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“Crimen y castigo” se llamaba “Himen y castigo” (animación en video)

Para La Hora Elástica, programa de TVUNAM en el que tengo el gusto grosero de colaborar, unas manos creativas animaron un textito mío. En él juego con posibles títulos de novelas si los duendes de las erratas metieran su mano en esos fuegos, perdón, juegos.

El video dura poco más de dos minutos y es precioso. De veras.

Aquí lo dejo, para deleite de las pasas, digo, de las masas.

 

 

 

Cuentos que son como varios rones

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Estoy leyendo Norte, antología que reúne a 49 narradores de esa región de México, compilada por el también escritor Eduardo Antonio Parra (Editorial Era). Abarca desde Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, nacidos a fines del XIX, hasta autores de la camada de los 70, como Luis Jorge Boone, Cristina Rascón, Antonio Ramos Revilla y César Silva Márquez. Como en toda antología hay textos extraordinarios y otros más pálidos, pero en general es un libro sólido que puso en mi radar autores que me sorprendieron, como Pedro de Isla, Julio Pesina, Regina Swain y Vicente Alfonso.

Mientras leo la antología siento una especie de borrachera. Los cuentos pasan rápido, van en chinga con sus caras de frontera que une y separa, de droga, desasosiego, violencia, migrantes, familia, sexo, ironía. A veces, una frase abrupta hace un hueco en el estómago, una imagen sacude, como ese padre desangrándose mientras la hija recuerda su trabajo de medio pelo. A veces me hacen reír. El viaje sigue, frenético, de escenas que no caben en ningún lado. En vez de aminorar, el ritmo se acrecienta. De pronto, esto, del cuento “Soñar el sol”, de Julián Herbert: “Vacío el resto del vaso. El efecto de la cápsula y el ron es inmediato: un deseo muy claro de contemplación. Acelerado. […] Y lo que tengo en la voz es la distancia, el vacío de tiempo en que recorro con mi lengua su barbilla y ella gime, y estamos a un par de horas del sol de Monterrey, y yo la miro y el sol no, y el cuello tan delgado que cabría casi entero en mi boca, y la piel de su cuello que contrasta con el negro de mi lengua […]”. Cerrar el libro. Quedarme ahí, quieta, mientras alrededor todo se mueve. Pensar que no entiendo nada. O que de golpe entiendo todo, porque me acabo de dar cuenta que he estado ahí.

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Las erratas ganarán la batalla

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La errata es una “viciosa flora microbiana, reacia a todos los tratamientos de desinfección”, según Alfonso Reyes. En efecto, se esconde igual que los microbios, resiste todo remedio, muta. José Emilio Pacheco contaba que cuando en 1987 escribió un artículo quejándose de ella, dijo: “La errata es el demonio de la lengua”, pero alguien en la mesa de corrección de la revista Proceso cambió una letra, de modo que se publicó: “La errata es el dominio de la lengua” (lo anota Roberto Zavala Ruiz en El libro y sus orillas, FCE).

Cual cruzado en tierra de infieles, persigo con lupa esos bichos que alteran el sentido de un texto. Por eso es natural que esté feliz con este libro de Carlos López, Sólo la errata permanece (Editorial Praxis), compendio de resbalones verbales. Aquí, un ejemplo divertidísimo y patetiquísimo: cuenta José Ferrándiz Lozano que un escritor dictó a su secretaria un texto en el que aludía al arca del Noé. Ella, por descuido, capturó “el arpa de Noé” y cuando el texto llegó a la imprenta, un tipógrafo de gran iniciativa y amplia cultura dijo: “¿El arpa de Noé? ¡No puede ser! El arpa no era de Noé, era de David”. Y así el escritor vio su arca de Noé convertida en arpa de David.

Como dicen que dijo Mark Twain: “Hay que tener cuidado con los libros de salud. Cualquier día podemos morir por culpa de una errata”. Aunque las seguiré combatiendo sin parar, sé que es inútil: van a sobrevivir al planeta, haciendo honor a su calidad microbiana. Mejor me rio. Es decir, me río.

 

Alfonso Reyes, al Récord Guinness

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“Sol de Monterrey”, poema nacido de la pluma del enorme autor mexicano a quien Borges llamó “maestro”, será recitado hoy por unos 15 mil estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. El objetivo es establecer un Récord Guinness del mayor número de gente recitando un texto y, así, “fomentar la lectura”. No sé si se logren las metas pero me da gusto que Monterrey, tierra de Reyes, lo recuerde a través de versos jueguetones como estos:

No cabe duda: de niño,/
a mí me seguía el sol./
Andaba detrás de mí/
como perrito faldero;/
despeinado y dulce,/
claro y amarillo:/
ese sol con sueño/
que sigue a los niños.//

Saltaba de patio en patio,/
se revolcaba en mi alcoba./
Aun creo que algunas veces/
lo espantaban con la escoba./
Y a la mañana siguiente,/
ya estaba otra vez conmigo,/
despeinado y dulce,/
claro y amarillo:/
ese sol con sueño/
que sigue a los niños.//

[…]

 

Actualización: “Debido a la lluvia” no llegaron 15 mil ni 10 mil, pero sí 7,250 jóvenes regiomontanos que leyeron el poema de Reyes. Parece que el número va a alcanzar para establecer el Guinness, pero aún esperar la resolución. Aquí lo que dice la televisión: http://goo.gl/jyDGKl

Español: chasquidos, latigazos, caballería de vocales

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Foto: Tania Gomezdaza. Escultura de Reyes en la Capilla Alfonsina, México, D.F.

“A veces lamento hablar en español: escuchado desde la otra orilla debe ser algo incomparable, lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavas como estacas”. -Alfonso Reyes

No me había planteado cómo se oye el español desde la extranjería. Sí, debe ser  desafiante, estremecedor.