Mis muertos cabrones

Foto: Alexei Bednij http://www.hypnosisondemand.com/overcome-sciophobia-sciaphobia-fear-shadows/#iLightbox%5Bgallery1261%5D/0
Andan por aquí, quesque sin aprender a morirse bien. No son muchos, pero tienen varias caras: mi papá jugando raquetbol, mi abuela Martina calentándose al sol, mi papá y yo en pijama viendo el box, mi abuela Lucía que no se cansaba de ser guapa y distante, mi papá regando sus plantas en el jardín de la casa, mi papá contento tomando un whisky, mi papá dándome un beso de buenas noches.

Aquí andan, pero cuando los quiero abrazar levantan el vuelo y se van, dejando apenas un poco de sombra.

No hay novedad. Siempre les gustó ser cabroncitos.

Glamour travesti sobre la cancha: las Gardenias de Tepito

Foto: Rodrigo Jardón Las Gardenias saludan al público luciendo sus colores insignia: morado y rosa. Al fondo, la iglesia de San Francisco de Asís.

Simultáneo. Todo sucede al mismo tiempo: la corredera de niños, el amargor a cerveza tibia y el tufo a mariguana, el subibaja de palabras, aquella cumbia que machaca. También luces de colores, oscuridad y luna llena.

Son las ocho de la noche y estoy en la cancha Maracaná del Deportivo Tepito, en el corazón del barrio, esperando que empiece el partido de futbol de Las Gardenias, equipo conformado por travestis y transexuales de la zona. Es el evento que desde hace unos cincuenta años cierra el día de fiesta de San Francisco, el 4 de octubre. Aunque es el santo más querido por aquí, no alcanza a rivalizar con la Santa Muerte, cuyo altar principal está a unas cuadras. “Mientras a la Virgen y a los santos les ruegas por un milagro, a la Santa Muerte le pides hazme el paro”, señala Alfonso Hernández, quien se autodefine como hojalatero social y cronista de esta colonia.

“Ser parte de Las Gardenias es una distinción”, apunta Alfonso, amigo mío y gracias a quien estoy aquí. “La gente las respeta y las quiere, les reconoce lo chambeadoras, lo entronas”. Hace un par de horas llegamos a la estética de Naomi Camacho, estilista michoacana e integrante de Las Gardenias. Somos un grupo: Alfonso, algunos fotógrafos italianos, una periodista, Rodrigo Jardón, autor de las fotos que acompañan este texto, y yo. Naomi nos saluda mientras le despunta el cabello a un muchacho. En las paredes del lugar hay pósters de Marilyn Monroe y de modelos imponentes, una imagen de Cristo, además de fotos de Naomi con estrellas del espectáculo como Sabrina Sabrok, quien hizo célebre la desmesura de sus pechos. Suena en la tele algún programa de concursos que miran de reojo Victoria y Sandy, también estilistas. Y Gardenias. Aprovecho para preguntarle a Sandy si en el partido prefiere meter los goles o pararlos. Con fuegos artificiales en los ojos responde: “No, pues mejor que me los metan”.

“Naomi y algunas otras presumen el busto. Tienen de qué. En las entrelíneas del despliegue de glamour se lee el orgullo de ser mujeres, sin importar que la genética las haya querido hombres.”

 

Por fin nos vamos al campo de juego. Sandy y Victoria se adelantan. De camiseta color vino y pantalones de mezclilla ajustados, Naomi es atractiva, camina con porte. De camino, en lo que parece una fonda vemos a unos seis personajes sentados en círculo. Beben eufóricos, como si fuera la primera vez. Más adelante, sobre la banqueta dos viejos juegan cartas sobre una caja de cartón. La vida cotidiana de estas calles saluda sin rubor.

Cuando llegamos al Maracaná, las once Gardenias se meten a maquillar. Tras una hora por fin salen, parece que van a una fiesta. De hecho sí, van a su fiesta: pestañas postizas, sombra, mucho delineador, labial y diademas  con mechudos fucsias se completan con shorts cortitos y blusas pegadas. De edades dispares, las chicas meten la panza mientras sonríen, incontenibles. Naomi y algunas otras presumen el busto. Tienen de qué. En las entrelíneas del despliegue de glamour se lee el orgullo de ser mujeres, sin importar que la genética las haya querido hombres.

Las gardenias en acción

No sé cuál es el marcador, sólo que Las Gardenias le van ganando a El Hebraye, equipo de hombres. Cada gol de ellas es celebrado en las gradas repletas de familias con niños y también en la propia cancha, donde no menos de ciento cincuenta personas intentamos seguir el partido y tomamos fotos, aunque ocupamos buena parte de la zona de juego. Muchos se cruzan de punta a punta, adolescentes torean el balón. Hasta un perro orina el pasto mientras ellas y ellos buscan anotar. Todo ocurre de forma simultánea y yo me siento en película de Juan Orol. Cae otra anotación de Las Gardenias. Junto a mí, una señora de unos cincuenta años años, vestido y sudadera, más cigarro en vilo saca humo por la nariz: “¡A huevooo!”.

Foto: Rodrigo Jardón
Una de Las Gardenias muestra el uniforme, compuesto por diadema, camiseta y shorts negros. Aquí todavía no se maquillaba, parte indispensable del atuendo.

Pero en el ambiente hay molestia. Cuando los equipos entraron al campo y mientras hacían caravana frente a público y fotógrafos, algunos chamacos les aventaron huevos y harina, además de botellas de refresco. Ante el desorden, algunas Gardenias decidieron no jugar. Entre ellas, Naomi. Más tarde me explica Alfonso: “Hace años que no se daba tal caos, porque los encargados del Deportivo vigilaban bien. Ahora la administración es nueva y no organizó el control del partido”.

A pesar de todo, nunca sentí peligro y el tono del espectáculo no se perdió. De pronto, una Gardenia de peluca azul se le cuelga al cuello a un contrario, para que otra se lleve el balón. El público festeja. Más allá hay algún manoseo y risas. Pasa Paulette llevando el balón. De cabello muy largo, delgada y fuerte, lleva tiras de micropore en la nariz, evidencia de una reciente cirugía. Parece divertida, con todo y su fleco lila. Luego, en una de las esquinas de la cancha se forma una bolita. Cuando logro llegar, ya la gente se dispersa. Una chava me enseña en el celular la foto que acaba de tomar: a un jugador del Hebraye le bajaron los shorts y los calzones. En la imagen veo unas nalgas. Orondas. Blancas.

Noche espera en el Maracaná

Las Gardenias nació hace más o menos medio siglo por idea de Bárbara, tepiteña interesada en promover la igualdad. Al haber muchos travestis en la comarca, la idea pegó fácilmente. En un inicio, las chicas tenían diversos rivales pero después, ante los botellazos e insultos que algunos les lanzaban a ellas y a los contrincantes, por poco se suspende la tradición.

“Lo que yo te pido es que hables bien del barrio, güerita, porque no todos somos rateros ni criminales ni nada de eso. Unos somos buenas personas, como yo, que tengo 66 años y toda mi vida he respetado el sexo de las mujeres.”

 

Al fin, “desde hace como veinticinco años” juegan contra El Hebraye, conformado por hombres de Tepito, subraya Héctor, comerciante de lentes y director de ese equipo. “De niño yo venía a ver a Las Gardenias y se me hacía algo bonito. Hubo un tiempo en que ofendían a las chicas y no es justo. Aunque sean gays, todos somos humanos. A ellas les gusta ir al gimnasio todo el año, estar bonitas, operarse. En casa, sus viejos las tratan bien, ¿para que vengan aquí a que les den nalgadas? Pues no”. Platico con él en las afueras de la cancha. Héctor es bajito, se sabe encantador. Parece no tener huesos ni nervios, sólo músculos. “Algunos piensan que el nombre Hebraye se refiere al cotorreo, el debraye, pero no. Yo lo inventé, usé las letras iniciales de mi nombre y del de mis hijos: He, de Héctor, Bra, por mi hijo Brandon y Ye, por Yefferson”. Ensancha más el tórax.

La noche es espesa aquí en el Maracaná. Muchachitas que no llegan a los trece años corretean en ombliguera, aventándose y toqueteándose entre ellas y con niños de su edad. “Ya, María, vááámonos”, grita uno de ellos mientras jalonea a una gordita, de mechones azules y falda corta. Pienso que quizá haya muchas Marías, aunque no sé cuántas vírgenes. Mis pudores me dan pudor.

Viene a saludarnos un hombre de pelo blanco que se presenta como uno de los árbitros del Deportivo. Es Gustavo y se ve que lleva horas amistándose con las cervezas. Al decirle que voy a escribir una crónica del partido responde, con escasos dientes: “Lo que yo te pido es que hables bien del barrio, güerita, porque no todos somos rateros ni criminales ni nada de eso. Unos somos buenas personas, como yo, que tengo 66 años y toda mi vida he respetado el sexo de las mujeres”.

En el atrio de la iglesia, junto a la cancha, una pareja baila cumbia entre globos y puestos de comida, al tiempo que cerca de mí dos jóvenes se agarran a golpes. Muchos se acercan con fascinación para ver los puñetazos, la jaladera de chamarra, la rajadura de playera. Peleo mi espacio cerca del ring improvisado. Pasados unos minutos aparece un policía y separa a los muchachos. Pasa junto a mí el mayor de ellos, la cara está muy roja y los ojos, también.

Ya viene de regreso Gustavo. Trae una caguama y tres vasos desechables para invitarnos un trago. Bajo la luna llena brindamos por Las Gardenias.

 

“Más allá de lo que se ve”

Vamos saliendo del campo de juego, son casi las once de la noche. Hace poco terminaron los fuegos artificiales en el atrio de la iglesia y la celebración va para largo. Oímos algunos balazos, no sé si de fiesta o de agresión. O ambas.

Alfonso, muy conocido en la zona y sabedor de por dónde no hay que andar, nos guía por los entresijos de puestos de metal y montones de basura melancólica, que esperan al camión. Vamos todos juntos, un grupo compacto. Conforme nos alejamos del Deportivo, en el laberinto de tiendas y vecindades se han acallado los ecos cotidianos de Tepito, demarcación que integró al imaginario nacional figuras como El Santo, Cantinflas, El Ratón Macías y Cuauhtémoc Blanco. Hace un rato platiqué con Eriko Stark, seudónimo de Eric Meneses, joven de la colonia, periodista y fotógrafo gay. A decir de él, si antes lo que se vendía más aquí eran aparatos electrónicos y fayuca, hoy es piratería, pornografía, anabólicos y proteínas para adictos al músculo. Cuánto revela el comercio de quiénes somos y cómo vamos cambiando.

Pregunto cuál fue el marcador final. Alguien contesta: 4-1, ganaron Las Gardenias. Ya lo pronosticaba Héctor: ellas siempre ganan, no les marcan faltas y sí les cuentan todos los goles, aunque sean chuecos. “Claro, entendemos que es un cotorreo”, subrayó. Otra muestra del vacile está en la misma porra de las triunfadoras: “Chiquitibum bombitas, / Chiquitibum bombitas: / Las Gardenias son bien putitas”. La escuché de los labios impecables de Naomi.

Me acuerdo de algo que leí del escritor argentino Martín Caparrós: “El futbol está pensado como espectáculo, algo para que otros miren. Y uno sólo ve lo que le muestran… hay cosas que suceden más allá de lo que se ve”. Es cierto. En el caso del partido en el Maracaná, lo más relevante no se aprecia a simple vista: el hecho de que en un barrio tradicionalmente machista, hace cincuenta años tanto Las Gardenias como las familias que se reúnen a aplaudirlas visibilizan y aceptan la diferencia. Ni las chicas ni los tepiteños olvidan que Las Gardenias nacieron hombres pero decidieron hacerse mujeres. Que de alguna forma hoy son ambas cosas. Al mismo tiempo.

(Originalmente publicado en El Cultural, suplemento del periódico La Razón. Da click aquí para ir al sitio de El Cultural)

Brevísima explicación de mi desajuste con el mundo

Cartón: J. R. Mora www.jrmora.com
Cartón: J. R. Mora http://www.jrmora.com

 

Cómo no voy a estar jodida.

Mi incurable vocación de necedad la explica el horóscopo: soy cabra en el occidental y también en el oriental.

Por otro lado, resulto ser la mezcla de dos sangres: una tehuanísima y otra, implacablemente sajona.

Y, como bien explica este cartón que no me gastaré en explicar, estoy perpetuamente en desfasamiento ontológico.

Es que de veras.

#MiércolesDePoesía Te me antojas tanto como a la licuadora

La querencia devenida pasión devenida obsesión devenida apremio de poseer y chupar hasta el último huesito. Es decir, querría comerte en tu jugo para luego incorporarte a mis tendones. Algo así ocurre cuando la urgencia por otra persona rebasa los límites del decoro.

Fernando Rivera Calderón sabe esa y otras cosas, porque mira de frente cuando compone canciones. También cuando escribe poemas. Lo deja ver su reciente libro Llegamos tarde a todo (Almadía), con diseño del exquisito Alejandro Magallanes. En él, Fernando hurga en los intersticios del ritmo, de la sorpresa de estar aquí y ser uno mismo, del humor y el desamor. No hay rodeos ni timideces, sólo vida a borbotones.

Su poema “Licuadora” le da tono a este #MiércolesDePoesía. Me divierte y me da envidia cómo le pone palabras a las ganas antropófagas que el aparato electrodoméstico y yo conocemos tan bien.

Licuadora

“Poder
licuarte,
batirte,
extraerte.
Cambiar
tu consistencia.
Ablandar
tu ser
para beber
el zumo
que fluye
ácido y dulce
de entre
mis cuchillas”.

Ya casi aquí, los supermercados inteligentes

Hoy comparto aquí mi columna semanal en la revista Neurona Magazine, propiedad de Neurona Digital, en la que abordo temas de mercadotecnia digital, Storytelling y novedades tecnológicas, que me interesan particularmente.

Si te apetece pasar a leer, adelante. Si no, por favor brinca a alguna otra entrada del blog, pero no te vayas sin leer algo que te deje el alma un poco más curiosa  o contenta.

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¿Has pensado cómo vas a estar comprando café, leche y verduras de aquí a unos años? Una de las posibilidades es que tu propia alacena mande cada semana a tu supermercado de confianza la lista de lo que hace falta. Así lo propone WePlenish, un sistema de supervisión automatizada de inventarios propuesta por Amazon. Otra opción es que si estás cocinando y te das cuenta de que te hizo falta comprar un ingrediente o si te entró la urgencia de comerte un litro de helado de chocolate, lo pidas a Prime Air de Amazon y un dron te lo entregue en tu casa en 30 minutos máximo.

Existe una tercera alternativa, también de Amazon: entras a un supermercado, tomas el producto que quieres y te vas. No hay filas ni cajas ni tiempo de espera. Es lo que plantea Amazon Go, una idea offline de la empresa de Jeff Bezos, que no deja de expandirse y apostar por el futuro.

Para comprar con este sistema sólo necesitas tener una cuenta en Amazon, un teléfono inteligente y descargar la App Amazon Go. Funciona así: para entrar al supermercado pasas la App por el escáner, de modo que te identifique como comprador. Ya dentro, pones en tu bolsa lo que quieras llevar. Los escáners de los anaqueles registran automáticamente cuando un producto es tomado del anaquel, de modo que llevan registro de tus compras en un carrito virtual. Cuando terminas puedes irte y, unos minutos después, Amazon hace el cargo a tu cuenta.

Es algo así como un sistema invisible de pago, que emplea una tecnología similar a la de los autos automáticos: combina visión computarizada, sensores e inteligencia artificial. En la primera Amazon Go Store, ubicada en Seattle, Washington y que está en etapa de prueba desde diciembre de 2016, puedes comprar desayunos, comidas y cenas frescas, preparadas por chefs locales. También ofrece los comestibles usuales en un súper, como leche, queso artesanal y chocolates. Un plus: los paquetes Amazon Meal Kits contienen los ingredientes y la receta para que puedas preparar una comida para dos en un tiempo estimado de 30 minutos.

Esta idea del supermercado inteligente es una respuesta frontal al e-commerce y un movimiento en contrasentido de la tendencia online a nivel global. Aquí se trata de comercio offline, físico. Aunque ha enfrentado algunos problemas operativos, varias pistas hacen pensar que Amazon Go resultará un éxito: ya cadenas de supermercados de Reino Unido han mostrado interés en el concepto.

Da click aquí para seguir leyendo el texto en Neurona Magazine.

#MiércolesDePoesía El amor, esa infección (ay)

Ni avisó. Nomás se hizo presente, el aire de invierno ropas adentro. En esta mitad de semana que con-boca versos, el invitado es Juan Rafael Coronel Rivera, quien en los apellidos narra buena parte de la historia artística del México reciente.

Trae entre manos Las cuatro esquinas del fuego, publicado por Talamontes Editores y que resulta su quinto libro como poeta. La edición es chulísima, desde la portada hasta el pie de imprenta pasaron por las manos de un diseñador. Y el humor jodón de este poema me gusta: si el amor fuera una infección, ¿qué tan mala podría ser?

Voilá, el #MiércolesDePoesía.

Cajita de pastillas

“¿Y si el amor es la infección de todas las cosas?
¿Me contagio?
¿Si en las buenas y en las malas
compartimos suero y antivirales?
¿Estaré más cerca de la comunión afectuosa
si despierto en el hospital afiebrado
pero tomándote de la mano?
¿Será eso acaso parte del locus amoenus?
¿Y si eres el amor de mi vida?
¿En el vómito y los estertores
puede haber pasión desenfrenada?
¿Qué significa perder el instinto por el segundo febril?
¿Qué tan malo puede ser?”

Hoy, 6:30 pm, platico en radio con Hernán Lavín Cerda

Y sí, me da un gusto brutal, grande, en voz alta.

Resulta que la poesía del chileno que devino mexicano me ha resultado necesaria en varios momentos de la vida, así que de veras celebro tenerlo como invitado en mi programa de radio BAzar de Letras, para hablar de su libro reciente Al fin todo es un milagro.

Hablamos de cómo conoció a Pablo Neruda en Chile y cómo él tuvo que ver con la publicación de los primeros versos del entonces estudiante. Y de qué piensa de la UNAM. Y de en qué lugar del cuerpo empieza a formarse un poema.

A las 6:30 pm da click aquí, para oír el programa (oprime el botón superior derecho, que dice “Escuchar”). Dura media hora, una media hora que disfruté cantidad.

Ojalá nos acompañes.

El fraude Eduardo Martins y las claves infalibles del Storytelling

Dos de las supuestas fotos de Martins.

 

Se presentaba como fotógrafo enviado por la ONU a campos de refugiados y engañó a muchos. Llegó a tener 125 mil seguidores en Instagram. Medios como The Wall Street Journal, Vice y la BBC Brasil publicaron sus imágenes. Getty Images le compró fotos. Sin embargo, no es fotógrafo. No ha estado en Gaza, en Irak ni en Siria. Es más, ni siquiera tiene esa cara: se los tomó “prestados” al surfista británico Max Hepworth-Povey. Eduardo Martins es una identidad completamente falsa.

La historia se sostuvo por varios años, pero comenzó a hacer agua a mediados de este 2017, cuando Martins ofreció sus fotos a la BBC Brasil, mientras dijo encontrarse en Mosul, Irak. El sitio publicó las fotos, pero Natasha Ribeiro, quien colabora con la BBC Brasil y vive en Medio Oriente, preguntó por Martins a sus amigos en Irak. Nadie sabía de él. Los colegas en zonas de guerra son pocos, así que todos se conocen. Ribeiro se puso a investigar y encontró que Martins no había estado en los lugares donde decía haber tomado fotos y nadie lo había visto nunca.

Otros dos plagios.

En agosto, la BBC Brasil le preguntó a Martins por su cargo y éste respondió vía WhatsApp: “Soy voluntario de la ONU y trabajo en la organización de los campos de refugiados”. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados no tiene ningún registro de su nombre. Al seguir el hilo del asunto, la BBC Brasil encontró que varias fotos vendidas por Martins como suyas a Getty Images y Zuma Press eran imágenes editadas de otros fotógrafos. Cuando se hizo pública la falsificación, los bancos de fotos eliminaron las imágenes y la BBC Brasil hizo lo propio, además de ofrecer disculpas a los lectores.

Cuando un fotógrafo brasileño, amigo suyo a través de las redes, le dijo a Martins que pesaba sobre su trabajo la sospecha de fraude, este contestó que se iría un año a pasear por el mundo. Borró la cuenta de Instagram y canceló el número de WhatsApp, de modo que la identidad del suplantador sigue sin conocerse.

Más allá del escándalo, quien haya creado el perfil fraudulento conoce bien estas cuatro claves del Storytelling y las usó con pericia:

  1. Crea un personaje cercano y querible. La cuenta de Instagram de Martins combinaba la adrenalina de fotos en zonas de guerra, con imágenes de él practicando surfing en Australia. Es decir, manejaba bien el ritmo y los acentos: ni siempre un mundo idílico, ni todo el tiempo inmerso en la tragedia.

Da click aquí para seguir leyendo mi columna en Neurona Digital.

Imparto nuevo Taller de Escritura Creativa

 

El impulso de escribir tiene su origen en el deseo de tomar una foto mental de algo, detener el tiempo para plasmar eso que nos emociona, incomoda, cimbra de algún modo.

Escribir es, pues, una intensificación del lenguaje, un mirar con lente de aumento las palabras y convertirlas en nuevos sitios desde dónde ver, para luego salir al mundo mejor armados. Las técnicas de escritura se pueden aprender, pero el ansia de escribir se debe traer de origen.

Con el objetivo de ayudarte a desarrollar tu potencial como escritor(a) estoy por arrancar un Taller de Escritura Creativa en la Escuela de Escritores, donde soy maestra de la materia Escritura Creativa.
Aquí va la información:

Duración: ocho sesiones
Inicio: sábado 21 de octubre
Terminación: sábado 9 de diciembre
Horario: de 11 am a 1 pm
Lugar: Escuela de Escritores, Pitágoras 446, Col. Narvarte (hay estacionamiento a menos de una cuadra; la Escuela está a dos cuadras del Metro Etiopía)
Costo: $1800 pesos, pago único al inscribirte
Temario: El taller es de tipo teórico-práctico y los temas que veremos aplican a todo texto de escritura creativa, tanto de ficción como de poesía. Revisaremos los siguientes temas de teoría:

  • cómo convertir una idea en un texto;
  • de qué modo desarrollar un estilo personal al escribir;
  • así se construye la voz narrativa;
  • cómo potenciar el uso de metáforas;
  • de qué modo se conforma el ritmo narrativo;
  • cómo evitar el bloqueo ante la hoja en blanco
Además, claro, dedicaremos tiempo a ejercicios de escritura y a leer y discutir los textos de cada participante. También ofreceré recomendaciones de libros de apoyo y otros recursos para escritores.
El cupo es limitado.

Si tienes cualquier pregunta, por favor no dudes en mandarme un correo a juliasant@yahoo.com

Ojalá nos encontremos en el taller, cuyo eje principal será la emoción que nos genera escribir, irnos construyendo con palabras.

#MiércolesDePoesía Jugar a hacer mundos con las manos

Foto tomada del sitio Tranvías.uy (http://tranvias.uy/media/zoo/images/1-w_MG_6329_b45478192d781d951c47cbb09e7f0735.jpg)

La poesía, ese territorio de lo que no es. Mejor: ese territorio de lo que no era y, a partir de las palabras, ya es. Quien escribe crea algo que no existía, le da consistencia material, deja caer un aliento cálido sobre esas letras y de pronto cobran existencia plena. SON. Escribir se parece tanto a jugar.

El nuevo libro del poeta uruguayo Gustavo Wojciechowski “Maca” alude a ese vértice casi alquímico. Además de la narrativa poderosa de cada poema, Ni siquiera (publicado por Editorial Yaugurú) amasa tipografías, músicas. El conjunto es una suerte de paisaje material bien articulado, trazado por la mano de Maca, niño jugador de letras y diseños y acentos: un poema invita a ver el mundo desde una cima, más adelante aparece un valle, luego un pequeño barranco, para volver a la horizontalidad sorpresiva y volver a empezar. Todo esto, sólido y sugerentísimo, no existía antes de Ni siquiera.

Este poema es de mis favoritos. Crea palabras tan lindas como “maldororamente” y “manicomiado”, salta por aquí y por allá, alude al hormigueo de posibilidades de una vida, se regodea en los varios sentidos de “valla / vaya” y pone el foco en los caminos que se abren y bifurcan.

Al #MiércolesDePoesía le sale una sonrisa bien grande de tenerlo en casa.

“La puta madre”

“yo quería ser un peleador
regir maldororamente
tener la impávida mirada del más Arturo iluminado
aullar como beatnik aullar
ser un manicomiado por un rato un rufián
ponerle antiparras a la poesía
valla     que si me hubiera gustado
tener los nudillos siempre sangrantes
de las generaciones precedentes
estar antes que el futuro
sacándole la lengua a los que vengan
que las revoluciones regurgiten en mi garganta
estar en contra de estar a favor de estar en contra
aunque me rompieran la narizota

¿acaso seré un buen tipo?

a uno siempre lo hormiguea
el otro que no es”

Lo bueno y lo malo del Nobel a Ishiguro (muy sesudas reflexiones)

Qué bueno que la Academia se abre a la literatura no canónica, mainstream. El mundo se va a acabar por otras causas, despreocupémonos.

Qué mal que no se lo dieron a Nicanor Parra: el antipoeta chileno acaba de cumplir 103 años. Ya sabía que no lo tomarían en cuenta, porque de algún modo el de 2016 a Dylan se otorgó al esquivo género poéticomusical y no les gusta repetirse (dicen). Ya sabía que tampoco pensarían en Anne Carson, por lo mismo. Si, como dijo Borges, el Nobel se otorga por rotación geográfica y este año (también) iban a dárselo a alguien que escribe en inglés, ¿por qué no a Julian Barnes, Philip Roth o Margaret Atwood? Tienen todas las credenciales, son narradores de obra rigurosa, me caen bien. La Academia debía de preguntarme antes, carajo.

A diferencia de Alexiévich, Mo Yan y Le Clezio, qué bueno que ahora sí puedo decir que he leído al Nobel, aunque sea hace muchos años: Pálida luz en las colinas (Anagrama).

Qué mal que no me gustó y la regalé.

Qué bueno que tengo unas horas para pensar si le doy otro chance a Ishiguro, por convivir.

 

#MiércolesDePoesía “La palabra nube quiere decir pez”

Tomado de Internet: http://www.tonterias.com/2010/03/10-increibles-formas-de-nubes/

Tiene voz cubana.
Es poeta.
Es de los buenos.
Suman tres motivos para leer a Orlando González Esteva. Este poema suyo, titulado “Una palabra quisiera”, me está rondando desde hace días, por transparente: atrapa entre letras la aspiración de la poesía, ser lo que dice pero, mucho más todavía, ser lo que se calla.

No tengo una versión impresa del mismo, así que lo transcribo como me suena. Ojalá no cometa una aberración. De todas formas, lo importante no es mi transcripción, sino la sonoridad que Orlando le contagia al leerlo (da click aquí para oírlo en su voz,: busca Orlando Gonzlaez Esteva, es el segundo poema).

Por versos así, el #MiércolesDePoesía se viste de colores y sugerencias.

UNA PALABRA QUISIERA

“Una palabra quisiera ser distinta
a lo que acaba de decir
o ser un poco
todas las demás palabras.

La palabra nube quiere decir pez,
y el pez se llama flor
y toda flor quisiera ser conocida por alba.
A los cuerpos se les dice cuerpos
pero son aldabas
y las aldabas son olas
y las olas no se cansan
de ser pájaros blanquísimos,
constelaciones,
estatuas que celebran en el viento
bailes, desfiles de máscaras.

Una palabra quisiera ser distinta
a lo que acaba de decir
o ser un poco
todas las demás palabras”.

 

 

 

#MiércolesDePoesía “Ecos que convocan a no soltar la madrugada” #19septiembre

Foto mía

Las palabras son frágiles en apariencia, pero han resultado de una fuerza irrebatible en estos días para los mexicanos. El “gracias”, tan deslavado por el manoseo, cobra nueva dimensión, igual que ese #FuerzaMéxico del que nos aferramos e incluso una expresión que hasta ahora me parecía intrascendente: “héroe”.

Las miro resignificadas y me abrazan, traen calor al ánimo.

José Humberto Montes de Oca Lira es un poeta joven, estudiante en la Escuela de Escritores. Tengo el enorme gusto de que sea mi alumno en la materia Escritura creativa. Ayer conocí este poema suyo, nacido de la inmediatez y pasado por el tamiz de la escritura pulida, del gusto cotidiano por las palabras, del respeto hacia ellas. Le pedí permiso para compartirlo en el #MiércolesDePoesía, porque sin duda esa urgencia de “no soltar la madrugada” está hecha de luz.

Entre las sacudidas que estamos viviendo, un poema como éste se para sobre sus dos pies. Y pule de nuevo la esperanza.

“Hoy gritas los ecos que ha esparcido la tierra
convocados a una comunión
no son los tres niños muertos
que fueron y serán ayer
son los leves aullidos de la vida
en su estado más natural
bajo tierra
los ecos que convocan a no soltar la madrugada
a responder con un mismo gesto
que representa a la vida
pendiente en un puño.

Hoy fundamos una ciudad
sobre la memoria insaciable
de los que exhalaron
los cimientos
y otorgaron su voz última
para tu reconstrucción
México
en tu sangre va el golpe que cimbrará
el centro tu historia”.

-José Humberto Montes de Oca Lira

PD Abriré una pestaña en este blog para compartir con ustedes algunos textos de maestros y de alumnos de la Escuela de Escritores, como el propio José Humberto, así como de amigos (sean escritores o no): lo que todos buscamos es traducir en palabras lo que nos escuece los adentros.

Tenemos certeza de que las palabras curan.

Un aliento entre escombros #19septiembre

Foto mía

Ayer, entre las clases que doy en la Escuela de Escritores, fui de nuevo a ofrecerme como voluntaria a la colonia Condesa, en la capital mexicana. La brigada médica en la que estuve ayudando del martes 19 (día del terremoto) al sábado 23 ya está muy organizada por médicos y enfermeras, de modo que no hacen falta manos.

Busqué en qué apoyar y por fin caí en la Casa Refugio Citlaltépetl. Ahí estuve varias horas bajo el mando de Marlene Fautsch Arranz, ayudando a clasificar los libros de la escritora Lorna Martínez Skossowska, quien murió en el terremoto en su departamento en las calles de Laredo y Amsterdam. Su biblioteca fue parcialmente recuperada y está bajo resguardo en Citlaltépetl. Lorna tenía 85 años. Ya con el edificio colapsado, su teléfono seguía sirviendo, así que los rescatistas pudieron hablar con ella 48 horas después del temblor, pero su cuerpo no aguantó las estiradas horas del rescate.

La verdad, yo no había leído a Lorna ni me suena su nombre, y además de sus libros se rescataron parcialmente otras cuatro bibliotecas. Fue impresionante hojear el Julio Cortázar, el Jorge Ibargüengoitia, la Marguerite Duras, el Pablo Neruda, Lawrence Durrell, Jorge Luis Borges, Stefan Zweig, varios de ellos con polvo de escombros entre páginas y otros más, rotos, despanzurrados, como si les hubiera caído el mundo encima. Y sí.

De alguna manera, integrar una biblioteca pública con esos libros hará que un aliento de ella siga por aquí.

Foto mía

 

Foto mía
Foto mía

Cinco instantáneas desde el terremoto #19septiembre

Foto mía
  1. Platico con un miembro de los Topos, agrupación mexicana de rescate. Son más de las 3 de la madrugada del 20 de septiembre y el miedo sigue mordiéndome las tripas. Desde las cuatro de la tarde de ayer, día del temblor desaforado, ayudo con mi hija como voluntarias en la brigada médica en Avenida Álvaro Obregón y Nuevo León, a escasos metros de un edificio que se cayó por el terremoto que golpeó la capital mexicana. Estamos armando kits de primeros auxilios.

Bajo el casco amarillo, el rescatista dice que hace un rato encontraron cinco cuerpos entre los escombros, que a él no le ha tocado salvar a gente con vida. Se ve cansado. Explica que lo acaban de relevar, pide agua y algo de comer. Quiero preguntarle cuántas cosas pasan por su cabeza al estar dentro del inmueble caído, pero ya se está despidiendo, refresco y torta en mano: “Hay más de 40 personas ahí abajo. Deséenos suerte”.

Nunca había sentido tantas ganas de abrazar fuerte a un desconocido.

2. Es 22 de septiembre, día del cumpleaños 87 de  mi mamá. Le echo un telefonazo, mando mil besos y a lo que sigue. Ya festejaremos.

Mi hija y yo estamos en la farmacia, comprando agua oxigenada por caja: la vamos a llevar de vuelta a la brigada médica, para seguir armando botiquines de emergencia. Cuando vamos a pagar, delante de nosotros están unos novios veinteañeros. Compran varias botellas de alcohol, jeringas, gasas: van a donarlos. Son de extracción sencilla, la cartera con la que él paga ha sido muy usada.

3. Han pasado unos minutos desde que la tierra dejó de moverse como si fuera una inmensa cama de agua. Tiemblo por dentro y por fuera, tengo rota la voz. Me urge comunicarme con mi hija, está en el centro de la ciudad, zona que resulta muy afectada en los sismos. Pienso en mi madre, en mis hermanos y amigos (valga la redundancia). Me desespero por saber de ellos, mi celular no tiene señal.

Hace apenas dos horas, mis alumnos de la Escuela de Escritores y yo participamos en el simulacro de evacuación, recuerdo del terremoto del 19 de septiembre de 1985. Hoy, exactamente 19 de septiembre, me toca el sismo más brutal que haya sentido jamás. Me costó trabajo correr hacia la entrada del Panteón Francés, donde tomaba fotos para un reportaje. Al llegar a la puerta, con el suelo aún moviéndose y aterrada, vi a un guardia del cementerio abrazar a una señora que gritaba, en total histeria. El uniformado trataba de calmarla, pero él mismo repetía: “No mames, cabrón, sigue temblando, no mames”.

4. Está aquí parada desde antier, tras las vallas de seguridad frente al edificio que ya no es. Debe tener unos 75 años. Doña Yolis, señora de voz chiquita como ella, es mamá de Juan Antonio, quien está sepultado bajo los escombros de Álvaro Obregón. Espera que lo rescaten con vida como ya han salvado a 26 personas, pero faltan más de 40. Desde sus ojos entrecerrados dice que cuando saquen a su hijo nos va a invitar a su casa a comer mole, que le sale muy sabroso. Qué ganas brutales de que así sea. Ojalá yo tuviera un santo al cual rezarle y guardara la certeza de que me escucha.

5. Llevo cinco días comiendo tortas, siempre donadas por gente anónima para rescatistas, voluntarios y familiares de los que quedaron sepultados bajo rebanadas de cemento. Hoy, unas monjas trajeron arroz con salchicha, está delicioso. Es una de las muchísimas muestras de solidaridad que se han desbordado desde el sismo. Restaurantes regalan comida y agua además de prestar su baño, una estética puso un cartel que decía: “Cortes de pelo gratis a cambio de medicinas”, particulares prestan multicontactos para cargar el celular, un señor ofrece masajes a rescatistas cansados, algunos se ofrecen a cuidar niños o mascotas de personas cuyas casas sufrieron daños.

La famosa creatividad mexicana se potencia ahora, como hace 32 años. Nos va a hacer mucha falta para reconstruirnos entre todos.

Foto mía

19 de septiembre

Foto mía

Empecinamiento del coraje,

las hambres renovadas

como bocas que abre el suelo

de memoria cabalística y cabal.

 

Recordamos hormiguear las calles rotas

para, necios, arrancarle

alguna hebra de entre dientes,

aunque sea una hebra, una más.

 

Lo que no digo es que el miedo lo llevamos

como un mudo clavel rojo en la solapa.

Foto mía

Hoy estrenamos La Hora Elástica, por TVUNAM

De izq. a der.: Luisa Iglesias, Pepe Gordon, Fernando Rivera Calderón, Buda (Marisol Gasé), Analí Sánchez Neri, Rafael Tonatiuh, Óscar de la Borbolla, yo mera

La cultura se consume por disfrute, no por obligación.

La cultura está lejos de poses y pretensiones.

La cultura no es aburrida.

Creemos en estos principios y por eso hoy a las 8:30 pm te invitamos al estreno del nuevo programa de televisión: La Hora Elástica. Lo conducen Fernando Rivera Calderón y Luisa Iglesias y participamos en él Marisol Gasé, Pepe Gordon, Rafael Tonatiuh, Óscar de la Borbolla, Analí Sánchez Neri y yo.

Hablamos de ciencia y de las cosas invisibles, de por qué es un privilegio saber dudar, de qué películas son tan malas que resultan buenas, de cómo la poesía vive en las calles y no sólo en los libros. Además nos reímos de lo reíble , es decir, de todo.

Acompáñanos hoy, 8:30 pm, por TVUNAM (Sky: canal 120; TV abierta: canal 20.1; Izzi: canal 20). Si vives fuera de México, a partir de mañana puedes ver el programa en http://www.tv.unam.mx.

Sé parte de La Hora Elástica. Nos harás felices y tú también lo serás un poquito más.

Los tres principios de Storytelling que enseña el fenómeno Bartual

“Yo me dedico a contar historias”, dice el dibujante y cineasta español que hace un par de semanas creó en Twitter un thriller por entregas exitosísimo, de los más sonados en la historia de esa red social.

Manuel Bartual, de 38 años, estaba de vacaciones y concibió una micronovela de suspenso que contaría en Twitter, ilustrándola con fotos y videos del celular. La pensó, hizo una escaleta y luego la ejecutó con pocas variantes sobre su idea inicial: las novedades vinieron de atender algunos de los miles de comentarios que generó el hilo narrativo, que se convirtió en Trending Topic (algunos tuits recibieron más de 40 mil likes). Nunca se imaginó que tanta gente se interesaría por el tema, de tintes paranormales: en unos días Bartual pasó de 16 mil seguidores a alrededor de 400 mil, entre los cuales estuvieron Gerard Piqué e Iker Casillas y hasta la policía de su país. Algunos que siguieron al escritor le dieron unfollow cuando descubrieron que se trataba de un “engaño”, así que hoy tiene 370 mil.  

Muchos se mostraron incrédulos de que la ficción lograra atrapar a tantos, haciéndolos creer que se trataba de algo que sucedía en la realidad. Otros, por el contrario, encontraron lógico que una historia sólidamente contada, en tiempo real y con recursos narrativos eficaces, se convirtiera en tal suceso. Algunos la compararon con el radiodrama La guerra de los mundos, de Orson Welles (1938) y con el falso documental El proyecto de la bruja de Blair (1999). Los tres abordaron en su momento supuestos casos verídicos narrados en primera persona, que involucraban hechos sobrenaturales, de tal forma que miles creyeron en la veracidad de lo contado.

Si se estudia el caso Bartual desde la óptica del Storytelling se ve que revela varios principios de cómo lograr que una historia convenza y se vuelva viral. Aquí van los tres principales:

  1. Entender que se tiene dinamita entre las manos=valorar la fuerza de una narrativa limpia. Las herramientas que empleó el dibujante son un narrador creíble, que emplea lenguaje cotidiano e ilustra lo que le pasa con fotos y videos amateur, además de una historia bien pulida desde el principio, con los puntos álgidos trazados y el final, ya resuelto. La viralización que Bartual logró no fue producto de una chiripa, sino de un dominio de los recursos que convierten una anécdota cualquiera en una historia plena.

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#MiércolesDePoesía De cuando tu casa no aparece en Google Maps

Llevo cuerpo adentro una orfandad, algún bramido. No sólo la indefensión de perder a mi padre apenas cumplí los 17, sino las de ausencias que me dejaron la guardia fracturada.

La poeta venezolana Karla Castro (1985) parece saber de lo que hablo, creo que me ha oído en noches de llanto indefinido. Hoy, #MiércolesDePoesía, saboreo estos versos de su libro Tiempo Añil (Oscar Todtmann editores), que me hizo llegar mi querido Marlo Ovalles. Sirvan para palabrear el hueco que se lleva a cuestas, el que no dejamos de buscar y algunos llaman “casa”.

 

Homeless

“Mi casa
no aparece en los mapas de Google
nadie sabe cómo llegar

Esta casa juega conmigo a la gallinita ciega
esconde la ropa         mueve las paredes
pierde las llaves

Es un feudo que se resiste
me odia
confina a esta grulla a no tener nido”.

Foto: Claudia Noguera

El humor negro sí funciona en Storytelling (a veces)

 

“El principio del humor es poner una cosa donde no va”. Lo dijo el filósofo polaco Arthur Schopenhauer, pero podría haberlo dicho Woody Allen. O los creadores de la Carabina de Ambrosio. O el monero chileno Alberto Montt. O el mexicano Jabaz, del periódico Milenio. O Lenny Bruce, el comediante neoyorkino que se adelantó al stand-up. Todos ellos han sabido descolocar personajes y situaciones, poniéndolos donde no corresponden. Es decir, haciendo que los miremos de forma extrañada.

Lo predecible no es interesante. En cambio, lo inesperado capta nuestra atención y explota la hilaridad, incluso más si es políticamente incorrecto. Esa es la base del humor negro: hacernos echar risas a costa de lo que no es “normal”, de lo que “sabemos” que no está “bien” celebrar. Un standopero lo practica de cotidiano: se burla de los golpes que le propinaba su abuela o de la vez que su hermano casi le prende fuego.

El judío Dóvaleh, protagonista de la novela Gran Cabaret del escritor israelí David Grossman, está dando una función de cabaret en Israel. Cuenta que varios familiares suyos pasaron por el consultorio de Josef Mengele, el médico nazi que hizo experimentos crudelísimos con los reos del campo de concentración de Auschwitz.

Despertamos la curiosidad de ese hombre tan sensible e introvertido. Por lo menos veinte miembros de la familia de mi padre pasaron por la rampa de Mengele, hermanos, primos, y todos ellos, sin excepción, descubrieron que el cielo era su destino. Fue el médico de cabecera de todos ellos”. Claro, el público que lo escucha se revuelve incómodo en las butacas. Y Dóvaleh sigue adelante: “A pesar de lo ocupadísimo que estaba el hombre, acudían a él desde toda Europa, se abrían paso a codazos en los vagones de los trenes para llegar hasta él, y a pesar de tener tantísimo trabajo tuvo tiempo de darnos un trato personalizado”.

Gran Cabaret es una novela escrita por un reconocido autor judío sobre un comediante judío, que hace un espectáculo de comedia para judíos. Y el tema es el Holocausto, no desde la seriedad que demandaría, sino desde el humor más negro. El asunto es que conforme Dóvaleh avanza en la historia sobre su familia y sobre sí mismo, algunos comienzan a reírse y otros se van del bar, furiosos, pero el tema no deja a nadie indiferente.

De manera similar, a veces el Storytelling acude al humor negro para captar la atención de la audiencia. Claro, es cuestión de arriesgarse, de saber qué tanto es tantito, pero si se logra atinar el punto exacto el resultado puede ser notable. Un caso es el de la exitosa compañía texana Despair Inc. (se puede traducir como “desesperanza”). Fundada en 1988, vende libros, pósters y calendarios de desmotivación, un remedo de los insulsos productos motivacionales de felicidad-y-éxito-en-cinco-minutos. Se trata de carteles con fotos lindas y limpias, acompañadas de frases del tipo “Juntas: Ninguno de nosotros es tan idiota como la suma de todos nosotros” o “No te des por vencido, sigue tratando de superar tus límites. Necesitamos que nos entretengas”.

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Este blog apaga seis velas (con el pastel de un autor impresionante)

Arranqué este blog exactamente el 9 de septiembre de 2011. Es decir que hoy cumple seis arrogantes años, nada mal para lo que de origen fue un espacio para comentar los libros que se me iban atravesando entre los ojos.

Gracias a ti, lector o lectora, que sigues dando vueltas por aquí, leyendo y comentando, absorbiendo y cuestionando.

Me parecen suficientes motivos de festejo tanto el aniversario de este blog como el haber terminado una novela absurdamente bien escrita, espeluznante como una mordida en la nuca. Se llama Toño Ciruelo y es del colombiano Evelio Rosero (Tusquets) , de quien he hablado varias veces en este blog. El autor maneja la cadencia como quiere (y quiere bien) para darle vida a Toño, quien es al mismo tiempo repulsivo y fascinante en su bestialidad, en su rebasar los límites de la crudeza para hacer que quienes le rodean se descubran igualmente viles que él, aunque no quieran. Hagan de cuenta que Rosero invita el pastel y yo le digo: “Muchas gracias, señor. Leerlo a usted equivale a muchas lecciones de escritura”.

Aquí va un mínimo fragmento de la novela (que, por cierto, fue un regalo delicioso de mi querido Andrés Grillo). Ojalá esta cadencia y las imágenes que amontona antojen las ganas de leerla:

“[…] Me excitaba, me excitó profundamente buscar una pistola en la fronda, entre la hierba hirsuta, mis dedos debajo de la arena, en las raíces, en el nicho de los rieles, en la espina de los matorrales, en la pasmosa soledad de esa región sin nombre, cerca del mediodía, debajo de un sol letal.

Creí que en un lugar de una pistola buscaba entre las matas una mujer desnuda: sentí que mi sexo despertada, que palpitaba. Me aborrecí, por sentirlo. Pero si hubiese estado solo me masturbaría”.

Noche de poesía y buen contento

Foto: Alma Delia Murillo

Anoche fue la presentación de mi libro Eros una vez (Seix Barral), que recibió el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti. El evento fue en la Librería Icaria, parte de la Escuela de Escritores y que es también mi casa (doy clases de Escritura Creativa).

Arturo Córdova Just, poeta, ensayista y director de la Escuela, fue el presentador. No sé si alguien había leído con tanto rigor mis versos, si los había exprimido hasta sacarles el jugo oculto, pero de verdad me emocionó en los adentros su lectura. Espero poder compartir por aquí el texto que Arturo escribió, se antoja estamparlo en billetes de cien mil pesos. Luego de leer su escrito platicamos, la gente hizo preguntas, nos reímos, leímos poemas. Hubo venta de Eros y rematamos la noche con un consistente mezcal Xicarú.

Aquí van algunas fotos. Gracias a todos los que sortearon el cuasi diluvio universal que cayó en la ciudad, a quienes lo intentaron pero no lograron sacar a tiempo el velero, a quienes desde otros países me abrazaron con palabras.

Muy pronto, Eros una vez va a estar a la venta en Gandhi y El Péndulo, Ciudad de México. Avisaré con tiempo en qué sucursales.

Las gracias no se me cansan en la voz.

 

#MiércolesDePoesía Adónde se van los besos que no damos

I

Mariel Damián ya había visitado este espacio. Es una escritora mexicana de corta edad y largas ambiciones poéticas. Ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Almuñécar, en España, con La chica que se ha quedado sola, que ya fue publicado por Valparaíso Ediciones tanto en México como en España.

De él tomo este pequeño poema, sólido como una roca con los cantos pulidos. Y sí, Mariel pule los cantos, los hace sonar en estos cuatro versos que parecen dialogar con aquello de adónde se van los besos no dados.

Sea el #MiércolesDePoesía.

Mi mente en una cita

“Tú miras mis ojos mientras hablas,
yo miro tus labios moverse.

Cada palabra que nace en tu boca
es un beso que he perdido”.

#MIércolesDePoesía El amor es una oscura mariposa (creo)

El próximo miércoles, el clima va a ser espléndido, haya o no huracán en camino: se pronostica sol, cielo despejado, temperatura amable con la piel y los adentros (cada uno decida cuál).

Es que justo el miércoles 6 de septiembre presento mi libro de poesía Eros una vez, el que recientemente ganó el Premio Internacional Benedetti, en Uruguay. Lo presenta el poeta Arturo Córdova Just y el evento será en la Librería Icaria, dentro del edificio de la Escuela de Escritores (Pitágoras 446, Colonia Narvarte, Ciudad de México), a las 7 pm.

Dispensen, entonces, que hoy dedique el #MiércolesDePoesía a celebrar con ustedes la confluencia planetaria de este libro, en el que abordo el amor, el desamor y todos los estadios intermedios desde ópticas que lo comparan con una canción de Patxi Andión, una botella de vino añejo, un tumulto ancho y una mariposa negra sobre pared blanca.

Si deciden acompañarme esa noche, hordas sacrosantas de poéticos lectores, entonces el clima será como para el Récord Ginés. Ese día estará a la venta Eros una vez, que aún no se consigue en México, así que aprovecen para hacerse de él con todo y firma de la autora, para pasar a la posteridad con el pie derecho.

El libro es de veras buenísimo, aseguran mi hija y mi madre. Aquí va una probada.

AMÉN
En lo próspero y en lo adverso,
en la salud y en la enfermedad
prometo serte hiel
hasta que la muerte nos separe.

 

DRÁSTICA
Bésame donde tengo el miedo,
donde por dentro una oscura mariposa
tiembla y observa
con los lúgubres ojos de sus alas.

Besa donde mi costado transparenta
su mancha como una sombra espesa,
toda ella un pálpito que aguarda.

Bésame un beso suave,
un beso bálsamo que la apacigüe,
porque si empieza a aletear bajo mi piel
será inminente la catástrofe.

El Frente Nacional por la Familia se tropieza con un diccionario

Hace unos días, la asociación conservadora mexicana Frente Nacional por la Familia tuvo ¿a bien? intervenir un anuncio de la campaña #NoEsLoMismo, lanzada recientemente por Larousse Latinoamérica, empresa de larga historia en México dedicada a la elaboración de diccionarios de lengua.

El anuncio original de Larousse va dirigido contra el acoso sexual en el transporte público. Tiene el tino de no caer en los sermones y la estrategia es simple, pero no fácil: detrás está el trabajo de un equipo creativo inteligente. #NoEsLoMismo establece, por ejemplo, No es no, es decir que si una mujer rechaza establecer algún tipo de contacto con un hombre éste debe entenderlo como tal, no como una negativa juguetona, que en realidad quiere decir sí.

Hasta ese punto, la campaña ya había llamado la atención a partir de dos principios fundamentales del Storytelling:

  1. Cada anuncio cuenta una historia, con antecedente implícito, conflicto y propuesta de solución. Por ejemplo, en el copy “Bombón es un dulce esponjado de azúcar. No una mujer”, el antecedente es el uso extendido de palabras y frases que cosifican a la mujer, equiparándola con un dulce que puede comerse a voluntad. El nudo es el acoso que implica supuestamente halagar a una mujer en el transporte público llamándola bombón, con una cierta carga de poder masculino sobre ella. La solución es tomar conciencia del hecho de que el hombre no es dueño de la mujer, como podría serlo de una cosa.
  2. La propia historia exhibe por sí misma los valores la sustenta. En otras palabras, no incluye moraleja ni explicación. Deja que el público saque sus conclusiones.

Da click aquí para seguir leyendo mi columna, originalmente publicada en Neurona Magazine, de Neurona Digital

Y un poquito más adentro

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