Andrés Neuman: entre poemas, porno y demencia

Foto: Bechus
Foto: Bechus

Curtido al pie de la letra, el escritor argentino-español estuvo en México para presentar Vendaval de bolsillo, su más reciente libro de poesía (publicado por Almadía). Conversamos con él al respecto.

Le gusta el té verde y los abrigos grandes. Sé lo primero porque pide uno antes de sentarse a conversar; lo segundo, porque lo he visto varias veces con prendas enormes para su cuerpo delgado, casi adolescente. Agilísimo de mente (aunque ya no tan joven, según se queja), responde con la soltura de quien ha ensayado cada respuesta. Preciso, habla como si redactara y como si hacerlo le divirtiera cantidad.
Nacido en Buenos Aires, el adolescente Neuman se mudó a Granada con sus padres, músicos argentinos emigrados. Ahí, donde estudió literatura y empezó a escribir, vive actualmente con su esposa, también poeta. Es autor de novela (entre ellas Bariloche, publicada a sus 22 años y finalista en el Premio Herralde de Novela, y El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009) y cuento (el libro más reciente es El fin de la lectura, publicado por Almadía con un soberbio diseño de Alejandro Magallanes, como el Vendaval de bolsillo que presenta hoy). También ha escrito aforismo (notable el reciente título Barbarismos) y poesía.
A sus 37 años suma 24 libros publicados, lo que no es poco, y además lleva sobre las espaldas lo que en su momento dijo Roberto Bolaño de él: “[Está] tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos”. Con ese bagaje y la publicación cotidiana de miniensayos en su blog, se proyecta con uno de los más sólidos autores hispanos de hoy.
A punto de arrancar la entrevista, un gesto lo pinta de cuerpo entero. Mientras pongo sobre la mesa dos grabadoras, una de ellas con poca pila, él aprovecha: “¿Tengo que responder en estéreo? Voy a tratar de contestar distinto a cada una, es como una metáfora de mis contradicciones: la izquierda registra lo que yo digo y la derecha, lo que quise decir”. Luego se arranca a platicar. Aquí, algunos fragmentos de la conversación.

La poesía no es un lujo
Lo que vuelve heroico a un ciudadano en momentos de crisis, sea o no escritor, es que haga algo interesante con la supervivencia, que trate de convertirla en un discurso. Por ejemplo, este libro incluye el poema “Necesidad del canto”, dedicado al autor bosnio Izet Sarajlic. Un verso señala: “poeta es quien consigue pese a todo empezar de cero siempre”. Y es que él dijo una de las cosas más conmovedoras que yo he oído nunca. Mientras le mataban a sus hermanos y a su esposa en la guerra civil de los Balcanes, él sostenía que sólo quería escribir poemas de amor, es decir, quería hacer algo conmovedor con el hecho brutal de haber sobrevivido.
Ese mismo poema dice que “la palabra no es un gesto apacible de verano”. Y lo creo. Quien piensa que en momentos de emergencia social o política es frívolo hablar de poesía no entiende qué es cultura: no es un lujo ni vacaciones para la clase alta, sino un vehículo de mejor supervivencia y explicación de los fenómenos dolorosos, incluyendo los violentos. Y eso sin importar de qué hable el poema.

Mirón de ellas (y ellos)
Me fijo mucho en el cuerpo femenino, soy muy mirón. No tengo un lugar favorito, no soy vigilante de escotes ni de pies, a la oriental. Para mí, una parte del cuerpo es atractiva en relación con las otras, mientras el problema del erotismo mainstream es el descuartizamiento.
 También veo mucho el cuerpo de los hombres, para mirarme a mí mismo en ellos. Me encantaría ser bisexual, sería más interesante desde el punto de vista literario, pero soy aburridamente heterosexual. Entonces, cuando miro a un hombre lo hago para tratar de aprenderme. Pienso: ¿qué verán las mujeres en él?

La demencia del escritor
Es condición del ser humano hablar solo, todos hablamos solos. Si no lo haces no puedes acceder a ningún tipo de razonamiento, la única diferencia es que el escritor trata de convertirlo en un oficio. Quien escribe no hace nada distinto en el diálogo con sus voces interiores. En realidad, cada “yo” es una multitud y todo el mundo tiene heterónimos, como Fernando Pessoa, pero no todo el mundo publica libros aprovechándose de semejante demencia.

Los centímetros cuadrados de un poema
Cuando no escribo, mis pasatiempos son el futbol, el ajedrez, el billar y caminar, estas actividades tienen que ver con una tensión entre movilidad y quietud. En eso se parecen a escribir. Al caminar, la cabeza está concentrada: nos desplazamos con el cuerpo pero nos centramos con la cabeza. El billar es un tablero fijo en el que las bolas están en movimiento, mientras el ajedrez es una batalla cruentísima de movimientos imperceptibles y el futbol es ver a 22 señores corriendo mientras tomo una cerveza. Por su parte la poesía, como el mismo título de este libro, Vendaval de bolsillo, es una gran movilización interna en un espacio muy reducido. Todo puede suceder en los centímetros cuadrados de un poema.

Vivir dos veces
La poesía exacerba las emociones tanto en el poeta como en el lector de poemas. Gracias a ella ambos temen más, se arriesgan más, padecen más y gozan más, es decir, cualquier dato de la realidad les suscita una reacción emocional vívida. Como dice uno de mis barbarismos: “Leer es la acción y el efecto de vivir dos veces”. Al leer no sólo se reacciona más ante la realidad, sino incluso ante la ficción, porque igual se puede construir una emoción a partir de una novela, una película o una canción. En todos esos casos la ficción puede ser inventada, pero las emociones que despierta son profundamente reales.

Alimentarse de la muerte
La ficción se alimenta de las vidas que no tenemos, mientras la emoción poética se alimenta de las vidas que hemos perdido. Nos nutrimos monstruosamente de las cosas que nos duelen, es como si nuestra vida fuera un sistema de capas y cada muerte sufrida nos volviera más densos. A veces pienso que la vida consiste en sobrevivir a un bombardeo: se te muere alguien, se te enferma alguien y tú vas caminando entre las bombas, preguntándote cuándo te va a tocar a ti.

Lo que me interesa del porno
Muchas cosas me llaman la atención, por ejemplo, cómo la noción de compañía ha cambiado con la tecnología y la irrupción de nuevos imaginarios sexuales. Es evidente que la pornografía tiende a ser patriarcal y reductora, pero también hay una periferia de porno hecho por mujeres como Érika Lust, además de una teoría del porno escrita por y para mujeres. También me fascina el fenómeno de la porn star que se convierte en directora, es muy metafórico: el objeto se vuelve sujeto. Además, la poesía se relaciona con nuestra intimidad, nuestros deseos, fantasías y temores, así que me resulta extraño que no haya conducido con más frecuencia a la pornografía. No hablo de poesía pornográfica, que no tiene interés, sino de poesía que hable sobre ella. Es decir, si el porno tiene tantas aristas, ¿por qué no hacer poemas sobre él? En este libro intenté uno, aunque de lo más educadito.

(Originalmente publicado en la revista SoHo de diciembre)

 

8 pensamientos en “Andrés Neuman: entre poemas, porno y demencia”

    1. Neuman es de mis personas favoritas en la vida por brillante, aterrizado y brutalmente honesto. Qué bien que te gustó la entrevista, el mérito es todo del entrevistado.
      Abrazo

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