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#MiércolesDePoesía Presienten tus dedos mis antojos

Pintura: Jack Jeffers

Lucía Rivadeneyra, poeta mexicana que celebra el lenguaje y lo masajea y lo vuelve del revés, está estrenando plaquette de poemas. Se titula De culpa y expiación, la publica Parentalia Ediciones. Hoy es la invitada a este #MiércolesDePoesía que se resiste a incluir versos a las madrecitas, a las silenciosas practicantes del saragarciísmo (lectores extranjeros: dispensen el exabrupto y acudan a la nota al pie de página).

Aquí está “Mareo”, qué lujo de poema.

“Dan ganas de aplaudir con sólo verte
entrar en las caderas de mis sueños.

Dan ganas de comer algo salado
cuando tu piel absorbe mis deseos.

Dan ganas de tomar, de fuego, un trago
si tu sudor resbala por mis muslos.

Dan ganas de llorar de pura dicha
cuando presienten tus dedos mis antojos.

Dan ganas, muchas ganas, de hacer lumbre
para que no se enfríen las caricias,
para que no se acabe
el mareo de tierra que generas”.

Lucía Rivadeneyra, “Mareo”,  De culpa y expiación (Parentalia Ediciones)

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*Sara García fue una actriz mexicana, perfecta en papeles de madres abnegadas y sufrientes, miradoras del cielo mientras suspiran, y es también responsable de que el 99.9 % de las mamás de mi país encarnemos en ella varias veces al día.

 

Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

#MiércolesDePoesía Por qué me tardo en contestar una llamada

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Quienes pasan seguido por este espacio quizá recuerden que uno de mis poemas favoritos en la vida es La mancha de púrpura, del zacatecano Ramón López Velarde. Bueno, pues hoy comparto unos espléndidos versos de mi querido Fernando Fernández, que presumen ecos de aquel poema pero con un juego que entenderán los maduritos(as) que, como yo, usaron una contestadora de mensajes y conservaron en ella la voz codiciada. Claro, no hay tema menor cuando lo aborda un poeta como Fernández.

Por cierto, háganse el favor de pasar por su blog Oralapluma y su programa de radio de novedades editoriales A pie de página (lunes, 3 p.m., por Horizonte 107.9 FM). Ambos son un regalo de inteligencia de un impecable difusor de cultura y Lector, así, con mayúscula. Ahora sí, buen #MiércolesDePoesía.

“Explica la tardanza en contestar una llamada”

En medio de un acorde y de un jardín de tus vocales
o debajo de la forma de una música en tu nombre
y en tu idioma cantado de preguntas,
retener tu voz, Aminta, aquí, en la grabadora
y no llamarte en días y días.

(Mientas tanto, claro, pasa el lunes, y el martes, y el miércoles).

-Fernando Fernández, El ciclismo y los clásicos, Parentalia, 2012.

“La palabra flor se desmadeja”

Imagen 3Lo que uno quiere le pertenece un poco, se entreteje con uno. Así que si el autor de estos versos es mi amigo, si tenemos un cariño probado, si además admiro su pluma, su mano, su brazo y su persona toda, puedo decir con derecho que esto también es un poco mío. Vualá.

“Al soñar/
ya la palabra flor se desmadeja,//

palabra que se extiende,//

sale de ella una curva/
y sueña que es la cosa,/
una sólida esquina,/
un ángulo de piedra.//

Y la palabra mar sueña que moja”.

-Eduardo Casar, “Epígrafe de Bachelard”, Vibradores a 500 metros (Parentalia)

Un amor que termina y las vías del tren

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“ha sido una gran pena que este amor se termine/

siempre es una pena/

aunque el amor pensando bien no se termina/

sólo acaba esa unidad provisional de la pareja/

que tuvo una historia paralela/

como las vías de un tren/

que corren hacia el tiempo […]”

-Eduardo Langagne, “Ha sido una gran pena que este amor se termine”, Trenes (Parentalia)

Tal cual, como lo dice el poeta: de pronto dos se encuentran, empiezan a correr en paralelo y son pareja, hasta que un día uno (o ambos) decide ir en otra dirección y viene el cataclismo. Lo mejor que se puede hacer es esperar que de nuevo otro quiera alinearse, para formar una sola vía. Así nomás.