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Celebrar el verano con poesía

El bonito arte de (per)versificar: Para un verano palabreado

Se han instalado los calores de la elegantemente llamada canícula, responsable de más de una febrícula. A celebrar, pues, con versos. Con bersos.

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Dios es un caballo sin dientes

El día 20 de este mes, el veracruzano Francisco Hernández cumple 70 años y los celebra con la publicación de Odioso caballo (¿O dios o caballo?), bajo el sello Almadía, diseñado por Alejandro Magallanes. En el libro, Dios es un cuadrúpedo desvencijado que odia a quien lo monta, lo tira de su grupa y le fractura el cráneo, a lo que la voz poética dice: “Nadie lo va a culpar./ Se pensará en su sagrada voluntad, en el destino/ y en mi ingenuidad por querer/ ponerme a merced de criatura tan poderosa […]”. Ay.

 

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Que no se nos olvide

Hace poco se cumplió un año de la muerte de la mexicana Isabel Fraire. Espléndida poeta y traductora al español de Ezra Pound, T. S. Eliot, e. e. cummings y W. H. Auden, su nombre no se menciona mucho en la escena literaria del país, por eso aquí va un poema de su libro Puente colgante (Poesía reunida), publicado en 1997 por la UAM.

 

 

 

“Tu piel, como sábanas de arena y sábanas de agua

en remolino

tu piel, que tiene brillos de mandolina turbia

tu piel, a donde llega mi piel como a su casa

y enciende una lámpara callada

tu piel, que alimenta mis ojos

y me pone mi nombre como un vestido nuevo

tu piel que es un espejo en donde mi piel me reconoce

y mi mano perdida viene desde mi infancia y llega hasta

el momento presente y me saluda

tu piel, en donde al fin

yo estoy conmigo”.

 

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Expendedor de poesía

En la Plaza de la Paz de Praga, República Checa, se estrenó en marzo pasado el primer lector autómata de poesía. Se trata de un tubo con forma de periscopio que reproduce de forma gratuita unos 20 textos en voz de sus autores. Es decir que vas caminando, ves un cilindro con varios nombres de escritores, eliges uno y escuchas su voz recitando unos versos. Me parece una idea inútil y, por lo mismo, muy feliz.

Captura de pantalla 2016-06-13 a las 14.43.31CUATRO

La historia paralela

Se acaba de publicar La otra Ilíada, libro de Ethel Krauze publicado por la editorial española Torremozas. En él aborda, con lucidez, sarcasmo y versos que son música, la historia alterna al poema clásico. En este caso, la heroína es una mujer que lava platos y friega pisos, como en estos versos:

 

“Soy una enferma, lo sé,

pero mi enfermedad no tiene nombre,

me enferma el mundo con su mugre

o la mugre del mundo

o el mugroso mundo donde habito

encerrada en un círculo de odio

y gritos silenciosos indignos de una oda,

sin héroes que ardan en combate,

sin Ilíadas, sin coros […]”.

 

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600 años después, tan frescos

En el siglo XV, tres escritores japoneses se reunieron una tarde de primavera para componer un poema colectivo. En el siglo XXI, Editorial Sexto Piso publica por primera vez en español Sôgi. Shôhaku. Sôchô. Poema a tres voces de Minase. Renga, con versos que parecen recién exprimidos, como estos:

“Mi deseo de verte

como el rocío una y otra vez

muere y vuelve a nacer”.

(Originalmente publicado en la revista Santo y seña de junio).

#MiércolesDePoesía Extrañarte en no más de tres versos

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No se necesita un torrente de palabras para construir un poema. Personalmente prefiero los textos cortos, los que concentran su fuerza en pocos versos, como este haikú de Sôgi que dice justo lo que me pasa hoy:

“Mi deseo de verte

como el rocío una y otra vez

muere y vuelve a nacer”.

Sôgi, Shôkaku y Sôchô, Poema a tres voces de Minase. Renga, Sexto Piso

Buen (y hondo) #MiércolesDePoesía.

 

#CrónicaDesdeJapón A veces, hasta yo puedo creer 

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Bajo la influencia del budismo zen, la literatura japonesa del siglo IX desarrolló una honda observación del espectáculo de la naturaleza y de sus ciclos. Las estaciones incluso fueron vistas como una expresión divina, no en el sentido occidental de la creación de un Dios que se diferencia de su obra, sino como manifestación de una divinidad vital que aparece y desaparece en ciclos de vida y muerte, de verano e invierno, de primavera y otoño. “Y cualquiera que haya visto a un japonés detenerse silencioso durante una hora a ver los cerezos en flor en primavera, o contemplar la luna llena en el cielo de otoño sabe que no se trata de una mera apreciación estética, sino de un acto de adoración” (traducción mía).

Lo leo en Japanese Death Poems. Written By Zen Monks And Haiku Poets on the Verge of Death, compilado por Yoel Hoffmann (Tuttle Publishing), libro que compré en una librería de Tokio, Japón, y que me permite entender un poco más esta cultura. En este viaje, en efecto, tuve la suerte de disfrutar esa luna espectacular de otoño, quedarme callada e incluso sentir que yo también podría creer en ella. Yo, tan poco creyente.

#MiércolesDePoesía Iluminación en tres líneas

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La pasión de Octavio Paz por la cultura japonesa lo llevó a hacer, junto con Eikichi Hayashiya, la primera versión occidental del libro Oku no hosomichiSendas de Oku, publicado en 1957. Se trata del volumen de Matsuo Basho, el poeta más conocido de ese país, el que “todos los japoneses conocen desde la primaria y muchos tienen como libro de cabecera, oráculo manual, fuente de inspiración, guía de viaje, ejemplo de caligrafía y modelo de estilo”, dice Aurelio Asiain en Japón en Octavio Paz (Fondo de Cultura Económica).

El libro es en realidad el diario del viaje de cinco meses que hicieron, en 1689, Basho y un discípulo. Fueron al noreste del país y en el camino se encontraron con colegas, con quienes escribieron cadenas de poemas. El libro, escrito en prosa y salpicado de pequeños poemas, plantea el viaje como medio de creación, a partir de dos ideas:

  1. la poesía no es un género literario, sino una forma de conocimiento y una profesión de fe;
  2. esa fe y ese conocimiento sólo pueden realizarse cabalmente a través de la exploración del mundo y el encuentro con los otros.

Así, los poemas de Basho son cotidianos. Hablan del sol, de la lluvia, de la montaña, de la gente común. Significan mucho diciendo lo mínimo, además de dar total preponderancia tanto a la imagen visual como a la sorpresa. Este #MiércolesDePoesía, mientras estoy a horas de pasearme por Tokio y llenarme los oídos de esa lengua como de lluvia, dejo aquí tres de mis poemas favoritos de Basho, en traducción de Paz:

Este camino

nadie ya lo recorre

salvo el crepúsculo.

**

Caído en el viaje:

mis sueños en el llano

dan vueltas y vueltas.

**

Un viejo estanque:

salta una rana ¡zas!

chapalateo.

 

 

 

 

 

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