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La tortura vista por poetas

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Hoy se cumplen 40 años del golpe de estado en Chile. En conmemoración, valga hablar del libro La libertad no es un sueño. Recopilación de poesía chilena de la resistencia (Signo Editorial). Se trata de una antología compuesta tanto por textos de poetas reconocidos (Gonzalo Rojas, Ariel Dorfman, Antonio Skármeta, Roberto Bolaño) como anónimos, que de forma clandestina escribieron en los centros de detención de la dictadura.

El libro cuenta con un prólogo de Cortázar, quien fue amigo del compilador original, Raúl Silva-Cáceres. Entre otras líneas de luz sobre esa época oscurísima, Cortázar dice: “[…] Los poetas conocidos o anónimos, que llenan estas páginas, no necesitan otra presentación que sus poemas, que se dan como pedazos de un país desgarrado, coágulos de un interminable, multitudinario testimonio de vida frente a la muerte cotidiana, de libertad frente a las alambradas fascistas, tendidas de un extremo a otro de ese Chile, nacido para el viento, para el galope de sus caballos, para la alegría de las canciones y las danzas. Una vez más, en la dura historia del hombre, la poesía parece como la espuma de las alas, rompe contra la barbarie e invade con sus densos sumos los corazones cansados, las venas exangües […]”.

Estos versos anónimos, escritos desde el Campo de prisioneros Estadio Nacional, resumen el sentido de los textos: “Te ponen la venda. Con ella terminas/ conversando/ con otros ojos/ que estuvieron antes/ encerrados en este paño”.

Enlace a la nota completa sobre el libro (incluye videos interesantísimos): http://signoeditorial.cl/?p=163

“Bolaño escribía oyendo rock pesado”

Ignacio Echevarría, asesor y albacea literario de Roberto Bolaño, lo conoció muy de cerca. En esta breve entrevista disponible en el canal Aviondepapeltv (en YouTube) revela que el autor chileno era muy nocturno y le gustaba ver en televisión programas “como El gran hermano, que le interesaban muchísimo“. Además, dice que como parte de su rutina de escritura, se ponía audífonos para escuchar heavy metal, “aunque no sé exactamente qué […] seguro que Fresán lo sabe, pero yo no”.

Vaya, interesante el diálogo que mantenía la escritura de Bolaño con el rock. Y luego me da por pensar: cómo hubieran cambiado sus novelas si el mismo Bolaño, al momento de crear, hubiera escuchado jazz, ópera, música hindú o mariachi… ¿O es un razonamiento absurdo, porque el creador determina lo que oye y no al revés?