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“Crimen y castigo” se llamaba “Himen y castigo” (animación en video)

Para La Hora Elástica, programa de TVUNAM en el que tengo el gusto grosero de colaborar, unas manos creativas animaron un textito mío. En él juego con posibles títulos de novelas si los duendes de las erratas metieran su mano en esos fuegos, perdón, juegos.

El video dura poco más de dos minutos y es precioso. De veras.

Aquí lo dejo, para deleite de las pasas, digo, de las masas.

 

 

 

#MiércolesDePoesía Que otras palabras sean tu voz

Imagen: Agnes Cecile https://www.allposters.co.uk/-sp/In-Trouble-She-Will-Posters_i9828442_.htm

Los primeros versos del año vinieron de puntitas, como sin querer, pero con ganas de llegar. Y es que los trae de la mano José Emilio Pacheco, poeta mexicano que en este enero cumple tres años de haberse vuelto transparente para, más que nunca, “arar en el mar y escribir sobre el agua”, como dice uno de sus poemas.

La prisa por cumplir propósitos desmesurados resulta consustancial al inicio del año. Por ir a contracorriente o por mera necedad no me planteo metas para los siguiente doce meses, pero sí pienso qué espero de la poesía en este 2018. Pacheco tiene (para variar) las palabras cabales:

“Si leo mis poemas en público
le quito su único sentido a la poesía:
hacer que mis palabras sean tu voz,
por un instante al menos”.

(José Emilio Pacheco, “Contra los recitales”, Irás y no volverás, en Tarde o temprano. Poemas 1958-2009, Fondo de Cultura Económica)

Me recuerda lo que dice un personaje de la película El cartero de Neruda (que está basada en la novela Ardiente paciencia, del chileno Antonio Skármeta): “La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”.

Ojalá, Diosquiera que alguno de los 52 poemas que van a protagonizar estos #MiércolesDePoesía se vuelva tu voz, le pongas tu firma, te diga mejor que tus propias palabras.

Es decir, que tu año esté cargado de versos que se vuelvan necesarios. No te imaginas qué gusto me dará si así es.

Salud.

“¿Cuándo permitimos que México se corrompiera hasta los huesos?”: Del Paso

Foto: Excélsior
Foto: Excélsior

Este fin de semana, el escritor Fernando del Paso recibió el Premio José Emilio Pacheco a la Excelencia Literaria. Puntal de la literatura mexicana con obras centrales como Palinuro de México, José Trigo y Noticias del Imperio, al recibir el reconocimiento Del Paso dijo estar “viejo y enfermo, pero lúcido”. Y usó esas luces tan suyas para hablar en voz fuerte sobre la situación de México.

“En esta ocasión, en la que vengo aquí, a Mérida, a aceptar y recoger un premio literario que lleva tu nombre, José Emilio, quiero aprovecharla para decirte algunas cosas, a ti que fuiste mi amigo y mi colega durante tantos años […] Quiero decirte lo que tú ya sabes: que hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y salvaje de los libros de historia […] ¿A qué horas, cuándo, permitimos que México se corrompiera hasta los huesos? ¿A qué hora nuestro país se deshizo en nuestras manos para ser víctima del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia? […] Acepto el premio que tiene tu nombre, porque sé que se me da de buena fe, no sin antes subrayar que lo más importante en la vida no es recibir galardones —aunque se merezcan— sino denunciar las injusticias que nos rodean”.

En la situación extrema que vive México, celebro que una de sus voces más claras aproveche la atención mediática para establecer su postura, que es la de muchos. Ojalá, como dice su poema “Cuestión de identidad”, la llamada de atención se multiplique hasta ensordecer con su exigencia:

“[…] Yo no soy la palabra
pero quisiera serlo
para volar con ella
de tiempo en tiempo,
de boca en boca”.

Pacheco y cómo se contagia la pasión lectora

Pacheco en su biblioteca (Foto: Artes de México)
El autor en su biblioteca (Foto: Rogelio Cuéllar)

Ayer se cumplió un año de la muerte de ese gigante que fue el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Primero lector y luego narrador, poeta, ensayista y traductor, se llamó a sí mismo “producto de la imprenta y un adicto a la letra” y confesó: “aun si no hubiera nadie para imprimir mis textos los seguiría escribiendo para mí solo”.

En 1994 pronunció en San Diego, California, una conferencia sobre el placer de la lectura. Aquí va una cita luminosa de la misma, que como lectora desaforada hago mía: “[…] leer como un espacio de goce debe estar al alcance de todo ser humano por voluntad propia, en modo alguno como algo impuesto u obligatorio. Leer con la naturalidad con que respiramos y hablamos. Leer como una parte indispensable de la vida, como un medio para vivirla de la mejor manera posible”.

Ahora que está de moda promover la lectura como si fuera una tarea que cumplir 20 minutos cada día, estas palabras suenan fuerte: el amor por los libros no lo fomentan publicistas a quienes lo mismo da cantar las virtudes de un libro, de un auto o de un banco, sino lectores fascinados que contagian su pasión por la letra escrita. Ese es, en buena medida, el objetivo de este blog: haciendo eco de la pasión lectora de Pacheco subrayo que los infinitos placeres de la lectura son también parte indispensable de mi vida. 

Da click aquí para ir al discurso, reproducido por la revista Algarabía.

Da click aquí para ir a la entrada del día de la muerte del autor.

 

Las erratas ganarán la batalla

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La errata es una “viciosa flora microbiana, reacia a todos los tratamientos de desinfección”, según Alfonso Reyes. En efecto, se esconde igual que los microbios, resiste todo remedio, muta. José Emilio Pacheco contaba que cuando en 1987 escribió un artículo quejándose de ella, dijo: “La errata es el demonio de la lengua”, pero alguien en la mesa de corrección de la revista Proceso cambió una letra, de modo que se publicó: “La errata es el dominio de la lengua” (lo anota Roberto Zavala Ruiz en El libro y sus orillas, FCE).

Cual cruzado en tierra de infieles, persigo con lupa esos bichos que alteran el sentido de un texto. Por eso es natural que esté feliz con este libro de Carlos López, Sólo la errata permanece (Editorial Praxis), compendio de resbalones verbales. Aquí, un ejemplo divertidísimo y patetiquísimo: cuenta José Ferrándiz Lozano que un escritor dictó a su secretaria un texto en el que aludía al arca del Noé. Ella, por descuido, capturó “el arpa de Noé” y cuando el texto llegó a la imprenta, un tipógrafo de gran iniciativa y amplia cultura dijo: “¿El arpa de Noé? ¡No puede ser! El arpa no era de Noé, era de David”. Y así el escritor vio su arca de Noé convertida en arpa de David.

Como dicen que dijo Mark Twain: “Hay que tener cuidado con los libros de salud. Cualquier día podemos morir por culpa de una errata”. Aunque las seguiré combatiendo sin parar, sé que es inútil: van a sobrevivir al planeta, haciendo honor a su calidad microbiana. Mejor me rio. Es decir, me río.

 

#AdiosGabo

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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Éstas, las primeras palabras de Cien años de soledad, están entre los inicios más conocidos de la literatura hispanoamericana. La muerte de su autor cala hondo y se suma a las dolorosas también de Juan Gelman y José Emilio Pacheco, este mismo 2014, que parece decidido a subrayarnos la orfandad. Y como Gelman y Pacheco, muere en México, tierra que ya no sabe cómo llorar a sus sombras.
A unas cuatro horas del anuncio de su derrota ante el cáncer, en redes sociales hay varios Trending Topics relacionados con él, entre ellos #GabrielGarciaMarquez, #GraciasGabo, #AdiosGabo, #DescansaEnPazGabo, #CienAñosdeSoledad y #Macondo, que suman al momento más de 400 mil menciones y lamentos. Apenas suficiente para su tamaño y así, sin acentos, como quizá le hubiera gustado.
PD Dicen que sus personajes están inconsolables, como todos.

La perdurabilidad de Pacheco

Nota: Excelsior 8/mayo/1993
Nota: Excelsior 8/mayo/1993

José Emilio Pacheco murió hoy, en la Ciudad de México. Primero Gelman y ahora, él. Dos poetas de esa talla, desaparecidos en dos semanas. Groseramente mucho.

Tomo de mi librero su poemario Islas a la deriva, con el que lo conocí. Lleva escrito a mano “1992”, año en que lo leí por vez primera. Entre sus páginas guardé este recorte de periódico de 1993, en el que respondió a la eterna pregunta “¿para qué sirve la poesía?”. Dijo: “Sin ella, el idioma dejaría de fluir y de cambiar, se estancaría, haría borrosas las fronteras entre la realidad y las palabras que son nuestros únicos instrumentos para entenderla y transformarla.” Luego añadió esto, pertinente hoy: “Es poco lo que uno puede hacer en el campo infinito de la poesía. La perdurabilidad no es personal, uno persiste y continúa, no en su nombre pasajero y en su cuerpo mortal, sino en el trabajo de los demás”.

Sin duda, Pacheco seguirá vivo no sólo en sus textos, sino también en el trabajo de los cientos de poetas, narradores, ensayistas y traductores que marcó, así como en los lectores que deja huérfanos. Yo, entre ellos.