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#FILGuadalajara “Lo que me importa es cómo me gustaría escribir”: Enrique Vila-Matas

Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)
Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)

Para explicar por qué ejerce el oficio de buscar palabras, desde la FIL el autor español soltó dos joyas que me quedan resonando.

“Alguna vez leí sobre un niño que se negaba a hablar. Preocupados, sus padres ordenaron hacerle todos los estudios imaginables y los especialistas encontraron que no había ninguna razón médica para su silencio. Es decir, no hablaba aun pudiendo hacerlo. Así creció. Sus padres se acostumbraron a comunicarse con él sin palabras y todos en paz. Por fin, cuando tenía 35 años un día le sirvieron un helado y dijo: ‘Este helado está horrendo’. En cuanto pudo reponerse, la madre le preguntó cómo era posible, por qué llevaba todos estos años sin hablar. Él dijo, simplemente: ‘Antes todo estaba perfecto’. Por eso escribo, por eso escribimos: porque no todo es perfecto”.

Lo dijo aquí en la FIL el autor catalán Enrique Vila-Matas, en conversación con el también escritor Julio Trujillo. Es una de las formas más plásticas que conozco para explicar el oficio. Y el recién galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 también dijo al presentar su novela Marienbad eléctrico, publicada por Almadía: “Escribo por la necesidad de romper viejos preceptos literarios. No quiero ser arrogante, pero el objetivo fundamental en todo lo que escribo es trazar nuevas escrituras. Es decir, no me importa tanto cómo escribo, sino cómo me gustaría escribir”.

Son el tipo de joyas que me llevo de la Feria.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Poema porque duele recordar días mejores

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En el #MiércolesDePoesía que se viene encima no se me ocurre nada mejor que compartir un poema de Fabián Casas, autor argentino del que conseguí esta antología en la reciente Feria del Libro. Su poesía cotidiana, sin grandilocuencias pero con hondura, me tiene encantada. Este poema en específico deja un sutil sabor a metal, como el recuerdo de días felices.

 

“A las cosas no les importan los mortales.

Ayer encontré esa foto

que ni recordaba,

y te juro que parecíamos tranquilos

en ese simulacro del papel y de la luz”.

-Fabián Casas, “Foto 1965”, Tuca en Horla City y otros. Toda la poesía 1990-2010 (Emecé, Cruz del Sur).

¿Escribir? No, más bien corregir

 

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Estoy de vuelta de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, luego de tres días intensos, cargados de actividad y emociones en torno a los libros, las palabras. La parte que más disfruté fue escuchar a autores que admiro hablar sobre su escritura, las dudas que conlleva y lo inevitable de ejercerla, las perplejidades que implica. Me llamó la atención la insistencia de varios de ellos sobre el mismo tema: la corrección, la poda de los textos. Aquí, algunos comentarios que se me grabaron:

Fabio Morábito: “Cuando termino la primera versión de un cuento o un poema, el primer borrador, entonces empieza el trabajo de pulir, en una lucha con el lenguaje que muchas veces fracasa […] Escribir poesía es escribir 10 poemas para que, al final, resulte uno”.

Isabel Mellado: “El cuento era más inteligente que yo, tuve que darle tiempo para entenderlo y poder aterrizarlo”.

Andrés Neuman: “Escritor no es el que escribe, sino el que corrige sus textos. Para mí, escribir es sinónimo de tachar”.

Y lo conecto con las palabras de Truman Capote en Música para cocodrilos (Anagrama), que estoy leyendo y abona al mismo concepto: “Al principio [escribir] fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal”.

Nunca he vivido la escritura como algo fácil, pero me gusta que plumas grandes me confirmen que estoy en lo correcto.

Voy de camino a entrevistar a Fresán

Foto: Jairo Vargas
Foto: Jairo Vargas

Uno de los enormes privilegios de mi trabajo es que me permite acercarme a conversar con gente a la que admiro. En este caso, voy de camino a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para entrevistar a Rodrigo Fresán, autor argentino radicado en España y uno de mis favoritos.

Estoy nerviosa, cosa que no suele pasarme. Es que su novela, La parte inventada (Random House), es un lujo del estilo y la propuesta literaria, y eso lo admiro profundamente pero al mismo tiempo me impone. En su narrativa redefine las reglas de la escritura como una suerte de arriesgado malabarista: hace giros y piruetas y no se sabe cómo logra caer, preciso, en un banquito minúsculo cuando suena el redoble final del tambor. Fresán construye en La parte inventada (de nuevo y quizá más que nunca) realidades sólidas que no existían, en lo que considero una de las novelas más innovadoras que conozco. Viene al caso esta cita, del propio libro: “Updike dijo en una entrevista: La primera idea que tuve sobre el arte, cuando era niño, fue que el artista traía al mundo algo que no existía antes, y que lo hacía sin destruir nada a cambio. Una especie de refutación de la conservación de la materia. Ésa me sigue pareciendo su magia central”. Eso es exactamente lo que él logra, por eso entrevistarlo es como sentarse a preguntarle a un dios de la literatura. A ver si no es para ponerme nerviosa.

Que Gelman estará en la FIL 2014

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Apenas clausurada la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de este 2013 se anuncia que el año siguiente, el país homenajeado será Argentina. Me fascina la idea. Desde que descubrí a Borges y a Cortázar en la universidad, los autores argentinos me atraparon. Con el tiempo y las lecturas aumentaron sus dominios, en especial los últimos años, en los que he ido muchas veces a Buenos Aires y vuelto feliz de libros. De sabores. De abrazos.

Algunos dicen que el poeta Juan Gelman estará en la FIL con la delegación argentina. No hay mejor noticia. Lo conozco de viejo, he pasado con él horas quietas, le agradezco versos fulgurantes. Ojalá pueda decírselo. Mientras, repito este rayo de luna captado por él:

Cómo será pregunto.

Cómo será tocarte a mi costado.

Ando de loco por el aire

que ando que no ando.

 

Cómo será acostarme

en tu país de pechos tan lejano.

Ando de pobre cristo a tu recuerdo

clavado, reclavado.

 

Será ya como sea.

Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.

Me comerás entonces dulcemente

pedazo por pedazo.

 

Seré lo que debiera.

Tu pie. Tu mano.

Escribo para aprender

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“No se escribe para enseñar. Se escribe para aprender”, dice Rosa Montero en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Todo un tratado en dos líneas. Me doy cuenta que lo sabía, sin saberlo, como seguramente le pasa a todo el que escribe por necesidá.

Mi encuentro con Parra y Rulfo en la FIL

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Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por principio de cuentas, tengo el alma vaporosa y esperanzada. Ríos y ríos de gente haciendo fila para pagar una entrada y luego comprar libros me devuelven la certeza de que México tiene esperanza. Se dice que la gente no lee. Mentira. Lee si encuentra cosas relevantes para su vida.
Por finales de cuentas, ando doblemente vaporosa por una joya absoluta con la que me topé ayer: Discursos de sobremesa, de Nicanor Parra. Son cinco discursos en los que entreteje poesía, anécdota, juego de lenguaje, discurso directo y hasta una cita del Chapulín Colorado. El primero, oh hados, es el discurso de cuando recibió en la FIL el Premio Juan Rulfo (1991). En alguno de los 50 poemas-que-no-lo-son se autollama “Rulfiólogo de jornada completa” y dice esta verdad sólida: “[…] Rulfo viene del sur/ Rulfo viene directamente del vientre materno/ Rulfo viene del fondo de sí mismo/ […] Rulfo viene de vuelta de todos los archipiélagos”. Leerlo en el contexto de esta fiesta de palabras que es la FIL le da aún más hondura a la experiencia.