Archivo de la etiqueta: Julio Trujillo

#MiércolesDePoesía “La piel del tiempo es cálida”

A veces, unos versos se asoman dentro de sí mismos, hurgan hasta que encuentran la veta no sabida y la iluminan. Entonces el instante deja de serlo, se estira para abarcar el mundo (nosotros, incluidos).

Es el caso del poema de hoy, de mi querido Julio Trujillo. Forma parte de El acelerador de partículas, volumen publicado recientemente por Almadía. Así, este #MiércolesDePoesía a media voz.

Íncipit

“El tiempo es menos cruel en marzo
porque brilla
y se deja tocar.
Mira,
hunde tu mano en el fulgor del día
que se alza como un arco
sobre el mundo,
palpa con las pupilas el amanecer.
Todo es comienzo en marzo,
brote,
y el mismo tiempo está naciendo
sin noche y sin memoria.
¿Qué hay detrás?
Una fecunda voluntad sin rostro,
una ansia pura de existir y abrirse,
de ser hoy.
Ingresa en el presente,
la piel del tiempo es cálida y ansía
aquel primer contacto que la encenderá”.

Julio Trujillo, “Íncipit”, El acelerador de partículas, Almadía

 

#MiércolesDePoesía La humanidad en tres versos

Captura de pantalla 2016-03-30 a las 9.47.09

Fabio Morábito, narrador y poeta de los mejores en lengua hispana y además querido amigo mío, me invitó hace unos días a participar en el intercambio colectivo de un poema que me hubiera ayudado en un momento difícil. 

Yo envié la “Elegía” de Miguel Hernández, que le puso palabras al dolor de haber perdido a mi papá siendo adolescente. Luego he ido recibiendo poemas y versos de todo tipo, algunos conocidos (como “Ítaca” de Constantino Cavafis, “El tigre” de Eduardo Lizalde o “1964” de Jorge Luis Borges”), otros que resultaron novedades para mí (como “Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra” de Álvaro de Campos, heterónimo de Pessoa, y “Elegía” de Gonzalo Rojas). Bueno, pues en esa inundación poética me llegaron estos versos del italiano Salvatore Quasimodo:

“Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol,
y de pronto anochece”.

Yo conocía el poema en traducción de Hugo Gutiérrez Vega (cambia el último verso: “Pronto la noche llega”), pero me gusta más esta versión que me compartió mi tocayo Julio Trujillo, poeta y escritor, además de querido amigo. Es una traducción del inmenso Guillermo Fernández. Aquí lo dejo, para iluminar el #MiércolesDePoesía.

En esos versos aparentemente inocuos caben todas las vidas que han pasado por la tierra. Es meter a la humanidad en tres renglones. Eso es poesía, carajo.

Cinco indiscreciones de escritores

Foto: Shutterstock
Foto: Shutterstock

Devotos de las palabras, obsesivos de lecturas que les habitan la cabeza, 21 autores nacionales y extranjeros de novela, poesía, novela gráfica y entrevista nos dijeron si roban libros o no y qué harían si encontraran una bodega llena de ediciones pirata suyas, entre otras chuladas.

1. ¿En qué personaje te gustaría convertirte?

David Miklos En el Bartleby de Herman Melville, para decir: “Preferiría no hacerlo”.

Jorge Zepeda Patterson En Jon Stark, de Game of Thrones. Debe de ser padrísimo tener un lobo dentro.

Liniers En Sal Paradise de En el camino, de Kerouac. Lo leí a los 18 años, edad perfecta porque entonces representó la promesa de que al crecer yo podría viajar, tener mujeres, tomar drogas. En cambio, si lo lees a los 40 te recuerda todo lo que no hiciste.

Mónica Maristáin Yo, de hecho soy García Madero, de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Rogelio Guedea Casi soy Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno, de Salinger. Como él, tuve una adolescencia loca, pero de gran ingenuidad.

Jorge F. Hernández En Ignatius J. Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, para comer hot dogs en Nueva Orleans por el resto de mis días.

Jorge Alberto Gudiño En el Quijote, porque vive mezclando ficción y realidad.

Rowena Bali En Ada, de Ada o el ardor, de Nabokov; en Teresa, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; en María, de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll; en Antínoo, de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar: todos ellos, por la forma como fueron amados.

  1. ¿Qué libro hubieras querido escribir?

Alberto Chimal La naranja mecánica, de Anthony Burgess. Es tremendo por la trama y el lenguaje y también por su célebre capítulo 21, que fue cortado tanto en muchas ediciones como en la película de Stanley Kubrik. Ahí, el protagonista se da cuenta de que está envejeciendo y debe incorporarse a la vida adulta. Es muy conmovedor.

Irvine Welsh El código Da Vinci, de Dan Brown. ¡Sería millonario!

Liniers Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Es de los libros que no te hacen más culto, sino mejor persona.

David Miklos A Field Guide To Getting Lost, de Rebecca Solnit. Es un gran libro de ensayo.

Alberto Montt La Biblia. Sería putrimillonario, dirían que Dios me inspiró, podría acostarme con niños y todas esas cosas lindas que pasan en la Iglesia.

Laura García Océano mar, de Alessandro Baricco. Es de los libros que más me han hecho detener la lectura y quedarme pensando.

Gabriela Jáuregui El libro de cuentos Samuel Johnson Is Indignant, de Lydia Davis. Soy muy fan de ella.

  1. ¿Cuál es tu insulto preferido para otro escritor?

Laura Martínez Belli “Escribe como Paulo Coelho”.

Jorge Alberto Gudiño “Es un completo analfabeto”. Nos lo dijeron a mí y a mi editor.

Luigi Amara “Cacalibri”. Lo usaban los romanos para referirse a alguien que literalmente cagaba libros porque hacía muchos, todos descuidados.

Rocío Cerón “Es un autor menor”.

Gabriela Jáuregui “Que te chupe la falla lacaniana”. Es de Severo Sarduy, mi ídolo.

Alberto Chimal “Fementido, canalla”, del Quijote.

Laura García “Es un escritor ñoño”.

Paola Tinoco “Fulanito puede entrar a mi biblioteca, porque sé que no va a tocar los libros”.

José “Monero” Hernández Me fusilaría a Groucho Marx: “He leído un libro extraordinario. Y, ciertamente, no es el tuyo”.

4. ¿Cuál fue el primer libro que robaste?

Jorge F. Hernández Charlotte’s Web, de E. B. White, mientras estudiaba primaria en los Estados Unidos. Fui un gran ratero de libros hasta que mi maestro, Luis González, me dijo que no era honroso hacerlo si uno es un escritor publicado.

Rocío Cerón No lo hice, pero debería haberme quedado una primera edición de Blanco, de Octavio Paz.

Julio Trujillo He robado varios, entre ellos las cartas de José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, de la librería Tomo 17, que cerró hace años. En realidad pensaba pagarlo, pero en la caja había mucha gente y me desesperé, entonces me lo guardé e intenté salir. La dueña me gritó en público. No fue el primero, pero sí el último.

Irvine Welsh Docherty, de William McIlvanney, lo robé de una librería en Edinburgo. Tenía unos 13 años.

Alma Delia Murillo Era niña y vi en casa de una tía Colmillo blanco y El llamado de la selva, de Jack London, en una misma edición. No me aguanté.

  1. ¿Qué harías si encontraras una bodega con libros pirata tuyos?

Jorge F. Hernández Me pondría parche, perico al hombro y garfio. Luego repartiría todos gratis.

Irvine Welsh Diría: ¿por qué pierden tiempo en eso, si mis libros están tan baratos en Amazon?

Luigi Amara, Rowena Bali, Rocío Cerón, Alberto Chimal, Jorge Alberto Gudiño, José “Monero” Hernández, Liniers, Mónica Maristáin, Laura Martínez-Belli, Alma Delia Murillo, Julio Trujillo, Jorge Zepeda Me pondría feliz, porque significaría que se venden, que funcionan.

Alberto Montt Los vendería más baratos que la editorial. Sería la única forma de ganar plata con mis libros.

(Originalmente publicado en el suplemento Punto y comas, de periódico Sinembargo.  Da click aquí para ir al artículo completo).

Otra vez: Rabia de vida, entre los mejores libros del año

Captura de pantalla 2016-01-03 a las 17.06.45

Todo indica que 2016 viene prendido. Ayer, 3 de enero, mi Rabia de vida fue incluido en la lista de los mejores libros de poesía del año, misma que Sergio González Rodríguez publica en el periódico mexicano Reforma. Aparece junto con títulos de maestros en el oficio, como Eduardo Milán, Rocío Cerón, Luigi Amara, Jorge Esquinca, Feli Dávalos. La compañía no podía ser más motivadora y retadora. Además, Palabrasaflordepiel fue el blog recomendado en el suplemento Forma y Fondo, también de Reforma. Y hace pocos días, el 30 de diciembre, Rabia de vida figuró en la lista de los 10 libros de poesía de 2015 que Mónica Maristáin publica en Sin Embargo (da clic aquí para ir a esa nota). Se trata de las listas más reconocidas en el medio editorial, de modo que estoy abrumada de emoción.

Agradezco en todos los colores a Sergio, a Mónica y al anónimo recomendador de Forma y Fondo este espaldarazo a mi trabajo y, sobre todo, celebro que encuentren en mis letras un eco. Rubén Bonifaz Nuño decía que la poesía es eso que pone chinita la piel. A seguir respirando poesía, que de otro modo nada vale la pena. 

PD Si quieres comprar Rabia de vida en versión digital puedes hacerlo en la esquina superior derecha de este blog, donde dice EBook, o en versión física en librerías de México: Gandhi, El Sótano, Fondo de Cultura Económica y El Péndulo, además de Amazon.com y Amazon.es.

Captura de pantalla 2016-01-03 a las 17.00.20

 

#FILGuadalajara “Lo que me importa es cómo me gustaría escribir”: Enrique Vila-Matas

Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)
Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)

Para explicar por qué ejerce el oficio de buscar palabras, desde la FIL el autor español soltó dos joyas que me quedan resonando.

“Alguna vez leí sobre un niño que se negaba a hablar. Preocupados, sus padres ordenaron hacerle todos los estudios imaginables y los especialistas encontraron que no había ninguna razón médica para su silencio. Es decir, no hablaba aun pudiendo hacerlo. Así creció. Sus padres se acostumbraron a comunicarse con él sin palabras y todos en paz. Por fin, cuando tenía 35 años un día le sirvieron un helado y dijo: ‘Este helado está horrendo’. En cuanto pudo reponerse, la madre le preguntó cómo era posible, por qué llevaba todos estos años sin hablar. Él dijo, simplemente: ‘Antes todo estaba perfecto’. Por eso escribo, por eso escribimos: porque no todo es perfecto”.

Lo dijo aquí en la FIL el autor catalán Enrique Vila-Matas, en conversación con el también escritor Julio Trujillo. Es una de las formas más plásticas que conozco para explicar el oficio. Y el recién galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 también dijo al presentar su novela Marienbad eléctrico, publicada por Almadía: “Escribo por la necesidad de romper viejos preceptos literarios. No quiero ser arrogante, pero el objetivo fundamental en todo lo que escribo es trazar nuevas escrituras. Es decir, no me importa tanto cómo escribo, sino cómo me gustaría escribir”.

Son el tipo de joyas que me llevo de la Feria.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

#MiércolesDePoesía Recordar a Sylvia

Sylvia Plath
Sylvia Plath

En cinco versos, Julio Trujillo aprehende el suicidio de la escritora estadounidense.

Era poeta. De las buenas. Estaba casada con Ted Hughes, poeta de los ídem, y tenían dos niños. Depresiva y deprimida por las infidelidades de Hughes y por el fin de su relación, una tarde del frío invierno de 1963 selló las puertas del cuarto donde estaban sus hijos pequeños, abrió el gas del horno, metió la cabeza y se suicidó. Tenía 30 años. Dejó los libros Colossus y The Bell Jar, y en 1965 se publicó póstumamente Ariel, un portento con sus últimos textos. En “Pursuit”, ese poema impecable escrito cuando conoció a Hughes, premonitoriamente había dicho: “One day I’ll have my death of him”.

El escritor mexicano Julio Trujillo pasa de visita en el #MiércolesDePoesía con este poema delicado, que en cinco versos perfila la historia de Plath.

“En la casita,

Sylvia se pliega como un lento

puño

y luego se abre toda.

Un beso de butano habla en su boca”.

-Julio Trujillo, “Sylvia” en La burbuja (Almadía)

Te puede interesar:

Da click aquí para ir a la nota Escritores suicidas

Da click aquí para ver gratis la película Sylvia, con Gwyneth Paltrow