Archivo de la categoría: Chile

Un día he de visitar el país de Nicanor Parra, de Vicente Huidobro, de Gonzalo Rojas. Mientras, acumulo ganas.

#LunesDeMonos Mi maldito teléfono celular

Cartón: Alberto Montt www.dosisdiarias.com
Cartón: Alberto Montt http://www.dosisdiarias.com

Es lunes de nuevo, aunque cueste digerirlo. Antes de entrar en materia pido una disculpa a la comunidad de este blog. La semana pasada estuve de viaje y dos factores se conjugaron para que prácticamente no pudiera postear ni subir fotos ni contestar comentarios ni convocar al #SábadoDeMúsica: uno es la antigüedad de mi teléfono inteligente (en vez de adquirir sabiduría, se ha vuelto irremediablemente idiota conforme pasan los años) y la otra es la mala señal de Internet en el corazón de la Península de Yucatán, donde me encontraba. Entre ayer y hoy, ya de vuelta, he tratado de compensar, poniendo orden en el blog y respondiendo los comentarios atrasados. En estos días subiré entradas adicionales sobre el viaje, que creo resultarán interesantes y apetecibles en más de un sentido, pero mientras va un cartón para animar el inicio de semana.

Es del chileno Alberto Montt, frecuente invitado a este espacio. Claro que me identifico con lo que dice, cómo no. He desarrollado una intensa relación amor-odio con mi teléfono celular. Lo necesito para comunicarme, para postear en el blog y en redes sociales, para tomar fotos, para hablar, pero lo odio porque cuando no me permite hacerlo. Sin querer he mandado todo tipo de errores en mensajes, en tuits, en respuestas a comentarios, un poco por el mínimo espacio para escribir pero sobre todo por el famoso autocorrector que decide por su cuenta. Así, un “como te decía, manda por favor tu respuesta cuanto antes” se convierte gracias a sus artes oscuras en “cómo te decía, mandá por favor tu respuesta cuánto antes”. Malditos teclados miniatura y malditos celulares tan necesarios. Como el mío es idiota, seguro no toma represalias por mi exabrupto.

Da click aquí para ir a la entrada La vergüenza de tener un hijo feo, con cartón de Alberto Montt

Muestrario de páginas en blanco

Fotos: Anacleta Palmer http://anacletapalmer.blogspot.mx
Fotos: Anacleta Palmer
http://anacletapalmer.blogspot.mx

Tenía tiempo de no pasar por la espléndida revista de fotografía online mambomag.com. Siempre que lo hago encuentro algo hermoso que traer a casa, para abrazarlo y hacerlo mío. Esta vez es el trabajo de la española Anacleta Palmer, artista residente en Chile. Fotógrafa en la mano derecha y diseñadora en la izquierda, combina ambas para crear la serie De cuerpo ausente. Se trata de imágenes descontextualizadas en torno al tema de la ausencia, del no-cuerpo, trabajadas con luz natural y sí, manipuladas para proponer “[…] un tesoro de lagunas y ausencias,/ un muestrario completo de páginas en blanco” (versos que tomo prestados del poema “Cosas que no tendremos” de la española Josefa Parra). Me encanta.

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Montt + Liniers, en México

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El próximo viernes estaré en Oaxaca, pero si estuviera en la Ciudad de México no querría ninguna otra cosa que ir a este evento. El argentino Liniers y el chileno Montt son dos genialidades que disfruto con frecuencia en libros y en sus respectivas páginas web: www.porliniers.com y www.dosisdiarias. com. Además tengo la suerte de conocerlos y atestiguar que son seriamente inteligentes y ágiles, divertidos a morir. Así que tenerlos juntos, en vivo, es como para no aguantar la felicidad. Los presenta Editorial Sexto Piso, que los ha publicado a ambos, y Librerías Gandhi. Si puedes ir, no te lo pierdas por nada del mundo.

Da click aquí para ir a más entradas sobre Liniers

Da click aquí para ir a más entradas sobre Montt

La urgencia de Neruda, a 3000 metros de alto

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Neruda no renuncia a su vocación escritora, a más de 40 años de muerto sigue jugando con versos. Y qué bueno. Acaba de salir a la venta en México Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Seix Barral), libro con 21 textos desconocidos del chileno. Entresacados de los miles de papeles de su archivo, y por alguna razón no incluidos por el autor en su recapitulación Memorial de Isla Negra (1964), fueron escritos en cuadernos, hojas sueltas, menús y hasta en el programa musical de un barco en el que viajaba. Descubiertos recientemente, son ahora dados a conocer en una edición que incluye algunas páginas facsimilares de su puño y letra, además de una introducción de Darío Oses, director de Archivos de la Fundación Pablo Neruda.

Ahí están los temas a los que siempre acudió: el amor, su vocación, el mundo, Chile. Me gusta el poema en el que el escritor reconocido recomienda modestia al Neruda joven que se inicia en las letras: “[…] alarga tu silencio/ hasta que en ti/ maduren/ las palabras […] no te metas/ a presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas […] tienes/ que ensuciarte las manos/ con aceite quemado,/ con humo/ de caldera”. Y el texto en el que se queja de la “prostitución de cada día” que implica el teléfono: “[…] Pasé a ser telefín, telefonino,/ telefante sagrado,/ me prosternaba cuando la espantosa/ campanilla del déspota pedía/ mi atención, mis orejas y mi sangre,/ cuando una voz equivocadamente/ preguntaba por técnicos o putas/ o era un pariente que yo detestaba/ una tía olvidada, inaceptable”.

Otro, de tono erótico, lo escribió sobre un menú, como deja ver la imagen facsimilar del libro y además anotó en la esquina de la hoja: “Día 29 diciembre 1952. 11 de la mañana. Volando a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro”. Es decir que los versos le asaltaron, apremiantes, en pleno vuelo, igual que pasa con el deseo. Y a más de 3,000 metros de alto convirtió la urgencia en este poema terrestre:

“Por el cielo me acerco

al rayo rojo de tu cabellera.

De tierra y trigo soy y al acercarme

tu fuego se prepara

dentro de mí y enciende

las piedras y la harina.

Por eso crece y sube

mi corazón haciéndose

pan para que tu boca lo devore

y mi sangre es el vino que te aguarda.

Tú y yo somos la tierra con sus frutos.

Pan, fuego, sangre y vino

es el terrestre amor que nos abrasa”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Mafalda, entrada en años

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Dibujo: http://www.dosisdiarias.com

La encantadora Mafalda que concibió Quino pedía detener el mundo para poder bajarse. Ahora, el ilustrador chileno Alberto Montt (quien recién presentó el volumen dos de su serie En dosis diarias, publicado por Sexto Piso), propone una variante: la de la Mafalda madura y ligeramente amargada, que pide que sean otros los que se bajen.

No es por hacerle mala sangre al sábado, pero me identifico con su petición. Perdonen: sé que es época de amor al prójimo, villancicos y demás publicidad que tintinea, pero además de que la fecha no me inspira, algunos simplemente no se lo merecen.

Da click aquí para ir a la entrada Historia del náufrago con mala ortografía, con un cartón de Montt

 

“Los últimos 30 años han hecho enorme diferencia para los gays”: Simonetti

 

El autor (foto: Sebastián Utreras)
El autor (foto: Sebastián Utreras)

Autor de seis novelas y fenómeno de ventas, el escritor chileno Pablo Simonetti presentó recientemente La soberbia juventud, novela con toques autobiográficos sobre un joven de clase alta que tiene problemas para vivir su homosexualidad. En SoHo platicamos con él.

Ante la imposibilidad de vernos en México, acordamos encontrarnos por Skype para hablar de su nueva novela, publicada por Alfaguara. Pantalla de por medio, la comunicación no prometía ser la más fluida, pero platicamos a gusto. Así me entero de que el también activista por los derechos de las minorías sexuales no viene del mundo de la literatura: estudió ingeniería pero cuando se topó con los libros, dejó todo y se dedicó a escribir. Lo encuentro un tipo sensible, de ideas claras y que asume de frente su condición gay, tema central del libro. Aquí, fragmentos de lo que conversamos.

Sanar la relación familiar. Felipe, el protagonista de la novela, es guapo, tiene carisma, clase y educación. Goza de muchos privilegios, pero como viene de una familia muy conservadora le cuesta vivir como gay. Tiene que enfrentar su necesidad de ver al otro, de abrazarlo, además de sanar la relación con su familia, porque los problemas no resueltos con los padres se transfieren a tus relaciones de pareja. Cuando uno sale de un sistema controlado, como le pasa a él y como me pasó a mí, duda mucho y busca figuras de autoridad, pero resulta dañino porque te impide hacerte su propia idea de las cosas.

Las mujeres del siglo XIX y el gay actual. La novela parte de un amor desesperado, en el que todo se somete a los dictámenes de la pasión. Para construir a Felipe me basé en dos personajes que adoro: Isabel Archer, de Retrato de una dama, de Henry James, y Lily Bart, de La casa de la alegría, de Edith Wharton. Ambas son mujeres del siglo XIX, tienen el mundo a sus pies y todo el mundo las adora, pero no ven que tienen enfrente un amor de verdad. Igual le pasa a Felipe. Aunque los tres personajes creen poder demorarse, la oportunidad puede pasar de largo. El tema de fondo es que ellas, mujeres del siglo XIX, y él, un gay de hoy, pueden aspirar a la plena ciudadanía, sin subyugarse ante otros poderes.

Perder todo por asumir la preferencia sexual. La situación actual es muy distinta a la que yo viví cuando salí del clóset, en 1987. Entonces ser homosexual era un crimen, un pecado y hasta una enfermedad mental. Mientras estudiaba en Stanford, Estados Unidos, me reconocí a mí mismo gay y empecé a vivir como tal. Cuando volví a Chile, en 1989, hablé con mi familia y fue muy doloroso. Chile venía saliendo de la dictadura, la sociedad era muy machista, estaba muy normada. Yo tenía 25 años y al asumir mi preferencia de alguna forma los perdí a ellos, las posibilidades de trabajo, las comodidades. Tuve que ganar todo de vuelta. En cambio, hoy todo es distinto, como se refleja en la novela. Estos últimos 30 años han hecho una diferencia tremenda en la vida de un homosexual.

La soberbia juventud. Los jóvenes son soberbios desde siempre, se jactan de entender el mundo, de dominarlo. Lo veo en los talleres de literatura que doy, pero al mismo tiempo los admiro por bellos e intensos. Así también es Felipe, el protagonista. Sin embargo, con los años he aprendido que conviene ser humilde con el propio juicio e incluso con las cosas que uno cree haber logrado bien, como las propias novelas. Quizá la humildad es mi mayor aprendizaje de vida, he tenido que asimilarla a fuego lento.

¿Hay una literatura gay? Si la obra es buena, lo es independientemente de la preferencia sexual del autor. La historia literaria ha estado dominada por hombres heterosexuales, blancos, y de ahí parte la discriminación tanto hacia las mujeres como hacia los gays. Ahora la literatura se ha abierto a espacios que no estaban siendo narrados. Me parece fantástico que se plasme en libros la diversidad de la vida, y eso incluye a autores gays y escritoras lesbianas.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo)

 

“Hay muertos que hacen temblar la tierra”: Tina Modotti

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En 1942 murió en México Assunta Adelaida Modotti, fotógrafa italiana y activista de izquierda. La obra de teatro María Tina Modotti, que se presenta en el Teatro Sergio Magaña de la capital mexicana bajo la dirección de Haydeé Boetto y Gabriel Figueroa Pacheco, aborda su vida estrujante a partir de tres actores y un bello juego escénico creado a partir de grandes maletas, que en coreografía van trazando distintos espacios. El texto de Zaida Rico (quien también encarna a Modotti) se centra en la Tina luchadora social y la enamorada del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, asesinado en los propios brazos de ella y de cuya muerte fue absurdamente acusada. El personaje de Modotti asegura de él en una línea poderosa: “Hay muertos que hacen temblar la tierra”.

La obra me gustó pero a ratos el texto me pareció flojo y me hizo falta ver en escena a la Tina también fotógrafa, la artista vital, así como dar más peso al poema que Pablo Neruda le dedicó, que apenas se menciona. Compañeros de ideario político y ambos involucrados en la Guerra Civil Española, el chileno le escribió a su muerte:

“Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.  

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.  […]

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre,
los que de todas parte del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos.
Porque el fuego no muere”.  

Hay muertos que hacen temblar la tierra. Sí, como la propia Tina. Qué gusto que el buen teatro nos lo recuerde.

La vergüenza de tener un hijo feo

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Ilustración: Alberto Montt

Me atrevo a adaptar a mis fines literarios este cartón del notable Alberto Montt porque no traiciono el sentido último del mismo: él, humorista gráfico, se enfrenta diario al papel en blanco que espera un cartón, una viñeta. Yo, que escribo por vocación y porque no puedo evitarlo, tengo el reto cotidiano de vaciar en palabras lo que me sorprende, me duele, me emociona.

Con las distancias que confiere el genio que mueve sus manos, cada uno conoce desde su trinchera la frustración que genera la obra fallida, el hijo feo ya presentado en sociedad, el vástago tonto que uno no sabe cómo defender. Avergüenza porque uno siempre cree que podía haber tenido descendientes más guapos y capaces, si sólo…

Ante la desgracia ocurrida, sólo cabe esperar que el tiempo diluya el mal recuerdo. En eso estoy. #LunesDeMonos.

Lo que viene siendo un poema de madera

Barco

“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”, escribió Pablo Neruda en Confieso que he vivido.

Lo cita Ricardo Miranda en una conmovedora crónica en la revista SoHo de este mes. En ella habla de Rodrigo Parra, chileno de Isla Negra, hogar de Neruda por años. En “Historia de un capitán y su barco en tierra”, el autor narra cómo este expublicista convirtió su casa en un navío, lo llamó La Nave Imaginaria y consiguió que la Armada chilena le diera certificado de navegabilidad y permiso de zarpe… aunque esté en tierra. Es decir, este niño de 43 años se niega a dejar de lado los juegos de piratas y construye un buque para habitar su aventura. Su envidiable Nave Imaginaria es algo así como un poema de madera, que a Neruda le hubiera hecho sentido.

Hoy mi casa me parece menos juguetona que nunca.

Actualización 23 de julio de 2014: El propio Rodrigo Parra, protagonista de esta historia, pasó por este espacio y dejó un comentario que puedes ver abajo y que agradezco en el alma. Da click aquí para ir al sitio web de la Nave Imaginaria. Salve, capitán.

Poemita para seducir a una mujer de otro mundo

Pintura: William Adolphe Bougereau
Pintura: William Adolphe Bougereau

Llega otro #MiércolesDePoesía. Esta vez recibo la visita del chileno Óscar Hahn con un breve poema lúdico, perfecto para dedicarlo a amadas que parecen flotar:

“No seas vanidosa amor mío/

porque para serte franco/

tu belleza no es del otro mundo/

Pero tampoco es de éste.”

(“A mi bella enemiga”, tomado del sitio web http://amediavoz.com, espléndido compendio de poesía erótica).

Por qué América se llama así

Mapa de Martin Waldseemüller

En 1507, el clérigo alemán Martin Waldessmüller realizó un mapa que cambiaría la forma de entender el mundo. Consta de 12 bloques de madera que forman una imagen de 2.50 por 1.20 metros y se volvió fundamental porque es el “acta de nacimiento” de América: nombra por primera vez así al “nuevo” continente, aunque también contiene numerosas imprecisiones, cuenta Simon Garfield en el tesoro inagotable que es su libro En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto, publicado por Taurus (da click en Las monjas que intuyeron a Borges y Cómo Google Maps alimenta el ego, otras entradas sobre este libro).

El nombre figura sobre Sudamérica y en un recuadro en la parte inferior izquierda, Waldessmüller anota que “los antiguos no hacen mención” de esta zona y que su inclusión se basa “en conocimientos geográficos auténticos y precisos”. Además, en la parte superior representa a dos personajes: a la izquierda Ptolomeo, padre de la cartografía, junto al ya conocido hemisferio oriental, mientras a la derecha aparece Américo Vespucio, junto al nuevo hemisferio occidental.

Recuerdo que en mis años escolares me pregunté por qué el continente lleva el nombre de Vespucio, personaje del que nunca oí nada, y no el de Cristóbal Colón, protagonista en mis clases de historia y en la “fiesta” del 12 de octubre. Ahora salgo de la duda: resulta que Vespucio, navegante florentino, realizó varios viajes a Sudamérica en los primeros años del siglo XVI y fue considerado por muchos el primero en llegar a la tierra recién explorada. Luego se aclaró que Colón fue el primero, pero se ve que al momento de hacer su mapa, Waldseemüller era de los fans de Vespucio. Así, explica en la introducción a su mapa: “Puesto que tanto Europa como Asia recibieron nombres de mujeres, no veo razón alguna para  no llamar a esta parte del mundo Amerige, esto es, la tierra de Americo, o América, por Americo, su descubridor”. Y aunque seis años después, en otro mapa Waldseemüller nombró a Colón como el primero en llegar a tierras incógnitas, era tarde: ya se había copiado masivamente su representación del mundo y, con ella, el nombre América para designarla.

Amo estas historias fantásticas que subrayan la fuerza del azar.

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La historia del náufrago con mala ortografía

Cartón: Alberto Montt
Cartón: Alberto Montt

Lo digo sin pudor en este #LunesDeMonos: me gusta la ortografía. Como sustenta bien Álex Grijelmo en Defensa apasionada del idioma español (Taurus), las reglas de la lengua brindan un vital sentido de unidad entre los hispanohablantes de hoy y de ayer. Por eso y porque disfruto mucho el español sigo su ortografía, le pongo atención en mí y en otros, la defiendo como cruzado en tierra de infieles. Así que me parece particularmente divertido este reciente cartón que el chileno Alberto Montt subió a su página web www.dosisdiarias.com. Yo también diría “que se joda”.

 

Ponerse el disfraz de camisa sucia

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En este #MiércolesDePoesía propongo paladear un poema breve del chileno Óscar Hahn (1938), el mismo que tardó 20 años en escribir su primer libro, Arte de morir, y que quiere que su poesía sea vista por generaciones futuras como una de las biografías del hombre, una de las posibles biografías del hombre”. Viene incluido en un librito que compré la semana pasada en la Feria del Libro Independiente y el giro del verso final es un lujo. Provecho.

Fantasma en forma de camisa

“Estuve todo el día entre tu ropa sin lavar/

disfrazado de camisa sucia//

Te oí llenar la artesa con agua/

y abrir la caja de detergente//

Te vi de rodillas frente a la artesa/

restregando las prendas una a una//

Y ahora siento tus manos atónitas/

y tus ojos clavados en mí bajo el agua//

porque aunque raspas y escobillas y refriegas/

no consigues sacar la sangre de mi costado”.

-Óscar Hahn, Poemas de amor (Libros del ciudadano)

 

Para qué demonios escribo

Foto: Pin Campaña
Foto: Pin Campaña

Hace muchos años, Nicanor Parra escribió este poema claro. Originalmente chileno y reciente ciudadano de la República Glaciar creada por Greenpeace, el creador de la antipoesía garabateó estas líneas en algún cuaderno. No sabía que yo iba a citarlo hoy porque lo de “dejar constancia de todo” me iba a resultar iluminador sobre por qué escribo. Algo así.

Telegramas III

“¿Que para qué demonios escribo?/

Para que me respeten y me quieran/

Para cumplir con dios y con el diablo/

Para dejar constancia de todo.//

Para llorar y reír a la vez/

En verdad en verdad/

No sé para qué demonios escribo:/

Supongamos que escribo por envidia”.

Escritores contra el espionaje

Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)
Algunos firmantes: Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)

Más de 500 autores de 81 países condenaron estos días el espionaje de las agencias de inteligencia revelado por Edward Snowden. El necesario manifiesto “En defensa de la democracia en la era digital” señala que el espionaje masivo viola el derecho humano a no ser observado. “Una persona vigilada no es libre; una sociedad vigilada no es democrática”, subrayan. Además piden a la ONU la protección de los derechos civiles en el mundo digital.

Entre las firmas internacionales saltan los premios Nobel J. M. Coetzee, Elfriede Jelinek, Günter Grass y Orhan Pamuk, además de Don DeLillo, Margaret Atwood, Ian McEwan, Julian Barnes, Martin Amis, Amos Oz, Lionel Shriver, Etgar Keret y Jonathan Lethem. Contra 83 nombres de autores alemanes, Hispanoamérica completa está representada por 40 autores de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, México y Perú (los demás países no figuran). Qué bueno que estén los nombres que están, qué lástima que falten muchos otros. Me parece intrínseca a la escritura la demanda de libertad.

Aquí el enlace al manifiesto: http://goo.gl/gThQXf

#MiércolesDePoesía Por qué este hombre se prendió fuego

Sebastián Acevedo
Sebastián Acevedo

Estaba desesperado. Pedía que le devolvieran a sus dos hijos detenidos ilegalmente, acusados por la dictadura de terrorismo. Trabajador sin mayores recursos, buscó ayuda de las autoridades civiles y militares de Chile, de los medios, de todos. Pero nada. Hace 30 años, Sebastián Acevedo se roció con bencina y se prendió fuego. Pocas horas después murió. Sus hijos fueron liberados. Dejó un hueco helado, quemante. Hoy, #MiércolesDePoesía, comparto esto que escribió Gonzalo Rojas, para fijar en palabras ese amor desaforado:

“Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.

[…]

Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado”.

-Gonzalo Rojas, “El alumbrado”

Inutilidad de los aniversarios

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Los aniversarios son fechas superfluas. No sirven para nada si no para que uno las anote en el calendario y se compare con el que fue cuando ocurrió algo: “Hace cinco años, cuando entré a trabajar aquí, no había nacido mi hija. Cuánto he cambiado desde entonces. No sirven para nada salvo para recordar hitos: “Hace un año compré esta casa”. No sirven para nada excepto para tomar nuevos rumbos: “Llevo cinco años casada e infeliz. Es hora de pensar en el divorcio”.

Estoy celebrando un aniversario más de esta relación de pareja que me colorea el cuerpo y el alma, me permite ser quien soy y me empuja a crecer, una relación en la que “si él me mira yo me vuelvo hermosa”, diría la chilena Mistral. Este aniversario no sirve para nada salvo para reiterar que sí, me gusta que él sea el hombre que yo amo.

El fornicio, en voz de Rojas

joehensonfineart.com
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“Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,/ mi vergonzosa, en esos muslos/ de individua blanca, tocara esos pies/ para otro vuelo más aire que ese aire/ felino de tu fragancia, te dijera española/ mía, francesa mía, inglesa, ragazza,/ nórdica boreal […]” -Gonzalo Rojas, “El fornicio”.

Nada que añadir a estos versos, que el autor confesó haber escrito no en la juventud sino en una de sus “pubertades cíclicas”. Lo único que me atrevo a hacer ante ellos es ofrecer este enlace, de la voz del autor leyendo el poema entero (da click aquí):

Tu nombre se desgaja de los labios

tu nombre/ se desaja de los labios/ seco/ y sin aire/ cae tu nombre solo/ con estruendo/ se desprende como roca/ y quiebra el suelo/ resbala muerto/ golpeado por el sol/ tu nombre lejano/ quieto//   -Julia Santibáñez