Sobre la pertinencia de ser vulgar

 

Dibujo: Jean Paul Zapata
Dibujo: Jean Paul Zapata

“—Yo quiero ser vulgar desde hace mucho tiempo —respondió Enrique con un tono que estaba entre la amargura y el resentimiento.

—¿Por qué? —insistió Elena.

—Porque deseo ser feliz”.

Estoy empezando la novela La soledad era esto, de Juan José Millás (Ediciones Destino), que leo porque mi amigo Rafael me insiste en que debo hacerlo y me presta su ejemplar. No sé cómo siga, pero estas pocas líneas sirven para inaugurar el fin de semana.

Salud.

8 pensamientos en “Sobre la pertinencia de ser vulgar”

    1. Je, a mí justo el comentario me cayó bien, aunque al avanzar la novela el tipo me resulta antipático. En fin, la cita obedece a que me gustó la desfachatez de afirmar que ser vulgar incide en la felicidad, punto en el que coincido: quien vive siempre pendiente de no ser vulgar, de no violar las normas, de cumplir al pie de la letra con absolutamente cada una de las buenas costumbres difícilmente tiene chance, creo, de aspirar a estar a gusto.
      Abrazo, Alberto

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      1. Por eso mismo me cayó mal el tipo, esa desfachatez de pensarse nada vulgar. Esa postura y comentario de ser superior y estar por encima.
        Además, ahí no coincido contigo. No creo que la vulgaridad tenga relación con le felicidad. Sí que es verdad que estar pendiente de dar nuestra mejor cara (real o ficticia constantemente) nos acerca más a la infelicidad, pero de ahí, a que la gente que siempre transgrede las normas y se muestra vulgar como motor de vida sea feliz o más feliz que otros, creo que hay un mundo.

        Besos.

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        1. De acuerdo contigo en que quienes viven siempre transgrediendo toda norma son insoportables. Por otro lado, no me parece que decir “quiero ser vulgar” implique una postura de sentirse superior, sino justo de asumir “quiero serlo de manera consciente”.
          En fin, me gusta dialogar contigo hasta cuando no estamos de acuerdo.
          Abrazos

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          1. Cierto lo que dices, quizás una sola frase puede no llevar toda esa carga de superioridad sin saber más de quien la dice, pero se me antoja que ese personaje (sin haber leído el libro) es un tipo deleznable, de esos de status social elevado que llegan a decir (y los hay en la vida real); -Os envidio gente vulgar, si supieseis lo duro y difícil que resulta llevar esta carga de vida sin dificultades económicas y teniendo que dar una imagen impoluta.
            NA: Seguro que estas cosas son un problema mío de percepción y prejuicios, después de casos como el de nuestra Exministra de Sanidad, que dijo una vez en una entrevista; que el momento más bonito del día era estar viendo por las mañanas como vestían a sus hijas.

            Besos, en este caso disidentes. 🙂

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            1. Lo que dices es tal cual: al avanzar la novela, el personaje se revela como un deleznable, cosa que yo no percibí en esas primeras páginas y tú pescaste de inmediato. Y sí, como dices, los hay que ven el mundo desde sus alturas purísimas. Esos son los más nefastos, como la personaja que comentas y a la cual más le valdría cerrar la boca para cuando menos dejar a alguno con la duda de si es estúpida. Al abrirla, confirma toda sospecha.
              Acuso recibo de los besos disidentes y los regreso ídem

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