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La emoción de escritora me desborda

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En 2012 publiqué en este mismo blog la entrada “¿Me dan permiso de decir que soy escritora?“. Ahí citaba el concepto de Rosa Montero, expresado en la revista argentina Ñ: “Un escritor es aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor’”.

Sí, me encanta la definición de Montero, quizá porque me incluye de cuerpo completo: aunque no implica que sea una escritora buena, escribo porque no puedo evitarlo, porque desde niña sólo entiendo la vida a través de palabras. Tengo dos libros publicados, a diario posteo aquí y cada viernes en el blog Deli(b)rios del sitio web de la revista SoHo, con frecuencia colaboro en la edición impresa de SoHo, en el sitio NalgasyLibros y en la revista digital Salto al Reverso, entre otras, pero nunca he concebido escribir como trabajo ni como carrera. Es mi vocación, la practico por necesidad.

Todo esto viene a cuento porque hoy recojo en las oficinas de Editorial Resistencia mi primer libro de poesía: Rabia de vida/ Rabia debida. Y la emoción me tiene loca.

Escritores contra el espionaje

Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)
Algunos firmantes: Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)

Más de 500 autores de 81 países condenaron estos días el espionaje de las agencias de inteligencia revelado por Edward Snowden. El necesario manifiesto “En defensa de la democracia en la era digital” señala que el espionaje masivo viola el derecho humano a no ser observado. “Una persona vigilada no es libre; una sociedad vigilada no es democrática”, subrayan. Además piden a la ONU la protección de los derechos civiles en el mundo digital.

Entre las firmas internacionales saltan los premios Nobel J. M. Coetzee, Elfriede Jelinek, Günter Grass y Orhan Pamuk, además de Don DeLillo, Margaret Atwood, Ian McEwan, Julian Barnes, Martin Amis, Amos Oz, Lionel Shriver, Etgar Keret y Jonathan Lethem. Contra 83 nombres de autores alemanes, Hispanoamérica completa está representada por 40 autores de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, México y Perú (los demás países no figuran). Qué bueno que estén los nombres que están, qué lástima que falten muchos otros. Me parece intrínseca a la escritura la demanda de libertad.

Aquí el enlace al manifiesto: http://goo.gl/gThQXf

Escribo para aprender

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“No se escribe para enseñar. Se escribe para aprender”, dice Rosa Montero en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Todo un tratado en dos líneas. Me doy cuenta que lo sabía, sin saberlo, como seguramente le pasa a todo el que escribe por necesidá.

Exhibicionismo de escritor

Betto
Betto

Indecible placer de sábado: de pie ante mis estantes de libros, tomo uno al azar y lo abro donde una marca de lápiz recuerda que eso me impresionó.

“[Escribir] es una actividad increíblemente íntima, que te sumerge en el fondo de ti mismo y saca a la superficie tus fantasmas más ocultos. ¿Cómo no va a sentirse frágil el escritor, después de tan desaforado exhibicionismo? […] Los escritores solemos pensar que nuestros libros son lo mejor que nosotros somos y, si eso lo desprecian, ¿cómo no van a despreciarte a ti, que eres mucho peor que tus obras? Cuando a alguien no le gustan tus novelas, tiendes a sentirte rechazado globalmente como persona”. -Rosa Montero, La loca de la casa, Punto de lectura

PD Aplica no sólo para autores de novelas, sino de cualquier género.

Más sucio que de costumbre

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“No puedes saber lo que no tienes palabras para nombrar”
-Rosa Montero

Son días de tormenta. Está crecido el río, más sucio que de costumbre. En su fuerza revuelca ovejas de miedo, troncos dolidos, chivos de culpa, toros de ira. Llevados por la corriente golpean las piedras. Con ojos desorbitados sacan la cabeza y gimen. La arena los calla, el agua que ruge se impone. El pequeño caporal logra evitar la corriente, pone a salvo a sus pollitos. Espera que el sol vuelva a salir, que el río encuentre su cauce.

¿Me dan permiso de decir que soy escritora?

 

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¿Quién puede realmente decir que es escritor? ¿Merece más llamarse así quien tiene algunos libros publicados o el que tiene mil por dar a la imprenta? ¿El que ha sido firmado por una casa editorial o el que costeó sus propios volúmenes? Estas y otras interrogantes las explora Silvana Bosch en un interesante artículo de la revista Ñ, del periódico argentino El Clarín. Comparto dos excelentes fragmentos incluidos del texto.

Mercedes Güiraldes, editora de Emecé, dice: “No es escritor todo aquel que publica, ni todo aquel que publica y vende poco o mucho, ni tampoco aquel que escribe y no publica. Para saber qué es un escritor habría que empezar por preguntarse qué es lo contrario de un escritor. ¿Un no-escritor? ¿Un escritor malo?”. Mi respuesta es: lo contrario es un no-escritor, uno que ve la escritura como un pasatiempo y no como una vocación.

Por otro lado, para Rosa Montero la respuesta radica en la necesidad de vaciarse en palabras: “Un escritor es en realidad aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor'”.

Así, respondo: tengo dos libros publicados y varios más en mis cajones, que debo acabar de parir. Coincido en que nada de ello es determinante. Sin embargo, sí, necesito escribir para vivir y desde mis ocho años es parte de mi esencia, aunque por supuesto eso no significa que lo haga bien: simplemente me hace escritora (la palabrita me arranca una sonrisa).