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Palabras que hierven de segundos sentidos, terceros y cuartos

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Hoy hace cinco años moría José Saramago.

Me asumo animal de costumbres y animal de cursilerías. Por tanto, es natural que me gusten los rituales cursis. La fecha me da excusa para practicar uno, por cierto, de mis favoritos: rendir mínimo homenaje a un autor releyéndolo en el aniversario de su muerte. Voy a mi biblioteca, tomo uno de los libros del escritor portugués y busco alguna esquina que doblé con intención. Esa página rendida sobre sí misma dice que ahí encontré un diamante. Leo el subrayado: “Al contrario de lo que se cree, sentido y significado nunca han sido lo mismo, el significado se queda aquí, es directo, literal, explícito, cerrado en sí mismo, unívoco, podríamos decir, mientras que el sentido no es capaz de permanecer quieto, hierve de segundos sentidos, terceros y cuartos, de direcciones radiales que se van dividiendo y subdividiendo en ramas y ramajes hasta que se pierden de vista […]”. -José Saramago, Todos los nombres (Punto de lectura).

Hoy hace cinco años moría José Saramago.

PD Viramo comparte este enlace a la voz de Misia cantando un texto de Saramago escrito para ella. Salud. https://youtu.be/p0eGKGoY_hw

Exhibicionismo de escritor

Betto
Betto

Indecible placer de sábado: de pie ante mis estantes de libros, tomo uno al azar y lo abro donde una marca de lápiz recuerda que eso me impresionó.

“[Escribir] es una actividad increíblemente íntima, que te sumerge en el fondo de ti mismo y saca a la superficie tus fantasmas más ocultos. ¿Cómo no va a sentirse frágil el escritor, después de tan desaforado exhibicionismo? […] Los escritores solemos pensar que nuestros libros son lo mejor que nosotros somos y, si eso lo desprecian, ¿cómo no van a despreciarte a ti, que eres mucho peor que tus obras? Cuando a alguien no le gustan tus novelas, tiendes a sentirte rechazado globalmente como persona”. -Rosa Montero, La loca de la casa, Punto de lectura

PD Aplica no sólo para autores de novelas, sino de cualquier género.

Ausencias

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Por estos días, mi papá cumple otro aniversario de haberse ido a algún sitio muy lejano.

Veintinueve años sin sentir su abrazo son muchos, demasiados. Me sigue haciendo falta oír su voz, reírme de sus bromas, perder mi mano entre las suyas. Aunque no lo mencione, pasa por mi mente seguido, tanto despierta como dormida. Benedetti me hizo el favor de escribir algo al respecto, para que yo pudiera postearlo hoy:

“Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de ausencias. Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados. Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria”.

Mario Benedetti, “Ausencias”, Vivir adrede, Punto de Lectura.

Somos (o no somos) islas

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Encuentro este delicioso texto breve de Benedetti. No hallo nada que añadir salvo los versos de John Donne que podrían parecer antitéticos pero que son, al final del día, complementarios: “No man is an island/ Entire of itself./ Each is a piece of the continent/ A part of the main”.

Van el texto en prosa del uruguayo:
“Cada ser humano es una isla. En el mejor de los casos, pertenece a un archipiélago. Aún así, cada isla es distinta de las otras. Algunas son fértiles, pródigas, ubérrimas. Otras son áridas, magras, resecas.

Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre qué rasgos asume su rostro de náufrago.

Cuando el ser humano se aburre de su soledad, entonces se comunica con otra u otras islas, a nado, o en balsa, en lanchas o en canoas. Y en la otra isla conoce a otros náufragos y también a otras náufragas, y a veces se enamora.

El amor une a las islas como una corriente. A veces dos islas copulan y nace un islote”.

-Mario Benedetti, “Isla”, Vivir adrede (Punto de lectura)

Cómo los libros cambian con la edad (de uno)

Irán

“Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente ésos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forme parte de una moda o de un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años, o viceversa”.

-Doris Lessing, El cuaderno dorado (Punto de Lectura)

Sí, acercarme a libros leídos en la temprana juventud ha sido para mí como reencontrar al novio de secundaria… que ahora está más guapo.