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#LunesDeHumorNegro Aguas con la venganza de la santa

El martirio de Santa Águeda, por Sebastián del Piombo, 1520. ¿Cómo se cobrará el agravio esta santita?

Leo sobre el humor que se salta las trancas, que se burla de lo que debería ser cosa seria, y de pronto me topo con este magnífico cuento de Alberto Chimal. Se titula “La venganza” y está incluido en su libro Grey (Ediciones Era/ CONACULTA). Qué perfecto para afinar bien el lunes.

Nota: Gente políticamente correcta, abstenerse.

La venganza
por Alberto Chimal

“A santa Govindona se encomendaba la doctora Lorenzana, quien era ciega y tenía mal de Parkinson pero necesitaba (ay, el deber) realizar al menos quince ortodoncias a la semana, a fin de poder pagar las dos hipotecas y las cuentas del hijo universitario imbécil. Rezaba la doctora, pues, con gran devoción, y se humillaba y suplicaba, y luego era salir al consultorio, y en el consultorio hablar a toda velocidad, y usar pelucas de colores escandalosos para distraer y que nadie se diera cuenta de nada, y meter al paciente y sentarlo antes de que hiciera preguntas y entonces su mano, es decir la de la santa, su mano de gracia y de potencia, era la que guiaba a las de la doctora en la inyección, desinfección, zum, crac, crac, bzzzt, clic, clic, shuiiiiiii, clic, bzzzt, crac, crac, crac, plop.

Y nadie gritaba, nadie emitía sonido alguno, pues la santa era poderosa: Govindona, la Señora del Aguante, quien además sabía qué partes apretar del alma para hacer que se tragara hasta el último aullido de dolor, porque así lo había hecho mientras los malditos infieles le extraían a martillazos hasta la última raíz, y desde el siglo XX, en recompensa a su pesar, la habían expulsado del santoral, ¡que porque nunca había existido, perros desgraciados…!”.

 

 

 

 

 

 

Qué, cómo y cuánto leemos los mexicanos

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La Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, dada a conocer esta semana por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), revela que en México se lee un promedio de 5.3 libros al año y que la preferencia de 90% de los lectores es por libros y revistas impresos. Además, la mayor parte de los 5,845 encuestados dijeron elegir, en ese orden, libros, periódicos, redes sociales, revistas, sitios web y cómics.  También se ve que los formatos digitales aparentemente han ampliado el porcentaje de lectura pero que, aunque van ganando terreno, aún les falta mucho para ser decisivos. La otra conclusión que arroja el estudio es algo que se sabe desde siempre: la influencia de padres y maestros es crucial en la formación de niños lectores.

El tema me interesa muchísimo, por deformación personal y profesional, así que hice un análisis a bote pronto. Si los primeros objetivos del estudio son “Conocer prácticas y hábitos de lectura en México” y “Diagnosticar necesidades y fortalezas de los lectores mexicanos”, en primera instancia tengo que decir que la precisión de los datos me genera reservas. Por ejemplo: si se considera que leer en redes sociales es leer, habría que tomar en cuenta que también se leen los letreros en la calle y las etiquetas en el supermercado. Creo necesario delimitar bien ese punto para que el siguiente estudio sea realmente revelador en ese sentido. Además, de acuerdo con la investigación, más mexicanos prefieren leer libros (21%) que navegar en Internet (12%, números redondos). ¿En serio? Y, según esto, quienes sí leen privilegian en primer lugar la novela, pero en segundo término mencionan los “temas religiosos” (35%), sesgados por la incomprobable falacia de que leen la Biblia. Ya Peña Nieto dio cátedra al respecto. También resulta que la poesía tiene más adeptos (17%) que los libros de autoayuda (13%). ¿De veras? Sería una noticia para emborracharse por una semana, pero no lo creo. Además, si bien me parece muy interesante que por primera vez Conaculta haya querido medir la preferencia de escritura de los encuestados, me parece que en esta época 2.0, ese me gusta escribir del 32% puede fácilmente entenderse como me gusta mandar WhatsApps.

En fin, los resultados son los que son y, a partir de ellos, entresaco estas primeras onclusiones.

QUINTA ACTIVIDAD PREFERIDA

Leer corresponde a 21% de las preferencias de los mexicanos de entre 12 y 29 años, es decir, es la quinta actividad favorita. Esto representa menos de la mitad de quienes prefieren ver televisión (53% en números redondos). Entre leer y ver televisión se cuelan practicar deporte, reunirse con amigos o familia, oír música.

FORMATOS DIGITALES, AÚN TÍMIDOS

El libro y la revista impresos siguen dominando por mucho: casi 90% sólo los lee impresos, contra 3% que sólo los lee digitales y 10%, que acude a ambos formatos.

INSTANTÁNEA DE LA TRAGEDIA NACIONAL

Sólo 16% saca libros de las bibliotecas, contra 59% que los compra, fundamentalmente en librerías. Es una buena noticia para la industria editorial, pero pésima para un país con tantos pobres, sobre todo porque se menciona de manera importante la falta de bibliotecas cercanas a casa.

HAY ESPERANZA

A la pregunta “¿Por qué lees?”, 44% contestó por entretenimiento y 30% para estudiar, contra 11% que dijo para trabajar. Vaya, por Fortuna la lamentables campaña “Lee 20 minutos al día” no ha tenido impacto: la gente sigue creyendo que leer es un disfrute.

POR QUÉ NO SE LEE MÁS

Falta de tiempo es el argumento de 80% de respuestas a la pregunta “¿Por qué no lees más?”. Claro, en la atención del lector compiten cada vez más medios, digitales y otros. Creo que es una oportunidad de apostar por la literatura electrónica, interactiva, experimental.

REFORZAR LA LITERATURA ORAL

A la pregunta “¿De niño te contaban historias familiares?”, 83% respondió que sí. Me parece que aquí hay un área interesantísima, en la que poco se hace: reforzar la valoración de la literatura oral.

FRENTE A OTROS PAÍSES

El promedio de lectura arrojado es de 5.3 libros por año, de los cuales 3.5 son por gusto y 1.8 por necesidad. El contraste con los países punteros es brutal: Finlandia 47; España 10; Portugal 8.5 pero, como triste consuelo, comparados con países latinoamericanos no estamos mal: Chile 5.4, Argentina 4.6, Colombia 2.2.

YO, COMO SUJETO DE ESTUDIO

Sólo por diversión vi dónde quedo yo. Resulta que pertenezco al:

  • 31% que dice escribir para expresar emociones y pensamientos, pero también entre el 20% que lo hace para sentirse mejor;
  • 54% que lee redes sociales a diario;
  • 44% de quienes recibieron estímulo en casa para leer,;
  • 5% que leyó más de 13 libros en el último año;
  • 25% que dice tener más de 25 libros en casa.
  • no-sé-qué-porcentaje que cree, con Teresa Castelló, que el gusto por la lectura no se puede imponer, “sólo alimentar o despertar”.

RESUMEN

Dado que el tercer objetivo del estudio es “Conformar políticas públicas e iniciativas sociales en materia de fomento a la lectura”, creo que el Plan Nacional de Lectura que se anunciará en breve deberá proponer estos cinco ejes:

  1. Crear y adecuar bibliotecas, además de promocionar eficientemente su uso;
  2. Enfatizar el fomento a la lectura entre niños, acercando los libros a su casa y escuela;
  3. Subrayar la intención de disfrute de la lectura, no su obligación;
  4. Apostar por la literatura electrónica, interactiva, experimental;
  5. Fortalecer la literatura oral y trabajar en su revaloración.

Da click aquí para ir a los resultados de la Encuesta.

Sentar en la misma mesa a Leonardo, Rafael y Caravaggio

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San Jerónimo escribiendo, de Caravaggio, una de las piezas exhibidas en el Cenart

Porque le traía ganas y además porque me la recomendó mi amigo Carlos Herrera, fui a ver la exposición Leonardo, Rafael y Caravaggio, una muestra imposible. Las obras de arte en la era de la reproducción digital, en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) de la capital mexicana. La idea es, de por sí, interesantísima: reunir en un mismo punto del espacio y el tiempo obra de esos tres monstruos del arte italiano, de manera que puedes apreciar una junta a la otra La Mona Lisa de Leonardo (que está originalmente en París), La Escuela de Atenas de Rafael (en El Vaticano) y La cabeza de Medusa de Caravaggio (en Florencia).

Me acuerdo cuando fui a ver La última cena de Leonardo, en Milán. Primero, claro, tuve que viajar a esa ciudad del norte de Italia, luego conseguir la cita (se necesitan semanas de antelación), llegar exactamente a la hora. Una vez ahí sólo te dejan estar unos 10 minutos, a distancia considerable y, por supuesto, sin tomar fotos. Luego vas para afuera, que detrás vienen otros. Y lo mismo asomarse a La Mona Lisa en el Louvre de París: verla a la distancia, entre un tumulto de cabezas. Claro, es muy emocionante pero ¿por qué una obra debe ser sólo disfrutable para unos y no para muchos, para los más posibles? ¿Es posible quitarle al arte ese halo de inaccesibilidad sin poner en riesgo piezas irremplazables?

La premisa base de esta exposición de 57 piezas en el Cenart va, justo, en esa línea: si la reproducción digital garantiza no perder nada de una obra en términos de calidad, ¿por qué quedarnos con una sola Mona Lisa? ¿Por qué no hacer diez o 50, idénticas y fieles, y que gente en varios puntos del mundo pueda disfrutarla? Y no sólo de la Gioconda, de todas las obras posibles. Así, lo que hoy está desperdigado por Madrid, Roma, Florencia, Bolonia, Milán, Viena, París, Munich y Washington, aquí se aprecia todo junto, a tamaño natural, igualito al original, además de que te puedes tardar el tiempo que quieras frente a un cuadro y si llegas temprano (fue mi caso) encuentras poca gente. En esos sentidos es mejor disfrutar estas reproducciones perfectas. Además, en la mayor parte de los casos las piezas originales ya no están en su contexto primero sino fueron compradas, donadas o robadas y hoy se exhiben muy lejos de donde fueron creadas. Así, ¿por qué el prurito de que ver las meras originales? ¿No será esnobismo?

La idea de democratizar el arte se planteó de manera más formal a principios del siglo XX, la elaboraron Walter Benjamin y Theodor Adorno, entre otros, y se volvió una realidad imparable con el perfeccionamiento de los métodos de reproducción: se pueden sacar innumerables e intachables copias de una fotografía o una pintura. Me parece que esta muestra es un paso más en esa misma dirección, como sentar a la mesa a esos tres grandes y oírlos hablar (ojalá se replique con otros artistas, incluidos latinoamericanos). En resumen, además de disfrutar las obras me dio gusto que esta idea italiana, de Renato Parascandolo, permita que muchas personas de todos los estratos socioeconómicos puedan acercarse a estas 29 piezas de Caravaggio (incluyendo el soberbio San Jerónimo escribiendo que ilustra esta entrada), 20 de Rafael y 8 de Leonardo (incluyendo La última cena), que las paladeen, se pierdan en ellas, las hagan “suyas” a partir de tomarles una foto. Y también me llevó a releer el excelente ensayo Contra la originalidad, de Jonathan Lethem, publicado por Tumbona Ediciones, que defiende la idea de que todo artista plagia y reformula a otros. Me parece que vale la pena pensar y revisar la excesiva carga social que se le da al concepto original en un mundo que lo es cada vez menos, tanto por la posibilidad de reproducir idéntico un original, como porque se alzan voces que reividican la idea que toda obra de arte abreva de otros. Y qué bueno.

Da click aquí para ir al enlace de la exposición, con una bien montada galería de las piezas que incluye.

Aquí, algunas de mis piezas favoritas de la muestra. Para verlas ampliadas, da click en cada una.

El triunfo de Galatea, de Rafael
El triunfo de Galatea, de Rafael
La última cena, de Leonardo
La última cena, de Leonardo
El Amor victorioso, de Caravaggio
El Amor victorioso, de Caravaggio
La dama del armiño, de Leonardo
La dama del armiño, de Leonardo

 

Versos que sin decir mi nombre hablan de mí

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Algunos lugares cargan las baterías internas. Quizá sea el aire más transparente de lo normal, la luz ligera, el paisaje perfecto, quien uno es ahí, las buenas vibras del ambiente. No sé, pero Tepoztlán es para mí ese sitio. Lo descubrí hace apenas un par de años, cuando atravesaba la etapa de mayor dolor emocional de mi vida adulta. Como por azar (aunque nada es estrictamente azaroso) se me ofreció una pequeña casa de fin de semana, con vista a la montaña de piedra. La renté, sin pensarlo mucho: por varios meses desde ahí me aferré a la seguridad inmutable del cerro del Tepozteco, a la certeza de que todo termina bien. Convertí la casita, sencilla a morir, en mi espacio de soledad, de escribir y leer. Fue la cueva austera donde pude lamerme las heridas para seguir avanzando.

Ahora empiezo una nueva etapa del camino a solas y estoy de nuevo aquí, conectando con quien soy, rodeada de libros, de cuadernos de escritura. Me pesa causar dolor a quien tanto amé. Siento nostalgia. Agradezco mucho lo vivido, lo que di y más todavía lo que recibí, pero sé que los ciclos se terminan, que vale más aceptarlo. Y en un libro comprado ayer en estas calles empedradas encuentro versos de Segovia, que sin decir mi nombre hablan de mí: “Cae la tarde flotando en la tibieza/ Como un gran trapo en unas aguas quietas”. (Tomás Segovia, “Fin de jornada”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre/ UNAM/ Conaculta).

La codicia que generan unas pantaletas inmensas

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La ley de Herodes es el libro de 11 cuentos que el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia publicó en 1967. Agudo, dotado de humor preciso y nunca gratuito, incluye uno que se titula “What Became of Pampa Hash?”, así, en inglés. Narra la aventura de un hombre obsesionado por las pantaletas de una gringa seductora y superlativa, que está de paso por México. De ahí el título anglo.

La Caja de Cerillos Ediciones y Conaculta acaban de publicar una nueva edición del cuento. De 32 páginas y pasta dura, es un botón del delicioso humor de Ibargüengoitia, quien tiene “el muy serio don de hacernos pensar en medio de una carcajada”, dice Jorge F. Hernández en el prólogo. Pero además está gráficamente intervenido por Alejandro Magallanes, ese loco creativo de muchas manos, que lo mismo dibuja, ilustra, conceptualiza y crea mundos estéticos.

Aquí, un pequeño fragmento del libro, en el que la gordura de la extensa Pampa Hash cobra dimensiones mitológicas: “Sus dimensiones eran otro inconveniente. Por ejemplo, bastaba dejar dos minutos un brazo bajo su cuerpo, para que se entumeciera. La única imagen histórica que podía ilustrar nuestra relación es la de Sigfrido, que cruzó los siete círculos de fuego, llegó hasta Brunilda, no pudo despertarla, la cargó en brazos, comprendió que era demasiado pesada y tuvo que sacarla arrastrando, como un tapete enrollado”.

En serio, el libro es una joya que hay que leer, saborear y acariciar. Y así como el deseo del narrador se dispara por las descomunales panties, también las pantaletas de Magallanes (es decir, las que él dibuja) generan la codicia de tener precisamente esta nueva edición.

 

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Mis mejores libros 2014

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Entre los demasiados libros de los que hablaba Gabriel Zaid, todo lector desaforado (como yo) escoge unos y deja fuera otros, muchísimos. Como uno sólo puede hablar de los pocos que leyó, hoy propongo mencionar los títulos que me marcaron en este 2014. Hay novela, cuento, ensayo, poesía. Figuran autores hispanoamericanos pero también de otras latitudes, como Polonia y Reino Unido. Algunos son novedades y otros tienen años de haber sido publicados. El único criterio de selección fue que los leí este año y que, en cada caso, tuve que interrumpir varias veces la lectura para paladear un pasaje lleno de verde y gorjeos.

Más que dar mi opinión sobre ellos preferí mencionar brevemente qué me gustó y luego dejarlos hablar, o sea, citar un fragmento luminoso, en el que se cuele entre letras la luz fresca de cada uno. Como dice el genial Liniers sobre los libros que ama: más que acompañarme, estos “ya se esconden adentro de mí”.

  1. Alan Pauls, La historia del pornógrafo (Anagrama). Novela intimista con varias capas, hondas y llenas de ecos. “¿Con qué cara me enfrentaré a ti? Me miro al espejo y lo que allí veo es un fantasma; no, peor que eso: la sombra de un fantasma que fue un hombre, un hombre al que tú amaste casi sin conocerlo”.
  2. Fabio Morábito, El idioma materno (Sexto Piso). Colección de pequeños ensayos sobre la lectura y la vocación de escribir, en los que cada palabra se saborea. “El subrayador se vuelve un segundo autor del libro, extrae de éste el libro que él hubiera querido escribir, entra en controversia con el libro que lee, al que somete a una implacable cacería de frases subrayables”.
  3. Idea Vilariño, Poesía completa (Cal y Canto). La escritora uruguaya ofrece versos de amor y desamor como quien regala una combustión que quema los dedos, pero se disfruta. “Buscamos/ cada noche/ con esfuerzo/ entre tierras pesadas y asfixiantes/ ese liviano pájaro de luz/ que arde y se nos escapa/ en un gemido”.
  4. Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso (Conaculta). Deslumbrante novela-reto polaca sobre la Cruzada de los niños fue traducida al español por Sergio Pitol. De veras vale la pena. “La satisfacción de los sentidos no sacia el deseo, de un deseo saciado surgen cien nuevos aún más imperiosos, los actos nacidos de los deseos más puros agonizan en la infamia, tal vez no existen los deseos puros, la necesidad de violencia y de crueldad trastorna la naturaleza del hombre”.
  5. Eduardo Galeano, Bocas del tiempo(Siglo XXI). Compendia la hondura de Galeano en relatos y pequeñas cápsulas, como pildoritas que ayudan a andar. “[…] el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje”.
  6. Rodrigo Fresán, Trabajos manuales(Planeta Biblioteca del Sur). La pluma precisa del escritor argentino propone cuentos lúcidos, con cara y cuerpo de ensayos. “El final de un libro es como un suspiro. Por eso Forma suspira cada vez que termina un libro. Llegar a la última página produce una suerte de triste felicidad. Felicidad por saberlo todo sobre una historia y por sentirse capaz de creer en personajes con una intensidad con la que nunca se creerá en las personas. Tristeza porque la historia no sigue. Entonces sólo queda volver a empezar”.
  7. Valeria Luiselli, La historia de mis dientes(Sexto Piso). Esta novela singular se avienta al vacío y se pone de pie como si nada, con todos los huesos intactos. Trata sobre un cantador de subastas. “Se sentía tan disminuido que intentó suicidarse colgándose de una rama de aquel árbol pequeñísimo. Fracasó por poco”.
  8. Julian Barnes, Niveles de vida (Anagrama). Tres relatos aparentemente inconexos, el tercero de los cuales cohesiona el libro y sacude: es la expresión acendrada del dolor de perder al ser amado. “En un acto social al que mi mujer y yo solíamos asistir juntos, un conocido se me acercó y dijo simplemente: ‘Aquí falta alguien’. Me pareció correcto, en ambos sentidos”.
  9. Evelio Rosero, Los ejércitos (Tusquets). Novela demoledora sobre la violencia, colombianamente mexicana. “Nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana”.
  10. Carlos Velázquez, La marrana negra de la literatura rosa(Sexto Piso). Cuentos marcados a fuego por una de las mejores plumas del escenario mexicano actual. “Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vajillas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano”.
  11. (o, lo que es lo mismo, 10 + 1) Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE). Cascada de poemasque hacen cada día más ancho y mucho más pleno. “Habítame, penétrame./ Sea tusangre una como mi sangre./ Tu boca entre a mi boca./ Tu corazón agrandeel mío hasta estallar./ Desgárrame./ Caigas entera en mis entrañas./Anden tus manos en mis manos./ Tus pies caminen en mis pies, tus pies./Árdeme, árdeme […]”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

Ojos que no leen, corazón que no siente

 

Ilustración: Roberto Petiches y Maira Fragoso
Ilustración: Roberto Petiches y Maira Fragoso

Amo los libros y amo el diseño gráfico, así que es natural que me fascinen los trabajos del Concurso Nacional de Cartel Invitemos a Leer, convocado cada año por la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, en México. Aquí, una probada de la edición más reciente del certamen, cuya edición 2014 cierra en unos días (da click aquí para más informes). Me encanta cómo estos ilustradores comunican la pasión por los libros y en especial aplaudo el magistral juego de palabras del cartel ganador. Al refrán “Ojos que no ven, corazón que no siente”, Luis Fernando Safa le tuerce el brazo y lo convierte en “Ojos que no leen…”, con la implicación de algo como: “Leer lleva a sentir más”. Y sí, seguro.

 

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