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Vivir es el paso de un extraño por el mundo

La poesía espera en donde no se la aguarda por su nombre. Mientras busco un pasaje específico en “la malditísima”novela  Under The Volcano,  de Malcolm Lowry (Germán Labrador dixit), me topo con esto, que en su momento subrayé pero ahora me golpea como si fuera la primera vez que lo leo:

“What was life but a warefare and a stranger’s sojourn? Revolution rages too in the tierra caliente of each human soul. No peace but that must pay full too to hell—”.

(“¿Qué era la vida sino un combate y el paso por el mundo de un extraño? También la revolución ruge en la tierra caliente del alma de cada hombre. No hay paz que deje de pagar pleno tributo al infierno”. Traducción de Raúl Ortiz y Ortiz ).

Algo así. Qué iluminado desde el dolor, Lowry.

 

 

 

Una banda de escorpiones me persigue

Hace noches tuve de visita a este escorpión (¿alacrán?). Mi hija lo vio quieto sobre una pared, sin hacer ruido, esperando con ese garbo que no pide perdón. Me aterra y me fascina esa belleza terrible (perdón por la doble redundancia).

Por alguna razón, últimamente he tenido muy cerca a personas de ese signo y una banda de escorpiones se me ha aparecido también en un sueño y en lecturas, como en este pasaje soberbio de la colombiana Laura Restrepo, de su novela Pecado, donde habla un sicario sobre una zona peligrosa de la ciudad: “Ahora El Cardo es un moridero, un penúltimo círculo del infierno. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. Qué imagen más brutal.

Y, claro, esto del inglés Malcolm Lowry, en ese monumento que es Under The Volcano: “A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beutiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway”. [Aquí va una traducción que encontré en Internet, sin nombre del traductor: “Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo”].

Escribí hace tiempo un poema inspirado en esta cita de Lowry y otro, donde figura un alacrán. Ahora estoy trabajando un tercer poema sobre ellos. Ya que una banda de escorpiones me persigue, algo debo decir al respecto.

Estos 20 libros me colorearon por dentro en 2016 (Parte 3/3)

Aquí terminan las citas de mis libros favoritos del año. Pero las palabras se me quedan merodeando.

15. Francisco Hernández, ”Taller de Moris. I”, en Odioso caballo, Almadía, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-19-40En éste, su libro más reciente (con el lujo de diseño de Alejandro Magallanes), el escritor veracruzano clava el punzón con sus versos. Y brota sangre. O pus. O humores. El asunto es que no falla.

“[…] Sobre esta mesa, mi foto
es la foto de mi padre.
Él es yo: metamorfosis redundante.
Me veo peinado a su manera,
hablo con su tono de voz
y engaño a mi madre con mi esposa”. p. 122

Los poemas de Hernández me hicieron varios días del verano. Como éste.

16. Malcolm Lowry, Bajo el volcán, traducción de Raúl Ortiz y Ortiz, Ediciones Era, 1964

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-21-38Geoffrey Firmin, exCónsul británico, se reencuentra en la ciudad de Cuernavaca con su esposa, Yvonne, de quien está separado. Es el Día de Muertos de 1938. La novela (publicada en inglés en 1947) es una impresionante construcción de estilo, donde el protagonista va perdiendo y encontrando la lucidez entre mezcales, en el contexto de un país que no esconde los colmillos. Duele en cada línea. Y se disfruta. La leí en inglés pero aquí está un soberbio pasaje en español.

“[…] Y ahora estaba el Cónsul en el baño, alistándose para ir a Tomalín. —¡Oh! —decía—. ¡Oh!… pero, ¿ya ves?, después de todo no ha ocurrido nada horrendo. Ante todo, a lavarse —tembloroso y volviendo a sudar, se quitó saco y camisa. Dejó correr el agua en el lavabo. Sin embargo, por alguna razón misteriosa estaba bajo la ducha en donde esperaba, agonizante, el impacto del agua fría que nunca llego. Y seguía con los pantalones puestos”. p. 165

La novela de Lowry me dejó impresionadísima por semanas. Aquí, algo que escribí al respecto.

17. Gerardo Cárdenas, “Cuatro escritores en Qumran”, en Silencio del tiempo, Editorial Abismos, 2016

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-22-45Se trata de poemas que reescriben pasajes de la Biblia, que ponen a hablar a protagonistas de la fe desde otra esquina del ring. En éste, el escritor mexicano le pone voz al evangelista Lucas:

“[…] Yo escribiré
más que los otros; la historia no acaba en la muerte
la prestidigitación continúa;
todo se vuelve presagio
leer las entrañas de un animal sacrificado
no es muy distinto
de comer el pan o beber el vino
y pensar que es otra cosa.
Sólo necesitamos adeptos”. p. 51

Cárdenas escribió también este poema, sobre el ser humano como una cucaracha indefensa, en manos de niños malcriados. Ay.

18. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Alfaguara, 2004

captura-de-pantalla-2016-12-23-a-las-15-23-47No hace falta que cuente de qué trata. Sólo digo: aunque tenga la mala fama de ser “importantísima”, “un clásico”, “fundamental”, leer el Quijote es de lo que más vale la pena hacer en la vida. Aquí, el caballero andante habla con la supuesta imagen de Dulcinea, “convertida” en una pobre labradora:

“[…] ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago la humildad con que mi alma te adora”. p. 620

Durante varios meses de 2016, un grupo de insensatos y yo estuvimos leyendo el Quijote y comentando nuestra lectura en este blog. Aquí, una de las entradas que subí, sobre por qué la locura es, de veras, indispensable.

19. Mónica Maristáin, “Soñé que me comíoa un tigre”,  en Antes. Paisaje sonoro con mujer mirando una ventana, Literal Publishing

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Poemas sobre sueños, sobre lo que se oye en el radio. Poemas sobre lo que quiere pasar en el mundo, sobre lo que se piensa y no se dice por intrascendente o por tener dos filos. La autora argentina con acento mexicano arma un cruce de planos entre afuera y adentro, antes y después. Y uno se queda con palabras en las manos como testimonio del viaje. Implacable.

[…] pienso que en eso el sueño no se equivocó
porque el hecho de que apareciera mi abuela me salvó la vida
y ella después empezó a cortarme el pelo
claro que cuando iba a comentar el sueño aquel donde mi abuela me corta el pelo me desperté
no voy a soñar con tigres ni a soñar con abuelas
o sueño con tigres y abuelas juntos

o no sueño más
y me quedo despierta para toda la vida”.

Aquí, más sobre Maristáin.

20. José Manuel Recillas, “Canción de amor y muerte y despedida de Lillian van den Broeck”, en Atrévete a mirar, tú, que no quieres, Estado de México, 2016
Con versos trabajados en la fragua lenta de la poesía clásica, el autor mexicano plasma el desconcierto de saberse no-amado. Quiere saber si, cuando muera, la voz de la persona amada dirá su nombre. Le dará un hogar.

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“[…] Tal vez el hombre al fin algo sabrá, y su reposo no tendrá ya nombre
pues no habrá quien cave la última fosa, si acaso… un nombre habrá que nos redima,
si acaso… un nombre habrá que nos redima”. p. 28

“Escribo poemas de amor, por si los necesita”, dijo Recillas recientemente en una entrevista con él y otros escritores, que me publicó el suplemento El Cultural. Da click para leer esa entrada.

Y EL BONUS TRACK…

21. Evelio Rosero, Juliana los mira, Tusquets, 2015

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Una niña narra lo que le pasa por dentro y por fuera. Y lo hace encontrando las palabras que necesita. Esta novela del escritor colombiano, de las mejores que he leído en los últimos muchos años, fue regalo de mi amigo, Andrés Grillo.

“[…] un jadeo incontrolable en el extremo opuesto, él despojándose del uniforme, no debo verlo, no, lo estoy viendo, aquello palpitante endurecido brota con más ímpetu cuando él se quita el pantalón, veo […]y ya voy a gritar, es el tiempo de hacerlo, de ayudar a mamá, voy a gritar ¡déjala en paz! cuando mamá hace un gesto igual que cuando una pide perdón o dice ‘estoy cansada, no juguemos’, y alarga el brazo como llamándolo, implorándole eso, y es por eso que me disuado […]”.

El primer libro de Rosero que leí fue Los ejércitos. No tiene madre. Ni progenie. Sobre lo que me provocó escribí: “A esta novela la atraviesan las balas”. Lee aquí esa entrada.

 

 

Reporte desde el paraíso de la desesperanza

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Sigo sin poder pasarme el trago que se llama Malcolm Lowry, que es su novela Under The Volcano. La figura del Cónsul, borracho durante tres cuartas partes del libro, me desarma. No conozco otra obra artística que de este modo me ponga en los zapatos del abatimiento, de la agonía y la soledad, pero también del consuelo y la compañía que significa una botella de alcohol, todo al mismo tiempo.

Que revele cómo una copa tras otra tienen la capacidad dar textura a los demonios que nos rodean y nos ocupan, “lo que están en posesión”.

Que muestre cómo una cantina es el verdadero paraíso de la desesperanza, donde el alcohólico finge esperar ayuda, cualquier tipo de ayuda, pero en realidad no la quiere.

De cómo ahí le hablan, implacables, las voces internas, estranguladas de poesía: “Why am I here, says the silence, what have I done, echoes the emptiness, why have I ruined myself in this wilful manner, chuckles the money in the till, why have I been brought so low, wheedles the thoroughfare […]”. (Capítulo 12) (¿Por qué estoy aquí? dice el silencio, ¿qué he hecho? repite el eco de la vacuidad, ¿por qué me he arruinado de esta manera deliberada? dice, riendo entre dientes, el dinero en la gaveta, ¿cómo he podido caer tan bajo? murmura la avenida […]”. Traducción de Raúl Ortiz y Ortiz para Editorial Era).

Aunque bebo poco y, para mí, decir borrachera es sinónimo de fiesta, de amigos y de pasarla bien cada varios meses, el alcohol ha golpeado a mi familia y a seres entrañables. No puedo, por eso, poner distancia de este bosque de símbolos. Me toca demasiado cerca, carajo.

De cómo este escritor se parecía a un escorpión

 

Malcolm Lowry
Malcolm Lowry
Anoche, en la madrugada, terminé de leer Under the volcano (Bajo el volcán), novela del escritor inglés Malcolm Lowry. Es un golpe tras otro de estilo, de imágenes, de poesía en prosa, de trama, de cabrón ritmo para hablar del infierno (con ecos de Dante y de Fausto), de personajes. En otro momento quiero escribir sobre algunas de las muchas cosas que sacuden de este portento de novela, pero hoy dejo aquí un fragmento que se me atora en la garganta como una piedra, por terrible y bello.

Cuando el personaje del Cónsul, en su ininterrumpida borrachera, ve un escorpión en la pared, comenta:

“A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beautiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway” y más tarde, al ver otro escorpión muerto, señala: “Maybe the scorpion, not wanting to be saved, had stung itself to death”. ( Capítulos 6 y 12, pp. 196 y 352 respectivamente en mi edición de Harper Perennial).

(Aquí, una traducción que encontré en Internet y que es, al menos, decorosa. Es de Raúl Ortiz y Ortiz: “Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo […] Tal vez, como el escorpión no quería que lo salvaran, se había matado con su propio aguijón”).

El Cónsul es tan parecido a ese animal, tan idéntico en su afán autodestructivo. Y Lowry, el autor, también lo fue. Los tres asumen como propia la afirmación: “What if courage here implied admission of total defeat?”. (“¿Qué ocurriría si aquí la valentía entrañara admitir la derrota total?”).