Nos apropiamos de Anaïs Nin (y la envidiamos)

Al terminar la mesa nos abrazamos Ana Clavel, Paola Tinoco, Julia Cuéllar, yo y Carmen Rioja. En la foto falta Verónica Maza. Andaba no sé dónde.

Anaïs Nin pasó de visita por la Feria Nacional del Libro de León, en Guanajuato. Estuvieron sus palabras y su affaire con la vida en exceso, con la sobreabundancia del arte.

Cinco mujeres escritoras nos encontramos allá para hablar de ella y del imán brutal que tienen su vida y su obra, a 40 años de su fallecimiento. Ana Clavel, Paola Tinoco, Verónica Maza, Carmen Rioja y yo participamos en una mesa sobre las implicaciones de la pluma de quien dejó líneas como éstas: “Es a Henry a quien amo de esta manera criminal. Locamente. Cometería crímenes por él. Otra vez la locura […] el desbordamiento de una extravagancia indisciplinada. Al diablo con el buen gusto y el arte, con todos los frenos y barnices […] Amar es lo primero… amar, perder, rendirse […] Solo creo en el fuego” (Diarios amorosos, Siruela).

Abordamos su coraje de exponer fuerza y fragilidad por sobre la buena conciencia. El rigor quemante de no quedarse con las ganas. Su convicción de que las vivencias alimentan la literatura, la hacen vestirse de cuerpo y alma.

Me pareció curioso que, como ha ocurrido otras veces, apareció entre nosotras la palabra “envidia”. Esta mujer nacida en 1903 fue capaz de vencer en su escritura y su día a día lastres que todavía nos cobran factura a nosotras, de la segunda mitad del siglo XX.

Qué gozadera hablar de Anaïs con colegas queridas. Hacerla, de nuevo, propia.

Carmen Rioja, espléndida moderadora
Leyendo algún fragmento de los Diarios amorosos publicados por Siruela
Creo que estaba pensando: la de veces que he vuelto a Anaïs, para encontrarme.

 

#MiércolesDePoesía Tú, mi líquido de antiguo sabor

Se dice de tantas formas, el amor. Habita verbos y sustantivos que son moneda corriente, pero por un pase innombrable se estrenan de nuevo al hablar de ti, de ese que es tan mío. Te conviertes así en un líquido de sabor antiguo, como el aroma a casa.

Este #MiércolesDePoesía, la invitada es la poeta venezolana María Antonieta Flores y el poema de hoy pertenece a su libro Deletérea, publicado por Kalathos Editorial  (gracias a mi querido Marlo Ovalle por ponerlo en mis manos). Vaya un abrazo sentido para ambos, en estos días en los que la poesía es aún más necesaria.

El poema me dice tan bien que me hubiera gustado escribirlo.

“como he impregnado mi piel con el sabor angosto del pánace
no entiendes a dónde te conduce este olor que emano
como una cueva distraída en sus aguas subterráneas
te cuento rodeado por mis deseos
para hacerte líquido dócil de antiguo sabor
que incendie los huesos de mi boca
y subir hacia tu rostro este grácil manojo
de hierbas frescas que soy
un día después de haber llegado el creciente”.

#LunesDeHumor De amores y árboles

Cartón: Tute www.tutehumor.com.ar
Cartón: Tute http://www.tutehumor.ar

Antes que nada pido disculpas por los varios días sin posteos en el blog. He estado muy atareada con varias cosas y mi cabeza anda en otro planeta (ya de por sí…).

De hecho, dada la carga de trabajo y de proyectos personales tendré que espaciar las entradas en el blog a dos o tres por semana: los miércoles de poesía y uno o dos días al azar. Espero que de todas formas encuentres por aquí letras que valgan la pena.

Y para celebrar este lunes, que en México es feriado, aquí va un cartón de Tute, favorito de la casa, para celebrar que el amor tiene muchos nombres y hay más árboles que vida. Yo, en lo personal, no sé entenderme sin amores, como ahora mismo, como hoy, amores hasta el tope.

 

#MiércolesDePoesía De cuando la prisa se cuela en la cama

Foto tomada de Internet: https://contrastly.com/abstract-photography-walkthrough-what-it-is-how-to-make-the-most-of-it/

Llegó de puntillas otra entrada que se ocupa de versos necesarios. Esta vez la invitada es Ingrid Bringas, poeta de Monterrey con varios libros publicados, entre ellos La edad de los salvajes (2015) y Jardín botánico (2016).

El poema que comparto hoy pertenece a su libro más reciente, Nostalgia de la luz, publicado el año pasado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Disfruto su humor negrito, sus ganas de jugar con una expresión común, para resignificarla. Al final, de eso se trata el oficio de escribir: dar a las palabras un sentido nuevo. Que Ingrid siga escribiendo. Y que la sigamos leyendo.

Sea este #MiércolesDePoesía.

Por favor sea breve

En esta vida condenada le suplico sea breve
como telegrama
como brizna cualquiera
vórtice devorador el tiempo
que nos pide que conjuremos el acto del amor
la breve cobardía
la rabia también desgárrela pero le suplico sea breve
que la brevedad no le impida jadear con desesperanza
deje que el sexo palpite y arda
déjelo correr entre sus piernas
pero por favor sea breve.

Felicidades a esos montones de hojas

“La parte plástica de la literatura [consiste en] encarnar un carácter, pensamiento o emoción en un acto o actitud que tendrá una fuerza indeleble en el ojo de la mente. Esto es lo más elevado y lo más difícil que se puede hacer con las palabras”, escribió Robert Louis Stevenson.

Hoy es Día Internacional del Libro, ese invento insuperable que consiste de un montón de hojas unidas para encender la imaginación y ponerle fuego a los pies que llevo dentro. Así que viene al caso felicitar a todos mis libros, los que esperan en repisas que los tome o que vuelva a ellos pero, sobre todo, felicidades a los muchos libros que me grabaron a fuego una emoción o un personaje.

Y más felicidades a mí por haberme topado con ellos.

El mosquito que se independizó de la historia (de nuevo, Tario)

“¡Con cuánta más agudeza, fe en sí mismo, con cuánta más resolución y bellos propósitos criminales persigue un mosquito a un hombre que un hombre a un mosquito!”. –Francisco Tario

Qué libro más inagotable es Equinoccio, incluido en la Antología de Francisco Tario compilada por Alejandro Toledo y publicada este año por Ediciones Cal y Arena. Está hecho de minúsculas ficciones, fragmentos, versos sueltos, imágenes que caminan independientes de una historia, como ésta: nada  más vulgar que un mosquito y, sin embargo, vaya templo le erige el escritor en apenas tres renglones.

Aunque muchos libros esconden un mecanismo minucioso y exacto, como un reloj finísimo, en lo que va del año ninguno me había asombrado tanto como esta antología.

De veras, por favor busquen leer a Francisco Tario. No se mueran sin conocerlo.

Y un poquito más adentro

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