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#JuevesDePoesía Lo que pasa cuando la primavera deriva en primaverano

Mil disculpas, hordas de lectores de este blog. Sé que al no haber posteado ayer el #MiércolesDePoesía puse al cosmos en riesgo de fractura (¿cómo podría el universo expandirse sin versos?).

Lo lamento, tuve un día enloquecido, con apenas tiempo para respirar y ni siquiera con la frecuencia acostumbrada. En compensación aquí va un poema del enorme Tomás Segovia, el español más mexicano, para ponerle palabras a estas noches de primavera tan verano anticipado, donde él y yo nos naufragamos.

Sea el #JuevesDePoesía.

Luna de verano

“En esta calle a oscuras que boquea amordazada
Bajo el negro sofoco
Sólo la luna y yo

Marcho hacia ella y retrocede
Me quedo quieto y se detiene
Atónita y curiosa

Tan blanca tan redonda tan grande tan de hielo
En la espesa negrura amoratada
No sería creíble fuera de este momento

Pero en este rincón confuso
Tan ardorosamente extraviado
Naufragados de un mundo irrecordable
Espiando mutuamente nuestros cursos
Tan lejos ella y yo de todos y de todo
No pensamos en eso”

Tomás Segovia, “Luna de verano”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre

 

#MiércolesDePoesía Besos oscuros como túneles

Foto Kurt Van Wagner
Foto Kurt Van Wagner

Aunque todos se parecen, en realidad no se parecen. Unos reptan y otros vuelan. Uno es amenaza que pone a temblar la fortaleza. Otro no advierte y simplemente toma la plaza. Algunos transmiten urgencias y los demás son todo lo morosos que pueden ser. Éste es túnel oscuro que desemboca. Aquél trae el sol prendido al pecho. En este #MiércolesDePoesía con más luz de la normal invito al portentoso “Besos”, de Tomás Segovia (1927-2011), porque ocupo y porque celebro una fiesta de ídems. No sé qué pasa cuando me besas, pero pasa.

El poema de Segovia es largo y la atención es corta, de modo que comparto sólo los versos iniciales. Ojalá con ellos despierte el hambre de leerlo todo, hasta esa fanfarria final: “[…] besaré, besaré / hasta hacer que toda tú te enciendas / como un farol de papel que flota locamente en la noche”.

Besos

“Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te arrancan […]”.

Aquí, el enlace al poema completo.

Versos que sin decir mi nombre hablan de mí

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Algunos lugares cargan las baterías internas. Quizá sea el aire más transparente de lo normal, la luz ligera, el paisaje perfecto, quien uno es ahí, las buenas vibras del ambiente. No sé, pero Tepoztlán es para mí ese sitio. Lo descubrí hace apenas un par de años, cuando atravesaba la etapa de mayor dolor emocional de mi vida adulta. Como por azar (aunque nada es estrictamente azaroso) se me ofreció una pequeña casa de fin de semana, con vista a la montaña de piedra. La renté, sin pensarlo mucho: por varios meses desde ahí me aferré a la seguridad inmutable del cerro del Tepozteco, a la certeza de que todo termina bien. Convertí la casita, sencilla a morir, en mi espacio de soledad, de escribir y leer. Fue la cueva austera donde pude lamerme las heridas para seguir avanzando.

Ahora empiezo una nueva etapa del camino a solas y estoy de nuevo aquí, conectando con quien soy, rodeada de libros, de cuadernos de escritura. Me pesa causar dolor a quien tanto amé. Siento nostalgia. Agradezco mucho lo vivido, lo que di y más todavía lo que recibí, pero sé que los ciclos se terminan, que vale más aceptarlo. Y en un libro comprado ayer en estas calles empedradas encuentro versos de Segovia, que sin decir mi nombre hablan de mí: “Cae la tarde flotando en la tibieza/ Como un gran trapo en unas aguas quietas”. (Tomás Segovia, “Fin de jornada”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre/ UNAM/ Conaculta).

Similitud entre un poema y un profiterol con chocolate

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Para quienes me habían preguntado al respecto, aquí va el epílogo: tras diez días del ayuno de desintoxicación Master Cleanse ayer fue mi primer día de comida “normal”, es decir, totalmente sólida aunque sin irritantes ni cosas muy pesadas.

Traigo el paladar más despierto que de costumbre, así que me dedico a disfrutar a fondo lo que pruebo. Justo hace un rato, mientras saboreaba poemas de Tomás Segovia, poeta mexicano a quien nunca había leído, le di una mordida a una pera jugosísima (¿más que de cosumbre?), tanto que tuve que interrumpir la lectura para paladear con calma el manjar. Luego retomé la lectura del otro manjar, el hecho de palabras:

“En la fina penumbra, resplandece/

tu cuerpo apenas, arrogante casi/

y casi arrepentido de sus dones./

Tu desnudez es como un poco de agua/

que reposa en el cauce de lo oscuro,/

gravedad transparente, ausencia casi”.//

Me da por pensar que, en este momento, comer me resulta similar a enfrentarme por vez primera a un poema cargado de sentidos. El ejercicio es parecido: se trata de descifrar el lenguaje de una fruta jugosa, notar las evocaciones que despierta un pollo almendrado, dejar que se asiente el ritmo de un aderezo roquefort, vibrar con los acentos de un profiterol con chocolate. Quizá la comparación sea descabellada, pero confieso que de manera parecida ambas experiencias me hacen el día.