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Escritores contra el espionaje

Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)
Algunos firmantes: Alberto Manguel (Arg), Ana Clavel (Méx), Santiago Roncagliolo (Perú), Rosa Beltrán (Méx), Valeria Luiselli (Méx), Javier Marías (Esp), Ariel Dorfman (Chile), Héctor Abad (Col), Leonardo Padura (Cuba), Claudia Piñeiro (Arg), Juan Gabriel Vázquez (Col), Rosa Montero (Esp)

Más de 500 autores de 81 países condenaron estos días el espionaje de las agencias de inteligencia revelado por Edward Snowden. El necesario manifiesto “En defensa de la democracia en la era digital” señala que el espionaje masivo viola el derecho humano a no ser observado. “Una persona vigilada no es libre; una sociedad vigilada no es democrática”, subrayan. Además piden a la ONU la protección de los derechos civiles en el mundo digital.

Entre las firmas internacionales saltan los premios Nobel J. M. Coetzee, Elfriede Jelinek, Günter Grass y Orhan Pamuk, además de Don DeLillo, Margaret Atwood, Ian McEwan, Julian Barnes, Martin Amis, Amos Oz, Lionel Shriver, Etgar Keret y Jonathan Lethem. Contra 83 nombres de autores alemanes, Hispanoamérica completa está representada por 40 autores de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, México y Perú (los demás países no figuran). Qué bueno que estén los nombres que están, qué lástima que falten muchos otros. Me parece intrínseca a la escritura la demanda de libertad.

Aquí el enlace al manifiesto: http://goo.gl/gThQXf

Escribir es sinónimo de pensar: Marías

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“Una de las razones por las que escribo es porque pienso mejor escribiendo que de ninguna otra manera. Me temo que pensaría peor haciendo otras cosas”, dijo el sábado Javier Marías, al recibir el Premio Formentor de Letras (éste sí lo aceptó).
Me pasa igual: si quiero pensar debo escribir, desgranar mis ideas en palabras. Supongo que carezco del chip que permite a algunos razonar en abstracto con claridad. Me declaro incompetente. Si quieren que piense, denme un rato a solas, una pluma y un cuaderno. Avisados están.

Memorables comienzos de libros 2

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Había dicho que escribiría una segunda entrega del post original Memorables comienzos de libros (ver entrada del 9 de diciembre de 2012). En aquel caso consigné mis inicios favoritos de novelas escritas en lengua extranjera; en éste, cito las primeras palabras de libros escritos en español. La idea es consignar esas frases iniciales que prometen un gran texto y cumplen con la expectativa (o la rebasan): en un par de líneas crean un mundo en el que en su momento no pude evitar introducirme, para después de muchas páginas salir sin ganas de hacerlo, tan feliz estaba ahí dentro. Aquí está:

“Empieza con un niño que nunca fue adulto y termina con un adulto que nunca fue niño. Algo así. O mejor: empieza con un suicidio adulto y una muerte infantil, y termina con una muerte infantil y un suicidio adulto. O con varias muertes y varios suicidios de edades variables. No estoy seguro. No importa”. (Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington)

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué”. (Ernesto Sábato, El túnel)

“De lo poco que aprendo en la madraza, fundada por mi antecesor Yusuf I, y de los encanecidos maestros, fríos y desdeñosos con los jóvenes, una sola cosa es la base de todas las demás: no somos libres. Nuestro destino se nos adjudica al nacer […] Yo de mí puedo jurar que jamás he elegido. Sólo lo secundario o lo accesorio: una comida, un color, la manera de pasar una tarde. La libertad no existe”. (Antonio Gala, El manuscrito carmesí)

“Se enamoró. De un hombre con mal tono muscular y bolsas debajo de los ojos. No pudo evitarlo. Uno no puede evitar esas cosas, aunque lo intente. No lo intentó tampoco. Pero en días como ése le gustaba pensar en lo que habría pasado de hacerlo”. (Rosa Beltrán, Alta infidelidad)

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos la cera y destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte”. (Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte)

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad)

“La pequeña plaza de piedra parecía flotar en la reverberación del mediodía ardiente cuando el Cristo de Elqui, de rodillas en el suelo, el rostro alzado hacia lo alto —las crenchas de su pelo negreando bajo el sol atacameño—, se sintió caer en un estado de éxtasis. No era para menos: acababa de resucitar a un muerto”. (Hernán Rivera Letelier, El arte de la resurrección)

“Jacqueline Cascorro, la protagonista de este relato, conoció durante buena parte de su vida las experiencias conyugales de rutina: arrebatos, riñas, infidelidades, crisis y reconciliaciones. Todo cambió en un instante, cuando al quebrar con sus manos una pata de cangrejo y oír descorchar a sus espaldas una botella de champaña se dejó poseer por un pensamiento que la visitaría de manera intermitente, convirtiéndola, y ya para siempre, en una mujer de muy malas ideas”. (Sergio Pitol, La vida conyugal)

“Ese año pasaron muchas cosas en este país. Entre otras, Andrés y yo nos casamos. Lo conocí en un café de los portales. En qué otra parte iba a ser si en Puebla todo pasaba en los portales: desde los noviazgos hasta los asesinatos, como si no hubiera otro lugar. Entonces él tenía más de treinta años y yo menos de quince”. (Ángeles Mastretta, Arráncame la vida)

“La violación comienza con la mirada. Cualquiera que se haya asomado al pozo de sus deseos, lo sabe. Como contemplar esas fotografías de muñecas torturadas, apretadas cual carne floreciente, aprisionada y dispuesta para la mirada del hombre que acecha desde la sombra”. (Ana Clavel, Las Violetas son flores del deseo)

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros”. (Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí)

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Lectora de mí misma

Ociosa que soy, hice un recuento de lo leído en 2011 y concluí que, como dijo Proust, al enfrentarme a muchos de esos textos fui “lectora de mí misma”, vi cosas “que sin esos libros no hubiera podido ver” en mí. Y eso la buena gente lo agradece. Como quiero ser una de ellas ahí va mi gratitud a los personajes respectivos y a sus creadores (van en orden decreciente, empezando por los que más disfruté en cada categoría):

Predominó la narrativa (sobre todo novela pero también algo de cuento):

  • La elegancia del erizo, Muriel Barbery, Seix Barral (y también L’élégance du hérisson, regalo de mi lindo amigo Salvador Camacho)
  • Une gourmandise, Muriel Barbery (ídem regalo de Salvador)
  • El día que Nietzsche lloró, Irvin Yalom, Emecé
  • Las violetas son flores del deseo, Ana Clavel, Alfaguara
  • Los enamoramientos, Javier Marías, Alfaguara
  • Manhattan Love Song, Cornell Woolrich, Pegasus
  • Efectos secundarios, Rosa Beltrán, Grijalbo
  • Las cartas de Abelardo y Heloísa, Siruela
  • El arte de la resurrección, Hernán Rivera, Alfaguara
  • Malone dies, Samuel Beckett, Grove Press
  • Vita Brevis, Jostein Gaarder, Siruela
  • Novecento, Alessandro Baricco (regalo de mi queridísima Paty Torres Maya), Anagrama
  • Claudine à l’école, Colette, Le Livre de poche
  • Suicidios ejemplares, Enrique Vila-Matas, Anagrama
  • El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vázquez, Alfaguara

También hubo poesía:

  • Pesar todo, antología de Juan Gelman, FCE
  • Mar privado, Eduardo Casar (relectura)

Y algo de ensayo:

  • Zoo Inc., Javier Martínez Staines (regalo de su muy querido autor)

Para rematar con temas de desarrollo personal:

  • Happy for no reason, Marci Shimoff
  • Autobiografía de un yogui, Paramahansa Yogananda
  • En defensa de la felicidad, Matthieu Ricard
  • Bikram Yoga, Bikram Choudhury

Me dejaron tatuadas en la frente palabras como “Vivir de manera segura es peligroso” (Yalom), “Una herida bien puede ser una flor abierta o una herida que manda besos cárdenos en el aire” (Ana Clavel), “L’Art, c’est l’émotion sans le désir” (Barbery), “Cómo será acostarme/ en tu país de pechos tan lejano/. Ando de pobrecristo a tu recuerdo/ clavado, reclavado” (Gelman), “Thoughts and feelings aren’t facts and they’re not you” (citado por Shimoff), “Lejos de gemir por las faltas que cometí pienso suspirando en aquellas que ya no puedo cometer” (Cartas de Abelardo y Heloísa)…

Gracias a todos los involucrados.