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El Premio FIL, para Vila-Matas por líneas como éstas

El escritor.
Enrique Vila-Matas, el escritor que entiende la literatura como un juego con el lector.

Si va a seguir escribiendo cosas así, que le den todos los premios que quieran.

Se anunció esta semana que el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 se entregará el 28 de noviembre en Guadalajara al catalán Enrique Vila-Matas (1948). El galardón lo determinó un jurado internacional en reconocimiento a una escritura que representa “un salto al vacío que pone en riesgo tanto al autor como al lector”. Al comentar el galardón, Vila-Matas dijo que siente “toda la admiración del mundo” por la obra de Juan Rulfo y agradeció el premio a su amigo Sergio Pitol, quien fue “decisivo” en su vocación literaria.

Aprovecho la noticia para volver a un libro de Vila-Matas que me fascina y recomiendo: Suicidios ejemplares (Anagrama). Es un juego impecable, una colección de cuentos cargados de ironía que trazan una geografía imaginaria del suicidio, una suerte de mapa de ruta que guía en un terreno espinoso. En especial se quedó a vivir conmigo “Rosa Schwarzer vuelve a la vida”, la historia de la cincuentenaria vigilante de un museo que está cansada de todo, harta de la infidelidad de su esposo y el desprecio de sus hijos, aunque vive apasionada por un cuadro que debe cuidar.

Un día amanece sintiendo el llamado del suicidio, pero deja pasar oportunidades de despedirse de la vida. De pronto entra a un bar, en el que un borracho se pone a conversar con ella y terminan caminando juntos, en eso que es una “secuencia de color de su recién animada vida” y entonces ella dice estas breves líneas: “Es decir, resumiendo, que esta mañana todo me parece nuevo, nada de lo que me ocurre me había sucedido antes”. No daré el spoiler del cuento pero sí diré que ante la certeza de que la realidad es desagradable, ella se plantea que quizá la ficción, tanto la que le cuenta el borracho como la que plantea aquel cuadro del museo, quizá sean más desagradables, “como si hubiera comprendido que después de todo no sabemos —lo diré con las palabras del poeta— si en realidad las cosas no son mejor así: escasas a propósito”. Por líneas así me alegra que los 150 mil dólares se los lleve Vila-Matas. Cómo no.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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10 genialidades de Sergio Pitol

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El enorme Sergio Pitol está hospitalizado en Veracruz, luego de un sangrado intestinal. A sus 81 años, el importantísimo traductor, cuentista, novelista y editor está delicado.

Por si alguien no se ha enterado de su peso, aquí va un mínimo recuento de por qué es crucial para la literatura mexicana e hispanoamericana. Además de su propia obra (novelas como El desfile del amor y Domar a la divina garza, volúmenes de cuentos como Nocturno de Bujara, de relatos como No hay tal lugar y cuadernos de viajes como El arte de la fuga), quien ha merecido el Premio Cervantes y el Xavier Villaurrutia tradujo más de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Anton Chéjov y Jerzy Andrzejewski. Fue amigo cercano de José Emilio Pacheco, contemporáneo de Juan García Ponce, Salvador Elizondo y José de la Colina. Esta anécdota que contaba Carlos Monsiváis me encanta. Una vez, Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas. “En ese momento [Sergio] me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”. Qué cosa. Hace poco leí su traducción de Las puertas del paraíso, del polaco Jerzy Andrzejewski, “una de las novelas más perfectas que conozco”, según dijo. Yo añadiría que la versión de Pitol es de lo más deslumbrante que he leído en los últimos años.

Editorial Almadía le publicó en 2010 Una autobiografía soterrada. Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones, compendio de ensayos y relatos en los que Pitol habla de recuerdos, lecturas, viajes y personas que conformaron su estilo literario. De ahí entresaco estos 10 fragmentos que lo revelan de cuerpo entero:

  1. Puedo documentar la niñez, la adolescencia, toda mi vida a través de las lecturas. A partir de los veintitrés años, la escritura se entreveró con la lectura.
  2. En buena parte la imaginación deriva de mis experiencias reales, pero también de los muchos libros que he transitado.
  3. Descreo de los catálogos y las recetas universales. […] Sería monstruoso que todos los escritores obedecieran las reglas de un mismo decálogo o que siguieran el camino de un único maestro. Sería la parálisis, la putrefacción.
  4. Cuando viajo llevo más de una docena de libros para tener varias opciones de lectura.
  5. Hace unos días encontré en Autobiografie altrui, el último libro de Antonio Tabucchi, una frase formidable: “Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de cualquier escritor que no desconfiara de su propia labor”.
  6. Salvo el instinto lo demás son minucias.
  7. Mi aprendizaje es resultado de una lectura inmoderada de cuentos y novelas, de mis empeños como traductor y del estudio de algunos libros sobre aspectos de la novela […].
  8. De la única influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo.
  9. Estoy convencido de que ni siquiera la inexistencia de lectores podrá desterrar la poesía.
  10. Escribir ha sido para mí, si se me permite emplear la expresión de Bajtín, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

La hermosa novela polaca de sólo dos frases (en traducción de Pitol)

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“[…] cuando después de saciarse de mí intempestivamente me abandonaba, yo pensaba entonces: soy su propiedad, su objeto, por eso prefiere despreciarme en vez de despreciarse, lo odio, pero me odio también a mí mismo, por responder con docilidad a sus deseos, esto me produce placer y cuando experimento el placer no sé no amarlo, por eso me odio […]”.

Acabo de terminar Las puertas del paraíso, novela del autor polaco Jerzy Andrzejewski, en la imperdible traducción de Sergio Pitol (Conaculta/ Universidad Veracruzana). El libro, de 1959, aborda un hecho verídico del siglo XII: una expedición de niños franceses se dirigió a Jerusalén con la intención de liberar el sepulcro de Cristo de manos turcas. Por supuesto, la Cruzada de los Niños no llegó a su destino. Unos fueron secuestrados por traficantes de esclavos y vendidos en Egipto, otros se perdieron y murieron en tierras ajenas.

El tema es, de suyo, implacable, pero la amarga novela de Andrzejewski y cimbra por mucho más que eso: entrevera simultáneamente los testimonios de cinco chicos y de su confesor, un viejo que se debate en el conflicto ético de bendecir a los chicos y acompañarlos en su viaje imposible o detener lo que sabe que se convertirá en una masacre inútil. En los testimonios figuran temas universales como el deseo ciego, lo absurdo de la fe, el amor implacable y la muerte liberadora, la verdad que miente y el dolor que atraviesa la experiencia humana. Además, la traducción de Pitol es impecable, como siempre. Y otra particularidad estilística termina de hacerla impresionante: la novela entera consta de solamente dos frases, una que abarca 110 páginas y otra, de sólo cinco palabras.

Me resulta difícil describir una lectura que me conmovió tanto. Sólo atino a decir que me deja una hermosa piedra en la garganta.

“No es lo mismo redactar que escribir”

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“La redacción no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura, la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y predecible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por más transparente que parezca”. -Sergio Pitol, Una biografía soterrada (Almadía)

Pitol, otra vez Pitol (esta vez en un rico librito de Almadía), iluminando lo cotidiano. Todo el mundo puede redactar con el objetivo primero y único de darse a entender. Se redacta una carta, un reporte escolar, un informe, un discurso político. Pero cuando se trata de asomarse a las entrañas de la experiencia humana y mostrar su complejidad y sus múltiples claroscuros, entonces en realidad se está escribiendo. O intentando hacerlo.

PD No se me ocurre cómo expresar ese matiz en inglés. Any ideas?

El Día de Sergio Pitol

Foto tomada de: http://hermanocerdo.com
Foto tomada de: http://hermanocerdo.com

Una vez, Carlos Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas: “En ese momento me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”.

El Pitol novelista, ensayista, editor y traductor le cuenta en entrevista al colombiano Darío Jaramillo que cuando en los años 60 vivió en Europa, se puso a traducir “porque no tenía otro trabajo”. Mexicano, ha vertido al español cerca de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Robert Graves, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Luigi Malerba, Anton Chéjov, Tibor Déry, Lu Hsun y Jerzy Andrzejewski.

Hoy que se celebra el Día Internacional del Traductor, casi como sinónimo habría que decretarlo Día de Sergio Pitol. Acaba de cumplir 80 años, no esperemos a que muera para hacerle homenajes. Aquí, como mínimo tributo, un fragmento de Cosmos, novela de Witold Gombrowicz que tradujo del polaco: “Sonreí a la luz lunar ante la plácida idea de que la mente es impotente frente a la realidad que la supera, la anula, la burla… No existe una posibilidad irrealizable… Toda trama es posible”.

Entrevista con Jaramillo: http://bit.ly/15FuurK

Memorables comienzos de libros 2

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Había dicho que escribiría una segunda entrega del post original Memorables comienzos de libros (ver entrada del 9 de diciembre de 2012). En aquel caso consigné mis inicios favoritos de novelas escritas en lengua extranjera; en éste, cito las primeras palabras de libros escritos en español. La idea es consignar esas frases iniciales que prometen un gran texto y cumplen con la expectativa (o la rebasan): en un par de líneas crean un mundo en el que en su momento no pude evitar introducirme, para después de muchas páginas salir sin ganas de hacerlo, tan feliz estaba ahí dentro. Aquí está:

“Empieza con un niño que nunca fue adulto y termina con un adulto que nunca fue niño. Algo así. O mejor: empieza con un suicidio adulto y una muerte infantil, y termina con una muerte infantil y un suicidio adulto. O con varias muertes y varios suicidios de edades variables. No estoy seguro. No importa”. (Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington)

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué”. (Ernesto Sábato, El túnel)

“De lo poco que aprendo en la madraza, fundada por mi antecesor Yusuf I, y de los encanecidos maestros, fríos y desdeñosos con los jóvenes, una sola cosa es la base de todas las demás: no somos libres. Nuestro destino se nos adjudica al nacer […] Yo de mí puedo jurar que jamás he elegido. Sólo lo secundario o lo accesorio: una comida, un color, la manera de pasar una tarde. La libertad no existe”. (Antonio Gala, El manuscrito carmesí)

“Se enamoró. De un hombre con mal tono muscular y bolsas debajo de los ojos. No pudo evitarlo. Uno no puede evitar esas cosas, aunque lo intente. No lo intentó tampoco. Pero en días como ése le gustaba pensar en lo que habría pasado de hacerlo”. (Rosa Beltrán, Alta infidelidad)

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos la cera y destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte”. (Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte)

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad)

“La pequeña plaza de piedra parecía flotar en la reverberación del mediodía ardiente cuando el Cristo de Elqui, de rodillas en el suelo, el rostro alzado hacia lo alto —las crenchas de su pelo negreando bajo el sol atacameño—, se sintió caer en un estado de éxtasis. No era para menos: acababa de resucitar a un muerto”. (Hernán Rivera Letelier, El arte de la resurrección)

“Jacqueline Cascorro, la protagonista de este relato, conoció durante buena parte de su vida las experiencias conyugales de rutina: arrebatos, riñas, infidelidades, crisis y reconciliaciones. Todo cambió en un instante, cuando al quebrar con sus manos una pata de cangrejo y oír descorchar a sus espaldas una botella de champaña se dejó poseer por un pensamiento que la visitaría de manera intermitente, convirtiéndola, y ya para siempre, en una mujer de muy malas ideas”. (Sergio Pitol, La vida conyugal)

“Ese año pasaron muchas cosas en este país. Entre otras, Andrés y yo nos casamos. Lo conocí en un café de los portales. En qué otra parte iba a ser si en Puebla todo pasaba en los portales: desde los noviazgos hasta los asesinatos, como si no hubiera otro lugar. Entonces él tenía más de treinta años y yo menos de quince”. (Ángeles Mastretta, Arráncame la vida)

“La violación comienza con la mirada. Cualquiera que se haya asomado al pozo de sus deseos, lo sabe. Como contemplar esas fotografías de muñecas torturadas, apretadas cual carne floreciente, aprisionada y dispuesta para la mirada del hombre que acecha desde la sombra”. (Ana Clavel, Las Violetas son flores del deseo)

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros”. (Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí)

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