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#MiércolesDePoesía Lizalde, antídoto

Pintura: Kurt Van Wagner
Pintura: Kurt Van Wagner
El día no quiere amanecer, luego de que el innombrable derrotara toda lógica en Estados Unidos. Por eso (o a pesar de eso) convoco un poema de Eduardo Lizalde, quien acaba de ganar el Premio Carlos Fuentes: las palabras como un antiveneno.

Profilaxis

Los amantes se aman, en la noche, en el día.
Dan a los sexos labios y a los labios sexos.
Chupan, besan y lamen,
cometen con sus cuerpos las indiscreciones
de amoroso rigor,
mojan, lubrican, enmielan, reconocen.
Pero al concluir el asalto,
los dos lavan sus dientes con distintos cepillos.

El amor era una lenta furia

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En esta semana, el poeta mexicano Eduardo Lizalde cumplió 85 años. Para muchos se trata del mejor poeta vivo en lengua hispana. No sé, no soy amiga de esas clasificaciones. Conocí su poesía en mis años universitarios, oyéndolo recitar textos en la colección Voz Viva de México, de la UNAM y es de mis plumas favoritas, autor de textos imperdibles como éste que comparto en el #MiércolesDePoesía (está incluido en el libro El tigre en la casa).

Recuerdo que el amor era una blanda furia
no expresable en palabras.
Y mismamente recuerdo
que el amor era una fiera lentísima:
mordía con sus colmillos de azúcar
y endulzaba el muñón al desprender el brazo.
Eso sí lo recuerdo.

Rey de las fieras,
jauría de flores carnívoras, ramo de tigres
era el amor, según recuerdo.

Recuerdo bien que los perros
se asustaban de verme,
que se erizaban de amor todas las perras
de sólo otear la aurora, oler el brillo de mi amor
—como si lo estuviera viendo.

Recuerdo muy bien todo eso, amada,
ahora que las abejas
se derrumban a mi alrededor
con el buche cargado de excremento.

 

Dos minutos que cambian el día

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Da click aquí para oír la grabación; una vez en la página de Descarga Cultura ve hasta abajo de la página y elige “Bellísima”.

En poco más de 120 segundos, un poeta le da sentido a 24 horas. Aquí el recién premiado Eduardo Lizalde, con su voz de Júpiter tronante, lee los versos de “Bellísima”, ese deleite de poema (es el número 4 del disco). No digo más, por no ponerle basurita a una perla de este tamaño.

El audio pertenece al tesoro invaluable que es la colección Voz Viva de México, de la UNAM, mi alma máter. Juro que me cambie la perspectiva del día.

“Bellísima”

Y si uno de esos ángeles/
me estrechara de pronto sobre su corazón,/
yo sucumbiría ahogado por su existencia/
más poderosa
.//
-Rainer María Rilke

Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa…
yo podría tolerarla.
Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.

Semen en unos versos

Foto: David Brinckman
Foto: David Brinckman

Eduardo Lizalde, escritor mexicano, está recibiendo en Granada el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. Lo celebro (mucho) porque los versos siempre son motivo de fiesta y porque Lizalde es uno de los muy grandes. Aquí un breve poema suyo. Conozco pocos textos que se refieran al semen con todas sus letras y aún menos que eviten el mal gusto, la obviedad o la chabacanería. Esta joyita ilumina la mañana:

Me guardo para ti./

Acudes un instante./

No hay tiempo. Te vigilan./

Tiro al papelero estas diez horas/

de vida estéril/

y otra carga de semen amoroso/

se avinagra, con sangre y con dolor,/

al fondo de mi cuerpo.

-Eduardo Lizalde, Tabernarios y eróticos, en Nueva memoria del tigre. Poesía 1949-1991 (FCE)