Palabra del día: agnosia

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) lo define como: «Alteración de la percepción que incapacita a alguien para reconocer personas, objetos o sensaciones que antes le eran familiares». Es decir, de pronto uno mira un jabón y no sabe si es alimento, cosmético o artículo de oficina. O a mitad de la comida se queda observando el tenedor que descansa junto a la mano y se siente totalmente perdido: ¿para qué es? ¿Para peinarse? ¿Para inmovilizar a una mariposa? O va a la cocina por un vaso de agua y encuentra en bata a un hombre desconocido… que le dice que es su pareja. O a mediodía siente algo incómodo en el vientre y no entiende de qué se trata, no puede nombrarlo «hambre» porque no tiene palabras para ello.

Se me ocurren pocas situaciones tan aterradoras como ésa: perder toda referencia, ser incapaz de leer el mundo, desconocer las letras que forman el propio nombre. Como ese sueño que tuve hace al menos 15 años pero resultó tan angustiante que no se me olvida: de pronto mi mano derecha no era mía pero no sabía de quién era y por qué estaba pegada a mi cuerpo.

En vez de hacerte el amor

 

En vez de hacerte el amor/

te juzgo en un poema/

(triste consuelo)./

Te acuso de no leer el aire/

que pegaba el vestido/

a mis pezones despiertos./

Te reprocho no comerme con los ojos/

y dejarme trémula./

Te sentencio por no saberme queriente/

de rasgar tu camisa y tu cuidado.//

 

Te condeno por no haberme atrevido.

 

-Julia Santibáñez

La mejor de sus actuaciones

El anciano actor convenció a todos: ante el público representó su muerte con crudo realismo. Fue su primera última buena actuación.

Nueva vuelta al sol

Hoy empieza otro ciclo en mi calendario personal, uno más desde que tuve a bien inhalar por primera vez y antes de que exhale por última (¿cuándo?). Mientras tanto, respiro hondo y fuerte, me bebo el mundo en cada aliento y me confieso emocionada/agradecida ante la vida. Sin ningún afán efectista repito mentalmente el mantra leído hace poco: «Gracias por todo. No tengo absolutamente ninguna queja». Y lo peor es que de verdad me lo creo.

Lectora de mí misma

Ociosa que soy, hice un recuento de lo leído en 2011 y concluí que, como dijo Proust, al enfrentarme a muchos de esos textos fui «lectora de mí misma», vi cosas «que sin esos libros no hubiera podido ver» en mí. Y eso la buena gente lo agradece. Como quiero ser una de ellas ahí va mi gratitud a los personajes respectivos y a sus creadores (van en orden decreciente, empezando por los que más disfruté en cada categoría):

Predominó la narrativa (sobre todo novela pero también algo de cuento):

  • La elegancia del erizo, Muriel Barbery, Seix Barral (y también L’élégance du hérisson, regalo de mi lindo amigo Salvador Camacho)
  • Une gourmandise, Muriel Barbery (ídem regalo de Salvador)
  • El día que Nietzsche lloró, Irvin Yalom, Emecé
  • Las violetas son flores del deseo, Ana Clavel, Alfaguara
  • Los enamoramientos, Javier Marías, Alfaguara
  • Manhattan Love Song, Cornell Woolrich, Pegasus
  • Efectos secundarios, Rosa Beltrán, Grijalbo
  • Las cartas de Abelardo y Heloísa, Siruela
  • El arte de la resurrección, Hernán Rivera, Alfaguara
  • Malone dies, Samuel Beckett, Grove Press
  • Vita Brevis, Jostein Gaarder, Siruela
  • Novecento, Alessandro Baricco (regalo de mi queridísima Paty Torres Maya), Anagrama
  • Claudine à l’école, Colette, Le Livre de poche
  • Suicidios ejemplares, Enrique Vila-Matas, Anagrama
  • El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vázquez, Alfaguara

También hubo poesía:

  • Pesar todo, antología de Juan Gelman, FCE
  • Mar privado, Eduardo Casar (relectura)

Y algo de ensayo:

  • Zoo Inc., Javier Martínez Staines (regalo de su muy querido autor)

Para rematar con temas de desarrollo personal:

  • Happy for no reason, Marci Shimoff
  • Autobiografía de un yogui, Paramahansa Yogananda
  • En defensa de la felicidad, Matthieu Ricard
  • Bikram Yoga, Bikram Choudhury

Me dejaron tatuadas en la frente palabras como «Vivir de manera segura es peligroso» (Yalom), «Una herida bien puede ser una flor abierta o una herida que manda besos cárdenos en el aire» (Ana Clavel), «L’Art, c’est l’émotion sans le désir» (Barbery), «Cómo será acostarme/ en tu país de pechos tan lejano/. Ando de pobrecristo a tu recuerdo/ clavado, reclavado» (Gelman), «Thoughts and feelings aren’t facts and they’re not you» (citado por Shimoff), «Lejos de gemir por las faltas que cometí pienso suspirando en aquellas que ya no puedo cometer» (Cartas de Abelardo y Heloísa)…

Gracias a todos los involucrados.

Volver del mar

Recién desempacada de la playa, con los ojos llenos de azul, el alma aún húmeda de sal y el cuerpo saciado de abrazar no creo que pueda existir mejor forma de recibir el año que como tuve la Fortuna de hacerlo.

Bienvenido, te esperaba. Gracias por llegar con tan buena compañía.

Contra el perfeccionismo (ja!)

Estoy a pocas horas de volar a Huatulco para pasar el año nuevo en pareja y, por tanto, desconectarme por unos días de este espacio. Así que me despido de los millones de lectores de este blog, que sin duda tendrán dificultades para sobrevivir sin beberse mis palabrasaflordepiel… Pero antes ahí va esto que me encontré e impunemente reduje de 10 a 5 puntos (los demás eran prescindibles).

Siendo una perfeccionista irredenta resulto al menos simpática al proponerlos, pero la realidad es que haría bien si intento aplicarlos el año que estrenaremos muy pronto (N. del E. Poner especial atención a los puntos 3 y 5):

1. Date cuenta de que lo normal es ser imperfecto.

2. Asume que no es necesario profundizar en cada tarea.

3. Comprende que hay más de una manera de hacer las cosas.

4. Arriésgate a emprender nuevas tareas por el mero placer de probar.

5. Concéntrate más en el propio proceso que en los resultados.

Lo que pensaba el amante…

Acercarme como la vez primera/

con el azoro del conquistador bruto/

como desconociendo./

Al romper el alba/

invadir los montes de tu pecho/

luego andar la cintura a paso quedo/

codiciar el botín de tu vientre/

y, tras mil despojos e incursiones,/

hallar el paraje virgen de tus muslos./

Hincarme a besarlo/

y en un arrebato/

clavar la bandera que marca esta tierra/

como mía.//

 

-Julia Santibáñez

«Rojo» (en 26 de diciembre)

Ayer, 26 de diciembre, fui al Teatro Helénico a ver la obra de John Logan. Todo apetecía y nada decepcionó: el tema (el pintor expresionista abstracto Mark Rothko), el actor protagónico (Víctor Trujillo despojado de su peluca verde), la compañía (la mía, no la de teatro).

El tema de la creación artística es fascinante. ¿Cómo nace un cuadro en la mente de un pintor? La pregunta es más inquietante si el cuadro es abstracto. ¿Qué se busca provocar con un rectángulo negro sobre un fondo rojo? El propio Rothko/Trujillo y su asistente Ken/Alfonso Dosal lo responden en un diálogo interesante: mientras una pieza representacional (digamos, que muestra un paisaje) permanece igual si le mira durante un minuto o tres horas, un cuadro de Rothko se mueve, palpita conforme el espectador lo observa/absorbe. Y justo en esa cualidad «dinámica» pone el creador su apuesta artística: espera que el público de su obra se comprometa, entre en un diálogo con ella. ¿Pero dónde están los observadores dispuestos a ello? Ahí radica la tragedia: ni el comprador de «cuadros de chimenea» ni el que pide una pieza naranja para decorar un comedor igualmente naranja ni el que mira de reojo la pintura que cuelga en un restaurante merecen el arte… aunque puedan pagarlo.

Esa polaridad entre el «arte por el arte» y el «arte como objeto de consumo/modus vivendi» permea la obra toda y establece un contrapunto con la visión del arte pop, en boga justo en los años en que se ubica Rojo: 1958-1960. Y esa misma tensión lleva a que a más de 24 horas de haber visto la puesta en escena siga cuestionándome si es posible conciliar ambas posturas.

La dirección de Lorena Maza me pareció limpia y la actuación de Trujillo me convenció, mientras a Dosal lo sentí simplemente «cumpliendo». Eso sí, merece un aplauso especial la selección musical y el trabajo de iluminación (sobre todo en la escena final).

Persigo el filo de tu boca

 

atropellando tiempos/

persigo el filo de tu boca/

punzante/

desgarra el pecho/

reparte tajos en el vientre/

puñaladas en la entraña/

se abre paso hacia mi espalda/

jirones de piel//

 

tu boca/

de mi sangre/

tiñe la noche//

 

-Julia Santibáñez

Prestar la atención

El conferencista pidió a los asistentes que le prestaran su atención. Luego dobló todas las atenciones en un pañuelo y se fue con ellas muy lejos.

Cuando la fragilidad llega de visita

Pues sí, me siento vulnerable, como una burbuja más estirada de lo que debería, como una telaraña a mitad de la tormenta. Siendo hija del esfuerzo, la sensación de ser rompible no me visita con frecuencia (al menos no de manera consciente), así que ahora quiero darle la bienvenida, invitarla a pasar, ofrecerle un té caliente. Sé que en el fondo me hace bien escucharla, como a una tía venida de lejos que recuerda hábitos y acentos de familia que no solemos tener presentes. Me siento a verle la cara y tratar de aprender de ella.

La ecuación edad/indecencia según Woolf (y yo)

«The older one grows the more one likes indecency».

-Virginia Woolf

Coincido por completo, pero pregunto: ¿será que uno la disfruta más? ¿Que es descarado y suelta fácilmente los pudores? ¿Que por tener un vientre prominente la «digiere» mejor (si hubiera algo que digerir)? ¿Que se la vive más a fondo cuando uno está cargado de vivencias? ¿Que ya tiene claro lo que le hace vibrar? ¿Que uno ya no sólo se mira el ombligo sino saborea los ajenos? Todas las anteriores…

Hombre solo en una barca

Dónde: Antiguo Colegio de San Ildefonso. Cuándo: un día de diciembre. Qué: exposición de esculturas hiperrealistas de Ron Mueck.

Sorprende su obsesión por reproducir cada detalle: los vellos de la barba de la cabeza gigante, los músculos de la mujer hecha a escala, los pies perfectamente imperfectos de la pareja en la cama. Pero lo que de verdad me conmueve es la poesía que destila el hombre desnudo en la barca, varado en medio de la nada, visitando una mañana fuera de lugar. Solo con la sombra de las horas, vulnerable y suspenso, esclavo de sus pocos metros de madera, mira quizá un sueño prendido de la esquina. Indiferente a todo abraza su ser recóndito. ¿En realidad soy diferente a él?

Flor de piel

flor de piel adentro/

murmurante/

cerrada de pliegues/

como absorta/

la roza el aliento y despierta/

comienza a aletear/

flor viva/

cáliz de piel rosa/

de pétalos que buscan/

se restriegan/

flor que suda miel/

profunda y tibia/

flor de piel vencida/

piel de flor abierta//

 

-Julia Santibáñez

Verdades de burdel

En el burdel se comentaba que esa puta no era tan bruta: supo llevar la batuta y resultó la más astuta.

Efectos secundarios, de Rosa Beltrán

Acabo de terminar Efectos secundarios, nueva entrega de Rosa Beltrán. Me gustó. Es un experimento/homenaje interesante que entreteje autores y personajes: pasan a saludar Bovary, Rilke, Kafka, Orlando, Wilde, Samsa, Flaubert, Raskolnikov, Rulfo, Woolf, Pascal, El Quijote, Gorostiza, entre otros. Además superpone planos temporales y espaciales (México actual, la Praga de Kafka, hoy y hace un siglo), condicionantes (la violencia como institución, la autodefinición, el cambio de género), lógicas propias (de un presentador de libros, de los sicarios que comunican a través de cuerpo cercenados, de las editoriales que buscan vender libros a-como-dé-lugar, de la madre controladora), todo ello como marco de una historia kafkiana en la que a ratos me perdía pero no dejaba de disfrutar.

En general puedo llamarla una «novela para el disfrute de lectores», es decir que quien se acerque a ella sin tener un sólido bagaje de lecturas probablemente le pierda el interés, pues la autorreferencialidad a obras/autores es una constante. Mi objeción a ella es que ofrece pocos puntos de asidero de la anécdota y, teniendo a un lector como protagonista, parece descuidar al lector de la misma en aras de llevar el juego estilístico hasta sus últimas consecuencias.  Sin embargo, sentí lograda la visión de un amante/víctima de la lectura, con frases como:

«Leer enerva. Leer es sobrevivir a una explosión de energía cósmica».

«Leer es mucho más que poner los ojos en las cosas».

«Yo […] sólo soy un lector, lo más marginal que puede ubicar una sociedad dedicada a la producción y la rentabilidad».

«Es innegable que mientras se escribe uno está escribiendo y en cambio no se puede tener la certeza de no estar escribiendo al dejar la pluma».

Por otro lado, el ángulo de la crítica a la «fauna literaria» (lectores, autores, editores, presentadores de libros y asistentes a presentaciones) me pareció novedoso.

Recomendable, sobre todo para viciosos de los libros.

Palabra del día: aka

La expresión en inglés «aka» en realidad se trata de una sigla que significa «also known as». Por ejemplo: «Prince Michael Jackson II, aka ‘Blanket’, is the youngest son of the late Michael Jackson». Por eso me pareció encantadoramente lamentable que un locutor de radio leyera así los créditos de una canción, en un programa de música nueva: «Amir, aka The Phresh Prince, es un cantante de Brooklyn que se hizo famoso con…».


«La gente feliz no suele consumir»

Hoy, de manera casual, me topo con dos citas que dicen prácticamente lo mismo. Se ve que me andaban buscando y, en efecto, me echan a andar:

1. «Se ha introducido en nuestras mentes esa idea nueva de que si no consumes no eres nada. Si no consumes, tú no eres nadie. Y eres tanto más cuanto eres capaz de consumir. A partir de que el ser humano se mira a sí mismo como un consumidor, todas sus capacidades disminuyen, porque todas van a ser puestas al servicio de una mayor posibilidad de consumir» (palabras citadas en el libro José Saramago en sus palabras, publicado por Alfaguara).

2. «Serge Latouche: «La gente feliz no suele consumir». Propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento» (entrevista publicada en el Diario de Navarra, http://www.diariodenavarra.es/20110211/navarra/serge-latouche-gente-feliz-suele-consumir.html?not=2011021103385837&idnot=2011021103385837&dia=20110211 ).

Me gusta recordar que en mi esencia no está consumir, que soy infinitamente más que lo que quiero/puedo comprar, que si bien en general lo disfruto, nada en mí cambiaría si un día dejara de adquirir todas las novedades del mercado. Y aunque a veces me someto dócilmente a sus dictados, otras vivo la demanda social como una exigencia feroz, de la que quisiera liberarme para conectar con la «vida simple», inmersa en la naturaleza y lo trascendente, que miles de seres humanos disfrutaron antes de mí. En ello la yoga y la meditación son puntos de referencia que varias veces por semana (hoy a las 6 am, por ejemplo) me ubican en el «aquí, ahora» y me ponen en contacto con mi cuerpo/mi ser, el que no pasa de moda ni tiene una obsolescencia programada. La reflexión me llega como bocanada de aire fresco…

Todos los placeres

 

En el centro de tu cuerpo,/

el centro de mi mundo./

Inquietante,/

altivo/

me busca,/

me hipnotiza/

pulsante./

Lo saboreo/

en el fondo de los ojos,/

en la lengua despaciosa/

que me arroja a este viaje.//

Es todos los placeres/

y yo, todo el deseo.//

 

-Julia Santibáñez

Mi no-Feria Internacional del Libro

Pues no, no pude ir a la FIL, muchas circunstancias lo impidieron. Me hubiera encantado conocer a Almudena Grandes (con quien he pasado muchas horas), encontrar un título que buscaba sin saberlo, meterme a una presentación y descubrir a un autor que quiero hacer mi amigo, darle el golpe a la literatura alemana, pasear entre libros, acercarlos a mi nariz, llevarlos y hacerlos mis amantes, oír decir a Juan Gelman:

«Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío

como un amo implacable

me obliga a trabajar de día, de noche

con dolor, con amor

bajo la lluvia, en la catástrofe

cuando se abren los brazos de la ternura del alma

cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos

las lágrimas, los pañuelos saludadores

las promesas en medio del otoño o del fuego

los besos del encuentro, los besos del adiós

todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre».

Y como no pude hacer todo ello, me lancé a Gandhi y armé mi modestísima no-FIL con una antología de poesía de Gelman, una noveleta de Colette, la primera que voy a leer de Milorad Pavic y la última de Rosa Beltrán, más dos libros para mi hija…

«Ni siquiera la eternidad es para siempre»

Encuentro este hermosísimo poema inédito de Roberto Juarroz y casi tiemblo: las palabras, con su cualidad tornasolada, como reflejo de la ambigua vida. Nada que añadir:

Todo texto, toda palabra cambia

según las horas y los ángulos del día o de la noche,

según la transparencia de los ojos que los leen

o el nivel de las mareas de la muerte.

Tu nombre no es el mismo,

mi palabra no es la misma

antes y después del encuentro,

antes y después de volver a pensar

que mañana no estaremos.

Cualquier cosa es distinta

si se mira de día o de noche,

pero se vuelven aún más distintas

las palabras que escriben los hombres

y las palabras que no escriben los dioses […]

Nada tiene una sola forma para siempre.

Ni siquiera la eternidad es para siempre.

Roberto Juarroz, Obras completas (Seix Barral)