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Supongamos que escribo por esto

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Hace unos días presenté de nuevo mi libro de poesía Rabia de vida/ Rabia debida en la librería Rosario Castellanos, en el marco de la Feria del Libro Independiente de la Ciudad de México. Es la tercera presentación oficial del mismo, más varias lecturas, coladas aquí y allá. Esta vez tuve el gusto de compartir la mesa con mi querido amigo Rafael Carballo, quien estaba dando a conocer Fiasco, un libro suyo publicado igualmente por Editorial Resistencia. Supongo que eso nos hace hermanos de editorial (cursilería gremial, podría llamarse). Y nos acompañó también Daniel Saldaña París, magnífico narrador y poeta que presentó ambos libros y fue muy amable en sus comentarios, además de agudo.

Pensaba compartir hoy el breve texto que leí en esa ocasión, pero ahora lo hago con doble gusto porque ayer mi querido Borgeano preguntaba en su espléndido espacio, El blog de arena: “¿por qué escribes?”. Allá respondí brevemente y aquí amplío la respuesta, en lo que podría considerarse una declaración de principios. Y yo también quisiera saber: ¿por qué escribes tú, que pasas por aquí?

PRESENTACIÓN DE FIASCO Y RABIA DE VIDA/ RABIA DEBIDA
LIBRERÍA ROSARIO CASTELLANOS, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO, D. F.
20 DE MAYO DE 2015

Me pregunto por qué escribo y entonces me viene a la memoria esto, del chileno Nicanor Parra:

“¿Que para qué demonios escribo? […]

Supongamos que escribo por envidia”.

Nicanor Parra, “Telegramas III”

Supongamos, sí, que escribí esta Rabia de vida/ Rabia debida por envidia, porque con frecuencia leo versos que me generan la codicia de no haberlos escrito yo y de no poder nunca escribirlos, pero de todas formas borronear intentos;

supongamos que sigo escribiendo porque en este ejercicio llevo años y aún no aprendo, porque aquí reúno poemas desde los años 90 y otros muy recientes, en lo que no sé si me consuela por ver que soy consistente o me preocupa, por poco original;

supongamos que escribo también por acariciar la huella de los muchos viajes interiores que hago, a veces por selvas, playas, montañas y, muchas veces, desiertos;

supongamos que escribo por contar mi historia repetida con el poema, ese amante al que vuelvo: primero se me resiste, escurridizo. Luego lo abrazo, le hablo suave al oído y cuando creo que ya lo seduje a golpe de ternura o al menos lo cansé, en general alza los hombros, me mira altivo y se zafa. Pero sí, es verdad que a veces también lo doblego;

supongamos que escribo porque el erotismo no es sólo un estado del cuerpo, también es un estado de la palabra y ambos me retan;

supongamos que escribo porque escribir se parece a seducir y en los dos hay riesgos, adrenalina, pero cuando logro el objetivo (en un caso, seducir; en otro, hacer un poema que me deje satisfecha), recibo una descarga de endorfinas que justifica todo esfuerzo;

supongamos que escribo porque para plantarme de cara al mundo, nada funciona mejor que la poesía y el placer;

supongamos que escribo porque uno no puede entender lo que no tiene palabras para nombrar, decía Rosa Montero, de manera que estos poemas surgieron buscando decir el placer para entenderlo, inventarlo de nuevo mediante el lenguaje, hacerlo navegar entre palabras y silencios;

supongamos que escribo porque los buenos poemas se sienten con el cuerpo, igual que el deseo;

supongamos que escribo porque, entre sábanas, un cuerpo es varios, habla lenguas desconocidas, se agiganta y tornasola. Por eso el sexo y la poesía dan escalofríos: son un ir a contracorriente del mundo, un asomarse a tierras vírgenes donde crece el misterio.

Por eso Rabia de vida/ Rabia debida acude a ambos, poesía y deseo, placer y verso, para tratar de sacarse lo que le arde por dentro, pero siempre lo dice mejor Nicanor Parra. Por eso mejor leo el poema completo, mientras lo suscribo:  

“¿Que para qué demonios escribo?

Para que me respeten y me quieran

Para cumplir con dios y con el diablo

Para dejar constancia de todo.

Para llorar y reír a la vez

En verdad en verdad

No sé para qué demonios escribo:

Supongamos que escribo por envidia”.

Para qué demonios escribo

Foto: Pin Campaña
Foto: Pin Campaña

Hace muchos años, Nicanor Parra escribió este poema claro. Originalmente chileno y reciente ciudadano de la República Glaciar creada por Greenpeace, el creador de la antipoesía garabateó estas líneas en algún cuaderno. No sabía que yo iba a citarlo hoy porque lo de “dejar constancia de todo” me iba a resultar iluminador sobre por qué escribo. Algo así.

Telegramas III

“¿Que para qué demonios escribo?/

Para que me respeten y me quieran/

Para cumplir con dios y con el diablo/

Para dejar constancia de todo.//

Para llorar y reír a la vez/

En verdad en verdad/

No sé para qué demonios escribo:/

Supongamos que escribo por envidia”.

Mi lista de libros necesarios 2013

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Algún amigo había preguntado al respecto y mi querido Borgeano me dio esta idea lúcida, así que a punto de cerrar este año, aquí está mi selección de libros 2013, los que ricamente poblaron mis días y noches de universos. No son 10, sino 23+1, contra el afán canónico que en estas fechas propone “los 10 mejores…” de todo. Algunos son novedades, otros no. El criterio que los une es que me sacudieron, me impresionaron, los hice propios y hoy son tan míos como mi pie o mi mano.

Se han vuelto amigos queridos Nicanor Parra, los poetas chilenos de la resistencia, Andrés Neuman, Saul Bellow, Patti Smith, Yuri Herrera, Ana Clavel, Alfonsina Storni, Fernando Rivera, Ana María Rodas, Tennessee Williams, Sylvia Molloy, Alfredo Serra, Héctor Abad, Idea Vilariño, Alejandro Hernández, Juan Gelman, Carlos Velázquez, Aurora Venturini, Francisco Hernández, un genial diccionario de intuiciones, Vladimir Nabokov y Álvaro Cepeda. Sin duda, piso más firme con ellos bajo el talón.

Mi encuentro con Parra y Rulfo en la FIL

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Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por principio de cuentas, tengo el alma vaporosa y esperanzada. Ríos y ríos de gente haciendo fila para pagar una entrada y luego comprar libros me devuelven la certeza de que México tiene esperanza. Se dice que la gente no lee. Mentira. Lee si encuentra cosas relevantes para su vida.
Por finales de cuentas, ando doblemente vaporosa por una joya absoluta con la que me topé ayer: Discursos de sobremesa, de Nicanor Parra. Son cinco discursos en los que entreteje poesía, anécdota, juego de lenguaje, discurso directo y hasta una cita del Chapulín Colorado. El primero, oh hados, es el discurso de cuando recibió en la FIL el Premio Juan Rulfo (1991). En alguno de los 50 poemas-que-no-lo-son se autollama “Rulfiólogo de jornada completa” y dice esta verdad sólida: “[…] Rulfo viene del sur/ Rulfo viene directamente del vientre materno/ Rulfo viene del fondo de sí mismo/ […] Rulfo viene de vuelta de todos los archipiélagos”. Leerlo en el contexto de esta fiesta de palabras que es la FIL le da aún más hondura a la experiencia.