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¿Sentir un poema con el cuerpo? Sí (qué rico)

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Que alguien le dedique un buen texto a las nalgas es de aplaudirse. Ricardo Castillo, autor mexicano, tuvo la idea de decir: “[…] las nalgas de una mujer/ son incomparablemente mejores que las de un hombre,/ tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;/ son más importantes que el sol y Dios juntos […]”. Bueno, pues Castillo será el gurú del Festival de Poesía Interdisciplinar Del sueño a la Realidad, que arranca hoy en San Luis Potosí. Contará con la participación de 23 poetas nacionales e internacionales, quienes hasta el sábado jugarán y conjugarán poemas con música, video y pintura en una propuesta novedosa y rica. Entre ellos estarán el poetoide o poeta eSLAMero Rojo Córdova, el músicopoeta Pávido Návido y Rosario Loperena, fotógrafa que hace videopoemas.Esto me contó Rocío Cerón, conocida poeta mexicana que dirige este proyecto.
¿Cómo nace este Festival?

Partimos de la idea de que somos seres multiperceptuales, entendemos el mundo a través de los cinco sentidos y traducimos entre ellos. Por ejemplo, cuando vas a un concierto oyes la música pero también la sientes, la conviertes en palabras, sensaciones y hasta colores. En el festival buscamos hacer que la poesía sea una experiencia que percibas a través de los sentidos, no sólo a través de la página escrita.¿Qué actividades incluirá?

Habrá conciertos en los que al mismo tiempo convivirán música, experimentación sonora, improvisación de artes visuales con tinta china más lectura de poesía. Lo que ocurra ahí no volverá a suceder, serán actos únicos. También haremos Clínicas de Imaginación Poética, es decir, talleres en los que la gente podrá jugar con palabras, divertirse con ellas. Y luego se repartirán 120 mil separadores con poemas, para al final cerrar con un concierto de la banda de rock Chamanes.¿Cómo puede seguirlo quien no esté en San Luis Potosí?

Desde la página de Facebook de Más libros, Mejor futuro podrán imprimir gratis los separadores y además habrá detrás de cámaras y streaming de las actividades.

Por cierto, el poema “Las nalgas” termina diciendo que son “un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,/ una bendición de la naturaleza,/ el origen de la poesía y del escándalo”. Me pregunto cómo sonarán esos versos en una mezcla de música, experimentación sonora y visual. Seguro, muy bien.

Esta casa tiene alas

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Jardín surrealista de Edward James. Xilitla, San Luis Potosí, centro de México. Escaleras que van a ningún lado, flores de piedra, verde desaforado donde voltee, serpientes petrificadas, un laberinto de pasillos, ojos y tréboles, el sonido de una cascada que alimenta pozas cristalinas. Éste fue el juego concreto del magnate escocés James (1907-1984), apasionado del arte y dueño de la mayor colección surrealista de su época, mecenas de René Magritte, Salvador Dalí y Leonora Carrington, entre otros.

La selva quiere comerse esta construcción inverosímil, volverla apenas un apoyo para llegar más alto. Según Obed, nuestro guía y “familiar” del chofer y la cocinera de James (“de 63 y 71 años”, subraya para ser más creíble), el propio dueño de esto deseaba que un día la vegetación cubriera la piedra y el cemento, los incorporara a sus dominios. No falta mucho. La abundancia de agua y la exuberancia del paisaje anticipan que pronto esto quedará tapizado de bromelias, helechos, musgo, orquídeas, bambúes y una suma de especies que no dan tregua. Igual los animales: desde que James tuvo un zoológico aquí, venados, tigrillos, loros, serpientes, insectos y cuantomás toman control de cada milímetro.

Estudiante de Letras en Oxford, poeta y editor del bastión surrealista Minotauro, el excéntrico “tío Eduardo” llegó a América huyendo de la Segunda Guerra, y descubrió este pueblo remoto en busca de orquídeas, su pasión. Además de cultivar la naturaleza, la inmortalizó en arquitectura orgánica y en poemas oníricos con guiños que remiten a Escher, Dalí, Carrington, Piranesi, Varo. A la entrada del lugar, este verso de James: “Mi casa tiene alas/ y, a veces, en la profundidad de la noche,/ canta…”. Éste es su poema alado vuelto piedra, donde el verde se oye.

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Buenos augurios

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Recibo 2014 en este lugar sublime, delirante de verde y agua: la cascada El Salto del Meco, en San Luis Potosí. Para la tarde ya estoy en este otro (abajo): el Sótano de las Huahuas, en el mismo estado, caverna subterránea donde miles de aves se refugian para pasar la noche, en un espectáculo indescriptible. Ahora mismo estoy leyendo La marrana negra de la literatura rosa, de Carlos Velázquez, en el Hotel Posada James, en el bellísimo Xilitla, mientras hija y novio se embeben en sus respectivos libros.
Si el primer día del año anticipa lo que vendrá, el mío será bellísimo, verde, sorprendente, rico, de buenas lecturas y, sobre todo, acompañada de la gente que más quiero y me quiere. Así, venga lo que sea.

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Chispa potosina

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San Luis Potosí, al centro de México, es un estado riquísimo. Además de la naturaleza que a cada paso estalla en el bufido de una cascada, en un paisaje
demasiado verde, en un agua tan transparente que no lo creería si no la viera, los potosinos son fascinantes y ocurrentes. Aquí tres personajes que se me quedaron prendados en este fin de año:

1. En un punto perdido de la selva donde vamos a la Cascada Tamul, César nos cruza el río en su lancha y es nuestro guía. Despintada y haciendo agua, la pobre
embarcación de madera lleva pintado el nombre: “La limosina”. Me pregunto si él alguna vez vio una.

2. En otro punto igualmente remoto y perdido de todo beneficio estatal, una chiquita se ofrece a ser nuestra guía para llegar a la cascada Puente de Dios. Tiene siete años y se llama Gumersinda pero prefiere responder a “Gume”. Es despierta, simpática, presume de subir y bajar los 200 escalones a la cascada unas nueve veces al día. Odia las fotos pero adora a su hermanito, de cuatro: con toda frescura cuenta que eran cinco hermanos pero dos se murieron. ¿Y qué hace con el dinero que gana como guía? “Compro mis lonches en la escuela”.

3. A Santos, una anciana desdentada con la misma edad que la tierra y que arrea
ovejas en el campo, estos hijos de la ciudad le pedimos nos explique cuál es la diferencia entre una oveja y un borrego. Con dientes en nones dice: “Ah, muy fácil: una chiva es una chiva y un borrego… pos es un borrego”. Más claro, ni el agua.

Reflexión bajo el agua

BUCEO 2013 072 Laguna Media Luna. Río Verde, San Luis Potosí. 1 pm. Primera experiencia de buceo. Tras una hora de clase y práctica nos sumergimos. Contra lo esperado, no siento ansiedad ni temor. Al contrario, el paisaje quita el aliento (esto último es una metáfora, por Fortuna). Volteo hacia arriba y veo el agua unos cinco metros por encima. Mucho más abajo, mi hija es una sirena que se olvidó del mundo. Más allá, mi pareja me hace señal de “Ok”. Adelante, el instructor va tomando fotos de todo y todos. Aquí, donde el mundo es transparente, ligero y azul, fluyo como si me fuera lo más natural del mundo. Me convendría quedarme a vivir por estos lares.

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Mi regalo envuelto en moño

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Río Verde, San Luis Potosí. De viaje con mis dos amores, mi hija y quien más me quiere, disfruto hasta lo indecible compartir días con ellos y llenarme los ojos de México entretanto. Ella y él contentos, yo fascinada, estamos hospedados en estas cabañas-rancho-invernadero (en medio de la nada) que son una aventura. Mañana iremos a bucear a una laguna cercana, en el primer paso de lo que mi hija describió puntual como un viaje “familiar”. Ahora mismo, con frío y un coro de grillos al fondo, los tres nos perdemos en lecturas. No puedo amarlos más ni agradecer más el instante. Éste es el mejor regalo que Santa Claus pudo concebir