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Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

#FILGuadalajara De poesía, seductores y otras banalidades

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Reporte desde el frente: las musas semidifusas se pusieron de nuestro lado anoche y la doble presentación de los libros Fiasco, de Rafael Carballo, y mi Rabia de vida/ Rabia debida fue todo lo buena que hubiéramos querido. Con Alma Delia Murillo, escritora que es todo lo inteligente y brillante que quiere (y es bien conocida su voracidad), hicimos una lectura a tres voces, platicamos de por qué la banalidad urgente de escribir poesía, hablamos de influencias, nos reconocimos lectores pero, sobre todo, firmamos una suerte de declaración de principios: hacer poesía es relevante y es una total necedad, ambas cosas al mismo tiempo más que nunca, con todo provecho. Cómo no voy a adorar a esos dos irresponsables-amantes-de-la-poesía con los que compartí la mesa y con quienes me unen tantos hilos vitalesAdemás, ante la mirada atenta de Josefina Larragoiti, directora de Editorial Resistencia, tuvimos un público sospechosamente interesado en escucharnos. Y al final hasta se vendieron libros, mismos que firmamos. Gracias a quienes nos acompañaron y gracias también a quienes mandaron buenas vibras. Aquí abajo pongo algunas fotos del evento, por el puro morbo.

En otro registro, para celebrar este #MiércolesDePoesía aquí va un poema de Tanya Huntingon, escritora estadounidense que vive en México hace tiempo, dedicado a esos seductores banales que huelen a ajo. Pertenece a la preciosidad de libro A Dozen Sonnets For Different Lovers, publicado por Ediciones Acapulco y con ilustraciones de Alejandro Magallanes (¿hay otro?). Me encanta el humor de los poemas cabroncitos, el concepto del libro y su ricura de diseño. Aunque la traducción de Hernán Bravo Varela no me enloquece, igual la incluyo abajo.

Con más alcohol encima del que la gente decente se permite, fruto de una monumental noche de fiesta y baile de Editorial Almadía, ya salgo corriendo a más actividades dentro de la FIL. Buen #MiércolesDePoesía.

for the Seducer

“We’re single. So what’s wrong with having flings?”
You asked. I hesitated, glanced around
the table… first I saw the Garlic King,
sans crown, of course, who nodded, looking down
and in a drunken stupor sighed and moaned;
“It must be you!” Beside him sat a man
who owns a restaurant for dogs. He groaned:
“So beautiful. Cute Lips, I am your fan”.
They were surreal. Grotesque antagonists
who’d managed to escape their comic book.
I wondered how to leap from there to tryst.
I wondered if desire was all it took.

You kissed me gently. That was how I fell,
“All right, then. Let’s go back to your hotel”.

para el Seductor

“Somos solteros. ¿Qué hay de malo en ser amantes?”
Preguntaste. Dudé, mientras miraba en torno
de la mesa… Al primero que vi fue al “Rey del Ajo”,
sin corona; asintió y agachó la mirada;
y en un sopor etílico suspiraba y gemía:
“¡Yo quiero que seas tú!” Se sentó al lado un hombre
que tenía un restaurante para perros. “Hermosa
—me gruñó—. Soy tu fan, mamacita”: Qué irreales
los dos. Antagonistas grotescos que lograron
huir de entre las páginas de un cómic. No sabía
cómo pasar de ahí a una cita amorosa,
ni si el deseo era lo único que hacía falta.

Me diste un beso tierno. Caí a tu pies, rendida.
“De acuerdo. Si tú quieres, volvamos a tu hotel”.

 

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