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El verdadero fin de algunos clubes de lectura

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“Y pensar que empezamos como un grupo de lectura”. Cartón: The New Yorker (perdón, no logro descifrar el nombre del autor)

En mi película roban bancos para comprar libros, para publicar clásicos que aún nadie conoce, para abrir librerías de viejo, para poner bibliotecas, para todas esas cosas inútiles que valen tanto la pena. En mi película nadie los atrapa nunca.

Buen #LunesDeHumor.

#LunesDeHumor Remedio contra el ansia celulítica

Cartón: Liam Walsh para The New Yorker
“Evita que mire mi celular cada dos segundos”. Cartón: Liam Walsh para The New Yorker

 

Como soy muy pero muy brillante, descubrí hace tiempo un tesoro escondido: los cartones de The New Yorker. Es una de esas revelaciones que humildemente ofrecí al mundo a través de los #LunesDeHumor de este blog, sin interés de ser reconocida.

Bueno, pues he aquí uno de mis favoritos. Se me ha antojado aplicar el remedio, sin duda. A ver si así. Seguiré informando.

Aquí Liam Wash, el ilustrador y creador del cartón, muestra en muy breve video los bocetos de cómo surgió la idea.

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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