adultos. En ella, una niña contemporánea que vive como gente grande lee por primera vez la novela que Antoine de Saint-Exupéry escribió en 1943. Literalmente se alucina con el libro en el que viven la boa que se come un elefante, el habitante del asteroide B612, el planeta lleno de árboles baobabs. La película llega al cine en versiones 2D y 3D. Como dato curioso (y aterrador), Manuel “El loco” Valdés participa en el doblaje al español.

3) 20 DE NOVIEMBRE. Sinsajo. El final. “Para que haya traición, primero debe haber confianza”. -Suzane Collins, The Hunger Games.

A partir de tres películas basadas en la trilogía de ficción Los juegos del hambre, la escritora estadounidense Suzanne Collins convirtió en moda mundial el futuro desolador de la humanidad. La protagonista es Katniss Everdeen, adolescente insegura y arrogante (perdón por la redundancia), que despierta devociones no controladas entre fans de la distopía, de la épica, de la esperanza de que podemos recomponer la historia humana. Y provoca cifras de venta de muchos millones de dólares, tanto de libros de papel y electrónicos como de merchandising y, claro, de taquilla. Ahora llega la última parte de la saga, pero no se requiere suspicacia para adivinar que pronto vendrán secuelas, precuelas y hasta gemelas. Todo con tal de seguir exprimiendo el limón.

4) 26 DE NOVIEMBRE. Victor Frankenstein. “Si no puedo inspirar amor, ¡provocaré miedo!”. -Mary Shelley, Frankenstein.

El monstruo imaginado en 1818 por la muy joven escritora británica (tenía 21 años cuando se publicó) pasa de nuevo por la pantalla grande. La novela fue escrita para una competencia de cuentos de horror en la que también participaron los poetas Percy Bysshe Shelley, esposo de Mary, y Lord Byron, además del narrador John William Polidori. Cada uno produjo un texto, pero el que sigue fascinando hasta hoy es el de Mary. El libro es de veras una joya narrativa, escrito en forma de cartas y con un doctor Frankenstein que no desmerece frente a su creación. En la cinta actúa Daniel Radcliffe, es decir, Harry Potter, como ayudante del intenso doctor.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

#CrónicaDesdeJapón Por qué este escritor nipón rompió con el haikú

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Shuntaro Tanikawa

Acostumbrada como estoy a asociar literatura japonesa y haikú, nunca había pensado que un autor renegara de esa riquísima tradición. Pero sí, entiendo el porqué.

Ando de viaje por Japón y aprovecho la excusa para empaparme de su literatura. Traigo conmigo Dos mil millones de años luz de soledad, de Shuntaro Tanikawa, traducido al español por Cristina Rascón y publicado recientemente por la UAM. Nacido en 1931, Tanikawa es uno de los poetas nipones actuales más reconocidos, merecedor de infinidad de premios literarios y autor de más de 60 títulos. Éste fue su primer libro,  publicado cuando tenía 21 años y su país acababa de liberarse de la ocupación estadounidense. En ese contexto, se distanció de las formas tradicionales, como el haiku y el tanka, e incluso se confesó contrario a su uso, “ya que la métrica del 7 y 5 [había] sido utilizada para campañas imperialistas de exhortación a la guerra”. En consecuencia buscó nuevas formas para referirse a la realidad de un Japón post-guerra y post-bomba atómica: empleó metáforas, sonetos, referencias occidentales. En ese marco se inserta su espléndido poema “Noche de lluvia silenciosa”:

“quiero estar sentado así por mucho tiempo

mientras escucho en silencio cómo se hunden nuevos miedos y tristezas

lisonjear el olor de Dios sin creer en Dios

recoger hojas en la avenida de un país lejano

anegarme de candiles ilusorios del pasado y del futuro

creer en un sofá mullido sobre el mar azul

y     más que nada

amarme sin límites

quiero estar sentado así en secreto mucho tiempo”

El poema me llega. Lo releo y me toca más. Me sienta de golpe en el centro de un país descreído que tiembla de dolor y miedo, en el que un escritor intenta hacerse un espacio, crear un lenguaje que le ponga palabras a lo nuevo (¿no es un poco el intento de todo autor?). Luego leo la nota de la traductora: los ideogramas de la palabra hojas y del concepto palabras están relacionados. Mejor dicho, hojas es un ideograma contenido dentro de palabras. Pensar en ideogramas japoneses no es lo mío, así que busco un ejemplo en español: niño está contenido dentro de la voz niñera. Supongo que es algo así. El asunto es que una de las primeras antologías de literatura japonesa, Manyoshu, puede significar a la vez “colección de las diez mil hojas, colección de las diez mil palabras o colección de los diez mil poemas”, dice Rascón. Por eso, el verso “recoger hojas en la avenida de un país lejano” puede referirse también al “acto de crear poesía o palabras en la avenida de una región aparte, es decir, una región poética distinta a la generación de escritores que precede a Tanikawa”. Agradezco la nota, que me ayuda a entrar en las honduras del verso, entender mejor la intención de rompimiento del autor con sus antecesores, la fuerza que implica pero también la vulnerabilidad que lleva entretejida y con la que puedo conectar.

Una nota adicional sobre Rascón: además de ser escritora por derecho propio, es maestra en Política pública por la Universidad de Osaka, en Japón, y diplomada en Estudios asiáticos por la Universidad de Kansai Gadai. En sus ratos libres le da por traducir del japonés libros imperdibles, como éste, enriquecido con referencias culturales y notas de contexto histórico. De verdad, muy recomendable.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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Martín Caparrós: “Hay placer en lo que choca o repugna”

Foto: http://planetadelibrosmexico.com/el-hambre-el-nuevo-libro-de-martin-caparros/
Foto: http://planetadelibrosmexico.com/el-hambre-el-nuevo-libro-de-martin-caparros/

Siempre en movimiento, insatisfecho y curioso, el reconocido escritor argentino hizo un viaje de meses para abrazar y luego contar la esencia de su nacionalidad. Aquí, mi conversación con él sobre su libro El Interior.

Siendo niño tuvo dos gatitos y les llamó Livingstone y Stanley, “porque cuando sea grande quiero ser explorador”, dijo entonces. Hoy afirma que no, no es ningún explorador, “más que, acaso, de ciertas formas de contar las cosas”. En efecto, mientras observa el mundo desconfía de lo que tiene una sola lectura, indaga debajo de lo aparente y busca palabras para narrar lo que ve. Y además intenta que esas palabras evoquen ambientes, aromas, porque en sus libros subyace, sí, una idea de belleza. Pero también es un poco explorador: nacido en Buenos Aires y radicado en España, ha escrito ficción y no-ficción desde infinidad de sitios y ahora reitera esa vocación en El Interior, que Malpaso Ediciones acaba de publicar en México. Se trata del viaje de veintitantos mil kilómetros que hizo por la provincia de su país para “contar” su esencia, si la hubiera. Durante meses recorriendo pueblos y caseríos vio que “argentino” podía significar mucho más de lo que creía: “Busco una unidad y veo cada vez más las diferencias”, anotó. En el intento compuso una Road Movie literaria en la que se entrecruzan crónica, relato, diálogos y hasta chistes que la pluma de Caparrós, polifónica, rica en matices y acentos, logra que en México se disfrute a pesar de la distancia geográfica y temporal (el libro se publicó en Argentina hace nueve años). Aquí, extractos de lo que dijo en entrevista con SoHo.

SER UN PAÍS El libro está hecho de verbos como mirar, mirarse, contar, contarse. Por un lado porque se dirige a nosotros, los argentinos, sobre lo que supuestamente somos. Y luego porque trata de pensar qué es ser un país, qué es ser compatriotas.

MARADONA El gran adalid del esencialismo nacional es Diego Armando Maradona, que dijo: “Estamos como estamos porque somos como somos”. Igual que toda definición de nacionalidad, ésta conlleva la idea de que nada puede modificarse porque hay una inevitabilidad absoluta: las cosas pasan porque somos de equis manera. Yo en el libro digo qué es lo que no somos, pero estoy en contra de decir “somos esto o aquello”. La única certeza es que no hay tal frase como “ser argentino es tal o cual”. Y eso aplica igual a ser mexicano o a ser spaghetti o una lechuga. Como cada uno es una combinación azarosa de factores, no hay definición posible.

NO ABURRIRME Así como me interesa tratar de entender lo que cuento, quiero tratar de entender cómo contarlo. Situaciones distintas convocan distintas maneras de narrar. Además, cuando iba a empezar el libro dije: “Quiero experimentar con formas distintas para que me interese en términos literarios y no me aburra”. Por eso, además de los relatos hay personas escritas en forma poemática. O paisajes que se describen con un haikú. Y es que me aburro si escribo siempre igual.

EL SOUNDTRACK Una banda sonora de El Interior sería el silencio. Me obligué a no poner la radio en el coche, quería que el silencio me obligara a pensar. Fue un ejercicio casi zen de concentración. Ya afuera del auto, el soundtrack sería la cumbia villera. Es una música sin el menor prestigio, paupérrima, con una sofisticación tendiente a cero, pero que se oye en la mayor parte de la Argentina. Me pareció interesante constatar que aunque no la asumimos como nuestra, se oye casi todo el tiempo.

DESPILFARRO No pensaba incluir en el libro las Cataratas de Iguazú. Es un sitio tan de postal que quería esquivarlo, pero pasé muy cerca y me detuve. Cuando caminé por ahí, me dio una especie de arrebato místico. Me parece el lugar donde la naturaleza pone en escena el máximo despilfarro de poder. Es impresionante esa avalancha de energía que se desploma en un lugar perdido y no sé si haya muchas situaciones donde la naturaleza se manifieste con tanta barbarie.

COMPARTIR CON UNA BESTIA Mi auto, al que en el libro llamo Erre, fue el único que estuvo conmigo todos esos meses. Ahora se me ocurre algo que no había pensado: la “erre” es la inicial de Rocinante. Siempre tengo un poco de nostalgia por esa época en la que andábamos a caballo, aunque no la viví. Eso de compartir tus viajes con una bestia, con algo vivo, debía tener un punto muy fuerte. Supongo que de algún modo convertí a Erre en un caballo, para palmearle el cuello y darle un terroncito de azúcar.

DESMELENADO En los meses de viaje me sorprendió el placer de dejarme ir, de estar solo y no cambiarme la sudadera por días. Aunque estaba en contacto constante con gente, siempre escuchando cosas que pudiera contar, al mismo tiempo eran personas ajenas, así que me fui haciendo cada vez más ermitaño y desmelenado, si fuera posible. La sensación de no peinarme en días me daba cierto orgullo, claro, porque es algo que me resulta difícil concebir.

PLACER EN LO QUE CHOCA En el libro hablo de muchos sitios que no son agradables de mirar, pero aun en esos casos mirar es un placer, siempre lo es. Es hipócrita pensar que sólo lo agradable se disfruta. Hay mucho placer en lo que te choca, te repugna o te inmoviliza, te inquieta o te asusta.

SER BUENA PERSONA Está por ahí algo que dijo Kapuscinski sobre que para ser buen periodista hay que ser buena persona, intentar comprender a los demás. Eso querría decir que quien busca comprender a los demás es buena persona, pero se puede querer hacerlo por las razones más canallas, para utilizarlos. Aunque le tengo cariño a Kapuscinski, esa reflexión me parece un poco ñoña.

LOS RIESGOS He dicho que si me viera como futbolista sería el portero, el que mira las cosas a la distancia. Pero los riesgos que él corre son visibles. Él sabe que le duele la costilla porque se tiró al suelo. En cambio, el escritor enfrenta peligros más imperceptibles, no sabe dónde se golpea. A veces cree que no le pasa nada y después descubre que se abrió la cabeza.

(Originalmente publicado en la revista SoHo, septiembre, 2015).

 

“Amor es lo que siento por ti y tú, por ella”

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Aquí, una de las mejores definiciones que conozco sobre ese caos que se llama amor. Y otras más.

Hay libros a los que me conviene regresar de vez en cuando. O de vez en siempre. Uno de ellos es el Diccionario del caos, de Fernando Rivera Calderón (Taurus). Y digo que conviene regresar porque me aclara la mente o, al menos, me la recrea. Diseñado por Alejandro Magallanes, es un compendio de definiciones arbitrarias y chispazos de genio del músico, conductor de El Weso y escritor. Ahora que una amiga se divorcia, otra tiene conflictos con su vida poliamorosa y el tercero se corta las venas porque la imbécil se fue con un imbécil, ahora que yo misma no sé cómo descifrar el intríngulis de un “me muerdo de amor”, me vienen muy a la mano algunas de sus definiciones sobre el sexo y la querencia. Me basta leerlas para luego luego sentir que entiendo un poco más. O que cuando menos me río con sarcasmo. Aquí abajo, diez probadas (albur involuntario aparte) de esa joya de libro:

 

  1. 1.     Corazón: Órgano objeto de múltiples calumnias.
  2. 2.     Amor: Emoción cuyo centro está en tu corazón y su circunferencia, en todas partes.
  3. 3.     Deseo: Entidad que gobierna el mundo y de la que somos esclavos.
  4. 4.     Nalgas: Parte del cuerpo diseñada para otras manos.
  5. 5.     Placer: Ese poquito por el que vale la pena todo.
  6. 6.     Próstata: Glándula rústica que en ocasiones te mata, o por lo menos trata.
  7. 7.     Amor: Eso que yo siento por ti y tú sientes por él.
  8. 8.     Matrimonio: Ritual que empieza y termina con el mismo amor, la misma pasión, y diferente persona.
  9. 9.     Odio: Fase terminal de un gran amor.
  10. 10.  Prostitución: Oficio en el que, en vez de netas, se tiran proxenetas.

 

Y si luego de bucear sus profundidades (las del libro, no las de Fernando) apremian las ganas de ahondar más en el algo de amor y harto desamor, va un anuncio: hoy a las 9:30 p.m. se presenta en concierto en El Vicio de Las Reinas Chulas: Madrid 13, Coyoacán, 56 59 11 39. El espectáculo se llama Fernando Rivera Calderón y sus ex esposas y en él expondrá su verdad inamovible: “no hay relación más duradera que la que se tiene con una ex esposa”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sito we de SoHo).

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Cinco escritores tuiteros que debes seguir

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Twitter es una plataforma más para estos autores que en 140 caracteres inventan, se divierten, crean, piensan. Y tienen miles de seguidores. 

No sé si existe la tuiteratura. Es más, no me importa abonar a esa discusión. Lo que sé es que leo en Twitter historias, miniensayos, cuentos y aforismos como estos, de cinco escritores mexicanos que conviene seguir. Mauricio Montiel (Ehombredetweed), Daniel Saldaña París, Rafael Pérez Gay, Alma Delia Murillo y Margo Glantz son muy distintos entre sí por edad, intereses, género y voz. Sin embargo, esta mínima selección de tuits recientes dispara ideas, a veces en torno a un mismo tema, a veces sobre distintos. En eso, los tuits se parecen a la literatura.

@elhombredetweed 15,600 seguidores Autor del libro de cuentos Ciudad tomada (Almadía)

1.     [En un día como hoy, pero de 1980, un ciclista fue arrollado por un conductor que se acababa de enterar del fallecimiento de su madre.]
2.     [En un día como hoy, pero de 1798, un hombre advirtió en los ojos de su amante que pensaba en alguien más mientras él le hacía el amor.]
3.     [En un día como hoy, pero de 1671, un campesino se detuvo al escuchar el eco de su nombre en el viento que sacudía el trigal que cruzaba.]
4.     [En un día como hoy, pero de 1285, el vientre de una mujer embarazada fue acariciado por una mano que horas atrás había tocado otro vientre.]
5.     [En un día como hoy, pero de 1169, un adolescente que seguía la trayectoria de un pájaro vio cómo este caía muerto sin mayor explicación.]

@ds_paris 7,927 seguidores Autor de la novela En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso)

1.     ¿Algún historiador freelance que reconstruya lo que me pasó anoche?
2.     No sé lo que hice pero perdón por ayer. Fue el mezcal.
3.     Estoy tan crudo que percibo la rotación del planeta como una afrenta.
4.     Cruda nivel Profesor Xavier: siento en la cabeza a todos los mutantes del mundo.
5.     Tengo una cruda tan cabrona que sale en las radiografías.

@RPerezGay 25,200 seguidores Autor del libro autobiográfico El cerebro de mi hermano (Seix Barral)

1.     Gran juego de México. De Jamaica no sé mucho pues dormí profundo. De verdad, profundidades abisales. Gran torneo.
2.     ¿Qué, no ha empezado? Va.
3.     Me parece que han marcado un penal a favor de México. Somos inmorales.
4.     Creo que el Piojo es un hombre muy elegante.
5.     Les informo que el futbol mexicano se ha cubierto de gloria pues le ha empatado a Trinidad a 4 goles. Una opereta.

@almadeliamurillo 14,900 seguidores Autora de la novela Las noches habitadas (Planeta)

1.     El problema con la gente cursi es que no se da cuenta de lo cursi que es.
2.     Si quisiera ser feliz mi vida sería miserable pero, por fortuna, la felicidad cada vez me interesa menos.
3.     No se puede vivir como si la poesía no existiera. No se puede.
4.     Déjame, déjame mucho, como si fuera esta noche la última vez.
5.     -Amo la libertad con la que escribes tus escenas sexuales fabulosas.
-Son ficción. Si fueran realidad estaría cogiendo, no escribiendo.

@margoglantz 19,400 seguidores Autora del libro de retazos de memoria Yo también me acuerdo (Sexto Piso)

1.     Tuiteo y tuiteo y no digo nada que tuitvalga.
2.     Este no es un tuit ni una pipa ni… ¿es un tuit? ¿qué es un tuit?
3.     Me modernizo, tuiteo, retuiteo, Ipadeo, ¿texteo?
4.     Tuiteo, retuiteo, leo tuits, escribo, sueño con tuits. Grave ¿no?
5.     Titubeos y tuiteos. Tiroteos, añade el corrector.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Hay que quitarle al sexo el ‘deber ser’: Alma Delia Murillo

Alma Delia con su criatura
Alma Delia con su criatura

Tiene ojos que brillan y manos que hablan, una inteligencia desbordante, muchas lecturas y la intensidad de un explorador (¿un kamikaze?) bajo la piel de periodista. Cada sábado publica una leidísima columna en el periódico digital SinEmbargo.mx. Además, Editorial Planeta acaba de lanzar Las noches habitadas, su primera novela, que escribió como quien se lanza al vacío antes de revisar si lleva puesto el arnés. Lo hizo tan bien, que en el intento también creó cuatro personajes que respiran, cuatro mujeres creíblemente humanas. Y es que Magdalena, Carlota, Dalia y Claudia transitan la vida como si fuera la primera vez. Las cuatro padecen insomnio y las cuatro, en su relación consigo mismas y con los hombres, en el sexo, en el amor y el desamor, están aprendiendo a desvestirse de culpas, miedos y disimulos, para luego encontrarse en el espejo. Sus historias son honestas, miran de frente.

Aquí, la primera parte de la plática que tuve con Alma Delia para SoHo.

Algo vivo Soy una atascada de la condición humana. En la novela quise hablar del alma, explorar las contradicciones que todos tenemos. A ratos las cuatro protagonistas son encantadoras pero luego las odias, son solidarias y son unas cabronas, se divierten aunque también se azotan. Ésa era mi meta, crear algo vivo.

Somos este animal Las noches habitadas toca temas universales como la soledad, el deseo, la orfandad, pero también aborda temas específicos de la realidad mexicana de clase media y media alta, donde se vive un juego esquizoide. Hacia afuera todos aparentan estar bien, simulan todo el tiempo, pero en realidad están muy trastornados. Estas mujeres son la voz de ese segmento, se atreven a decir: por dentro somos este animal.

Renunciar al godinismo El libro surgió por idea de Gabriel Sandoval, director literario de Planeta. Él había leído mi columna en SinEmbargo y le gustaba. La primera vez que me reuní con él, yo llevaba unos cuentos como idea de lo que se me antojaba hacer. Le gustaron, pero dijo: “No, haz una novela”. Firmamos el contrato sin tener libro. Yo trabajaba todo el día en la industria de la moda, así que me lo aventé de noche, a ratos. Como tenía poco tiempo para escribir sentía mucha ansiedad. Pensaba: “Hay un contrato firmado, una fecha de entrega y no he escrito nada”. Casi me cuesta la cordura. Por fin en octubre pasado renuncié a mi trabajo, al godinismo, y me pude dedicar sólo a escribir. Entonces lo disfruté de verdad. Aunque la inseguridad siguió ahí.

Demasiado denso Si me pidieran hacer la crítica más dura de mi novela diría que es demasiado azotada, demasiado intensa, espesa. Que todo sea tan denso puede ser hartante.

Sexo sin “deber ser”
 En Las noches habitadas quise contar historias reales y no ideales. Quise quitarle al sexo el deber ser, creo que es necesario hacerlo. Por ejemplo, hay una historia de amor incestuoso (ojo, es de amor, no de abuso) y una relación lésbica que se disfruta mucho.

Reírse a solas De los siete a los 14 años viví en un internado de niñas. A los 19 me independicé y hasta ahora he postergado la maternidad, no sé si voy a ser madre. Es decir que llevo muchos años viviendo sola. Si bien la soledad tiene su lado cool y bohemio, también tiene un lado terrible. Para no enloquecer, el remedio ha sido reírme siempre. Me río mucho, de tonterías, cosas que pienso. Me gusta mucho correr y a veces de la nada me tengo que detener por un ataque de risa.

Lo primero que me dicen estas palabras…

¿Orfandad?
Todos

¿Sexo?
Libertad

¿Soledad?
Doloroso

¿Miedo?
Alimento

¿Fornicar?
¡Yeah!

(Primera de dos partes)

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo. Da click aquí para ir a la entrada original)

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

Dibujo: M. C. Escher
Dibujo: M. C. Escher

Con la excusa de la Feria del Libro de Madrid, el periódico ABC le hizo esa pregunta a 24 escritores de diversas generaciones. Y también les pidió responder: ¿en qué novela te gustaría vivir? El ejercicio me recordó las #Tuitentrevistas que hemos hecho en SoHo, donde por Twitter les formulamos una pregunta distinta a varios escritores y contrastamos sus respuestas. Da click aquí para ir a una de ellas y consulta el número 4 de SoHo para la #Tuitentrevista que hicimos en la FIL 2013.

Lo le dijeron los autores al ABC va de lo divertido a lo fantasioso y aterriza en lo entrañable. Porque sí, quienes amamos los libros solemos entendernos con un personaje, al que a partir de la lectura llevamos a todas partes entre la ropa y cuyos lentes nos ponemos con frecuencia para ver el mundo. O descubrimos que desde el principio los teníamos puestos. Como lectora obsesiva no me aguanto las ganas de contestar: el personaje que me hubiera gustado ser es Beatriz Viterbo (claro, antes de morir), del cuento “El Aleph” de Borges, para tener siempre a mi alcance un Aleph, “donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Y la novela en la que me gustaría vivir es Peter Pan, de James Matthew Barrie, con su mezcla poderosa de fantasía y atmósfera fiera.

Aquí van algunas de las respuestas que dieron los escritores preguntados. A varios no los conozco, así que me limito a poner mis respuestas favoritas de los que viven en mis libreros (perdón, no se me antoja citar a alguien de quien no he leído ni una línea).

¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

 

Rodrigo Fresán “Muchos. Calculo que hay diferentes personajes para diferentes edades físicas o épocas psicológicas de cada uno. Pero puesto a quedarme con uno me quedo con el que abarca diferentes edades y épocas: el Billy Pilgrim de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut”.­

Leila Guerriero “Tengo la leve sensación de haber respondido alguna vez esta pregunta y haber dicho ‘Ninguno’. Y lo primero que pienso es eso –’ninguno’-, supongo que porque los personajes de las novelas que más me gustan son personas bastante torturadas o complejas. Pero, obligada a escoger, querría ser algo bastante obvio: un personaje de alguna novela de aventuras, de esos capaces de destripar un lobo y dos mamuts antes del desayuno, de vérselas con una tormenta en alta mar, gente viajera e indómita capaz de no asustarse con lo peligroso y lo inesperado”.

Juan Gabriel Vázquez “Probablemente, Marlow, el narrador de las novelas de Conrad. Ver lo que ha visto, vivir lo que ha vivido, y además contarlo tan bien…”.

Enrique Vila-Matas “Alguien parecido a Nick Carraway, el narrador de El gran Gatsby. Me fascina ese momento en el que hablando de una de las fiestas de su vecino, Nick escribe: ‘A mí me habían invitado de verdad'”.

Juan Marsé “El joven Jim Hawkins o el pirata John Long Silver de La isla del tesoro, cualquiera de los dos”.

Santiago Roncagliolo “Me habría encantado ser un cazador de vampiros en Drácula, de Bram Stoker. Pero también me habría sentido bien en cualquier cuento de Edgar Allan Poe. Me encantan las historias góticas y terroríficas. Solo pediría no morir al final”.

Agustín Fernández-Mallo “Gregor Samsa. En primer lugar porque este año se cumplen 100 años de la edición de La metamorfosis y el bueno de Samsa sigue tan vivo e interesante como siempre. En segundo lugar porque siempre he pensado que oculta algo, no nos lo ha contado todo. El gran secreto de la literatura del siglo XX y lo que llevamos de XXI”.

 

¿En qué novela te hubiera gustado vivir?

 

Luna Miguel “Si tuviera que pasar una temporada en algún lado lo haría en Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y, probablemente, me enamoraría mucho y de manera desmedida del poeta García Madero. También me gustaría darle un abrazo a las Font, y beber con todos esos poetas mexicanos locos a los que tanto admiro”.

Juan Gabriel Vázquez “A los 10 años me hubiera gustado vivir en Los tres mosqueteros. A los 20, en Rayuela. A los 30, en El gran Gatsby. A los 40, en la que estoy escribiendo: escribimos, entre otras cosas, para abrir un espacio donde podamos vivir a la medida de nuestras curiosidades y nuestros apetitos”.

Rodrigo Fresán “Es difícil decirlo. ¿Qué elegir? ¿Confort o apasionamiento? Tal vez me inclinaría por un par de casas de naturaleza muy opuesta: la de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y la de la infancia del Habla, memoria, de Vladimir Nabokov, entendida, esta última, como corresponde, más como novela que como memoir”.

Agustín Fernández-Mallo “Naturalmente, en todas las novelas que me gustan. Por ejemplo, en Las aventuras de Tom Sawyer. Ilustra como nadie el paraíso que es la infancia, donde aún no tenemos noción del paso del tiempo, así que una tarde de pesca en un río es verdaderamente infinita.

Y tú, ¿qué respondes a estas preguntas?

Da click aquí para ir a la primera parte de la nota del ABC

Da click aquí para ir a la segunda parte de la nota del ABC

Da click aquí para ir a la tercera parte de la nota del ABC

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

La improbable amistad de Jaime López y Camilo Sesto

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Camilo Blanes, conocido como Camilo Sesto, es el colmo de lo cursi, lo meloso. Y por eso me gusta. Seguro influye que me acompañó en varias tardes de enamoramiento adolescente, con aquello de “Me acostumbré a tus besos y a tu piel color de miel, a la espiga de tu cuerpo, a tu risa y a tu ser”. Aunque mis entendederas de los 13 o 15 años no me dieran para mucho.

Pues en esta edición de la revista SoHo, dedicada a la música, Jaime López publica un texto sin desperdicio: “A la salud del amigo Sesto”. Jaime me es, a partes iguales y desbordadas, querido como persona y admirado como artista: músico fundamental en la historia del rock nacional, antropólogo urbano audaz e inteligente, loco genial (lo digo para los lectores de otros países, porque los mexicanos que necesiten que se los presente, mejor que saquen pasaporte gringo). En el texto de SoHo una vez más se jala las greñas y rompe el molde: reivindica a Camilo Sesto, dice que le encanta, lo defiende, pues, con esa pluma suya tan sonora, de la que tomo un mínimo fragmento: “Quién no cayó en el profundillo albur secundariano, más bien preparatoriano, de los años 70 del siglo pasado que a quematripa disparaban al cautivo incauto los sacrosantos cábulas bluedemoniacos del callejón sin saliva en el formato de una simple trivia que cuestionaba: “¿Quién es la madre de Camilo Sesto?” “Pos Mama Sesta, güey”.” Y luego la frase con la que cierra el artículo: “La poesía no se crea ni se destruye, sólo se trastorna”.

De veras, recomiendo mucho el texto. Es una pequeña maravilla textual a la salud de esa amistad que no había imaginado posible.

PD Mañana es sábado de Playlist colectivo. Si quieres participar responde aquí la pregunta: ¿qué canción te recuerda a alguien que ya no está contigo?

Probadita de la escandalosa nueva novela de Michel Houellebecq (sin spoiler)

La portada, poderosa de tan austera, me encanta.
La portada, poderosa de tan austera, me encanta.

El tipo me cae mal. Por misógino y misántropo, por posado, porque cena con buenos vinos pero lleva look de clochard-que-vive-bajo-los-puentes. Hace tiempo escribí, a propósito de la película sesudamente llamada El secuestro de Michel Houellebecq (donde se interpreta a sí mismo), que es tan pesado que si en la vida real lo secuestraran, lo regresarían de inmediato. Sin embargo, me gusta su pluma, creo que toca botones necesarios (La posibilidad de una isla me chocó pero le aplaudí muchas cosas). Ahora mismo tengo en las manos su escandalosa nueva novela, publicada por Anagrama. Es la misma que salió a la venta en Francia el mismo día del atentado a Charlie Hebdo y ahora acaba de ser publicada en español, con meses de adelanto sobre el plan original gracias al buen olfato de sus editores. De por sí la pluma de Houellebecq genera curiosidad. A eso se añade el hecho extraliterario de la coyuntura noticiosa, de que es una novela con regusto a versos del Corán y que su autor ha sido acusado de islamofobia. La expectativa está servida. Ahora falta ver los talentos del libro per se.

Sumisión se ubica en un futuro próximo, 2022, cuando el líder de un partido musulmán moderado se convierte en el nuevo presidente galo. El protagonista, François, es un profesor universitario especialista en Huysmans, autor que se convirtió del ateísmo al catolicismo. Alarmado, el académico ve islamizada su vida, la Sorbona convertida en una universidad confesional y enriquecidos a sus colegas que se convierten al culto a Mahoma, de modo que debe tomar decisiones prácticas. No de balde la novela ha sido acusada de promover el alarmismo, en una Europa que no necesita muchas excusas para ello.

La estoy empezando pero ya me encontré esta joyita, que comparto por invitar a su lectura, porque no contiene ningún spoiler y porque da en el clavo de la distancia entre la literatura y otras artes: “Al igual que la literatura, la música puede determinar un cambio radical, una conmoción emocional, una tristeza o un éxtasis absolutos; al igual que la literatura, la pintura puede generar asombro, una nueva mirada ante el mundo. Pero sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto […]”. Si de veras, el tipo sabe escribir.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Un día con la reina del albur (crónica urbana)

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Para dominar la esgrima mental y el chingaquedito del doble sentido me inscribí en el Diplomado de Albures Finos con Lourdes Ruiz Baltazar, una tepiteña que asegura que jugar con las palabras afina los reflejos propios para la vida. A ver si es cierto.

1.

Es una cabrona. “Y a mucha honra”, agrega Lourdes. En su puesto del mercado de Tepito, en el que vende ropa de bebé, alburea a los clientes mientras los invita a comprar. “¿Qué talla, mamacita, qué talla?”, grita con voz ronca. La destinataria del mensaje, delgada pero de caderas imposibles, no se da por enterada. “¿Un mameluco para su chiquito?”, pregunta a dos jóvenes espabilados, que se alejan riendo. Es el mediodía de un jueves y los pasillos del mercado son un hervidero. Algunos pasean como por un parque, otros avanzan con prisa eficiente, una pareja se besa sin pudor, tres niños manotean, una anciana arrastra un raquítico carro del mandado.

Los precios son inverosímiles: un trajecito de bebé cuesta 50 pesos, mientras alrededor se ofrecen CD de música a dos pesos y playeras del Barça a 100. Mientras platica conmigo, Lourdes no pierde de vista el negocio. Rápida para contestar, de ojos rasgados, inquietos, se ríe fuerte y fuma dando grandes jaladas al cigarro, como las grandes jaladas que le da al lenguaje. Porque alburear es sexualizar las palabras: estirarlas hasta dejarlas rojas, llevarlas al máximo disfrute, promiscuirlas, embarazarlas de nuevos sentidos. O, como dice ella, ponerles huevos.

2.

Estoy un poco nerviosa. En este salón improvisado de la Galería José María Velasco, en el mero Tepito, está por empezar el Diplomado de Albures Finos del que soy alumna, auspiciado por la Delegación Cuauhtémoc y con el aval del Instituto Nacional de Bellas Artes y Conaculta. No soy precisamente experta en el doble sentido, así que me siento en la tercera fila, para evitar exponerme.

El curso lo imparten Lourdes Ruiz Baltazar, Campeona Nacional de Albures, y Alfonso Hernández Hernández, cronista y director del Centro de Estudios Tepiteños. Son amigos y cómplices de años: en 1997, Alfonso inscribió a Lourdes en el torneo de albures “Trompos contra pirinolas”, en el Museo de la Ciudad de México. “Eran mujeres contra hombres. Se trataba de hablar en doble sentido y te descalificaban si decías groserías, te quedabas callado o te metías autogol”, explica ella.

“Primero, nosotras les ganamos a los hombres. Luego eliminé a las demás competidoras y algunos del público quisieron medirse conmigo. Les gané y competí contra los jueces. Al final quedé como vencedora. De ahí me viene el título de Campeona Nacional”, dice. Pícara, añade: “Yo compito duro. Hoy, si me retan ofrezco tres premios a quien me gane: al tercer lugar le disparo unos ostiones en el centro, al segundo le doy unos raspados de anís y al primero le toca la reata de oro”. Tardo en darme cuenta de que todo lo que me acaba de decir es un albur. No guardo grandes esperanzas sobre mi futuro alburero.

De rasgos fuertes, vestida con delantal con cuadros rosas, el pelo sujeto con ‘bolitas’, Lourdes arranca el diplomado como corresponde: en doble sentido. “Aquí les vamos a dar la introducción del encabezado. Van a salir sobresaltados, pero no sobrecogidos”, dice riendo. Vaya, por fin entiendo algo. Alfonso complementa: “El albur va contra el lenguaje político que no dice nada, contra la mojigatería. No solapa pendejos ni engrandece cabrones”. Lourdes dice tener el vicio de la lectura y luego abunda: “La tecnología nos ha atrasado. Si hace poco los niños debían leer para hacer su tarea, ahora se meten a Internet, copian un resumen y se acabó. Los adultos antes nos aprendíamos los teléfonos de los amigos, pero hoy todo está en el celular. Hemos dejado de usar la cabeza. En cambio, el albur hace trabajar los dos hemisferios del cerebro”. Luego recomiendan material de consulta: el libro Picardía mexicana, de Armando Jiménez, y la canción “La tienda de mi pueblo”, de Chava Flores, con líneas como: “Tuve una tienda en mi pueblo, precioso lugar./ Te vendía de un camote de Puebla a un milagro a San Buto,/ pitos, pistolas pa niños te hacía yo comprar”.

Entre los asistentes al curso, más mujeres que hombres, hay un estudiante de Sociología, gente del barrio, una señora mayor con su hija, una historiadora del arte y una chica harta de no entender el doble sentido de sus colegas: “Me trago todo”, se queja, y Lourdes revira “¡Qué rico!”. También está un chicano que aspira a no quedarse callado cuando sus hermanos, mecánicos, lo agarran de bajada, además de un ama de casa que admite: “Cuando me enfermo, mi marido dice que me va a dar mi té de ramo blanco. Hasta hace poco entendí: ‘Te_derramo_blanco’. ¡Qué cabrón!”. Alguien le pregunta a Lourdes cómo aprendió a alburear. Mientras cruza las manos, largas y delgadas, responde: “Sobre todo escuchando. En mi casa me enseñaron. Por ejemplo, mi abuela nunca se imaginó ver hijas tan grandes, y aunque mi papá ya es grande, todavía me da para el gasto”. En su español de acento gringo, el chicano brinca: “No entendí nada”. Lourdes explica que al cambiar los cortes de las palabras aparece el sentido oculto: “verijas grandes” (verija es el espacio entre los genitales y el muslo) y “mi papaya es grande” (papaya, alusión a la vagina). Es que el albur alude al sexo y a los órganos sexuales con la mayor variedad posible de metáforas y similitudes de sonido. Se trata de buscar semejanzas en todo. Así, el pene es reata, plátano, chile, salchicha, camote, chorizo, el sin–hueso o ‘lo que me sobra’, mientras la vagina es raya, papaya, mamey, sartén (donde se estrellan los huevos) y el ano se convierte en anillo, anís, coliseo, sacapuntas, el quinto o el chico. “Y al que no me crea le juego un volado de su raya contra lo que me sobra”, apunta Alfonso. Nadie se le pone al brinco.

Claro, el albur requiere imaginación y repertorio verbal. Al acabar la clase y mientras camino por Tepito pasa junto a mí un camión destartalado, desde el cual una voz monótona anuncia: “Se compran colchones, tambores, refrigeradores…”. Trato de imaginarme algún albur sobre ese pregón, pero nada se me ocurre.

No tengo remedio.

3.

Al terminar otra sesión del Diplomado entrevisto a Lourdes. Con uñas postizas y precisa al hablar, la Reina del doble y triple sentido de las palabras está acostumbrada a las entrevistas. Precavida, me preparo para lo que venga.

—¿Cómo estás?

—En lo que cabe estoy bien… y en lo que no cabe, cómo duele.

—¿Qué es el albur?

—Es un ajedrez mental donde hombres y mujeres nos ponemos al mismo nivel. Alburear no es de machos ni de nacos, sino el ejercicio de aprender a reutilizar las palabras, a sacarles el jugo, a ponerles genitales. Cualquiera puede decir una grosería, pero no cualquiera es capaz de hacer un albur.

—¿Qué te gusta de alburear?

—Es divertido, un juego. Además involucra agilidad mental, porque apenas terminas de decir algo y ya tienes que ver cómo contestar. Eso sí, entre más complejos tienes, menos reflejos para la vida.

—¿Te los aprendes de memoria o los improvisas?

—No me gustan los ya hechos, prefiero los que inventas en el momento. Por ejemplo, si me preguntas sobre mis lugares preferidos de la República, te digo que mi estado favorito es Puebla, famoso por su mole, su camote y sus mascadas. Ahora te venden el dulce en barras y hasta en cajones. De Zacatecas me gusta su leche, es riquísima. ¿Y de Oaxaca? Sus memelas.

—Según Sergio Corona, las tres reglas del oficio son no explicar nada, no decir groserías y no “cometer suicidio”. ¿Falta alguna?

—Corona es un maestro del albur fino. Estoy de acuerdo en evitar las groserías y el autogol, y también es básico no quedarte callado. En lo que no estoy de acuerdo es que no se expliquen los albures. Yo lo hago, porque sólo así se aprende.

—¿Qué puede uno hacer cuando no entendió?

—Reírse y disfrutarlo. Luego, preguntar: “¿qué me dijiste?”.

—Esto es como el lenguaje de los políticos porque ambos requieren explicación, como cuando el vocero de Vicente Fox traducía: “Lo que el presidente quiso decir es…”.

—Ninguna de las dos jergas se entiende fácil, pero el albur es divertido y el habla de los políticos no, y menos cuando pagas impuestos. Los políticos te cogen de verdad y ni un besito te dan.

—Dices que el albur es el sismógrafo de la experiencia sexual. ¿La tuya es amplia?

—Claro, ¿la tuya no? Aquí te la ampliamos…

Me acaba de coger y apenas me doy cuenta.

4.

Aunque nació y creció en Tepito, el barrio macabrón, siendo niña ya tenía ganas de mundo: de grande quería ir a Europa, tener un hijo y una casa con jardín. Actualmente, conoce Europa y tiene una casa sin jardín, “pero tengo un chingo de pasto allá afuera”. Además hace las veces de mamá de Valentina, una adolescente que en realidad es su sobrina, hija de su hermana que murió en un accidente. “En Tepito, las mujeres nos chingamos para sacar adelante a nuestros hijos. Si te va bien el papá da dinero, pero la que educa y forma a los hijos es la mamá. Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer y es verdad: atrás, adelante, arriba, donde se acomoden”.

Con su boca grande se ríe de todo y parece comerse el mundo, pero las cicatrices que carga no son poca cosa. De chica era traviesa: se resbalaba por el barandal de la escalera de la vecindad y una vez se golpeó muy fuerte en la ingle. Para evitar el regaño no dijo nada, sin saber que a lo largo de dos años se le desarrollaría un tumor canceroso. Al detectarlo la operaron y recibió radiaciones, pero los médicos dijeron que máximo viviría hasta los 15 años. Tratando de salvarle la vida, su mamá firmó una autorización médica para que le quitaran los ovarios y la matriz. Cuando Lourdes lo supo se llenó de coraje hacia ella, por cancelarle la posibilidad de tener hijos. “Sentí odio gacho, feo”. 

Enojada y sin saber cuánto tiempo de vida le quedaba, se dedicó a emborracharse y a vivir de fiesta, hasta que su mamá la corrió de la casa. Vinieron años negros, de calle, de alcohol y drogas. “Vivía con doña Chole, doña Soledad. Muy de la chingada”. Por fin, una amiga la retó a ir a Alcohólicos Anónimos. Fue y aunque le parecía una pendejada, se quedó. Poco a poco entendió que estaba viviendo para el cáncer, alrededor de él. Quiso aprender a vivir con él.“Un día dije: ‘ya estuvo, pare de sufrir, cabrón’. Hoy veo las cosas distinto, disfruto la vida y si mi cuerpo necesita quimioterapia no hay pedo, la tomo, ya no la sufro. Chaplin decía que un día sin reír es perdido. Es cierto, hoy no dejo de reírme, incluso de mí misma. Por eso digo que soy cabrona, porque serlo no quiere decir pegar, robar o matar. Eso lo hace cualquier pendejo. Ser cabrona es caerte, levantarte y decir ‘no pasa nada’, porque la vida siempre tiene que seguir y hay que chingarle”, dice. 

Sus ojos negros miran de frente.

5.

Estamos en su puesto en el mercado. Mientras veo pasar un travesti que cojea desde tacones altísimos, Lourdes me cuenta que desde la infancia empezó a atender este negocio de sus papás. “Y hace años pude comprar otro puesto, mío. Ahí empecé a vender piratería, hice lana y con eso viajé. Conozco el mundo completo. Es para lo único que trabajo. He estado en el Vaticano, en Austria, Francia, Italia. Lo que más me ha impactado es Egipto. La primera vez que estuve ahí, uta, fue increíble”. Además, dedica parte de su tiempo a difundir la riqueza cultural de Tepito, que más que su casa es “un orgasmo, porque todo el mundo quiere llegar a él y, cuando llega, no quiere irse”. Y, claro, también enseña sobre el albur, esa esgrima en la que “entre la guasa y la risa te clavan la longaniza”.

Siempre jugando, dice que se encomienda a San Alejo para que le ponga uno más pendejo y que su película favorita es Por tus pugidos nos cacharon.

Entonces, le pregunto: Dicen que en Tepito hay que jugarse el pellejo. ¿Tú te lo juegas? “Sí, hay que chambearle duro, echarle ganas”.

Estoy orgullosa: me la acabo de alburear y no se dio cuenta. No importa que estuviera distraída.

(Originalmente publicado en la revista SoHo de marzo 2015)