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A golpe de tacón, en recuerdo del Piporro

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“Somos un invento del Piporro”, dice el escritor Carlos Velázquez.* Coincido. Hoy cumpliría 95 años (el Piporro, no Carlos Velázquez).

Se dedicó (en vida, se entiende) a saborearnos a partir de la lengua. Es decir, del idioma. Y a cachondearnos ídem con la inteligencia de quien es un chingón en el asunto.

No nos retrató a todos, nomás a los del norte del país. El asunto es que a partir de él, “México dejó de ser México. Y el Norte se convirtió en la capital mundial del idioma español”, dice Velázquez (lo peor es que tiene razón).

Mientras, bigote en ristre hizo películas delirantes como La nave de los monstruos (de 1959, portento de lo kitsch-avant-lo-kitsch), donde dio a conocer a la vaca Lolobrígida. Y se sacó de la manga rocanroles fusión como “Natalio Reyes Colás” (la historia de Nat King Cole) o “Los ojos de Pancha”. Y le dio al taconazo. Y entendió a quienes se iban pa’l otro lado y les regaló imágenes como “¡taconéyele, taconéyele, raza!”, más preceptos del tipo “vale más que llores de adentro pa’afuera, porque si lloras de afuera pa’adentro, te inundas”. Por eso nos inventó, porque por su culpa el español ya no es igual.

Sigue diciendo (Velázquez, no el Piporro): “[Él] es la prueba irrefutable de que el Norte es una tercera nación. Que no pertenece a México ni a Estados Unidos. Don Lalo asesinó al chicano”.

Fuerte de brazo, ancho de espalda, no vendía voz, sino estilo. Habría que poner su foto en el billete de 500 pesos. A golpe de tacón.

(*Carlos Velázquez, “Apuntes para una nueva teoría de la condición posnorteña”, en Eulalio González Piporro. Homenaje, México: La Caja de Cerillos Ediciones, 2011, libro que debo a mi muy querido Carlos Díaz Barriga).

 

Canción “Natalio Reyes Colás”

Escena de la película La nave de los monstruos

Canción “Chulas fronteras”

 

 

 

 

La codicia que generan unas pantaletas inmensas

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La ley de Herodes es el libro de 11 cuentos que el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia publicó en 1967. Agudo, dotado de humor preciso y nunca gratuito, incluye uno que se titula “What Became of Pampa Hash?”, así, en inglés. Narra la aventura de un hombre obsesionado por las pantaletas de una gringa seductora y superlativa, que está de paso por México. De ahí el título anglo.

La Caja de Cerillos Ediciones y Conaculta acaban de publicar una nueva edición del cuento. De 32 páginas y pasta dura, es un botón del delicioso humor de Ibargüengoitia, quien tiene “el muy serio don de hacernos pensar en medio de una carcajada”, dice Jorge F. Hernández en el prólogo. Pero además está gráficamente intervenido por Alejandro Magallanes, ese loco creativo de muchas manos, que lo mismo dibuja, ilustra, conceptualiza y crea mundos estéticos.

Aquí, un pequeño fragmento del libro, en el que la gordura de la extensa Pampa Hash cobra dimensiones mitológicas: “Sus dimensiones eran otro inconveniente. Por ejemplo, bastaba dejar dos minutos un brazo bajo su cuerpo, para que se entumeciera. La única imagen histórica que podía ilustrar nuestra relación es la de Sigfrido, que cruzó los siete círculos de fuego, llegó hasta Brunilda, no pudo despertarla, la cargó en brazos, comprendió que era demasiado pesada y tuvo que sacarla arrastrando, como un tapete enrollado”.

En serio, el libro es una joya que hay que leer, saborear y acariciar. Y así como el deseo del narrador se dispara por las descomunales panties, también las pantaletas de Magallanes (es decir, las que él dibuja) generan la codicia de tener precisamente esta nueva edición.

 

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).