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Lo ligero es increíblemente pesado: Lipovetsky

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Vieran el gusto que me dio platicar de nuevo con él.
Vivimos la era de la ingravidez, de teléfonos celulares de pocos gramos y laptops delgadísimas, donde el entretenimiento habita lugares intangibles que se llaman Facebook, Netflix y Spotify, mientras nuestra memoria se aloja en una Nube que nunca se manifiesta en lluvia. Sin embargo, la ligereza se ha convertido en el paradigma más pesado, más esclavizante, que se expresa a través de nuevas necesidades creadas, la programación de la obsolescencia y la imposición de infinidad de obligaciones sociales, que elegimos por voluntad.

Hace unas semanas se transmitió por TV UNAM la entrevista que le hice en agosto al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky sobre estos temas, a propósito de la publicación de su nuevo libro De la ligereza (Editorial Anagrama).

Les agradecería que le echaran ojo y me dijeran qué les parece, tanto lo positivo como lo negativo. Gracias de antemano.

Da click aquí para ir a la entrevista.

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Lipovetsky estuvo relajado y me hizo sentir ídem. Eso sí, en la foto no se ve el aironazo que hacía en la terraza del Hotel Condesa D.F.

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Sí, acabé feliz.

Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.
Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.

De camino a entrevistar a Caparrós

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En dos horas voy a estar sentada frente a Martín Caparrós, autor argentino que desde hace tiempo me ha seducido con el ángulo humano y honesto de sus crónicas. Platicaré con él sobre El hambre, su libro más reciente, un demoledor volumen que permite asomarse a las historias y complejidades de ese fenómeno mundial que provoca que cada cinco segundos muera en el planeta un chico… con un hueco literal en el estómago.

Mientras desayuno me resuenan en la cabeza estas palabras de un niño indio, cuando el autor le preguntó qué es lo que más le gusta comer: “A mí no me gusta comer esto o lo otro; a mí lo que me gusta es comer. Yo soy pobre, no puedo pensar en comer algo en particular. Yo como lo que puedo. Lo que me gusta es poder comer, que mi familia pueda”. No hay manera de que la fruta me sepa bien. Le preguntaré a Caparrós si es normal.