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Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

Decir “fuego” en bonito

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Busco información para un libro en el que estoy trabajando y doy con una serie de expresiones o figuras poéticas del náhuatl clásico, en las que se concentra la posibilidad metafórica de esa lengua: para decir lo que nosotros nombramos con una palabra, los aztecas usaban una imagen.

La que sigue me fascina. Ofrezco tanto el original (por desgracia no tengo idea de la pronunciación), como una traducción al español. Pero lo más importante no es la traducción, sino el significado, casi una adivinanza: de esta forma llamaban al fuego. Ahí queda, como un instante de belleza para el día.

“Ayauhtli itzon, poctli itzon”.

Su cabellera es la niebla, su cabellera es el humo.

(Carlos Montemayor (coord.), Diccionario de náhuatl en el español de México, UNAM, p. 354).

 

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 1/1)

De todo lo que leí en este año, algunos pasajes me llevaron a hacer una pausa, a levantar la vista. No eran para leerse de corrido. Básicamente, pintaban el mundo de matices y acentos que no conocía. Y me mostraban distinta en el espejo. A partir de ellos armé un par de entradas, que subiré en estos días.

Si leíste los libros que menciono, quizá coincides conmigo en el gusto por estos fragmentos. Si no, los bocados que incluyo pretenden provocarte algo. No todos son novedades, también hay libros viejos y reediciones: novela, cuento, verso y hasta autobiografía. El hilo que los une es que en todos la forma es prioritaria, independientemente del tema que aborden. Es más, el asunto pasa a segundo plano ante la intención de domar el lenguaje. Y otro punto en común: me dejaron colores nuevos por dentro.

Son mi regalo de Navidad hecho de las palabras de otros, que son las que mejor me dicen. Gracias, lector de Palabrasaflordepiel, por estar, por darle sentido a este blog y a los ejercicios que de él derivan. Salud.

  1. Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, traducción de Fabio Morábito, UNAM, 2008

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-29Sin hacer gran esfuerzo ni gastar la energía (así parece), la poeta italiana compone versos de una contundencia brutal. De los que se vuelven parte del paisaje, como si nada.

“Como a muchos de mis calcetines
al corazón no lo sujeta ya el elástico,
se afloja y me descubre y tengo frío”. p. 75

 

Encuentra otros versos de Cavalli si das click aquí.

2. Daniel Sada, El lenguaje del juego, Anagrama, 2012

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-37En Mágico (México) crecen las amenazas como si fueran humedad, sin freno, voraces. Y el estilo particularísimo del autor de Mexicali hace que, en esta novela, el idioma también cuestione las certidumbres.

“[…] Y este dato infeliz: a Simón y a Emeterio, que se vinieron rápido del lugar en mención para ayudar a… bueno, hay que ver lo siguiente como si viéramos una película de esas de mucha acción y mucho ruido: aquel disparadero en San Gregorio: comodidad sentada, pero la acción en sí: bien alocada, hasta que se frenó lo cruento porque tanto Simón como Emeterio de pronto fueron muertos chorreadores: la sangre: nacimiento que brotaba: lo rojo a hilo yéndose hasta el piso de la maravillosa BMW”. p. 84

En una entrada del blog en el mes de marzo incluí este otro fragmento de la novela de Sada.

3. Óscar Hahn, “Consejo de ancianos”, en No hay amor como esta herida, Tajamar Editores, 2011

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-50La pluma del escritor chileno no se cansa de entregar líneas impecables, como este poema:

“Cuídate Adán cuando salgas al mundo
en busca de la costilla perdida

Podrías encontrarla de pronto
podría no caber en tu pecho

Y podría atravesarte el corazón
como un cuchillo de hueso”. p. 53

El amante como una camisa sucia, imagen cortesía de este otro poema de Hahn.

4. D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, traducción de Andrés Barba y Carmen Cáceres, Sexto Piso, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-11-16La dama enamorada del guardabosques que es su empleado. El escándalo. Pero también la afirmación del placer como único asidero real. En esta novela británica de principios del siglo XX reeditada con preciosas ilustraciones, Lawrence celebra el cuerpo masculino como muy pocos escritores(as) hayan logrado hacerlo en toda la historia de la literatura.

“[…Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso“. pp. 235, 280

Estas otras líneas de la novela de Lawrence son altamente utilizables. Explican el mundo en caso de emergencia de enamoramiento.

5. Tanya Huntington, “Para el caso perdido” (“For the Basket Case”), Docena de sonetos para amantes distintos (A dozen sonnets for different lovers), traducción de Hernán Bravo Varela, Ediciones Acapulco, 2015

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-09-49La forma clásica y la temática que sabe hacer poesía desde el hoy dan forma a estos sonetos de la escritora estadounidense que tiene plena carta de naturalización en las letras mexicanas. Tanto los originales en inglés como su traducción al español son una gozadera de ironía.

“Antes de suicidarte por mi culpa, te pido
que tomes esto en cuenta: no habré de arrepentirme,
rasgar mis vestiduras en tu tumba, llorar
o arrogarme ante todos los que conozco: ‘Soy
la fuente de aquel sordo chillido de agonía’.
Habré de rechazar tu sacrificio entero;
de dejarte plantado en el altar, indigno
de mi estima divina, cueste lo que me cueste.
Toma estos versos. Léelos. O decídete entonces
a escribir una nota final que habrá quedado
en prenda de angustioso amor o herido orgullo
y dejarla a alguien más para que pueda hallarla.
No negaré que tienes todo el derecho de irte.
No negarás que tengo el mío a no dolerme”. p. 22

Cuando recién acababa de descubrir el libro de Tanya subí esta entrada al blog. Incluye el soneto al seductor.

6. Javier Cercas, La velocidad de la luz, DeBolsillo, 2013

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-10-11Un escritor alcanza inesperadamente la fama, el dinero, la celebridad. Y se mete en la licuadora de entrevistas y viajes, así que deja la escritura de lado. Ya para qué. Es espléndida la reflexión del autor español en torno al oficio.


“[…] Quizá dejé de escribir porque estaba demasiado vivo para escribir, demasiado deseoso de apurar el éxito hasta el último aliento, y sólo se puede escribir cuando se escribe como si se estuviera muerto y la escritura fuera el único modo de evocar la vida, el cordón último que todavía nos une a ella”.

Algo más sobre la novela de Cercas y los dolores lancinantes, aquí.

7. Laura Restrepo, “Pelo de elefante”, en Pecado, Alfaguara, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-13-12-01En este conjunto de relatos de la novelista colombiana que se asoma a la venganza, al deseo, a las ganas de todo cuño, me gusta en particular el que se llama “Pelo de elefante”. Un joven sicario habla de El Cardo, un lugar a espaldas del Palacio Presidencial, “reino de basuriegos entre gases de inmundicia y detonaciones de arma de fuego”. Incluye esta imagen, tremebunda.
“[…] El Cardo es un moridero. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. p. 212

El escorpión hembra del que también habla Restrepo en su novela me llevó a escribir esta entrada.

Cómo mira quien está muerto, según Villaurrutia

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“Ahora estoy muerto. Descanso. Escucho. En torno mío el silencio es tan puro que un suspiro lo empañaría. Los recuerdos se me ofrecen detenidos, en relieve, con sus colores de entonces. Yo sigo, inmóvil, el juego de vistas estereoscópicas. Cada minuto se detiene y cae para dejar lugar a otro más próximo. No es difícil morir. Yo había muerto ya, en vida, algunas veces. Todo estriba en no hacer un solo movimiento, en no decir una sola palabra, en fijar los ojos en un punto, cerca, lejos. Sobre todo, en no distraerse en mil cosas.

[…] Morir es estar incomunicado felizmente de las personas y las cosas, y mirarlas como la lente de la cámara debe mirar, con exactitud y frialdad. Morir no es otra cosa que convertirse en un ojo perfecto que mira sin emocionarse”. (p. 26)

Estoy leyendo Dama de corazones, la única novela de Xavier Villaurrutia, en edición de la UNAM. En la introducción, Pedro Ángel Palou señala que el autor comenzó a escribirla en 1925, cuando tenía 22 años. En ese momento Reflejos, su primer libro, estaba prácticamente terminado, con lo que Dama de corazones se convirtió en el gozne creativo entre él y Nostalgia de la muerte, ya de madurez creativa.

En la novela, que según Palou el propio escritor habría visto como un “ejercicio”, explora el lenguaje, el tono y los recursos que luego va a desplegar de forma portentosa en su obra. No son mayormente interesantes los hechos que narra: Julio va a visitar a sus primas y su tía, a quienes hace tiempo no ve; a los pocos días, tras la muerte de su tía, regresa a casa. El deleite está en el estilo, en la prosa impecable con momentos de enorme tensión, humor finísimo e imágenes que anuncian al mejor Villaurrutia, como ésta con la que abro la entrada, además de las reflexiones sobre el propio lenguaje.

Qué lujo el mío: dedicar el mediodía de un jueves a empaparme las entretelas con esta delicia.

Da click aquí para ir a la entrada Para lo que me sirven las palabras contigo, también sobre Villaurrutia

 

Esa corriente subterránea de palabras

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Busco algo en mi biblioteca y me encuentro con otro libro. Lo abro en una de las esquinas dobladas. Casi diría que me emociono, anticipando. Leo:

“RUBÉN

Traga Rubén no brinques Rubén sóplate Rubén no te orines en la cama Rubén no toques Rubén no llores Rubén estáte quieto Rubén no saltes en la cama Rubén no saques la cabeza por la ventanilla Rubén no rompas el vaso Rubén, Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén no pintes las paredes Rubén di los buenos días Rubén deja el yoyo Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén amárrate la trenza del zapato Rubén haz las tareas Rubén no rompas los juguetes Rubén reza Rubén no te metas el dedo en la nariz Rubén no juegues con la comida no te pases la vida jugando la vida Rubén.

Estudia Rubén no te jubiles Rubén no fumes Rubén no salgas con tus amigos Rubén no te pelees con tus amigos Rubén, Rubén no te montes en la parrilla de las motos Rubén estudia la química Rubén no trasnoches Rubén no corras Rubén no ensucies tantas camisetas Rubén saluda a la comadre Paulina Rubén no andes en patota Rubén no hables tanto, estudia la matemática Rubén no te metas con la muchacha del servicio […]”. –Luis Britto García, “Rubén”, Rajapalabra, UNAM, 1993

Con el texto, sugerentísimo, regresa el recuerdo de la lectura: eran los años 90, yo tomaba clase con Eduardo Casar en la Facultad de Filosofía y Letras. Casar, quien desde entonces se me volvió amigo indispensable, nos dejó leer ese libro. Lo compré y en una hora ahorcada entre clases me fui a las islas de CU. En pasto seco, una pareja ávida a pocos pasos y un grupo ruidoso más lejos, empecé a leer. Me fascinó cómo Britto García jugaba, se divertía armando relatos breves con verbos, o con adivinanzas, marcas publicitarias, telegramas o rezos. De pronto el mundo se borró, los amantes y los desmadrosos dejaron de importar y sólo tuve cabeza para el malabareo de palabras. Qué maravilla de trabajo inútil. Devoré el libro, lo subrayé, tomé notas, le doblé las esquinas a un montón de páginas. Se convirtió en uno de mis favoritos, lo releí varias veces. Luego, con los años, se me olvidó, perdido entre los muchos libros que cargo de mudanza en  mudanza. Creo que no había vuelto a él desde entonces y creo también que no había vuelto a oír el nombre del autor.

Ahora que lo retomo, me doy cuenta de que hace poco escribí un poema con una forma similar a la de este cuento, a partir de imperativos. La propuesta de Britto García me anduvo por dentro unos 20 años y un día afloró. Es increíble cómo los libros me crean corrientes subterráneas bajo la piel, aunque no me entere.

#MiércolesDePoesía Tú, jodido muñeco de hule

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Luego de un día estremecido y remecido de apapachos varios es de nuevo #MiércolesDePoesía. Dejo esto de la italiana Patrizia Cavalli, descubrimiento reciente para mí y al que no dejo de volver por su manera de hacer poemas como si fuera la cosa más fácil del mundo. Éste es delicioso, tejido en torno a una imagen poderosa: la figura del amado ausente como un obstinado muñeco de hule que no pierde su forma, que violentamente emerge siempre. La traducción de Fabio Morábito, espléndida, tiene el tino de elegir ese entrañable “aunque se apachurre” para ofrecer un poema enorme hecho con piedritas del camino.

En el calor babeante y casi hindú

de un julio urbano exagerado

los residuos habitantes se sientan

con cautela largamente en los cafés

buscando ilusos el aire que les falta.

Encerrada en mi casa y sin tareas

yo me atareo en torno de tu cara que impasible

entra en la turba de mis pensamientos

y sale de ellos siempre intacta,

como si fuera un muñeco de hule

que aunque se tuerza y se apachurre,

vuelve siempre a la forma del principio,

el inerte flotador de la mente

que más lo hundes más violentamente emerge.

-Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, Selección, traducción y prólogo de Fabio Morábito, UNAM, 2008.

Mis 25+1 libros de 2015

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Este año debo haber leído unos 65 títulos, sobre todo novela y poesía, además de cuento, diarios, humor gráfico, ensayo, crónica, cartas. El número no es lo importante, sino lo que me pasó con algunos, como dijo Proust (cito de memoria): “Al leer, cada lector se vuelve lector de sí mismo. El libro es el instrumento que le permite ver lo que, sin esas páginas, no hubiera visto de sí mismo”. Hoy caigo redondita en la tentación de compartir esta lista de los 25+1 que más disfruté, los libros que me hicieron el año, que me hicieron en el año. En otros casos me interesó el riesgo formal de su autor, su búsqueda fuera de la zona de confort. Al final, para qué escribir si no se busca ensanchar las fronteras de lo ya dicho.

Aunque no necesariamente fueron publicados en 2015, sí pasaron en estos 12 meses al anaquel de mis afectos cercanos.

CUENTO

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.36.241. Cavernas, de Luis Jorge Boone (Era). Lo leí por recomendación insistente de mi querido escritor Carlos Velázquez, así que de entrada ya sabía que me iba a topar con algo bueno. Y sí, es harto disfrutable la densidad narrativa de Boone, los inquietantes paisajes internos y externos que levanta con palabras echando mano de su vocación de (también) poeta, en los que vi reflejadas paranoias, alucinaciones. En especial tuve que detenerme varias veces para saborear “El jardín interior” y “Soñé que ayer era la bruma”.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.37.562. Cuentos. Varia invención. Tomo I. Obras completas, de Francisco Tario. Edición y prólogo de Alejandro Toledo (FCE). Regalo de mi amigo José Luis Enciso, este libro del autor mexicano es de mis más grandes hallazgos literarios no sólo del año, sino de la década. Es un maldito loco. Un fantasma que hace guiños a Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Max Aub y hasta Kafka y Borges, sin palidecer. Un master de las esdrújulas. Un demente del lenguaje preciso, puntual y rico (de riqueza y de suculencia).

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.40.233. Los atacantes, de Alberto Chimal (Páginas de espuma). En siete cuentos, el narrador mexicano ofrece un paseo por el frío de miedo que entra a través de la pantalla de la computadora o el celular, que pinta cada paso. Y los relatos también tienen humor. Negro, pero humor al fin. Me gusta la pluma de Chimal y sus no-ganas de quedarse quieto.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.45.514. Sam’s Confession, de Dania Castañón Santibáñez (Uranito). Una chica se planta ante los compañeros de escuela de su hermana para hablar con voz fuerte de palabras incómodas, como congruencia y aceptación. No sólo es un texto vibrante y bien escrito, hecho de emociones acendradas, sino que es el primer libro de mi adolescenta. Francamente, no me la acabo.

 

 

NOVELA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.44.095. Cómo se hace una chica, de Caitlin Moran (Anagrama). Una adolescente inglesa aprende a construirse, ácida y lúdica, riéndose de sí misma y de los otros, con la valentía y la inconsciencia que dan los pocos años. Encuentra así la mejor defensa ante la realidad jodida. Moran escribe espléndidamente bien y logra eso que no es fácil: hacer reír desde la complicidad.

 

 

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6. El complot mongol, de Rafael Bernal (Joaquín Mortiz). Desde hace años tenía la deuda de leer este clásico de la novela negra mexicana, aparecida en 1969 y de extraordinario humor negro. Ahora no puedo ver igual la calle de Dolores, mientras el personaje de Filiberto García va conmigo a todas partes murmurando “¡Pinche tráfico!”, “¡Pinche gente!”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.46.047. El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt (Anagrama). Recibido como regalo de mi entrañable Alma Delia, este libro de la autora norteamericana es una lupa de aumento aplicada sobre el arte, el amor, la diferencia de sexos, los celos, la familia, todo al mismo tiempo y sí, algo deformada. Una artista plástica, viuda de un magnate del arte, busca proyectar su obra. Como a nadie le interesa lo que haga una sesentona ella pacta con tres artistas jóvenes, Alter Egos que dan a conocer su trabajo. A ratos es de veras demoledora.

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.49.378. El pudor del pornógrafo, de Alan Pauls (Anagrama). Ésta, la primera novela del escritor argentino, cuenta una pasión amorosa que se deja ir en el desgarramiento (perdón por la redundancia). En segundo plano aborda la impotencia de quien escribe, quien quiere explicarse la vida con palabras y las encuentra pálidas, quien al volcarse en esa obsesión termina por desintegrarlo todo.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.52.469. Las noches habitadas, de Alma Delia Murillo (Planeta). Cuatro mujeres se hurgan las entrañas en esas horas en las que la luna todavía no se separa del amanecer. Rotas pero enteras, demenciales y tremendamente cotidianas se van haciendo en el camino, van descubriendo que la vida se arma a paso lento, con cadencia de prueba-error. Desde entonces me las he ido encontrando en muchos lugares y a veces en el espejo, siempre voraces, peligrosas fantásticas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.28.0910. Lo que dijo Harriet, de Beryl Bainbridge (Impedimenta). Dos adolescentes se reencuentran en el verano de una localidad costera inglesa. En la exacta frontera inocencia-perversión se entretienen tratando de seducir al Zar, un hombre casado e inmoral que no imagina el poder destructivo de las niñas. Disfruté tanto la prosa tensa de Bainbridge, que al terminar el libro tuve que empezarlo de nuevo. Me mata su manera de dominar el lenguaje.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.55.0711. Pregúntale al polvo, de John Fante (Anagrama). El autor, quien fue para Bukowski “como un dios”, expone la historia de un aspirante a escritor que se regodea entre el deseo de grandeza, la violencia y el amor que incendia. Publicado en 1939, este libro llegó a mí como regalo de Roberto Jauregui, mi cómplice necesario. Es lo primero que conozco de Fante y ya me he dicho varias veces: ¿cómo podía andar por ahí sin haberlo leído?

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.57.2112. The Professor of Desire, de Philip Roth (Vintage Books). A partir de la historia amorosa de David Kapesh, Roth explora los resortes del deseo, contradictorios e inmanejables. ¿Por qué uno quiere estar con X y no con Y? ¿Por qué fantasea con la persona que no es la mejor opción, sino con quien tiene todo en contra? El hedonismo de Roth es “herido, irónico”, dice Kundera, y coincido. Es de lo poco que leí este año en inglés, pero me llenó la cabeza.

 

OTROS GÉNEROS 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.59.1613. Cartas, de Dylan Thomas (Ediciones de La Flor). Leo el libro (en edición inconseguible, por cierto) gracias al préstamo de mi entrañable Jaime. Me alucina la reflexión de Thomas sobre su trabajo poético, la claridad pasmosa con la que a los 20 años ya sabía que quería ser un escritor de los que trabajan en dirección a las palabras, no hacia afuera de ellas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.01.1714. Diarios amorosos, de Anaïs Nin (Siruela). Los cuadernos de Anaïs me acompañaron durante varios meses, no por las casi 800 páginas del libro, sino por la trepidante densidad que a veces obliga a pedir una tregua de sus amores, la soledad urgente, el cuestionamiento vital, la creación. En muchos momentos me dice mejor de lo que puedo hacerlo yo misma.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.02.1915. El interior, de Martín Caparrós (Malpaso Ediciones). Durante ocho meses Caparrós recorrió la provincia argentina para poner en renglones la esencia de su tierra, si la hubiera. En el intento compuso esta road movie literaria que disfruté muchísimo por su combo de crónica, relato, poesía narrada, diálogos y monólogos pero, sobre todo, por su netez y por la indagación de nuevas formas de contar las cosas.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.04.2416. La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos, de Héctor de Mauleón (Cal y Arena). Textos breves de una ciudad, esta ciudad de México, poblada de caras y tiempos que se superponen, como un palimpsesto siempre en marcha. Riquísimo balance entre erudición e historia platicadita, vuelta cercana.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 21.02.0217. Contra los poetas, de Witold Gombrowicz (Tumbona Ediciones). En 1947, el autor polaco residente en Buenos Aires dictó ahí la conferencia titulada “Contra los poetas”. En ella se burlaba de sus colegas solemnes, del lenguaje demasiado profundo, grandioso, elevado. Por supuesto, la provocación sacó ámpulas. Es grandiosa su comparación del poema y el azúcar: en estado puro (“en exceso”) ninguna se soporta.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.07.2618. Solsticio de infarto, de Jorge F. Hernández (Almadía). Compendio de las mejores columnas de Hernández, quien a su vez es de las mejores plumas de México, más una selección de dibujos de sus libretas. Adoro su lucidez e ironía.

 

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.08.4719. Uncle Bill, de BEF (Sexto Piso). Desde su doble trinchera de ilustrador y novelista, el enorme BEF entreteje la estancia de William S. Burroughs en México con su propia obsesión con el personaje. No es un libro de monos, es una novela gráfica ambiciosa que no se conforma. Y eso cómo se agradece.

 

 

POESÍA

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.23.0820. Contratono, de María Gómez Lara (Visor de poesía). La escritora colombiana malabarea el desconcierto diario y la sensación de estar perdida, juega a buscar el Norte y mientras tanto explora maneras de plantarse de nuevo en el mundo a través de la poesía. Es cierto que el libro, ganador del Premio Loewe a la Creación Joven, incluye algunos poemas flojos, pero otros son realmente espléndidos.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.3921. Japanese Death Poems. Written By Zen Monks And Haiku Poets on the Verge of Death, compilado por Yoel Hoffmann (Tuttle Publishing). Esta antología incluye perlas escogidas de esa tradición japonesa milenaria de escribir poemas en el lecho de muerte. Delicadísimos, casi un suspiro, muchos son de una belleza insuperable en su concreción.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.22.3422. La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave (Sexto Piso). Mientras andaba de gira con su grupo The Bad Seeds, el cantante australiano dialogó con el amor que exhala azufre, platicó con sus vampiros más oscuros y escribió de ello en las bolsas para mareo de los aviones. El libro es una suerte de largo poema narrativo armado de impresiones, pesadillas, recuerdos, letras de canciones, estribillos. “En toda historia de amor encontrarás un dragón asesinado”, dice en alguna página. Ay.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.1923. Me llamo Hokusai, de Christian Peña (INBA/Instituto de Cultura de Aguascalientes/Fondo de Cultura Económica). Es un libro multitonal, armado de cinco poemas extensos donde predomina el agua. La voz del poeta se ahoga, flota, jadea, hace como que va a resucitar y luego empieza de nuevo. Ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014, a sus 30 años Peña transpira riesgo. Carajo, qué gusto da.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.26.5924. Nu)n(ca, de Luigi Amara (Sexto Piso). A partir de la foto de una mujer de espaldas, tomada en 1892, el poeta mexicano arma un largo poema detectivesco compuesto por varios textos breves, que se sostienen de manera autónoma. Así va tejiendo pistas de quién pudo ser la modelo, por qué aparece de espaldas, qué esconde el gesto. Bastardo de la poesía, el ensayo y la novela negra, el libro es una especie de largo “pie de foto”.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 20.16.1325. Pizca de sal, de Alejandra Díaz-Ortiz (Trama editorial). La escritora mexicana radicada en España se mueve a caballo entre el poema en prosa y la prosa poética, entre el epigrama y el destello de humor. Así retrata los muchos tonos de la experiencia amorosa. Encontré el libro por casualidad en una librería de Bogotá, lo traje a casa y ya me ha acompañado en varios insomnios.

 

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 19.27.34+1. Yo casi siempre duermo. Antología poética, de Patrizia Cavalli. Selección, traducción y prólogo de Fabio Morábito (UNAM). No sé cómo lo logra, pero la autora italiana pone a convivir las más rutinarias de las palabras con la inestabilidad que raya en el delirio. Sus poemas parten de la pereza que es natural a la poesía: “el poeta omite, recorta, deshidrata y oculta, dejando el lenguaje en su hueso”, dice Morábito en el prólogo. Y sí. La pluma de Cavalli, luminosa tan como sin esfuerzo, ya es de mis favoritas.

#MiércolesDePoesía “Pienso en tu sexo”

Pintura: Sumit Mendhiratta
Pintura: Male Nude, de Sumit Mendhiratta

Loca, ofuscada de mí, hace tiempo no invito a este espacio al peruano César Vallejo, con sus tempranías y sus clarores y sus nonadas y las palabras que parió de su pluma y siguen hoy, mucho tiempo después, como recién nacidas, parpadeantes. Este #MiércolesDePoesía se viste de seda con Vallejo y esto, de su libro Trilce. Porque sí, tu sexo está en sazón.

XIII

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.

Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.
¡Odumodneurtse!

-César Vallejo, “XIII”, Trilce.

Da click aquí para ir a la antología Material de Lectura César Vallejo, publicada por la UNAM.

#MiércolesDePoesía Premio al vicio de disfrutar la lectura

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Por amar los libros y contagiar el gusto de leer, el escritor Eduardo Casar recibe el mayor reconocimiento que otorga la UNAM. Faltaba más.

No puedo estar más orgullosa de que mi geografía emocional esté pintada de azul y oro. Estudié Letras en la UNAM, la que además de regalarme amigos de las entretelas, la poesía de los Contemporáneos,  unas soberbias clases de literatura medieval y mi deslumbramiento ante Madame Bovary, me dio maestros de a de veras. Uno de ellos se llama Eduardo Casar González.

En un salón de la Facultad de Filosofía y Letras, por ahí de 1994 Casar me llevó de la mano a hundirme en Rayuela, de Cortázar, y volver con la piel más sensible. Luego, a asomarme a las teorías del cuento, buscar darle el golpe a “Muerte sin fin” de Gorostiza, hacer amistad con la uruguaya Idea Vilariño. Después se volvió lector de mis poemas, perpetrados en las islas, entre clases. Fue tan irresponsable que me animó a seguir escribiendo y este año pagó las consecuencias: llegó con la amistad por delante a presentar mi libro de poesía Rabia de vida/ Rabia debida. Ese mismo Eduardo Casar, poeta, narrador y doctor en Letras, acaba de ser nombrado merecedor del mayor reconocimiento que la UNAM otorga a universitarios destacados: el Premio Universidad Nacional 2015 en el campo de Creación artística y extensión de la cultura.

Para no dejar sin decir el gusto que me da, subrayo que me emociona muchísimo que mi UNAM reconozca a uno de sus académicos más comprometidos con la docencia (Eduardo sigue dando clases en la FFyL) y también uno de los más necios promotores de lectura gozosa que han pisado este país. Porque Casar contagia su vicio de leer desde el disfrute, desde las tripas, sin mamonerías ni poses, y esa postura vital sin duda va entretejida en este espaldarazo a su trayectoria.

Celebro la noticia sonando todas las campanas al alcance y aprovechando la excusa para compartir este espléndido poema suyo, del libro Habitado por dioses personales. Digo, para seguir en esta cosa bonita del disfrute en este #MiércolesDePoesía.

Instructivar acciones

Perdóname que no

pueda besarte

pero es que vivo adentro

de tu boca.

Trágame,

para que ya circule adentro

de tu sangre.

Si al tragarme

te duele la garganta,

cierra los ojos y trágame:

dentro de ti me gusta

moverme hasta morirme.

Perdóname

nuestros ojos cerrados.

Eduardo Casar, “Instructivar acciones”, Habitado por dioses personales (INBA/Calamus).

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios sitio web de la revista SoHo).

 

“Tu recuerdo me viste”: Freire

Foto: Jaime Ibarra www.ibarraphoto.com
Foto: Jaime Ibarra
http://www.ibarraphoto.com

Octavio Paz dijo de ella: “[su escritura es] un continuo volar de imágenes”. Esta semana murió en México la poeta y traductora Isabel Freire, nacida en 1934. Yo no la había leído pero ante la noticia busqué textos suyos y encontré un Material de lectura publicado por la UNAM (en el enlace no dice el año de publicación). Así que el #MiércolesDePoesía se atuenda con estos versos de Freire, que se escapan por la ventana.

“no te deseo
te veo
tu imagen sigue
ocupando el silencio junto a mí

no tengo otra manera de moverme
que envuelta en tu mirada
tu recuerdo me viste

el aire que ocupaban tus palabras
resuena en mis oídos
como un tropel de ángeles

mis dedos sonámbulos
se tropiezan contigo
en cada objeto”

Da click aquí para ir a más poemas de Isabel Freire

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Versos que sin decir mi nombre hablan de mí

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Algunos lugares cargan las baterías internas. Quizá sea el aire más transparente de lo normal, la luz ligera, el paisaje perfecto, quien uno es ahí, las buenas vibras del ambiente. No sé, pero Tepoztlán es para mí ese sitio. Lo descubrí hace apenas un par de años, cuando atravesaba la etapa de mayor dolor emocional de mi vida adulta. Como por azar (aunque nada es estrictamente azaroso) se me ofreció una pequeña casa de fin de semana, con vista a la montaña de piedra. La renté, sin pensarlo mucho: por varios meses desde ahí me aferré a la seguridad inmutable del cerro del Tepozteco, a la certeza de que todo termina bien. Convertí la casita, sencilla a morir, en mi espacio de soledad, de escribir y leer. Fue la cueva austera donde pude lamerme las heridas para seguir avanzando.

Ahora empiezo una nueva etapa del camino a solas y estoy de nuevo aquí, conectando con quien soy, rodeada de libros, de cuadernos de escritura. Me pesa causar dolor a quien tanto amé. Siento nostalgia. Agradezco mucho lo vivido, lo que di y más todavía lo que recibí, pero sé que los ciclos se terminan, que vale más aceptarlo. Y en un libro comprado ayer en estas calles empedradas encuentro versos de Segovia, que sin decir mi nombre hablan de mí: “Cae la tarde flotando en la tibieza/ Como un gran trapo en unas aguas quietas”. (Tomás Segovia, “Fin de jornada”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre/ UNAM/ Conaculta).

De dónde viene el chocolate

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Cada tanto abro el libro fantástico coordinado por Carlos Montemayor, Diccionario del náhuatl en el español de México (UNAM/ GDF), y me fascino con lo que encuentro. Hoy me hundo en la riquísima historia de la palabra chocolate, dulce al que soy adicta.

Como resultado de la conquista de Tenochtitlán (1521), ésta y otras voces pasaron del náhuatl al español y de éste, al mundo. Aunque hay controversia por su etimología, Montemayor propone que viene de xócotl, fruta, y atl, agua. Con ella se designó la bebida de cacao consumida por los aztecas como remedio para algunas dolencias y, luego, adoptada por los españoles, aunque todo indica que la voz no surgió en la época prehispánica: sus primeros registros son de 1580. Hoy se refiere a la pasta de cacao mezclada con diversos ingredientes para darle distintos sabores, que se come en tabletas, en repostería o disuelta en agua o leche. Vive con casi idéntica grafía en muchas lenguas, éstas entre ellas (Google mediante, espero no estar cometiendo ningún error bestial):

Inglés: chocolate
Francés: chocolat
Italiano: cioccolata
Portugués: chocolate
Euskera: txokolatea
Catalán: xocolata
Alemán: Schokolade
Rumano: ciocolată
Polaco: czekolada
Danés: chokolade
Holandés: chocolade
Turco: çikolata
Sueco: choklad
Bosnio: čokolada
Albanés: çokollatë

Además de vivir en las mesas, también habita en el habla mexicana: muchos refranes aluden a él. Aquí, algunos que yo misma he oído o dicho:

Como agua para chocolate. Estar muy enojado, como el agua que debe estar hirviendo para que, al echar la tablilla de chocolate, ésta se disuelva fácilmente.

Si como lo menea lo bate, ¡qué rico chocolate! Piropo (?) que se aplica a mujeres sensuales, para sugerir sus talentos amatorios.

Una sopa de tu propio chocolate. Se aplica a quienes cometen acciones que antes criticaron.

Me late… ¡chocolate! Expresión con la que una persona dice estar de acuerdo en algo.

Y entre las cientos de referencias artísticas al tema destaco la suculenta novela Como agua para chocolate (Suma de Letras), de Laura Esquivel, luego vuelta película por Alfonso Arau. Ubicada a principios del siglo XX, narra los amores de una pareja, frustrados porque ella es la hija menor de la familia y la costumbre dicta que se quede soltera para cuidar a su madre. La historia se entreteje con el contexto del México revolucionario y enraizadas tradiciones culinarias (por cierto, la bellísima fotografía es de Emmanuel Lubezki, ganador del Oscar este año por Birdman, y en 2014, por Gravity).

En fin, que me encanta atestiguar la riqueza y pervivencia de esa tradición náhuatl en México y en el resto del mundo.

Da click aquí para ver el tráiler original de la película:

Da click aquí para ver la película completa:

Da click aquí para comprar el libro electrónico

 

Las palabras necias de Jaime López

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(da click en el enlace para oír la canción)

“Componer es un ejercicio de elección, de erección. Es literal: yo tendría unos 13 o 14 años, empezaba a estudiar guitarra y de pronto, así nomás, compuse una cancioncita. Fue una sensación sexual tan fuerte que de inmediato me masturbé. Hoy todavía le hago esa prueba de admisión a las canciones: tienen que generarme una emoción sexual, una sorpresa, divertirme…”.

Jaime López es pieza central del rock mexicano, músico y escribidor de canciones, una de las voces más ricas que conozco. En un bar de la colonia Portales platicamos frente a unas cervezas, nos reímos, hablamos de su carrera, de música, de libros (ambos pasamos por la carrera de Letras, en la UNAM). Buen conversador, con un mundo interior cargado de atmósferas, cuenta que a fines de mayo saldrá a la venta su nuevo disco, Palabras necias, el número 13 de su carrera. Lo compuso en torno a refranes, “nada nuevo: ya lo hacía el poeta François Villon en el siglo XV”.

Luego dice que, ya teniendo escritas las 15 canciones, fue a grabarlas a un estudio sólo para poder registrar los derechos. Fue algo sencillo, sin pretensión. “Se oye el rasgueo, la respiración de la guitarra”. Después entraría al estudio a hacer la grabación en forma, producida, pero cuando oyó las canciones en crudo, como el pan que acaba de salir del horno, supo que así quería el disco. Llamó al ingeniero de sonido para pedirle no tocar nada. Divertido, añade: “Y para seguir con la idea del pan, el papel de la portada será de estraza, arrugado. Así hago honor a mis propias arrugas”. Entonces saca de un fólder la letra de las 15 canciones y me las regala, dedicadas. Los títulos sugieren: “Es tan poco el amor” (el sencillo que se puede escuchar en la parte superior de este post), “No hay mal que por bien”, “Los caballeros no tienen memoria”, “A la vejez, viruelas”, “Donde hubo fuego”, “Quien con lobos se junta”.

La noche es perfecta.

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Dos minutos que cambian el día

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Da click aquí para oír la grabación; una vez en la página de Descarga Cultura ve hasta abajo de la página y elige “Bellísima”.

En poco más de 120 segundos, un poeta le da sentido a 24 horas. Aquí el recién premiado Eduardo Lizalde, con su voz de Júpiter tronante, lee los versos de “Bellísima”, ese deleite de poema (es el número 4 del disco). No digo más, por no ponerle basurita a una perla de este tamaño.

El audio pertenece al tesoro invaluable que es la colección Voz Viva de México, de la UNAM, mi alma máter. Juro que me cambie la perspectiva del día.

“Bellísima”

Y si uno de esos ángeles/
me estrechara de pronto sobre su corazón,/
yo sucumbiría ahogado por su existencia/
más poderosa
.//
-Rainer María Rilke

Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa…
yo podría tolerarla.
Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.

Tu nombre exhala yerbabuena

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Saboreo el primero de estos versos del mexicano Francisco Hernández. Cuando empiezo a acostumbrarme a su sabor, paso al siguiente. Despues al otro. Y al otro. Cuando llego a “Lo trituro y respiro yerbabuena”, el lunes ya no es tan lunes.

“Tu nombre se puede morder como manzana./

Huele a mango de Manila y a naranja china./

Me deja la lengua morada igual que el chagalapolin y la escobilla./

Lo trituro y respiro yerbabuena./

Al separarlo estalla una granada./

Crece a la altura de la flor de caña, es la enredadera que sube por la cerca o se extiende a ras de patio, perseguidor de coralillos, sandías y verdolagas./

Si lo agito, escucho el agua que lo llena./

Si se lo doy al loco de la casa, volará a la punta del cerro y lo hará flauta./

Para librarme de la oscuridad lo conservo en un frasco./

Con la luz que despide se ilumina esta página”.

-Francisco Hernández, “Página en tu nombre”, En las pupilas del que regresa. Poesía reunida (UNAM)

Tu piel que trae el amanecer

Foto: David Vance
Foto: David Vance

Hay tantas cosas que ignoro, tantas otras que sé a medias, miles más que moriré sin vislumbrar. Con ésta que conozco me basta por hoy.

“Nada sé de tu piel./

Sólo que está en la noche, transcurriendo.//

Para viajar por ella quiero las palabras/

lentas de la lengua, las enardecidas, las tiernas.//

Nada sé de tu piel./

Sólo que está en la noche, amaneciendo.

-Francisco Hernández, Poesía reunida (UNAM)

Cuando el verso es una aguja

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“Quitar la carne, toda/

hasta que el verso quede/

con la sonora oscuridad del hueso./

Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo/

hasta que se convierta en aguja tan fina,/

que atraviese la lengua sin dolencia/

aunque la sangre obstruya la garganta”.

-Francisco Hernández, Hasta que el verso quede”, Poesía reunida (UNAM)

Anoche me dormí con ese poemita poderoso y hoy lo traigo enredado en las pestañas. Creo que me atravesó los ojos porque lo encuentro en todos lados.

Otra poeta acallada por el poder

Imagen 1En memoria de Alejandra Pizarnik,
que escribió “Presencia de sombra”

“Con ‘la cabeza llena de flores’,/

se fue aquella mujer hacia la muerte,/

yo también quisiera morir así/

y aunque no lo supiese nadie/

de mi oscura cabeza silenciosa/

nacería más tarde/

un ramillete de primavera.//”

Eso deseaba la escritora Alaíde Foppa, quien murió a manos de la tortura, a los 67 años. Hoy, en la tierra mágica de Tepoztlán termino de leer esta antología suya y me estremece su vida signada por la tragedia.

Nacida en 1913, hija de dramaturgo argentino y terrateniente guatemalteca, estudia en varios países europeos; luego llega a Guatemala y se asienta ahí. A raíz de los golpes militares de los años 50 viaja a México. Casada con el exiliado guatemalteco y luchador de izquierda Alfonso Solórzano, reparte sus horas entre ser madre de cinco, escribir poesía, militar en el feminismo, ser maestra en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. A fines de los 70, tres de sus hijos van a Guatemala a luchar contra la represión de Romeo Lucas García: uno es guerrillero, otro periodista de oposición y la tercera, médica rural. En 1980 Juan Pablo, el guerrillero, muere en un combate con el ejército. Luego, Alaíde queda viuda: su esposo es atropellado en la Ciudad de México.

Totalmente involucrada con la lucha clandestina y con la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión (AIMUR), viaja a Guatemala. En el aeropuerto dice a su amiga, Marta Lamas: “Este 1980 ya no nos puede suceder nada malo; ya todo lo que tenía que pasar, pasó”. Se equivoca. El 19 de diciembre, su auto es interceptado por el ejército y Alaíde desaparece. En México se organizan manifestaciones, mítines, protestas en los diarios… para nada. Al poco tiempo es asesinado otro hijo suyo, el periodista. Tiempo después se enteran de que Alaíde fue torturada y asesinada por su participación con la guerilla.

Estudiante yo misma de la Facultad de Filosofía y Letras, conocía de oídas su historia, pero leerla hace temblar. Desde la paz de estas montañas mexicanas me llega el eco de sus versos desgarradores:

“Tenía miedo/

en la infancia/

de que se me durmiera/

el tiempo,/

hoy tengo miedo/

del tiempo despierto”.

Libros, cargados de dinamita

Michel Bricteux
Michel Bricteux

“[…] los libros a veces están más vivos que la gente, pueden estar cargados de dinamita. Algunos de ellos son capaces de generar encuentros tan intensos que pueden mutilar la existencia o inyectar una fortaleza diez veces mayor a todo lo concebido”. –Mircea Eliade citado por José Gordon, El novelista miope y la poeta hindú (UNAM). Sí, me ha pasado que un volumen casi me estalla entre los dedos, suspende el tiempo, redefine el espacio. Supongo que cuando a uno le sucede no tiene opción: se vuelve adicto a la adrenalina libresca.

(La extraordinaria imagen que ilustra esta entrada la tomé del Facebook de Improbables Librairies, Improbables Bibliothèques. El pie de foto señala que el fotógrafo Bricteux captó en ella una instalación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, aunque no especifica la fecha).

Hay de protestas a protestas

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Hasta para mostrar inconformidad conviene ser creativos.

Antes que nada, subrayo que creo en la protesta social y más de una vez he gritado consignas y he marchado por las calles a favor de una causa que me parece importante defender. Sin embargo, para mi gusto, por más válida que sea una bandera, ya no son tiempos de romper cristales, lanzar botellas, bloquear calles o carreteras por días para impedir el paso de quienes no pueden resolver un asunto. Me parece que esa forma da a las autoridades la razón perfecta para condenar forma y fondo de la expresión (y, por tanto, cerrarse al diálogo), además de que suele ganar la animadversión de la población afectada, en vez de su respaldo.

En estos días, en el estado mexicano de Guerrero, maestros han roto cristales, tomado oficinas, destruido computadoras, quemado mobiliario como medida de presión para que atiendan sus reclamos (no entro en el fondo de los mismos, este comentario se concentra en la forma). También llevan días bloqueando la autopista del Sol, importante vía de comunicación. Por otro lado, en el Distrito Federal la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México, mi adorada UNAM, lleva días tomada por alumnos encapuchados que impiden la operación de la institución educativa más grande del país y una de las más importantes del mundo hispano.

En contraste, ayer Greenpeace dio cátedra de originalidad. Burlando las medidas de seguridad del Senado de la República, una mujer se “descolgó” con una arnés y exhibió una pancarta con su reclamo, todo en plena sesión. Al mismo tiempo, otra mujer entró al salón con una pancarta similar. En otro contexto, en días recientes las activistas de Femen se manifestaron desnudas en París y Kiev contra la Yihad y el mundo entero volvió los ojos a su causa.

Por lo que veo en las redes sociales, las expresiones violentas reciben la condena de una enorme parte de la gente, mientras las osadas merecen aplauso, celebración. Creo que tener el apoyo de la población no es de menospreciar. Si a lo largo de décadas el fondo de las protestas es similar (libertad de expresión, justicia, equidad, condena a la represión), me parece que es tiempo de buscar nuevas formas de manifestarlo.

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Tal vez una mañana, andando en un aire de vidrio

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Por cortesía de Eugenio Montale, una poderosa cátedra de dinamita en pocas líneas:

“Tal vez una mañana, andando en un aire de vidrio,
árido, al volverme veré cumplirse el milagro:
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con un terror de borracho.

Luego, como en una pantalla, acamparán de pronto
árboles, casas y cerros para el consabido engaño.
Pero será muy tarde, y me iré silencioso
entre los hombres que no se vuelven, con mi secreto”.

Eugenio Montale. Poesía Moderna 165, Material de Lectura, UNAM (traducción de Guillermo Fernández)

Libros, más vivos que la gente

Para esta mañana de sábado, aquí otra cita explosiva sobre el arte de leer:

“Los libros a veces están más vivos que la gente, ‘pueden estar cargados de dinamita’. Algunos de ellos son capaces de generar encuentros tan intensos que pueden mutilar la existencia o inyectar una fortaleza diez veces mayor a todo lo concebido.” –José Gordon, El novelista miope y la poeta hindú (Difusión Cultural UNAM).