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Invitación a conocer unos pechos exagerados

Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Un pintor recibe la carta de una desconocida, quien le dice haber visto su retrato en una revista y encontrarlo “interesante”. Así empieza un intercambio epistolar que va subiendo de tono, alimentado por la fantasía de que ella es originaria de La Dorada, ciudad cuyas mujeres se desmarcan del resto por su peculiar belleza y redondez (turgente, para más señas) y porque “se dejan hacer cualquier cosa”, como sabremos después. Tras varias misivas ella envía un retrato: con la imagen, en la que destacan sus pechos exagerados, viene también la invitación a “conocerlos”. El hombre viaja entonces a La Dorada, urbe teñida de sexo donde vivirá una experiencia de lujuria y alucinación. Por otro lado visita también Aguafuerte, tierra donde nada es lo que parece, lugar de placeres sin freno y de mujeres que son calca una de la otra, todas húmedas, todas “listas y dispuestas”.Con ambas historias cargadas de deseo, carne y rupturas en el tiempo se teje Dorada, novela de David Miklos que acaba de salir a la venta, publicada en la colección erótica La sonrisa vertical, de Tusquets. En la misma línea fragmentada de su reciente El abrazo de Cthulhu, aquí la atmósfera fantástica y las constantes fracturas en el tiempo me cansaron a ratos, pero me gustó la tensión que genera la escurridiza dorada y las ricas descripciones, como ese día en el que el protagonista entra en una habitación para descubrir “a un trío de mujeres tendidas, entrelazadas sobre la cama. Ven a desanudarnos, me dijeron. Y fui a su encuentro. No llevaban puesto nada más que el vestido o el camisón de tela delgada, casi raída, traslúcida ante la luz de la habitación, los pubis libres de calzón, el vello expuesto, la pelusa tupida, las vaginas entreabiertas, en su punto, penetradas por vez primera o visitadas una vez más”.Me acuerdo de aquella frase de Oscar Wilde: “No hay libros morales o inmorales, sino libros bien o mal escritos”. Esta novela breve de Miklos está bien escrita y además es inmoral. Será por eso que la disfruté.(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

 

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Hoy, día de guerrilla lectora

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Este día toca liberar un libro, dejarlo “olvidado” en algún lugar público para que un lector lo encuentre y lo haga suyo. La iniciativa, originalmente argentina y cada vez más extendida, funciona cuando sea pero el 21 de marzo los olvidadores se ponen de acuerdo en una especie de guerrilla lectora. En Twitter, este año se promueve con el hashtag #SiembraUnLibro, detrás del cual está el entusiasmo de @El_Esagui y cómplices. Qué rico pensar que un día, en no mucho tiempo, ciudades y pueblos de Hispanoamérica amanezcan sembrados de ejemplares en parques, paradas de autobús, cines, iglesias, como si los libros brotaran por sí mismos, se nacieran fruto de sus ganas de ser leídos.

Aquí mi aportación variadita, comprada ex profeso para el disfrute de otros:
1. Los rituales del caos, de Carlos Monsiváis (Era), un clásico de crónica urbana que atisba con humor en las muchas expresiones del folclor nacional;

2. El alma del hombre bajo el socialismo y notas periodísticas, de Oscar Wilde (Biblioteca Nueva), vistazo a la opinión del irlandés sobre temas varios aunque destacan las páginas autocríticas, en las que Wilde comenta su propia obra;

3. Álbum Iscariote, de Julián Herbert (Era/Conaculta), lo más reciente y arriesgado del poeta de Acapulco, que a veces también escribe novelas como Canción de tumba.

Los dejaré en donde alguien pueda encontrarlos, con una nota que diga: “Este libro es parte de la Liberación Mundial de Libros. #Siembra un libro”. Que vuelen y aterricen en manos que los acaricien, los hagan suyos. Amén.

PD Anda, libera tú también un libro.

Wilde: una vida para el placer

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“I don’t regret for a single moment having lived for pleasure. I did it to the full, as one should do everything that one does. There was no pleasure I did not experience”. Lo dice Oscar Wilde en esa joya de texto que es De Profundis, escrito mientras estaba en la cárcel acusado por la familia de Lord Alfred Douglas, su amante y verdugo, de tener conductas homosexuales. Hoy, que hace 159 años nació ese máximo gurú de las letras, me apetece recordarlo con esa cita. Vaya postura de vida envidiable.

Cómo se ama en la cárcel

Cereso (Centro de Readaptación Social)
Centro de Readaptación Social (Cereso), 2004

Horas negras es el nombre de este ensayo gráfico sobre mujeres en prisión. La autora es Patricia Aridjis, fotoperiodista mexicana que visitó por años cárceles nacionales. Su trabajo retrata la vida afectiva en reclusión y hasta puede vencer el encierro: “Mi compromiso encontró sus palabras exactas cuando tomé la foto de una interna en su celda. Me pidió que la fotografiara porque ésa era la única manera en que saldría de allí”.

Vigiladas las 24 horas, despreciadas y humilladas, las reclusas comen sordidez, dolor. Despojadas de dignidad, sean culpables o inocentes necesitan afecto. El lesbianismo es una opción a su soledad, la maternidad es otra. Algunas, en cambio, escapan a través de las drogas o el suicidio. Lo cierto es que cada una, insumisa a su manera, enfrenta las horas muertas, en las que quema la conciencia de que uno se muere a pedacitos, perdiendo cada día polvo de vida. Y es que como escribió Oscar Wilde estando él mismo recluido: “La vida en prisión, con sus incontables privaciones y restricciones, lo vuelve a uno rebelde”.

Mario (María) y Eli
Mario (María) y Eli, 2000
Cereso, 2007
Cereso, 2007
Esperanza
Esperanza, 2001
Karla Liliana, 2005
Karla Liliana, 2005

Más vale Salomé que mal acompañada

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He confesado aquí mi absoluta devoción por Wilde, así que ver un montaje de su Salomé era obligado. Ayer fui al Teatro Helénico y salí con sentimientos encontrados. Voy con lo positivo: antes de ir repasé la obra, la llevaba fresca. Así pude ver que la puesta en escena es fiel al original, lo que es un deleite. Desde el primer minuto, Leonardo Ortizgris es un soberbio Jokanaan, desorbitado y sexual en su pureza. Aunque se tarde para entrar en personaje, Irene Azuela hace una poderosa interpretación de la Salomé seductora/seducida: el baile y las escenas finales son notables. Está muy guapa y, sin embargo, sus 34 años me parecen arriesgados para el papel de una jovencita. Adaptar la obra a un baño es audaz y sí, acertado. La dirección de García Lozano me parece buena, aunque con algunos problemas de ritmo.

¿Lo negativo? El resto del reparto es lamentable. Si bien José Sefami da el tipo grotesco de Herodes, su actuación falla por completo: lo indica el hecho de que haga reír en parlamentos como “Tu belleza me ha turbado. Tu belleza me ha turbado terriblemente y te he mirado demasiado esta noche”. Aída López (Herodías) no se cree su papel ni en día de fiesta; los demás, menos aún. Y luego está el absoluto desacierto de que uno de los siervos sea un gay exagerado. ¿Para qué? ¿Para representar “mejor” una corte decadente? Por favor…

Total, la experiencia me quedó a deber. Lamento que el Teatro Helénico parezca seguir esa fórmula: elige buenos textos y paga estupendos protagonistas/ chicas guapas, pero en el resto del elenco incorpora actores que no dan la talla (lo mismo ocurrió en el montaje de Hard Candy http://wp.me/p1POGd-pY).

Me quedo con esto, del texto de Wilde: “El misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte”.

El placer perfecto según Wilde

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“A cigarette is the perfect type of a perfect pleasure.
It is exquisite, and it leaves one unsatisfied.
What more can one want?”
-Oscar Wilde

Empiezo por aclarar que no fumo ni he fumado. Cuando me enfrenté al primer cigarro, la náusea fue tal que no reincidí. No me apetece. Es más, me repele. Sin embargo, al ver cómo algunos lo disfrutan pienso que me pierdo un placer inenarrable, yo que tengo vocaciones profanas. El sitio www.theperfectpleasure.com, espacio de promoción del acto de fumar y de donde selecciono estas bellas fotos, acrecienta mis dudas. La puntilla la da el epígrafe del máximo hedonista: “Un cigarrillo es el tipo perfecto de placer perfecto. Es exquisito y te deja siempre insatisfecho. ¿Qué más se puede pedir?”.

Si en esta vida no sucede, creo que en la siguiente seré una fumadora empedernida.

Jean Cocteau
Jean Cocteau
Frida Kahlo
Frida Kahlo
Alfred Hitchcock
Alfred Hitchcock
Milla Jovovich
Milla Jovovich
Rodolfo Valentino
Rodolfo Valentino