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En qué se parecen un lector y un espejo

No, no es un chiste. Es una idea de Marcel Proust: un lector es un espejo donde el libro se mira y adquiere una de sus formas posibles. Será por eso que lo que se me antoja leer tiene relación con mi estado de ánimo, porque tengo más ganas de encontrarme con tal o cual ángulo de mí.

La cita de Proust va de regalo. Buen martes.

 

“¿Por qué lees?”

Cartón: Forges
Cartón: Forges

Hace poco, mi querido amigo Alberto Diéguez (autor del espléndido blog www.desafectos.wordpress. com) me habló de Forges, humorista gráfico español que publica en el periódico El País. Lo busqué y me encontré este cartón suyo, que tomo prestado para este #LunesDeMonos de la semana en la que se celebra el Día Internacional del Libro. Y acudo al dibujo de Forges porque deja abierta la pregunta de por qué leer, misma que se me antoja contestar ahora y para ello me remito a tres citas que dan en el clavo de las razones por las que los libros son mi vicio:

Por los placeres que regala. “El mayor argumento a favor de la lectura es el placer. No se lee de verdad para instruirse o por deber cultural: eso es otra cosa que no es leer. Se lee y se ama leer porque en la lectura se encuentra una fuente de goces infinitos”. -Pascal Bruckner

Por lo que me revela sobre mí misma. “Cada lector es, cuando lee, lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico ofrecido al lector para permitirle discernir lo que, sin ese libro, no hubiera podido ver en sí mismo”. -Marcel Proust

Por la posibilidad de vivir otras vidas. “Al leer nos metemos por un instante en el incendio que ocurre dentro de la piel de otra persona”. -José Gordon

(Del libro 101 aventuras en la lectura, Artes de México/ IBBY México/ Zimat).

Ahí está. Eso respondo.

 

 

Viaje exterior/ viaje interior

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 “Le véritable voyage de découverte ne consiste pas
à chercher de nouveaux paysages,
mais à avoir de nouveaux yeux”.
-Marcel Proust

En algunas horas salgo de viaje de trabajo por varios días y asumo que nunca me había costado tanto subirme al avión. No estoy en mi mejor momento, siento la piel delicada, los brazos agotados, el alma vulnerable. Una enorme parte de mí hubiera preferido quedarse en casa, pero otra asume que el mundo sigue andando, que hay que fluir y no querer controlarlo todo (enorme lección que un día he de aprender).

En general adoro viajar. Me encanta la posibilidad de estirar mi capacidad de asombro, probar sabores distintos, ver todo desde un ángulo nuevo, enriquecerme con cosas que no sabía de mí y de otros. Claro que también está el frío de los aviones, la incomodidad de los aeropuertos, el cambio de huso horario, el temor a que algo salga mal. Me doy cuenta de que estoy justo a la mitad de un viaje interior, en condiciones similares: no estoy cómoda, las noches parecen eternas, siento temor y cansancio, tengo frío. Quiero pensar que, cuando llegue al destino, también me encantará lo que veré, sabré algo más de mí y de otros, habré ganado en experiencia, caminaré más sorprendida.

Palabras en propiedad

 

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Yo y mi obsesión por ellas… no tengo remedio. Me da por pensar que algunos autores se han vuelto dueños absolutos de ciertas voces, tanto que es imposible decirlas sin aludir a sus “creadores”. Por supuesto, el vínculo está dado por su obra, después de leer la cual no he podido librarme de sus fantasmas. Ya sé que mi lista es incompleta, por demás subjetiva y ecléctica (incorpora algunas en otros idiomas), pero no busca más que ser un recuento de voces “propiedad” de autores admirados.

Sólo los últimos dos casos son palabras inventadas, las demás se encuentran en cualquier diccionario. A propósito dejo fuera (por esta ocasión) los nombres propios, porque sería demasiado fácil acudir a Romeos, Funes, Dulcineas, señoritas Julias, Aschenbachs, Fuenteovejunas o Werthers, que en muchos casos tienen para mí una existencia más interesante que muchas personas que conozco… En fin, ahí van mis primeras 10:

  1. Tártaros: Dino Buzzati, El desierto de los tártaros.
  2. Laberinto + espejo: Jorge Luis Borges, Poesía completa.
  3. Bruno: “umbrío por la pena, casi bruno”, Miguel Hernández.
  4. Bottine/botín: Gustave Flaubert, Madame Bovary.
  5. Amorosos: “Los amorosos andan como locos/ porque están solos, solos, solos”, Jaime Sabines.
  6. Hérisson/erizo: Muriel Barbery, L’élégance du hérisson.
  7. Nevermore/nunca más: “Quoth the raven, ‘Nevermore'”, Edgar Allan Poe.
  8. Madeleine/magdalena: Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.
  9. Nymphet/nínfula: Vladimir Nabokov, Lolita.
  10. Trilce: César Vallejo, Trilce.

Son tantas que seguro me darán para varias listas más.