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#JuevesDePoesía Lo que pasa cuando la primavera deriva en primaverano

Mil disculpas, hordas de lectores de este blog. Sé que al no haber posteado ayer el #MiércolesDePoesía puse al cosmos en riesgo de fractura (¿cómo podría el universo expandirse sin versos?).

Lo lamento, tuve un día enloquecido, con apenas tiempo para respirar y ni siquiera con la frecuencia acostumbrada. En compensación aquí va un poema del enorme Tomás Segovia, el español más mexicano, para ponerle palabras a estas noches de primavera tan verano anticipado, donde él y yo nos naufragamos.

Sea el #JuevesDePoesía.

Luna de verano

“En esta calle a oscuras que boquea amordazada
Bajo el negro sofoco
Sólo la luna y yo

Marcho hacia ella y retrocede
Me quedo quieto y se detiene
Atónita y curiosa

Tan blanca tan redonda tan grande tan de hielo
En la espesa negrura amoratada
No sería creíble fuera de este momento

Pero en este rincón confuso
Tan ardorosamente extraviado
Naufragados de un mundo irrecordable
Espiando mutuamente nuestros cursos
Tan lejos ella y yo de todos y de todo
No pensamos en eso”

Tomás Segovia, “Luna de verano”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre

 

#MiércolesDePoesía Cuando digo “amor” en voz baja suena algo así

Foto: Waclaw Wantuch www.waclawwantuch.com
Foto: Waclaw Wantuch http://www.waclawwantuch.com

Decir las cosas importantes no requiere grandilocuencias. Lo evidencia Pedro Serrano quien, con palabras del diario y desgastadas por el uso, arma pequeños poemas de amor, que sirven para que uno vea lo que de otro modo se le escaparía.

De eso se trata Cuentas claras, cuidado libro que se publicó en México, en coedición de la Universidad del Claustro de Sor Juana y Ediciones Sin Nombre. Son versos que bailan en su concreción, en su precisión. Que sin adornos inútiles animan paisajes que de golpe se quedan ahí, suspendidos, respirando.

Éste que transcribo para el #MiércolesDePoesía es de mis favoritos del libro. A veces suena así cuando digo “amor” entre dientes.

Amémonos mañana
cuando la tarde llegue
a saborear tus ganas.

Amémonos ahora,
antes que con la lluvia
nos de la hora.

Amémonos ayer
como si todavía
haya placer.

 

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#MiércolesDePoesía El agua dulce que llevas dentro

La poesía evoca fuera del tiempo esas lunas, este eco, aquella tarde. No los recuerda, más bien los re-crea, los forja de nuevo con palabras tan sólidas como la realidad. Y los hace inamovibles. Así, cada vez que se ponen juntas esas letras vuelve a asomarse un pedazo recién nacido del mundo.

Músico, escritor y académico, Juan Vadillo firma el libro El paisaje es un verso de olvido (Ediciones Sin Nombre). Me lo hace llegar con la nobleza que es muy su signo y ahí encuentro estos versos que dan cadencia al #MiércolesDePoesía. Porque sí: el lugar que lleva dentro el cuerpo ausente es un “hondo cantar quebrado de agua dulce”, al que volver cuando hay sed.

UN LUGAR DENTRO DE TI
Un verso dentro de un verso,
una rosa de noche,
una primavera oculta,
un lugar dentro de ti.
Lo nombro como nombrar la ausencia,
lágrima arrebatada de un suspiro,
hondo cantar quebrado de agua dulce,
piedra pulida de río.

Versos que sin decir mi nombre hablan de mí

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Algunos lugares cargan las baterías internas. Quizá sea el aire más transparente de lo normal, la luz ligera, el paisaje perfecto, quien uno es ahí, las buenas vibras del ambiente. No sé, pero Tepoztlán es para mí ese sitio. Lo descubrí hace apenas un par de años, cuando atravesaba la etapa de mayor dolor emocional de mi vida adulta. Como por azar (aunque nada es estrictamente azaroso) se me ofreció una pequeña casa de fin de semana, con vista a la montaña de piedra. La renté, sin pensarlo mucho: por varios meses desde ahí me aferré a la seguridad inmutable del cerro del Tepozteco, a la certeza de que todo termina bien. Convertí la casita, sencilla a morir, en mi espacio de soledad, de escribir y leer. Fue la cueva austera donde pude lamerme las heridas para seguir avanzando.

Ahora empiezo una nueva etapa del camino a solas y estoy de nuevo aquí, conectando con quien soy, rodeada de libros, de cuadernos de escritura. Me pesa causar dolor a quien tanto amé. Siento nostalgia. Agradezco mucho lo vivido, lo que di y más todavía lo que recibí, pero sé que los ciclos se terminan, que vale más aceptarlo. Y en un libro comprado ayer en estas calles empedradas encuentro versos de Segovia, que sin decir mi nombre hablan de mí: “Cae la tarde flotando en la tibieza/ Como un gran trapo en unas aguas quietas”. (Tomás Segovia, “Fin de jornada”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre/ UNAM/ Conaculta).