Yo es muchas

“¿Que me contradigo? / Sí, me contradigo. Y ¿qué? / (Yo soy inmenso… y contengo multitudes)“. Así parafraseó León Felipe el conocido fragmento de “Song of Myself”, de Walt Whitman: “Do I contradict myself? / Very well then I contradict myself, / (I am large, I contain multitudes)”.

No soy original cuando me despierto sintiéndome muchas yo en palmaria oposición, al mismo tiempo.

 

 

Estreno este librito de poesía: Versos de a pie

Me acaban de publicar en España esta plaquette digital de poesía bilingüe. Todos son poemas en prosa, algunos inéditos y otros aparecidos en mis libros Rabia de vida y Ser azar. Estoy muy agradecida tanto con el sello editorial OfiPress, a cargo de Jack Little, como con Don Cellini, por la traducción y con Cecilia Suárez, por la foto de contraportada.

Da click aquí para leer gratuitamente el pequeño libro.

Para picarte la curiosidad, este es uno de los inéditos Versos de a pie:

En paro
No te moriste. Tomaste un descanso, como los empleados del metro hacen huelga un día para demostrar que sin ellos nada funciona y convencen a todo el mundo.
Ya puedes volver.

 

Unemployed
You didn’t die. You took a break, like the metro workers who strike one day to show how nothing works without them and the convince everyone.
You can return now.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En qué se parecen un lector y un espejo

No, no es un chiste. Es una idea de Marcel Proust: un lector es un espejo donde el libro se mira y adquiere una de sus formas posibles. Será por eso que lo que se me antoja leer tiene relación con mi estado de ánimo, porque tengo más ganas de encontrarme con tal o cual ángulo de mí.

La cita de Proust va de regalo. Buen martes.

 

Storytelling: Refrescos Nike o qué pasaría si Hamlet se portara como Caperucita

Ilustraciones: Mike Stefanini, Atomike Studio

Quienes siguen este blog saben que me encantan el Storytelling y el Content Marketing, es decir, la estrategia de contar historias en torno de una marca o un producto.

Como escritora, sé narrar, me gustan las historias y analizar de qué modo se logra determinado efecto con ellas. Es más, me gusta ver los elementos narrativos que un contenido lleva en el tuétano y que lo vuelven poderoso, por ejemplo, personaje= marca o producto, trama, conflicto, resolución, atmósfera. Y es que tanto el Storytelling como la Mercadotecnia de contenidos están en la justa frontera entre narrativa y mercadotecnia.

Tengo una columna semanal sobre estos temas en la revista Neurona.Digital. En este caso titulé la columna “¿Refrescos Nike? ¿Por qué no?” y acerqué la lupa al por qué  nos genera incomodidad descolocar las características de un “personaje-marca” para asignárselas a otro. Es como si Hamlet se comportara como Caperucita Roja.

Da click aquí para ir a la columna en Neurona.Digital

¿REFRESCOS NIKE? ¿POR QUÉ NO?

¿Cigarros marca Campbell’s? ¿Blanqueador de ropa Pepsi? ¿Bote de Nutella con logotipo de McDonalds? ¿Frasco de medicinas Netflix?

Mike Stefanini es un diseñador e ilustrador de origen francés, avecindado en los Estados Unidos desde hace años. En su sitio, Atomike Studio, cuenta que un día se le ocurrió crear ilustraciones en las que intercambia empaques y logotipos. La ejecución de la idea es eficaz: los dibujos presentan contrastes de color con un dejo vintage, pero lo más notable es el cuestionamiento que sugieren. ¿Qué provoca la sorpresa de ver el logotipo de Nike, que solemos relacionar con tenis, colocado en una lata de Coca-Cola? ¿O un limpiador de vidrios que lleva el logotipo de Starbucks? El mero ejercicio revela que la marca es mucho más que el logo, aunque a veces se confundan los conceptos.

La marca es tanto el nombre como el logotipo que la representa, pero también la promesa que conlleva, los sentimientos y emociones que produce su uso o su consumo. Aún más: la marca es de manera muy importante la percepción que genera, en otras palabras, lo que el público siente sobre ella, así como las expectativas que tiene al respecto. Como dice un amigo mío: “La marca no es lo que tú dices que es. Es lo que la gente dice que es”.

Por todo ello resulta subversivo que algunos valores que asociamos con Nike, como esfuerzo, compromiso y bienestar individual, de pronto se trasladen a una lata de Coca-Cola, cuyo caudal emocional se vincula con la idea de regalarnos una experiencia placentera y pasar un buen momento entre amigos. Si bien no son discursos contrapuestos, cada marca delimita bien lo que comunica. El ejercicio de Stefanini lo dice, sin decirlo.

Foto: Caloriebrands

En una línea similar, desde hace tiempo la cuenta de Instagram Caloriebrands publica fotos retocadas, en las que sustituye las etiquetas de varios productos alimenticios por el número de calorías que cada empaque contiene. Por ejemplo, en vez de decir Nutella, el característico bote de la marca dice solamente “4520”, mientras un chocolate Snickers cambia su logotipo principal por la leyenda “250 cal” y un empaque de queso crema Philadelphia reza “799 calorías”. En este caso se trata de una iniciativa que quiere subrayar el daño potencial que cada producto implica para el consumidor, medido en número de calorías. De nuevo queda claro que la marca es mucho más que el logotipo y el empaque. Se relaciona con intangibles como las asociaciones que despierta.

No sé ustedes, pero para que me convenza los refrescos Nike primero tendrían que cambiar de nombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://neurona.digital/2017/03/03/refrescos-nike-por-que-no/

Geometría en una burbuja

Foto: Christoph Lakebrink

Me encontré esta ricura de video: en dos minutos muestra cómo las burbujas se congelan a partir de formas geométricas que adquiere el hielo. Es increíble cómo en la naturaleza dominan patrones regulares, que de pronto insertan excepciones. Luego, el artista intenta imitar unos y otros.

Es uno de esos lujos pequeños que ocurren en segundos, en cualquier parte. Inútiles. Fascinantes.

Jazmín Solar pa’l viernes

Anoche en una cena con Laura, Fernando y Eduardo, amigos de mi más honda querencia, platicamos de la cantante mexicana Jazmín Solar, de lo rica que es la textura de su voz, tan guapa como ella misma. Entonces se me antoja aderezar el viernes con esta canción, mi favorita de ella. Se llama “Sabes bien” y con frecuencia se me hace necesario beberme eso de :

Sabes bien que tengo miedo de tenerte y perder.
Amor, es tan difícil, no puedo amarte sin correr
[…] me tomas lento y me quiero quedar
Y sentir el universo que hay en tus besos y derretirme allí.
Y sabes que el tiempo tiene rayos de sol que curan las heridas
Y que entre palabras de amor y recuerdos de sal
yo volveré a nacer.

Perdón por la descarada miel que ando derramando.

 

“Soy la que husmea en tus camisas”

“[…] el hilo tejido entre él y yo iría consolidándose y enroscándose, él, yo, él, yo… […] Por primera vez no siento deseos de conocer el fin, ni siquiera la continuación de esta aventura. Estoy desnuda, en el sillón, viendo dormir a Julien. Me gustaría quedarme así, estancada, tibia, en el silencio en el que sólo se oyen nuestras respiraciones regulares, sin tener que hacer más gestos ni decir palabras que nos deforman y traicionan. Este minuto es verdadero y está vivo“. Esta belleza simple es un fragmento de El astrágalo, novela de Albertine Sarrazin (Lumen, Palabra en el tiempo), que firmaría feliz con mi nombre.

Entre las cosas que más disfruto en la vida es descubrir un libro que hasta ayer no había leído y desde hoy forma parte de mi constelación de palabras. Me acaba de pasar con este recuento autobiográfico de Sarrazin, escritora francesa de mediados del siglo XX. Cuenta su escape del reformatorio a los 19 años, la tremenda fractura de pie que sufre al huir, la convalecencia física y emocional pero, sobre todo, explora sus amores con Julien, ladrón y expresidiario, como ella.

La narración ocurre desde una voz en caudal: “Julien puede llevarme donde quiera; lo esencial es que pueda andar un poco más a su lado, a su lado o detrás, pero que lo vea y lo toque como hoy, todo el tiempo que sea posible”, dice en otro momento en el que me reconozco. Sarrazin se pone un espejo en el estómago y se mira amar rabiosa, como esas mujeres a las que antes despreciaba por su servilismo pegajoso: “Ahora soy la que husmea en tus camisas”, dice. Me encuentro de nuevo en esa línea, frágil.

Qué bien hace leer un libro como éste. Qué mejor hace tener cerca a Susana Salazar, a quien conozco de varias vidas atrás y que al darme a Sarrazin me regaló otro precioso pedazo de sí misma.

PD Por la diferencia horaria con España, hoy es el último día para votar en el concurso de blogs que convoca el diario peninsular 20minutos. Si te parece que nada en la vida tiene sentido más que este blog Palabrasaflordepiel, entonces haz lo que sigue:

  1. Lo primero es registrarte en la página de 20minutos. Aquí das click en donde dice “Vota en el concurso”.
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  5. Esperamos el veredicto para brindar con bebidas espirituosas, a mi cuenta.

Y un poquito más adentro

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