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#MiércolesDePoesía No tener un sitio para cada cosa

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Llegó sin advertencia, como caminando de puntillas, otro #MiércolesDePoesía. Para saludarlo ya que está metido aquí en mi casa, hoy acudo a Jaime García Terrés, escritor mexicano nacido en 1924. A partir de un par de imágenes, este texto suyo dice mucho sin decirlo.

Acomodo mis penas como puedo, porque voy de prisa.

Las pongo en mis bolsillos o las escondo tontamente

debajo de la piel y adentro de los huesos;

algunas, unas cuantas

quedan desparramadas en la sangre,

súbitas furias al garete, coloradas.

Todo por no tener un sitio para cada cosa;

todo por azuzar los vagos íjares del tiempo

con espuelas que no saben de calmas ni respiros.

-Jaime García Terrés, “Jarcia”, en Gabriel Zaid (comp.), Ómnibus de poesía mexicana (Siglo XXI)

Mis mejores libros 2014

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Entre los demasiados libros de los que hablaba Gabriel Zaid, todo lector desaforado (como yo) escoge unos y deja fuera otros, muchísimos. Como uno sólo puede hablar de los pocos que leyó, hoy propongo mencionar los títulos que me marcaron en este 2014. Hay novela, cuento, ensayo, poesía. Figuran autores hispanoamericanos pero también de otras latitudes, como Polonia y Reino Unido. Algunos son novedades y otros tienen años de haber sido publicados. El único criterio de selección fue que los leí este año y que, en cada caso, tuve que interrumpir varias veces la lectura para paladear un pasaje lleno de verde y gorjeos.

Más que dar mi opinión sobre ellos preferí mencionar brevemente qué me gustó y luego dejarlos hablar, o sea, citar un fragmento luminoso, en el que se cuele entre letras la luz fresca de cada uno. Como dice el genial Liniers sobre los libros que ama: más que acompañarme, estos “ya se esconden adentro de mí”.

  1. Alan Pauls, La historia del pornógrafo (Anagrama). Novela intimista con varias capas, hondas y llenas de ecos. “¿Con qué cara me enfrentaré a ti? Me miro al espejo y lo que allí veo es un fantasma; no, peor que eso: la sombra de un fantasma que fue un hombre, un hombre al que tú amaste casi sin conocerlo”.
  2. Fabio Morábito, El idioma materno (Sexto Piso). Colección de pequeños ensayos sobre la lectura y la vocación de escribir, en los que cada palabra se saborea. “El subrayador se vuelve un segundo autor del libro, extrae de éste el libro que él hubiera querido escribir, entra en controversia con el libro que lee, al que somete a una implacable cacería de frases subrayables”.
  3. Idea Vilariño, Poesía completa (Cal y Canto). La escritora uruguaya ofrece versos de amor y desamor como quien regala una combustión que quema los dedos, pero se disfruta. “Buscamos/ cada noche/ con esfuerzo/ entre tierras pesadas y asfixiantes/ ese liviano pájaro de luz/ que arde y se nos escapa/ en un gemido”.
  4. Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso (Conaculta). Deslumbrante novela-reto polaca sobre la Cruzada de los niños fue traducida al español por Sergio Pitol. De veras vale la pena. “La satisfacción de los sentidos no sacia el deseo, de un deseo saciado surgen cien nuevos aún más imperiosos, los actos nacidos de los deseos más puros agonizan en la infamia, tal vez no existen los deseos puros, la necesidad de violencia y de crueldad trastorna la naturaleza del hombre”.
  5. Eduardo Galeano, Bocas del tiempo(Siglo XXI). Compendia la hondura de Galeano en relatos y pequeñas cápsulas, como pildoritas que ayudan a andar. “[…] el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje”.
  6. Rodrigo Fresán, Trabajos manuales(Planeta Biblioteca del Sur). La pluma precisa del escritor argentino propone cuentos lúcidos, con cara y cuerpo de ensayos. “El final de un libro es como un suspiro. Por eso Forma suspira cada vez que termina un libro. Llegar a la última página produce una suerte de triste felicidad. Felicidad por saberlo todo sobre una historia y por sentirse capaz de creer en personajes con una intensidad con la que nunca se creerá en las personas. Tristeza porque la historia no sigue. Entonces sólo queda volver a empezar”.
  7. Valeria Luiselli, La historia de mis dientes(Sexto Piso). Esta novela singular se avienta al vacío y se pone de pie como si nada, con todos los huesos intactos. Trata sobre un cantador de subastas. “Se sentía tan disminuido que intentó suicidarse colgándose de una rama de aquel árbol pequeñísimo. Fracasó por poco”.
  8. Julian Barnes, Niveles de vida (Anagrama). Tres relatos aparentemente inconexos, el tercero de los cuales cohesiona el libro y sacude: es la expresión acendrada del dolor de perder al ser amado. “En un acto social al que mi mujer y yo solíamos asistir juntos, un conocido se me acercó y dijo simplemente: ‘Aquí falta alguien’. Me pareció correcto, en ambos sentidos”.
  9. Evelio Rosero, Los ejércitos (Tusquets). Novela demoledora sobre la violencia, colombianamente mexicana. “Nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana”.
  10. Carlos Velázquez, La marrana negra de la literatura rosa(Sexto Piso). Cuentos marcados a fuego por una de las mejores plumas del escenario mexicano actual. “Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vajillas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano”.
  11. (o, lo que es lo mismo, 10 + 1) Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE). Cascada de poemasque hacen cada día más ancho y mucho más pleno. “Habítame, penétrame./ Sea tusangre una como mi sangre./ Tu boca entre a mi boca./ Tu corazón agrandeel mío hasta estallar./ Desgárrame./ Caigas entera en mis entrañas./Anden tus manos en mis manos./ Tus pies caminen en mis pies, tus pies./Árdeme, árdeme […]”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

Mi encuentro con los nadies

20130723-105323.jpgHace siglos, rostros indígenas señoreaban estas latitudes centroamericanas. Hoy, esos mismos rostros llevan herido el aplomo, cubierto como una herida que supura bajo el huipil. Algunos como Germán, vendedor de jade y hablante de lengua cakchiquel, la llevan con orgullo de acento añejo: “Aprendí español y hasta inglés pa’ vender, pero en mi casa (se habla) puro cakchiquel. A unos les da pena pero a mí, no”. De rasgos que parecen copiados de un códice precolombino, es experto en explicarnos sobre los nahuales, fuerzas regidoras determinadas por el día de nacimiento: con ellas, los mayas explicaban el carácter y el destino (similares a los signos astrológicos). No es el caso de todos los Germanes: uno nos lleva en el Tuk-Tuk (moto convertida en taxi), otra vende lotería y uno más, café en grano, mientras cientos ofrecen textiles hermosos por las calles. Qué lamentable: pasaron de amos de la tierra, a ser vistos como fuerza baja de trabajo o atractivo turístico. Yo misma compro sus creaciones, decoro mi casa con ellas y me olvido de todo. Recuerdo este texto de Galeano, crudo pero necesario: “[…] Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos”. Eduardo Galeano, “Los nadies”, El libro de los abrazos (Siglo XXI).

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“Sólo puedo escribir si veo una imagen dentro de mí”

Hermanos Bragaglia
Hermanos Bragaglia

“[…] quise ser pintor, dibujante. Sentía que eso era lo mío, el trabajo con las imágenes […] para mí, escribir es un modo de pintar, es una manera de obedecer a las imágenes que se van dibujando dentro de mí. Esas imágenes se traducen en palabras pero empiezan siendo imágenes. Yo soy incapaz de escribir una historia, completamente incapaz de escribir algo, un episodio, una idea, una emoción, si previamente no puedo verlo. O sea, lo primero que hago es cerrar los ojos y verlo dentro de mí. Y cuando lo veo, lo escribo… pero al revés, no”.

-Eduardo Galeano, entrevista en video, vía Esther Zorrozua: http://estherzorrozua.wordpress.com/2013/06/14/eduardo-galeano-3/

Por eso Galeano regala estampas tan imborrables como: “Ese hombre o mujer está embarazado de mucha gente. La gente le sale por los poros. Así lo muestran en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas”. “La pasión de decir/ 2”, El libro de los abrazos (Siglo XXI).

Pantalla de TV: cristal de doble cara

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Cuando era niña juraba que los personajes que salían en la tele podían verme, tanto que me burlaba de quienes aseguraban que no era así (pobres). Lo recuerdo ahora que encuentro esta bella cita de Galeano:

“Me lo contó Rosa María Mateo, una de las figuras más populares de la televisión española. Una mujer le había escrito una carta, desde algún pueblito perdido, pidiéndole que por favor le dijera la verdad:

—Cuando yo la miro, ¿usted me mira?

Rosa María me lo contó y me dijo que no sabía qué contestar”.

-Eduardo Galeano, “La televisión”, El libro de los abrazos (Siglo XXI)

Ahora, ya se sabe, la tecnología busca hacer posible que a través de la pantalla seamos observados, de manera que nuestros hábitos y preferencias brinden información valiosa tanto a gobiernos como a empresas ávidas de vender. Ja, ni la mujer del texto ni Guille ni yo andábamos perdidos.