Archivo de la etiqueta: Fondo de Cultura Económica

#MiércolesDePoesía Los labios, desnudos como cuerpos

Imagen: Tamara de Lempicka, “Abrazo”  http://www.delempicka.org/artwork/1927-1929.html

Xavier Villaurrutia, escritor mexicano que escondía en su pluma granadas de mano, manchas de sangre y hasta algún cañón de palabras, visita hoy el #MiércolesDePoesía.

Aquí dejo su poema “Nuestro amor”, hondo como un pozo. Describe una relación que es igual a un sueño doloroso y un desvelo, en el que los labios están desnudos como cuerpos, en el que los cuerpos también están juntos como labios desnudos.

Sea.

“Si nuestro amor no fuera,
al tiempo que un secreto,
un tormento, una duda,
una interrogación;

si no fuera una larga
espera interminable,
un vacío en el pecho
donde el corazón llama
como un puño cerrado
a una puerta impasible;

si nuestro amor no fuera
el sueño doloroso
en que vives sin mí,
dentro de mí, una vida
que me llena de espanto;

si no fuera un desvelo,
un grito iluminado
en la noche profunda;

si nuestro amor no fuera
como un hilo tendido
en que vamos los dos
sin red sobre el vacío;

si tus palabras fueran
sólo palabras para
nombrar con ellas cosas
tuyas, no más, y mías;

si no resucitaran,
si no evocaran trágicas
distancias y rencores
traspuestos, olvidados;

si tu mirada fuera
siempre la que un instante
—¡pero un instante eterno!—
es tu más honda entrega;

si tus besos no fueran
sino para mis labios
trémulos y sumisos;

si tu lenta saliva
no fundiera en mi boca
su sabor infinito;

si juntos nuestros labios
desnudos como cuerpos,
y nuestros cuerpos juntos
como labios desnudos
no formaran un cuerpo
y una respiración,
¡no fuera amor el nuestro,
no fuera nuestro amor!”.

Xavier Villaurrutia, “Nuestro amor”, Canto a la primavera y otros poemas, en Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro, Fondo de Cultura Económica, Colección Lecturas Mexicanas 36.

 

Para lo que me sirven las palabras contigo

Hace frío, extraño a mi gente más querida, trato de ponerle letras a la mañana. Como buen augurio, arranco el año leyendo a Xavier Villaurrutia y este pequeño poema suyo, que seguramente había visto en otro momento, ahora es como una piedra que cae con mi nombre. Porque sí, cuando en el amor se está demasiado cerca o demasiado lejos, las palabras salen sobrando.

“Llévame contigo tan lejos

que, en el camino, olvide

las palabras.

 

Llévame contigo tan cerca

que, sin camino, no tenga

palabras”.

-Xavier Villaurrutia, “Lugares [II]”, Reflejos, en Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro, Fondo de Cultura Económica, Colección Lecturas mexicanas 36.

#MiércolesDePoesía Iluminación en tres líneas

Captura de pantalla 2015-10-13 a las 10.50.43

La pasión de Octavio Paz por la cultura japonesa lo llevó a hacer, junto con Eikichi Hayashiya, la primera versión occidental del libro Oku no hosomichiSendas de Oku, publicado en 1957. Se trata del volumen de Matsuo Basho, el poeta más conocido de ese país, el que “todos los japoneses conocen desde la primaria y muchos tienen como libro de cabecera, oráculo manual, fuente de inspiración, guía de viaje, ejemplo de caligrafía y modelo de estilo”, dice Aurelio Asiain en Japón en Octavio Paz (Fondo de Cultura Económica).

El libro es en realidad el diario del viaje de cinco meses que hicieron, en 1689, Basho y un discípulo. Fueron al noreste del país y en el camino se encontraron con colegas, con quienes escribieron cadenas de poemas. El libro, escrito en prosa y salpicado de pequeños poemas, plantea el viaje como medio de creación, a partir de dos ideas:

  1. la poesía no es un género literario, sino una forma de conocimiento y una profesión de fe;
  2. esa fe y ese conocimiento sólo pueden realizarse cabalmente a través de la exploración del mundo y el encuentro con los otros.

Así, los poemas de Basho son cotidianos. Hablan del sol, de la lluvia, de la montaña, de la gente común. Significan mucho diciendo lo mínimo, además de dar total preponderancia tanto a la imagen visual como a la sorpresa. Este #MiércolesDePoesía, mientras estoy a horas de pasearme por Tokio y llenarme los oídos de esa lengua como de lluvia, dejo aquí tres de mis poemas favoritos de Basho, en traducción de Paz:

Este camino

nadie ya lo recorre

salvo el crepúsculo.

**

Caído en el viaje:

mis sueños en el llano

dan vueltas y vueltas.

**

Un viejo estanque:

salta una rana ¡zas!

chapalateo.

 

 

 

 

 

a

Me les voy a Japón

Captura de pantalla 2015-10-13 a las 9.59.53

Estoy emocionada más allá de las palabras. Tras una serie de vuelos e infinidad de horas voy a aterrizar justo en Tokio.  Es un viaje acariciado por largo tiempo, nacido de tener abiertas todas las interrogantes y que hago con la mejor compañera del mundo mundial: mi adolescenta. Japón me atrae porque no lo conozco, no lo intuyo, no me lo imagino.

Como acostumbro antes de ir a un país desconocido, llevo semanas leyendo y empapándome de su cultura, para empezar a viajar antes de poner un pie en el avión. Entre los libros que he revisado está Japón en Octavio Paz, recopilación preparada por Aurelio Asiain y publicada por el Fondo de Cultura Económica. Ahí encuentro este fragmento, perteneciente al ensayo “Tres momentos de la literatura japonesa”: “[Japón] es un universo autosuficiente y cerrado sobre sí mismo. Organismo al que nada le falta, como esas plantas del desierto que secretan sus propios alimentos, el Japón vive de su propia substancia. Pocos pueblos han creado un estilo de vida tan inconfundible […]”.

Más adelante, Paz habla de que en el siglo V se introdujo oficialmente la escritura y que en el VIII la corte imperial se trasladó de Nara a la actual Kioto. Luego viene esta joya: “La corte constituía por sí misma un universo autónomo, en el que predominaban como supremos los valores estéticos y, sobre todo, los literarios […] la verdadera religión era la poesía y, aun, la caligrafía. Los señores se enamoraban de las damas por la elegancia de su escritura tanto como por su ingenio para versificar”.

No me la acabo con la sola idea de visitar ese país.

PD Ustedes, queridos amigos, disculparán mi ausencia de este blog por cerca de dos semanas. Espero poder subir algunas entradas desde allá, pero no puedo jurarlo. Lo que sí aseguro es que me llenaré los ojos y los sentidos de imágenes que luego compartiré desde acá. Arigato.

 

Supongamos que escribo por esto

Captura de pantalla 2015-05-26 a las 5.07.35

Hace unos días presenté de nuevo mi libro de poesía Rabia de vida/ Rabia debida en la librería Rosario Castellanos, en el marco de la Feria del Libro Independiente de la Ciudad de México. Es la tercera presentación oficial del mismo, más varias lecturas, coladas aquí y allá. Esta vez tuve el gusto de compartir la mesa con mi querido amigo Rafael Carballo, quien estaba dando a conocer Fiasco, un libro suyo publicado igualmente por Editorial Resistencia. Supongo que eso nos hace hermanos de editorial (cursilería gremial, podría llamarse). Y nos acompañó también Daniel Saldaña París, magnífico narrador y poeta que presentó ambos libros y fue muy amable en sus comentarios, además de agudo.

Pensaba compartir hoy el breve texto que leí en esa ocasión, pero ahora lo hago con doble gusto porque ayer mi querido Borgeano preguntaba en su espléndido espacio, El blog de arena: “¿por qué escribes?”. Allá respondí brevemente y aquí amplío la respuesta, en lo que podría considerarse una declaración de principios. Y yo también quisiera saber: ¿por qué escribes tú, que pasas por aquí?

PRESENTACIÓN DE FIASCO Y RABIA DE VIDA/ RABIA DEBIDA
LIBRERÍA ROSARIO CASTELLANOS, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO, D. F.
20 DE MAYO DE 2015

Me pregunto por qué escribo y entonces me viene a la memoria esto, del chileno Nicanor Parra:

“¿Que para qué demonios escribo? […]

Supongamos que escribo por envidia”.

Nicanor Parra, “Telegramas III”

Supongamos, sí, que escribí esta Rabia de vida/ Rabia debida por envidia, porque con frecuencia leo versos que me generan la codicia de no haberlos escrito yo y de no poder nunca escribirlos, pero de todas formas borronear intentos;

supongamos que sigo escribiendo porque en este ejercicio llevo años y aún no aprendo, porque aquí reúno poemas desde los años 90 y otros muy recientes, en lo que no sé si me consuela por ver que soy consistente o me preocupa, por poco original;

supongamos que escribo también por acariciar la huella de los muchos viajes interiores que hago, a veces por selvas, playas, montañas y, muchas veces, desiertos;

supongamos que escribo por contar mi historia repetida con el poema, ese amante al que vuelvo: primero se me resiste, escurridizo. Luego lo abrazo, le hablo suave al oído y cuando creo que ya lo seduje a golpe de ternura o al menos lo cansé, en general alza los hombros, me mira altivo y se zafa. Pero sí, es verdad que a veces también lo doblego;

supongamos que escribo porque el erotismo no es sólo un estado del cuerpo, también es un estado de la palabra y ambos me retan;

supongamos que escribo porque escribir se parece a seducir y en los dos hay riesgos, adrenalina, pero cuando logro el objetivo (en un caso, seducir; en otro, hacer un poema que me deje satisfecha), recibo una descarga de endorfinas que justifica todo esfuerzo;

supongamos que escribo porque para plantarme de cara al mundo, nada funciona mejor que la poesía y el placer;

supongamos que escribo porque uno no puede entender lo que no tiene palabras para nombrar, decía Rosa Montero, de manera que estos poemas surgieron buscando decir el placer para entenderlo, inventarlo de nuevo mediante el lenguaje, hacerlo navegar entre palabras y silencios;

supongamos que escribo porque los buenos poemas se sienten con el cuerpo, igual que el deseo;

supongamos que escribo porque, entre sábanas, un cuerpo es varios, habla lenguas desconocidas, se agiganta y tornasola. Por eso el sexo y la poesía dan escalofríos: son un ir a contracorriente del mundo, un asomarse a tierras vírgenes donde crece el misterio.

Por eso Rabia de vida/ Rabia debida acude a ambos, poesía y deseo, placer y verso, para tratar de sacarse lo que le arde por dentro, pero siempre lo dice mejor Nicanor Parra. Por eso mejor leo el poema completo, mientras lo suscribo:  

“¿Que para qué demonios escribo?

Para que me respeten y me quieran

Para cumplir con dios y con el diablo

Para dejar constancia de todo.

Para llorar y reír a la vez

En verdad en verdad

No sé para qué demonios escribo:

Supongamos que escribo por envidia”.

#MiércolesDePoesía Esa rata, el poema

Captura de pantalla 2015-05-20 a las 7.07.25

Un día es apenas poco para leer y compartir versos, pero cómo aligera la semana: a ella, siempre tan compuesta, se le levanta el vestido y le corre viento por entre las piernas del #MiércolesDePoesía. Esta vez la frescura la aporta un texto de Fayad Jamís (1930-1988), nacido en México, de origen libánés pero considerado poeta cubano porque casi toda su vida transcurrió en la isla. Este poema, sobre el proceso creativo, me encanta por visual y certero.

PD Por cierto: hoy, a las 7 de la noche presento de nuevo mi libro de poesía, Rabia de vida / Rabia debida. Será en la librería Rosario Castellanos de la colonia Condesa, en la Ciudad de México, en el marco de la Feria del Libro Independiente. Todos están más que invitados.

Problemas del oficio

sotto il velame degli versi strani!
Dante

“Mientras te quitas los zapatos piensas en la poesía,

sabes que alguna vez escribirás algo parecido a un gran poema,

pero sabes que de nada sirve acumular materias primas

para cuando llegue la ocasión. Puedes ponerte de pie y gritarle

a tu propio fantasma que es hora de poner manos a la obra.

Puedes comerte tu cuchara con lágrimas, escoger un recuerdo,

saltar como un sabio al descubrir las posibilidades de lo imposible.

Pero nada habrás conseguido: el poema te mira con ojos de sapo,

huye como una rata entre desperdicios y papeles, florece

en el patio de tu casa, está en el fondo de una olla y no lo ves,

lo ves y lo conoces y lo tocas, es el pan de tu noche, pero aún

no lo atrapas,  y si logras cogerlo por el cuello acaso se te rompe,

se estrella en tus narices, y es lo cierto que no sabes amasar

esa sustancia informe y diferente. […]”.

Fayad Jamís, “Problemas del oficio”, en Poesía cubana del siglo XX (Fondo de Cultura Económica)

El riesgo de escribir un poema (y hacerlo bien)

Captura de pantalla 2015-04-22 a las 6.45.29

El lunes pasado participé en el Maratón de poesía en voz alta “Palabra de lector”. Organizado por mi incansable amigo José Luis Enciso, director de Actividades culturales del Fondo de Cultura Económica, el evento fue en la librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México, como parte de las celebraciones por el Día Internacional del Libro (jueves 23). El formato fue innovador: siete poetas invitados leímos textos propios, pero también de autores favoritos. En mi caso, intercalados con versos de mi Rabia de vida compartí poemas de Idea Vilariño, Óscar Hahn y Fabio Morábito. Los asistentes al evento participaban de igual forma: leyendo textos propios o ajenos. Qué genial manera de celebrar la poesía: en voz alta, colectivamente.

Ahí conocí el trabajo de Christian Peña, joven autor capitalino que ha ganado muchos reconocimientos, entre ellos el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014 por el libro Me llamo Hokusai (FCE/ Instituto Cultural de Aguascalientes/ INBA/ Conaculta). Hoy, #MiércolesDePoesía, comparto un breve fragmento de ese libro que deslumbra por su experimentación formal y su exploración de los límites de lo poético. Da gusto el riesgo que corre y da más gusto que le salga bien. Hecho de cinco textos largos en los que se intercala prosa poética, verso, recuerdos narrados y hasta citas de otros autores, el libro es un juego afortunado con el lenguaje desde el título de cada texto. Este pasaje es parte del poema “El monte Fuji Rojo es un volcán que hace erupción en las pesadillas de un director de cine japonés y también el presagio del accidente nuclear de Fukushima en el 2011 y el mismo que despierta en las fibras de mi pulmón izquierdo y al que los médicos insisten en llamarle cordialmente adenocarcinoma”. Aquí va:

“[…] Todos los médicos son traductores: el Doctor habla, interpreta las pruebas, las palabras que son signos imposibles; en realidad, él es el verdadero crítico del texto: ‘Crees saber de qué hablo porque escuchas lo que digo, sin embargo, desconoces mi lenguaje. Mi lengua no es mi palabra. Mi lengua es lo que oculto, lo que me callo: la fecha de tu muerte, las probabilidades de vida que te quedan. Hablar así no es cosa fácil, se necesitan años de práctica y aún más años de estudios, de especializarse en decir algo sin decirlo. Si digo ‘6’, quiero decir ‘nada’; si digo ‘probablemente’, quiero decir ‘estás frito’. Lo único que te resta interpretar es el silencio. Un volcán está haciendo erupción a miles de kilómetros de este consultorio, ¿lo escuchas?’ […]”.

Salud por la voz poética de Christian Peña.

Captura de pantalla 2015-04-22 a las 7.21.01