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Tres libros para un luminoso inicio de año

Gracias, gracias desde los hipocondrios por todo el cariño que se me ha dejado venir en abalanzamiento desde ayer. El gusto me va a durar los 364 días restantes. Pero hoy es otro día, de modo que quiero compartir este video de TV UNAM, en el que en dos minutos recomiendo tres libros que no te conviene perderte: hay cuento, ensayo y un clásico imponente.

Echa ojo.

 

 

 

El miedo que me dan los niños

captura-de-pantalla-2017-01-24-a-las-10-46-52“No me dejes sola porque los niños son muy maleducados y corren entre las mesas y gritan como furias desatadas, como animales pequeños, que chillan a una frecuencia de velocidad supersónica que se me mete en la cabeza. No sabes qué miedo me dan. Los que cortan el rabo de las lagartijas y matan gatos y perros“. Marta Sanz, Farándula (Anagrama).

Estoy en contra de la idea rosa que ve a los niños como angelitos dulces, con aroma a fores frescas. Yo misma conocí la crueldad casi sin límites de niñas y niños. Yo misma le arrancaba las patas a los chapulines y luego veía cómo se ahogaban en un frasco de agua.

Anoche soñé algo en ese sentido. Y al despertarme tenía muy presente el sueño, con miedo, y me acordé de haber leído algo al respecto en la novela de Marta Sanz. Fui, lo busqué y ahí estaba el pasaje que transcribo al inicio de esta estrada.

Qué bueno que existe la novela de la escritora española Marta Sanz. Ya puso por escrito lo que yo quería decir.

 

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

Lo ligero es increíblemente pesado: Lipovetsky

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Vieran el gusto que me dio platicar de nuevo con él.
Vivimos la era de la ingravidez, de teléfonos celulares de pocos gramos y laptops delgadísimas, donde el entretenimiento habita lugares intangibles que se llaman Facebook, Netflix y Spotify, mientras nuestra memoria se aloja en una Nube que nunca se manifiesta en lluvia. Sin embargo, la ligereza se ha convertido en el paradigma más pesado, más esclavizante, que se expresa a través de nuevas necesidades creadas, la programación de la obsolescencia y la imposición de infinidad de obligaciones sociales, que elegimos por voluntad.

Hace unas semanas se transmitió por TV UNAM la entrevista que le hice en agosto al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky sobre estos temas, a propósito de la publicación de su nuevo libro De la ligereza (Editorial Anagrama).

Les agradecería que le echaran ojo y me dijeran qué les parece, tanto lo positivo como lo negativo. Gracias de antemano.

Da click aquí para ir a la entrevista.

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Lipovetsky estuvo relajado y me hizo sentir ídem. Eso sí, en la foto no se ve el aironazo que hacía en la terraza del Hotel Condesa D.F.

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Sí, acabé feliz.

Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.
Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.

Obsesión por la textura, la música interna y el perfume de cada palabra

 

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“Sensación de estar frente a la literatura, o mejor, de ver funcionar una maravillosa máquina de hacer literatura. Habla lento, con extraños cortes en el interior de la frase. Absurdamente, yo me sentía tentado a arrimarle las palabras, como si él se detuviera porque no las encontraba. Siempre él traía por fin una palabra distinta a la que yo imaginaba, más bella y más exacta que la mía”. Lo dice un muy joven Ricardo Piglia sobre su encuentro con Borges, en Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama), esos espléndidos cuadernos del alter ego de Piglia.

Claro, la vocación de Borges por la textura, la música y el perfume de cada palabra habrá entintado su manera de hablar, tanto como distingue su obra. Me recuerda aquel cuasimandamiento de Dylan Thomas, “Love the words” y su obsesión, su desquiciamiento por la sonoridad y la multiplicidad de sentidos de las palabras. Da click aquí para ir a la entrada Dylan Thomas: Feroz declaración de amor por las palabras.

Me voy pensando en eso que impresionó al muchacho Piglia: difícilmente se puede crear algo de proporciones como las de Borges o Thomas sin la obsesión por el material con que se crea, como pasará con un escultor que conoce y ama y teme y explora y vibra las posibilidades del mármol.

Daniel Sada: la sobadera de voces en la orgía

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Acabo de terminar este portento de libro. Qué tenebra de tema, la violencia en México, contada con qué jugadera de palabras. El lenguaje del juego, de Daniel Sada (Anagrama) cuenta la historia de la familia Montaño, en el norte de Mágico (trasunto de México). Luego de cruzar de mojado a Estados Unidos exactamente 18 veces, el padre, Valente, ha juntado un dinerito y decide poner una pizzería en su pueblo, misma que atenderán él, su esposa, y sus hijos, Candelario y Martina. Pero los capos del narco acaban de llegar al pueblo y traen con ellos los carrotes, las armas, los muertos. Así, la sangre resultante.

Había leído poemas y cuentos de Sada, escritor mexicano nacido en Mexicali (1953-2011), pero es la primera novela suyo que conozco y qué cosa de libro. El tremendismo del asunto y el rumoreo del estilo. No tiene madre ni, creo, hijos. En la contraportada dice Francisco Goldman sobre él: “Sada es a Rulfo lo que Beckett a Joyce, sólo que al revés. El minimalismo de Beckett era su respuesta al insuperable maximalismo de Joyce. Y el maximalismo de Sada fue la respuesta de éste al insuperable minimalismo de Rulfo”. Híjole, sí.

Transcribo aquí dos fragmentos que muestran lo impresionante de la pluma de Sada: la violencia narrada desde el deslumbre y la sobadera de voces en la orgía del estilo. 

“También cierta vez llegaron a la pizzería cuatro hombres empistolados. Dos de ellos, los más gordos, lucían gafas oscuras y bigote tupido antiguo, en cambio los otros dos no estaban bien rasurados y eran flacos como varillas. Los cuatro traían sombrero y caminaban como pavos reales. Bueno, pues ellos se sentaron y ordenaron pizzas así y asá. […] Luego así nomás sobrevino el levantón repentino de los cuatro. Se estaban yendo y… ¡la cuenta! Valente quiso interponerse, pero delante de la clientela el más gordo de los sombrerudos proclamó con chisguetes de saliva: ¿A poco nos vas a cobrar, hijo de tu puta madre? Y agregó: ¿Qué es lo que quieres?, ¿que te meta dos plomazos? Valente se quedó mudo-atónito. Notoria inmovilidad de estatua. Estatuas también Yolanda y Martina. Estatuas los empleados. Estatuas los clientes. Mundo perplejo, sin aliento. Mundo: escoria”. p. 54

“Pues que se desangrara el tal por cual, que sintiera el efecto de una saña bien diabla, hasta que ya de plano lo creativo acabara en ensombrecimiento, entonces el balazo más adecuado ¡pronto!, ya para despachar a ese cretino. Y los litros de sangre derramada en medio del jardón. El césped embarrado de rojura, cual pinturreo que mana y brilla y arde y los gritos de Íñigo, invariables y nadie todavía que lo callara, hasta que el mero-mero, por enfado, accionó su pistola no sin antes decirle que abriera bien la boca y contra el paladar el fuego tremebundo, despedidor de cuánto: vencedor adecuado, resultón“. p. 173

 

La emoción asociada al acto de leer

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“¿Por qué nos dedicamos a escribir después de todo? Se nos da por ahí, ¿a causa de qué? Bien, porque antes hemos leído. […] La primera lectura, la noción, subrayó, de primera lectura es inolvidable porque es irrepetible y es única, pero su cualidad epifánica no depende del contenido del libro sino de la emoción que ha quedado fijada en el recuerdo  […] no me refiero a la importancia de los libros, me refiero simplemente a la impresión vívida que está ahí, ahora, descolgada sin remitente, sin fecha, en la memoria. El valor de la lectura no depende del libro en sí mismo, sino de las emociones asociadas al acto de leer”, dice el narrador de Los diarios de Emilio Renzi, el libro más reciente de Ricardo Piglia (Anagrama).

La luz inunda la enorme ventana de mi cuarto (¿es verano?). Estoy metida en la cama, acabo de despertar. A gusto, sin ninguna prisa (¿fin de semana?), estiro la mano al buró y tomo el Robinson Crusoe ilustrado que anoche dejé ahí. Robinson y Viernes están conociéndose, no comparten más idioma que las señas. Poco a poco, Robinson le enseña las palabras y Viernes empieza a hablar. Mientras una punzada de hambre me hace ir a la cocina por una manzana (¿cerca de mediodía?), voy imaginándome cómo le enseñaría a mi Viernes las palabras hambre, caminar, mesa. De nuevo en cama, con los rayos del sol en las manos, muerdo la manzana y me hundo de nuevo en la lectura.

Esa estampa de mis ocho o diez años es uno de los instantes más perfectamente felices que recuerdo de mi vida. ¿Cuál es tu recuerdo favorito asociado a la lectura?