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Lo mejor que leí en 2017 (1a parte)

Se acaba el año, uno que afortunadamente estuvo lleno de buenos y algunos mejores libros. Antes de dar vuelta a la hoja me pican los dedos por compartirte una selección de los títulos que me movieron las suprarrenales (y un poquito más al centro). Por supuesto, no tiene la pretensión de incluir lo mejor de 2017, sino meramente lo mejor de mi 2017.

Para mi programa de radio BAzar de Letras y mis colaboraciones en distintos espacios culturales me concentré en literatura nacional, así que este es mi Top Ten (+1) de México. En una segunda parte hablaré de los libros de autores extranjeros.

Por cualquiera de estos meto las manos al fuego: si lo lees y no te gusta, te invito un café y platicamos de por qué no te hizo click y a mí me encantó. O me convences o te convenzo o nos reímos un poco.

POESÍA
1. Grandes maniobras en miniatura, de Eduardo Casar (Fondo Editorial del Estado de México);

2. Otra forma de bolero, de Max Ramos (Ediciones y Punto), regalo de su autor;

 

 

3. Sonetos del amor y de lo diario, de Fernando del Paso (El Colegio Nacional);

4. Se encogió de hombros y dijo, de Luis Bugarini (Libros Sampleados);

 

 

NOVELA
5. Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House);

6. Los sueños de la serpiente, de Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara);

 

 

CUENTO
7. La Tormenta hindú, de Ana García Bergua (Textofilia);

8. La vaga ambición, de Antonio Ortuño (Páginas de Espuma);

 

 

ENSAYO
9. Territorio Lolita, de Ana V. Clavel (Alfaguara);

10. Mudanza, de Verónica Gerber (Almadía);

 

 

 

+1. El arte de dudar, de Óscar de la Borbolla (Grijalbo), regalo de su autor, mi querido amigo.

 

 

#MiércolesDePoesía Te me antojas tanto como a la licuadora

La querencia devenida pasión devenida obsesión devenida apremio de poseer y chupar hasta el último huesito. Es decir, querría comerte en tu jugo para luego incorporarte a mis tendones. Algo así ocurre cuando la urgencia por otra persona rebasa los límites del decoro.

Fernando Rivera Calderón sabe esa y otras cosas, porque mira de frente cuando compone canciones. También cuando escribe poemas. Lo deja ver su reciente libro Llegamos tarde a todo (Almadía), con diseño del exquisito Alejandro Magallanes. En él, Fernando hurga en los intersticios del ritmo, de la sorpresa de estar aquí y ser uno mismo, del humor y el desamor. No hay rodeos ni timideces, sólo vida a borbotones.

Su poema “Licuadora” le da tono a este #MiércolesDePoesía. Me divierte y me da envidia cómo le pone palabras a las ganas antropófagas que el aparato electrodoméstico y yo conocemos tan bien.

Licuadora

“Poder
licuarte,
batirte,
extraerte.
Cambiar
tu consistencia.
Ablandar
tu ser
para beber
el zumo
que fluye
ácido y dulce
de entre
mis cuchillas”.

La palabra se hace líquida

“La palabra es una entidad soluble. Una sustancia que sufre varios estados. Sólida cuando se escribe en una hoja de papel […] La conversación, en cambio, es líquida: el diálogo es un manantial que se alimenta de sonido, fluye en tiempo y espacio,  de ida y vuelta, desde quien habla hasta el que escucha. La palabra es gaseosa cuando murmura […] El rumor y el chisme son gaseosos, volátiles”. -Verónica Gerber, Mudanza (Almadía)

Estoy leyendo este lujo de libro, que disecciona los espacios intermedios entre escritura y artes visuales, indaga en formas de escribir más allá de la página: en el cuerpo, en el espacio.

Cómo me da gusto encontrar libros así, que me reten a pensar más allá de lo habitual.

#MiércolesDePoesía “La piel del tiempo es cálida”

A veces, unos versos se asoman dentro de sí mismos, hurgan hasta que encuentran la veta no sabida y la iluminan. Entonces el instante deja de serlo, se estira para abarcar el mundo (nosotros, incluidos).

Es el caso del poema de hoy, de mi querido Julio Trujillo. Forma parte de El acelerador de partículas, volumen publicado recientemente por Almadía. Así, este #MiércolesDePoesía a media voz.

Íncipit

“El tiempo es menos cruel en marzo
porque brilla
y se deja tocar.
Mira,
hunde tu mano en el fulgor del día
que se alza como un arco
sobre el mundo,
palpa con las pupilas el amanecer.
Todo es comienzo en marzo,
brote,
y el mismo tiempo está naciendo
sin noche y sin memoria.
¿Qué hay detrás?
Una fecunda voluntad sin rostro,
una ansia pura de existir y abrirse,
de ser hoy.
Ingresa en el presente,
la piel del tiempo es cálida y ansía
aquel primer contacto que la encenderá”.

Julio Trujillo, “Íncipit”, El acelerador de partículas, Almadía

 

#MiércolesDePoesía Este loco le canta al relámpago de sus muslos (de ella)

Foto de José Eugenio tomada de Internet: EE/ G. Espinosa
Otro #MiércolesDePoesía se va instalando y, con él, las ganas de acudir a versos que den sonido a los túneles, los reflejos y las avenidas que transitamos todos los días.

Hace poco tuve el gusto de entrevistar en mi programa de radio BAzar de letras al poeta José Eugenio Sánchez, a propósito de la publicación de su libro la felicidad es una pistola caliente (Almadía). Para multiplicar tanto el gusto de su voz como la conversa que nos echamos entre mezcales dejo aquí un rico poema suyo de ese libro (los últimos versos son un gran finale que la susodicha debe haber agradecido) y también la emisión de BAzar de letras en la que estuvo como invitado: da click aquí para oír la entrevista completa (duración: 25 minutos).

Sea el #MiércolesDePoesía.

al escupir una flor
(ráfagas de derek bailey)

fue como si la ciudad hubiera sufrido un apagón
tan brutal como la luz desparramándose por el piso
al abrir las cortinas

sólo pude ver tus ojos en blanco
e intuí que tus labios se resecaban
y que en alguna calle se caían los árboles

parecido a los guitarrazos de neil young
o tratar de coger una rama saliente en un precipicio

fue cuando acaricié el relámpago de tus muslos
y el mundo estalló en aromas

como si hubieran conectado de nuevo la electricidad
y tu interior quedara a oscuras

Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 3/3)

Aquí terminan las citas de mis libros favoritos del año. Pero las palabras se me quedan merodeando.

15. Francisco Hernández, ”Taller de Moris. I”, en Odioso caballo, Almadía, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-19-40En éste, su libro más reciente (con el lujo de diseño de Alejandro Magallanes), el escritor veracruzano clava el punzón con sus versos. Y brota sangre. O pus. O humores. El asunto es que no falla.

“[…] Sobre esta mesa, mi foto
es la foto de mi padre.
Él es yo: metamorfosis redundante.
Me veo peinado a su manera,
hablo con su tono de voz
y engaño a mi madre con mi esposa”. p. 122

Los poemas de Hernández me hicieron varios días del verano. Como éste.

16. Malcolm Lowry, Bajo el volcán, traducción de Raúl Ortiz y Ortiz, Ediciones Era, 1964

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-21-38Geoffrey Firmin, exCónsul británico, se reencuentra en la ciudad de Cuernavaca con su esposa, Yvonne, de quien está separado. Es el Día de Muertos de 1938. La novela (publicada en inglés en 1947) es una impresionante construcción de estilo, donde el protagonista va perdiendo y encontrando la lucidez entre mezcales, en el contexto de un país que no esconde los colmillos. Duele en cada línea. Y se disfruta. La leí en inglés pero aquí está un soberbio pasaje en español.

“[…] Y ahora estaba el Cónsul en el baño, alistándose para ir a Tomalín. —¡Oh! —decía—. ¡Oh!… pero, ¿ya ves?, después de todo no ha ocurrido nada horrendo. Ante todo, a lavarse —tembloroso y volviendo a sudar, se quitó saco y camisa. Dejó correr el agua en el lavabo. Sin embargo, por alguna razón misteriosa estaba bajo la ducha en donde esperaba, agonizante, el impacto del agua fría que nunca llego. Y seguía con los pantalones puestos”. p. 165

La novela de Lowry me dejó impresionadísima por semanas. Aquí, algo que escribí al respecto.

17. Gerardo Cárdenas, “Cuatro escritores en Qumran”, en Silencio del tiempo, Editorial Abismos, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-22-45Se trata de poemas que reescriben pasajes de la Biblia, que ponen a hablar a protagonistas de la fe desde otra esquina del ring. En éste, el escritor mexicano le pone voz al evangelista Lucas:

“[…] Yo escribiré
más que los otros; la historia no acaba en la muerte
la prestidigitación continúa;
todo se vuelve presagio
leer las entrañas de un animal sacrificado
no es muy distinto
de comer el pan o beber el vino
y pensar que es otra cosa.
Sólo necesitamos adeptos”. p. 51

Cárdenas escribió también este poema, sobre el ser humano como una cucaracha indefensa, en manos de niños malcriados. Ay.

18. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Alfaguara, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-23-47No hace falta que cuente de qué trata. Sólo digo: aunque tenga la mala fama de ser “importantísima”, “un clásico”, “fundamental”, leer el Quijote es de lo que más vale la pena hacer en la vida. Aquí, el caballero andante habla con la supuesta imagen de Dulcinea, “convertida” en una pobre labradora:

“[…] ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora”. p. 620

Durante varios meses de 2016, un grupo de insensatos y yo estuvimos leyendo el Quijote y comentando nuestra lectura en este blog. Aquí, una de las entradas que subí, sobre por qué la locura es, de veras, indispensable.

19. Mónica Maristáin, “Soñé que me comíoa un tigre”,  en Antes. Paisaje sonoro con mujer mirando una ventana, Literal Publishing

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Poemas sobre sueños, sobre lo que se oye en el radio. Poemas sobre lo que quiere pasar en el mundo, sobre lo que se piensa y no se dice por intrascendente o por tener dos filos. La autora argentina con acento mexicano arma un cruce de planos entre afuera y adentro, antes y después. Y uno se queda con palabras en las manos como testimonio del viaje. Implacable.

[…] pienso que en eso el sueño no se equivocó
porque el hecho de que apareciera mi abuela me salvó la vida
y ella después empezó a cortarme el pelo
claro que cuando iba a comentar el sueño aquel donde mi abuela me corta el pelo me desperté
no voy a soñar con tigres ni a soñar con abuelas
o sueño con tigres y abuelas juntos

o no sueño más
y me quedo despierta para toda la vida”.

Aquí, más sobre Maristáin.

20. José Manuel Recillas, “Canción de amor y muerte y despedida de Lillian van den Broeck”, en Atrévete a mirar, tú, que no quieres, Estado de México, 2016
Con versos trabajados en la fragua lenta de la poesía clásica, el autor mexicano plasma el desconcierto de saberse no-amado. Quiere saber si, cuando muera, la voz de la persona amada dirá su nombre. Le dará un hogar.

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“[…] Tal vez el hombre al fin algo sabrá, y su reposo no tendrá ya nombre
pues no habrá quien cave la última fosa, si acaso… un nombre habrá que nos redima,
si acaso… un nombre habrá que nos redima”. p. 28

“Escribo poemas de amor, por si los necesita”, dijo Recillas recientemente en una entrevista con él y otros escritores, que me publicó el suplemento El Cultural. Da click para leer esa entrada.

Y EL BONUS TRACK…

21. Evelio Rosero, Juliana los mira, Tusquets, 2015

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Una niña narra lo que le pasa por dentro y por fuera. Y lo hace encontrando las palabras que necesita. Esta novela del escritor colombiano, de las mejores que he leído en los últimos muchos años, fue regalo de mi amigo, Andrés Grillo.

“[…] un jadeo incontrolable en el extremo opuesto, él despojándose del uniforme, no debo verlo, no, lo estoy viendo, aquello palpitante endurecido brota con más ímpetu cuando él se quita el pantalón, veo […]y ya voy a gritar, es el tiempo de hacerlo, de ayudar a mamá, voy a gritar ¡déjala en paz! cuando mamá hace un gesto igual que cuando una pide perdón o dice ‘estoy cansada, no juguemos’, y alarga el brazo como llamándolo, implorándole eso, y es por eso que me disuado […]”.

El primer libro de Rosero que leí fue Los ejércitos. No tiene madre. Ni progenie. Sobre lo que me provocó escribí: “A esta novela la atraviesan las balas”. Lee aquí esa entrada.

 

 

#LunesDeMonos El cigarrito en la cama

Cartón: Ros, Cual para tal (Almadía)
Cartón: Ros, Cual para tal (Almadía)

Me gusta su humor de arco y flecha, sin arrugas ni rebuscamientos. Es lo más parecido al trabajo del arquero: desde que tira sabe bien dónde quiere pegar y no desperdicia tiempo ni energía en nada más. Es el cartonista mexicano Ros, quien en su trazo limpiecito no distrae con personajes ni detalles que no apunten directo al blanco.

Publica diariamente en El País, de España, y está estrenando libro. Se llama Cual para tal y lo publica Almadía, con prólogo de Abraham Cruzvillegas y un pequeño texto de Alejandro Magallanes. Estaré compartiendo algunos cartones suyos en los #LunesDeMonos. Aquí va éste, sobre lo nerviosos que nos ponemos si se rompen los rituales de pareja. Por supuesto, me veo en ese espejo.

 

#MiércolesDePoesía De cuando una cama es todas las camas

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De nuevo es día de bersos. Hoy los invita el poeta mexicano José Eugenio Sánchez, nacido en Guadalajara y quien la semana pasada, entre cervezas, me regaló estas Escenas sagradas del oriente. El libro es una gozadera de ironía y provocación, de juego inteligente y transgresor (perdón por la redundancia).

Así arranca en buen tono el #MiércolesDePoesía.

helpless (and in my mind i still need a place to go)
sobre esta cama donde se acostó el mar
y se guardaron las cenizas de alejandría
y las hormigas almacenaron las provisiones durante el verano del holocausto
y la más despreciable hechicera escribió su recetario para exterminar el mal de amor

en la mismísima cama donde la maja y las venus posaron
donde juana la loca veló a felipe el hermoso por siete provincias
donde el espíritu santo fecundó a maría

aquí en la única cama traficada por fenicios
que sirvió de mapa para barbarroja
y fue alfombra mágica del príncipe de ishtar

en la auténtica cama donde parió la primera elefanta en cautiverio
donde charly parker tocó por última vez el saxofón y a una mujer al mismo tiempo
y —años antes— jesús meditó su discurso del monte de los olivos
es donde entiendo que cada cama es un país que no existe si no es con tu presencia

-José Eugenio Sánchez, Escenas sagradas del oriente, Almadía, 2009

Mis 25+1 libros de 2015

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Este año debo haber leído unos 65 títulos, sobre todo novela y poesía, además de cuento, diarios, humor gráfico, ensayo, crónica, cartas. El número no es lo importante, sino lo que me pasó con algunos, como dijo Proust (cito de memoria): “Al leer, cada lector se vuelve lector de sí mismo. El libro es el instrumento que le permite ver lo que, sin esas páginas, no hubiera visto de sí mismo”. Hoy caigo redondita en la tentación de compartir esta lista de los 25+1 que más disfruté, los libros que me hicieron el año, que me hicieron en el año. En otros casos me interesó el riesgo formal de su autor, su búsqueda fuera de la zona de confort. Al final, para qué escribir si no se busca ensanchar las fronteras de lo ya dicho.

Aunque no necesariamente fueron publicados en 2015, sí pasaron en estos 12 meses al anaquel de mis afectos cercanos.

CUENTO

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.36.241. Cavernas, de Luis Jorge Boone (Era). Lo leí por recomendación insistente de mi querido escritor Carlos Velázquez, así que de entrada ya sabía que me iba a topar con algo bueno. Y sí, es harto disfrutable la densidad narrativa de Boone, los inquietantes paisajes internos y externos que levanta con palabras echando mano de su vocación de (también) poeta, en los que vi reflejadas paranoias, alucinaciones. En especial tuve que detenerme varias veces para saborear “El jardín interior” y “Soñé que ayer era la bruma”.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.37.562. Cuentos. Varia invención. Tomo I. Obras completas, de Francisco Tario. Edición y prólogo de Alejandro Toledo (FCE). Regalo de mi amigo José Luis Enciso, este libro del autor mexicano es de mis más grandes hallazgos literarios no sólo del año, sino de la década. Es un maldito loco. Un fantasma que hace guiños a Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Max Aub y hasta Kafka y Borges, sin palidecer. Un master de las esdrújulas. Un demente del lenguaje preciso, puntual y rico (de riqueza y de suculencia).

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.40.233. Los atacantes, de Alberto Chimal (Páginas de espuma). En siete cuentos, el narrador mexicano ofrece un paseo por el frío de miedo que entra a través de la pantalla de la computadora o el celular, que pinta cada paso. Y los relatos también tienen humor. Negro, pero humor al fin. Me gusta la pluma de Chimal y sus no-ganas de quedarse quieto.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.45.514. Sam’s Confession, de Dania Castañón Santibáñez (Uranito). Una chica se planta ante los compañeros de escuela de su hermana para hablar con voz fuerte de palabras incómodas, como congruencia y aceptación. No sólo es un texto vibrante y bien escrito, hecho de emociones acendradas, sino que es el primer libro de mi adolescenta. Francamente, no me la acabo.

 

 

NOVELA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.44.095. Cómo se hace una chica, de Caitlin Moran (Anagrama). Una adolescente inglesa aprende a construirse, ácida y lúdica, riéndose de sí misma y de los otros, con la valentía y la inconsciencia que dan los pocos años. Encuentra así la mejor defensa ante la realidad jodida. Moran escribe espléndidamente bien y logra eso que no es fácil: hacer reír desde la complicidad.

 

 

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6. El complot mongol, de Rafael Bernal (Joaquín Mortiz). Desde hace años tenía la deuda de leer este clásico de la novela negra mexicana, aparecida en 1969 y de extraordinario humor negro. Ahora no puedo ver igual la calle de Dolores, mientras el personaje de Filiberto García va conmigo a todas partes murmurando “¡Pinche tráfico!”, “¡Pinche gente!”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.46.047. El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt (Anagrama). Recibido como regalo de mi entrañable Alma Delia, este libro de la autora norteamericana es una lupa de aumento aplicada sobre el arte, el amor, la diferencia de sexos, los celos, la familia, todo al mismo tiempo y sí, algo deformada. Una artista plástica, viuda de un magnate del arte, busca proyectar su obra. Como a nadie le interesa lo que haga una sesentona ella pacta con tres artistas jóvenes, Alter Egos que dan a conocer su trabajo. A ratos es de veras demoledora.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.49.378. El pudor del pornógrafo, de Alan Pauls (Anagrama). Ésta, la primera novela del escritor argentino, cuenta una pasión amorosa que se deja ir en el desgarramiento (perdón por la redundancia). En segundo plano aborda la impotencia de quien escribe, quien quiere explicarse la vida con palabras y las encuentra pálidas, quien al volcarse en esa obsesión termina por desintegrarlo todo.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.52.469. Las noches habitadas, de Alma Delia Murillo (Planeta). Cuatro mujeres se hurgan las entrañas en esas horas en las que la luna todavía no se separa del amanecer. Rotas pero enteras, demenciales y tremendamente cotidianas se van haciendo en el camino, van descubriendo que la vida se arma a paso lento, con cadencia de prueba-error. Desde entonces me las he ido encontrando en muchos lugares y a veces en el espejo, siempre voraces, peligrosas fantásticas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.28.0910. Lo que dijo Harriet, de Beryl Bainbridge (Impedimenta). Dos adolescentes se reencuentran en el verano de una localidad costera inglesa. En la exacta frontera inocencia-perversión se entretienen tratando de seducir al Zar, un hombre casado e inmoral que no imagina el poder destructivo de las niñas. Disfruté tanto la prosa tensa de Bainbridge, que al terminar el libro tuve que empezarlo de nuevo. Me mata su manera de dominar el lenguaje.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.55.0711. Pregúntale al polvo, de John Fante (Anagrama). El autor, quien fue para Bukowski “como un dios”, expone la historia de un aspirante a escritor que se regodea entre el deseo de grandeza, la violencia y el amor que incendia. Publicado en 1939, este libro llegó a mí como regalo de Roberto Jauregui, mi cómplice necesario. Es lo primero que conozco de Fante y ya me he dicho varias veces: ¿cómo podía andar por ahí sin haberlo leído?

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.57.2112. The Professor of Desire, de Philip Roth (Vintage Books). A partir de la historia amorosa de David Kapesh, Roth explora los resortes del deseo, contradictorios e inmanejables. ¿Por qué uno quiere estar con X y no con Y? ¿Por qué fantasea con la persona que no es la mejor opción, sino con quien tiene todo en contra? El hedonismo de Roth es “herido, irónico”, dice Kundera, y coincido. Es de lo poco que leí este año en inglés, pero me llenó la cabeza.

 

OTROS GÉNEROS 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.59.1613. Cartas, de Dylan Thomas (Ediciones de La Flor). Leo el libro (en edición inconseguible, por cierto) gracias al préstamo de mi entrañable Jaime. Me alucina la reflexión de Thomas sobre su trabajo poético, la claridad pasmosa con la que a los 20 años ya sabía que quería ser un escritor de los que trabajan en dirección a las palabras, no hacia afuera de ellas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.01.1714. Diarios amorosos, de Anaïs Nin (Siruela). Los cuadernos de Anaïs me acompañaron durante varios meses, no por las casi 800 páginas del libro, sino por la trepidante densidad que a veces obliga a pedir una tregua de sus amores, la soledad urgente, el cuestionamiento vital, la creación. En muchos momentos me dice mejor de lo que puedo hacerlo yo misma.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.02.1915. El interior, de Martín Caparrós (Malpaso Ediciones). Durante ocho meses Caparrós recorrió la provincia argentina para poner en renglones la esencia de su tierra, si la hubiera. En el intento compuso esta road movie literaria que disfruté muchísimo por su combo de crónica, relato, poesía narrada, diálogos y monólogos pero, sobre todo, por su netez y por la indagación de nuevas formas de contar las cosas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.04.2416. La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos, de Héctor de Mauleón (Cal y Arena). Textos breves de una ciudad, esta ciudad de México, poblada de caras y tiempos que se superponen, como un palimpsesto siempre en marcha. Riquísimo balance entre erudición e historia platicadita, vuelta cercana.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.02.0217. Contra los poetas, de Witold Gombrowicz (Tumbona Ediciones). En 1947, el autor polaco residente en Buenos Aires dictó ahí la conferencia titulada “Contra los poetas”. En ella se burlaba de sus colegas solemnes, del lenguaje demasiado profundo, grandioso, elevado. Por supuesto, la provocación sacó ámpulas. Es grandiosa su comparación del poema y el azúcar: en estado puro (“en exceso”) ninguna se soporta.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.07.2618. Solsticio de infarto, de Jorge F. Hernández (Almadía). Compendio de las mejores columnas de Hernández, quien a su vez es de las mejores plumas de México, más una selección de dibujos de sus libretas. Adoro su lucidez e ironía.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.08.4719. Uncle Bill, de BEF (Sexto Piso). Desde su doble trinchera de ilustrador y novelista, el enorme BEF entreteje la estancia de William S. Burroughs en México con su propia obsesión con el personaje. No es un libro de monos, es una novela gráfica ambiciosa que no se conforma. Y eso cómo se agradece.

 

 

POESÍA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.23.0820. Contratono, de María Gómez Lara (Visor de poesía). La escritora colombiana malabarea el desconcierto diario y la sensación de estar perdida, juega a buscar el Norte y mientras tanto explora maneras de plantarse de nuevo en el mundo a través de la poesía. Es cierto que el libro, ganador del Premio Loewe a la Creación Joven, incluye algunos poemas flojos, pero otros son realmente espléndidos.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.3921. Japanese Death Poems. Written By Zen Monks And Haiku Poets on the Verge of Death, compilado por Yoel Hoffmann (Tuttle Publishing). Esta antología incluye perlas escogidas de esa tradición japonesa milenaria de escribir poemas en el lecho de muerte. Delicadísimos, casi un suspiro, muchos son de una belleza insuperable en su concreción.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.22.3422. La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave (Sexto Piso). Mientras andaba de gira con su grupo The Bad Seeds, el cantante australiano dialogó con el amor que exhala azufre, platicó con sus vampiros más oscuros y escribió de ello en las bolsas para mareo de los aviones. El libro es una suerte de largo poema narrativo armado de impresiones, pesadillas, recuerdos, letras de canciones, estribillos. “En toda historia de amor encontrarás un dragón asesinado”, dice en alguna página. Ay.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.1923. Me llamo Hokusai, de Christian Peña (INBA/Instituto de Cultura de Aguascalientes/Fondo de Cultura Económica). Es un libro multitonal, armado de cinco poemas extensos donde predomina el agua. La voz del poeta se ahoga, flota, jadea, hace como que va a resucitar y luego empieza de nuevo. Ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014, a sus 30 años Peña transpira riesgo. Carajo, qué gusto da.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.5924. Nu)n(ca, de Luigi Amara (Sexto Piso). A partir de la foto de una mujer de espaldas, tomada en 1892, el poeta mexicano arma un largo poema detectivesco compuesto por varios textos breves, que se sostienen de manera autónoma. Así va tejiendo pistas de quién pudo ser la modelo, por qué aparece de espaldas, qué esconde el gesto. Bastardo de la poesía, el ensayo y la novela negra, el libro es una especie de largo “pie de foto”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.16.1325. Pizca de sal, de Alejandra Díaz-Ortiz (Trama editorial). La escritora mexicana radicada en España se mueve a caballo entre el poema en prosa y la prosa poética, entre el epigrama y el destello de humor. Así retrata los muchos tonos de la experiencia amorosa. Encontré el libro por casualidad en una librería de Bogotá, lo traje a casa y ya me ha acompañado en varios insomnios.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.34+1. Yo casi siempre duermo. Antología poética, de Patrizia Cavalli. Selección, traducción y prólogo de Fabio Morábito (UNAM). No sé cómo lo logra, pero la autora italiana pone a convivir las más rutinarias de las palabras con la inestabilidad que raya en el delirio. Sus poemas parten de la pereza que es natural a la poesía: “el poeta omite, recorta, deshidrata y oculta, dejando el lenguaje en su hueso”, dice Morábito en el prólogo. Y sí. La pluma de Cavalli, luminosa tan como sin esfuerzo, ya es de mis favoritas.

#MiércolesDePoesía Recordar a Sylvia

Sylvia Plath
Sylvia Plath

En cinco versos, Julio Trujillo aprehende el suicidio de la escritora estadounidense.

Era poeta. De las buenas. Estaba casada con Ted Hughes, poeta de los ídem, y tenían dos niños. Depresiva y deprimida por las infidelidades de Hughes y por el fin de su relación, una tarde del frío invierno de 1963 selló las puertas del cuarto donde estaban sus hijos pequeños, abrió el gas del horno, metió la cabeza y se suicidó. Tenía 30 años. Dejó los libros Colossus y The Bell Jar, y en 1965 se publicó póstumamente Ariel, un portento con sus últimos textos. En “Pursuit”, ese poema impecable escrito cuando conoció a Hughes, premonitoriamente había dicho: “One day I’ll have my death of him”.

El escritor mexicano Julio Trujillo pasa de visita en el #MiércolesDePoesía con este poema delicado, que en cinco versos perfila la historia de Plath.

“En la casita,

Sylvia se pliega como un lento

puño

y luego se abre toda.

Un beso de butano habla en su boca”.

-Julio Trujillo, “Sylvia” en La burbuja (Almadía)

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Andrés Neuman: entre poemas, porno y demencia

Foto: Bechus
Foto: Bechus

Curtido al pie de la letra, el escritor argentino-español estuvo en México para presentar Vendaval de bolsillo, su más reciente libro de poesía (publicado por Almadía). Conversamos con él al respecto.

Le gusta el té verde y los abrigos grandes. Sé lo primero porque pide uno antes de sentarse a conversar; lo segundo, porque lo he visto varias veces con prendas enormes para su cuerpo delgado, casi adolescente. Agilísimo de mente (aunque ya no tan joven, según se queja), responde con la soltura de quien ha ensayado cada respuesta. Preciso, habla como si redactara y como si hacerlo le divirtiera cantidad.
Nacido en Buenos Aires, el adolescente Neuman se mudó a Granada con sus padres, músicos argentinos emigrados. Ahí, donde estudió literatura y empezó a escribir, vive actualmente con su esposa, también poeta. Es autor de novela (entre ellas Bariloche, publicada a sus 22 años y finalista en el Premio Herralde de Novela, y El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009) y cuento (el libro más reciente es El fin de la lectura, publicado por Almadía con un soberbio diseño de Alejandro Magallanes, como el Vendaval de bolsillo que presenta hoy). También ha escrito aforismo (notable el reciente título Barbarismos) y poesía.
A sus 37 años suma 24 libros publicados, lo que no es poco, y además lleva sobre las espaldas lo que en su momento dijo Roberto Bolaño de él: “[Está] tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos”. Con ese bagaje y la publicación cotidiana de miniensayos en su blog, se proyecta con uno de los más sólidos autores hispanos de hoy.
A punto de arrancar la entrevista, un gesto lo pinta de cuerpo entero. Mientras pongo sobre la mesa dos grabadoras, una de ellas con poca pila, él aprovecha: “¿Tengo que responder en estéreo? Voy a tratar de contestar distinto a cada una, es como una metáfora de mis contradicciones: la izquierda registra lo que yo digo y la derecha, lo que quise decir”. Luego se arranca a platicar. Aquí, algunos fragmentos de la conversación.

La poesía no es un lujo
Lo que vuelve heroico a un ciudadano en momentos de crisis, sea o no escritor, es que haga algo interesante con la supervivencia, que trate de convertirla en un discurso. Por ejemplo, este libro incluye el poema “Necesidad del canto”, dedicado al autor bosnio Izet Sarajlic. Un verso señala: “poeta es quien consigue pese a todo empezar de cero siempre”. Y es que él dijo una de las cosas más conmovedoras que yo he oído nunca. Mientras le mataban a sus hermanos y a su esposa en la guerra civil de los Balcanes, él sostenía que sólo quería escribir poemas de amor, es decir, quería hacer algo conmovedor con el hecho brutal de haber sobrevivido.
Ese mismo poema dice que “la palabra no es un gesto apacible de verano”. Y lo creo. Quien piensa que en momentos de emergencia social o política es frívolo hablar de poesía no entiende qué es cultura: no es un lujo ni vacaciones para la clase alta, sino un vehículo de mejor supervivencia y explicación de los fenómenos dolorosos, incluyendo los violentos. Y eso sin importar de qué hable el poema.

Mirón de ellas (y ellos)
Me fijo mucho en el cuerpo femenino, soy muy mirón. No tengo un lugar favorito, no soy vigilante de escotes ni de pies, a la oriental. Para mí, una parte del cuerpo es atractiva en relación con las otras, mientras el problema del erotismo mainstream es el descuartizamiento.
 También veo mucho el cuerpo de los hombres, para mirarme a mí mismo en ellos. Me encantaría ser bisexual, sería más interesante desde el punto de vista literario, pero soy aburridamente heterosexual. Entonces, cuando miro a un hombre lo hago para tratar de aprenderme. Pienso: ¿qué verán las mujeres en él?

La demencia del escritor
Es condición del ser humano hablar solo, todos hablamos solos. Si no lo haces no puedes acceder a ningún tipo de razonamiento, la única diferencia es que el escritor trata de convertirlo en un oficio. Quien escribe no hace nada distinto en el diálogo con sus voces interiores. En realidad, cada “yo” es una multitud y todo el mundo tiene heterónimos, como Fernando Pessoa, pero no todo el mundo publica libros aprovechándose de semejante demencia.

Los centímetros cuadrados de un poema
Cuando no escribo, mis pasatiempos son el futbol, el ajedrez, el billar y caminar, estas actividades tienen que ver con una tensión entre movilidad y quietud. En eso se parecen a escribir. Al caminar, la cabeza está concentrada: nos desplazamos con el cuerpo pero nos centramos con la cabeza. El billar es un tablero fijo en el que las bolas están en movimiento, mientras el ajedrez es una batalla cruentísima de movimientos imperceptibles y el futbol es ver a 22 señores corriendo mientras tomo una cerveza. Por su parte la poesía, como el mismo título de este libro, Vendaval de bolsillo, es una gran movilización interna en un espacio muy reducido. Todo puede suceder en los centímetros cuadrados de un poema.

Vivir dos veces
La poesía exacerba las emociones tanto en el poeta como en el lector de poemas. Gracias a ella ambos temen más, se arriesgan más, padecen más y gozan más, es decir, cualquier dato de la realidad les suscita una reacción emocional vívida. Como dice uno de mis barbarismos: “Leer es la acción y el efecto de vivir dos veces”. Al leer no sólo se reacciona más ante la realidad, sino incluso ante la ficción, porque igual se puede construir una emoción a partir de una novela, una película o una canción. En todos esos casos la ficción puede ser inventada, pero las emociones que despierta son profundamente reales.

Alimentarse de la muerte
La ficción se alimenta de las vidas que no tenemos, mientras la emoción poética se alimenta de las vidas que hemos perdido. Nos nutrimos monstruosamente de las cosas que nos duelen, es como si nuestra vida fuera un sistema de capas y cada muerte sufrida nos volviera más densos. A veces pienso que la vida consiste en sobrevivir a un bombardeo: se te muere alguien, se te enferma alguien y tú vas caminando entre las bombas, preguntándote cuándo te va a tocar a ti.

Lo que me interesa del porno
Muchas cosas me llaman la atención, por ejemplo, cómo la noción de compañía ha cambiado con la tecnología y la irrupción de nuevos imaginarios sexuales. Es evidente que la pornografía tiende a ser patriarcal y reductora, pero también hay una periferia de porno hecho por mujeres como Érika Lust, además de una teoría del porno escrita por y para mujeres. También me fascina el fenómeno de la porn star que se convierte en directora, es muy metafórico: el objeto se vuelve sujeto. Además, la poesía se relaciona con nuestra intimidad, nuestros deseos, fantasías y temores, así que me resulta extraño que no haya conducido con más frecuencia a la pornografía. No hablo de poesía pornográfica, que no tiene interés, sino de poesía que hable sobre ella. Es decir, si el porno tiene tantas aristas, ¿por qué no hacer poemas sobre él? En este libro intenté uno, aunque de lo más educadito.

(Originalmente publicado en la revista SoHo de diciembre)

 

Andrés Neuman o el verso que (no) sobra

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Andrés Neuman está presentando en México la antología Vendaval de bolsillo (Editorial Almadía), que incluye el demoledor “Necesidad del canto”. Dedicado al poeta bosnio Izet Sarajlic (quien tras perder hermanos y esposa en el cerco de Sarajevo dijo que sólo quería escribir poemas amorosos), el texto de Neuman afirma que la poesía no es un lujo. Hace bien recordarlo en el momento que hoy atraviesa México:
“[…] ¿cómo escribir después del exterminio?
Los muertos por desgracia ya no leen.
Para los que vivimos todavía,
entender la poesía como un lujo
nos condena a vivir más desalmados
y al arte a cantar culpa. La palabra
no es un gesto apacible de verano,
igual que una semilla atravesando el hielo
el dolor nos empuja a preguntar […]”.

Con la mínima autoridad que me da ser insaciable lectora de poesía, celebro varios poemas del libro pero mi favorito es éste, que además de hermoso resulta terriblemente oportuno.

Al terminar la presentación, Andrés firma libros y se enreda en romances de unos segundos. Luego, un pequeño grupo de amigos vamos con él a tomar algo en un restaurante yucateco. Somos autores, periodistas, gente ligada a los libros, así que nos queremos con palabras entre sabores y texturas de vino, pan de cazón (“¿Seguros de que no pica?”), panuchos, cervezas. Andrés está cansado después de días de promoción pero se ríe extensamente, con esa carcajada suya que chisporrotea.
Mientras platicamos sobre las diferencias entre editar narrativa y poesía, dice que en ambos casos agradece el trabajo de un buen editor, uno que le permita ver la obra con cierta distancia y quitar lo que está de más. Luego se pone temerario: “A todo poema le sobra un verso. Si se lo quitas gana fuerza, se hace más sugerente. El asunto es saber cuál quitar”. Me deja con ganas de revisar mis poemas favoritos y pensar qué verso podría borrarles para hacerlos mejores. Estos encierran mundos, seguro nunca los eliminaría ni de “Necesidad del canto” de Neuman, ni del texto original de Sarajlic:

“[…] un poeta, dijiste, es quien consigue
pese a todo empezar de cero siempre”.


(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

Poesía, el arte de la supervivencia: Andrés Neuman

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Como conviene en un #MiércolesDePoesía, hoy platicaré con un poeta y además uno que me gusta mucho. En unas horas estaré entrevistando al argentino-español Andrés Neuman, el mismo que ayer declaró al periódico mexicano Excélsior: “Identificar la poesía como un lujo para tiempos apacibles y de abundancia, malentiende completamente la función de radical supervivencia que tiene este arte”.

Aquí una muestra de su reciente libro Vendaval de bolsillo, que presenta en estos días en México. Es un pequeño texto que resuena fuerte y juega magistralmente con los planos de ese arte que permite sobrevivir.

“Una fuerza distinta que recicle

todo lo que he perdido.

 

¿Creo en la ontología?

Unas ganas de ser, en eso creo.

En esta rabia útil,

vendaval de bolsillo

que transporto a otra casa

de leves materiales.

 

Amor por lo que vive, si supieras

qué fácil es perderte

sabrías cuánto ansío conservarte”.

 

-Andrés Neuman, Vendaval de bolsillo (Almadía)

Autodefinición sherlockiana

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Encuentro esto, que me define claramente: “La literatura es un lugar en el que llueve. He dedicado buena parte de mi vida a coleccionar chubascos literarios. No soy un profesor ni una eminencia, pero vivo entre libros y me gusta compartir hallazgos”. -Juan Villoro, Conferencia sobre la lluvia (Almadía)

“Compartir hallazgos”: así concibo la parte más rica de la vida. De niña, mi héroe fue Sherlock Holmes, siempre buscando, siempre compartiendo lo encontrado. Al crecer conservé el placer de descubrir joyas literarias e invitar a otros a apropiárselas. Así nació también este blog, recuento de tesoros en libros y autores.

Es interesante leer la propia vida resumida en un par de líneas.

El Robinson Crusoe escritor

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El náufrago por excelencia, el solo entre los solos, un día se plantea preguntas cardinales como éstas en el nuevo poemario de Francisco Hernández, La isla de las breves ausencias (Almadía):

“Anoto en el obelisco con un pedazo de tiza:

‘¿Vale la pena seguir viviendo si no puedo escribir?

¿Vale la pena seguir escribiendo si no puedo vivir?'”

 

Yo, desde mi soledad acompañada, quisiera saber qué se contestó.

Literatura multiplica la contradicción: Neuman

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“Si la literatura tiene una misión, creo que ésa es alimentar la contradicción, multiplicarla, no resolverla. Para resolverla están los libros de autoayuda”. Lo dice con la boca llena de razón Andrés Neuman, escritor argentino-español de visita en México. Es cierto: para simplificar las cosas y poner el mundo en blanco y negro están los best-sellers de autoayuda. La literatura, por el contrario, muestra que nada es lo que parece, cuestiona la reducción y el maniqueísmo, señala que la realidad es rica en matices.

Neuman está presentando el libro de cuentos El fin de la lectura (Almadía), redonda compilación de textos de distintos orígenes, agrupados bajo el espléndido diseño de Alejandro Magallanes. Ayer entrevisté a Neuman. El tipo no sólo es brillante y escribe muy bien, sino además posee la enorme virtud de no tomarse en serio, de evitar pedanterías y poses-de-escritor. Esa mezcla, como se sabe, provoca que uno tome su pluma realmente en serio. Ahí una más de las contradicciones que la literatura alimenta.

Otras cosas que he subido a este blog sobre Neuman y Magallanes: http://wp.me/p1POGd-2lk y http://wp.me/p1POGd-1pT

“No es lo mismo redactar que escribir”

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“La redacción no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura, la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y predecible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por más transparente que parezca”. -Sergio Pitol, Una biografía soterrada (Almadía)

Pitol, otra vez Pitol (esta vez en un rico librito de Almadía), iluminando lo cotidiano. Todo el mundo puede redactar con el objetivo primero y único de darse a entender. Se redacta una carta, un reporte escolar, un informe, un discurso político. Pero cuando se trata de asomarse a las entrañas de la experiencia humana y mostrar su complejidad y sus múltiples claroscuros, entonces en realidad se está escribiendo. O intentando hacerlo.

PD No se me ocurre cómo expresar ese matiz en inglés. Any ideas?

De libromancia y poesía

Imagen 3Resulta que algo que yo hago hace años tiene un nombre rimbombante: “[el poeta Jorge Fernández Granados] tiene un pequeño ritual, que su colega Daniel Samoilovich denomina ‘libromancia’, y que consiste en que cuando no tiene tiempo para leer un libro entero de poesía, lo que hace es tomarlo, soplar y leer la página en que se abre. ‘De esa manera, puedo descubrir qué voz de poeta se anida en él’, cuenta”.  -Mónica Maristáin, “Jorge Fernández Granados, El silencio: propósito extremo de la poesía”, revista Gente! (junio, 2013).

Así de simple: el poeta me plagió la idea y la presume sin pudor. Ok, acepto que yo no le soplo, nomás abro el libro y leo el primer verso que salta. No me quejo mucho porque ese sistema tan mío me ha dejado a cuestas versos imperdibles, como estos de mi “plagiario”:

[…] Los días se van llevando las cosas que he querido./
Con pasos secretos, a mi espalda/
se desvanecen. Las cosas/
pequeñas, provisionales. Las cosas/
que supuse que eran mías.//

Y cada vez me siento/
más solo, pero más ligero./
Un emigrante, digamos,/
que va perdiendo su equipaje/
pero no lo lamenta […]

-Jorge Fernández Granados, Si en otro mundo todavía (Almadía)

¿Con qué rima tima?, de Alejandro Magallanes

Imagen 3

Es ilustrador, de los buenos pero no de los convencionales. Se le da jugar con palabras. Hace poemas cuando tiene tiempo. Me lo imagino sonriendo cuando se pone a dibujar/escribir. También cuando come; así se encarga de contarlo en la portada de este libro, con el dibujo que lleva como pie: “Retrato de un poeta contento (porque ya comió)”. Editorial Almadía publicó este experimento lúdico suyo, que recién terminé y del cual hace poco subí a este blog un fragmento sobre la felicidad y los mangos de manila (aquí va el link: http://wp.me/p1POGd-1pX).

Encuentro difícil describirlo, porque tampoco se trata de quitarle al lector el placer de hincarle el diente. Por decir algo, ahí van tres cosas: 1. Es una ricura, un divertimento visual y textual, una nueva vuelta de tuerca a la propuesta inaugurada por Apollinaire y Mallarmé, continuada por la poesía concreta, en la que forma y tipografía son parte del texto; 2. Hay que comprarlo y leerlo para que el autor siga sonriendo (porque tiene algo para comer); 3. Agradecería que en la reimpresión, que seguro Almadía tendrá que hacer, le ponga un papel más grueso.

 

Aquí, una botana:

Propietaria

Soy la dueña

triangular

de cuatro centímetros

púbicos.

Imagen 4

Imagen 9Adivinanza

Mi cuerpo se compone de sal

Mi cuerpo se descompone en arena

                             Pero no soy mar.

Imagen 11

La verdadera felicidad tiene que ver con los mangos de manila

Imagen 11“Ser feliz es muy fácil. Cuando es temporada de mangos de manila, te comes por lo menos uno al día (sin limón, sin chile piquín). Los mangos no deben tener en su cáscara manchitas negras, no deben estar verdes ni demasiado maduros. Es mejor si no son transgénicos. De preferencia quítales la cáscara con los dientes y no uses trinches. Es importante que el jugo no escurra entre los dedos más de lo normal. Trata de comerlos hasta que el hueso tenga una coloración blanca. Permanece con las fibras entre los dientes al menos por hora y media. No tires la piel a la basura. Sepárala y sácala al sol. Después tritúrala y cuando esté reducida a polvo, guárdalo en una urna, para que cuando mueras te entierren con ella. Pide a tus seres queridos que si te incineran rellenen tu boca con el polvo de mango de manila antes de quemarte. Es aconsejable que cuando no haya mangos de manila, no pienses demasiado en ello”. -Alejandro Magallanes, ¿Con qué rima tima? (Editorial Almadía)

Suscribo esta definición terminante de felicidad dada por Magallanes, notable ilustrador mexicano que coquetea con la poesía cuando está de vena (tanto él como la poesía), lo cual se ve que ocurre seguido. Está incluida en un genial volumen ilustrado que publica Almadía, editorial oaxaqueña que se atreve a hacer lo que los grandes grupos ven como locura y que los lectores aplaudimos hasta que las manos se nos ponen rojas.

PD Nota para los lectores no-mexicanos de este blog: sé que es prerrogativa de cada país llamar a una fruta como le venga en gana. Aquí decidimos nombrar “de Manila” al mango de la foto, supuestamente llegado de allá hace siglos. Hoy ya no viene de tan lejos, pero no importa: por cariño le conservamos el apellido.

Sobre el (galano) arte de leer

Dado que la personaja autora de este blog no concibe el mundo sin leer, se dará a la tarea de reunir aquí citas sobre este arte/placer siempre inacabado (por fortuna), no sin antes mencionar que cuando asistía a la escuela recuerda haber tenido en sus manos un libro que se llamaba justo así: El galano arte de leer. Y aunque en su momento el título le pareció ridículo, hoy le despierta nostalgia. Y aunque seguramente tampoco era ésta la portada, la incluye como testimonio de que el susodicho libro en efecto existe, todavía.

En fin, aquí la primera referencia, enviada hoy por un amigo que en un chiste local se hace llamar Juan de Mena, igual que el poeta cortesano del siglo XV:

“Raras veces leo en playas o jardines. No se puede leer con dos luces al mismo tiempo, la luz del día y la del libro. Hay que leer con luz eléctrica, la habitación en sombras, sólo la página iluminada.”

Marguerite Duras citada por Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Almadía