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#MiércolesDePoesía “El amor no te engañó. Te engañaste tú”: Sor Juana

Graffiti en la ciudad de Puebla. Tomado de http://www.otroangulo.info/libros/respuesta-a-sor-filotea-de-la-cruz-de-sor-juana-ines-de-la-cruz/

La  venturosa Juana Inés de la Cruz echa luces sobre un tema manoseado.

Ayer, 17 de abril, se conmemoraron 323 años de su muerte. Lo notable es que sus versos siguen tan frescos (no es cierto: mucho más) que la flor que abrió hace unas horas.

Este soneto suyo no es de los más conocidos. Mira el amor con agudeza: es un proceso y, por lo mismo, un día termina. Así de claro, así de transparente. Me encanta.

Salve, Sor Juana, en este #MiércolesDePoesía y en todos los demás días de la semana, cómo no.

Que consuela a un celoso, epilogando la serie de los amores

“Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos,
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste;
pues ¿por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste,
pues no te engañó Amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso?”

Sor Juana Inés de la Cruz, “Que consuela a un celoso, epilogando la serie de los amores”, Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días, selección, prólogo y notas de Juan Domingo Argüelles, México, Océano, 2012.

Leer no sirve para nada

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Algunas actividades son realmente inútiles. Mejor dicho: uno es un inútil improductivo cuando las practica. Como tener sexo. O pasar los ojos por las páginas de un libro.  

Son tareas ociosas porque no pagan cuentas ni resuelven problemas. Es más, muchas veces los generan: broncas de cama y miopía son consecuencias asociadas a cada una. Y si uno le suma que cada vez que las practica le quedan millones de veces pendientes, la cosa pinta mal. Además, sobre leer hay un inconveniente adicional: “Si uno leyera un libro diario estaría dejando de leer cuatro mil, publicados el mismo día […]”. Entonces, ¿para qué perderse entre renglones? Aquí va una probable respuesta: “Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero, ¿no es quizá eso, exactamente, socráticamente, lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser simplemente ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes. […] Quizá, por eso, la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”. -Gabriel Zaid, Los demasiados libros, Océano

Ayer, 12 de noviembre, se celebró en México el Día Nacional del Libro. En 1979, el gobierno de José López Portillo lo decretó en homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz, nacida en un día como éste y quien dijo: “No escribo por saber más, sino por ignorar menos”. Valga esta cita de Gabriel Zaid, ese notable vicioso de los libros, para hablar del tema. El asunto es así de clarito: leer no sirve de nada, pero como da una cierta aura de intelectualidad conviene hacerlo de vez en cuando. Ahora, algunos que practican a diario la lectura como si fueran al gimnasio dicen que lo interesante no es cuánto uno lea, ni si atraviesa cientos de títulos como una obligación penosa, fatigante. Dicen que lo rico es asuntarse con ellos como aliados necesarios, como la posibilidad de vibrar en vidas alternas y enriquecer la ignorancia. Eso dicen y añaden: aunque no sirva de nada. Como el sexo.

PD El escritor mexicano Fernando del Paso es nombrado Premio Cervantes 2015. Me alegro muy mucho. Merecidisímo. Da click aquí para ir a uno de sus Sonetos con lugares comunes.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios del sitio web de SoHo).

 

#MiércolesDePoesía Porque la vida es demasiado simple

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Amanezco machacando una línea de Martín Caparrós en El interior (Malpaso): “La vida se hace todos los días”. Y sí, no es tan complicado. Las plantas lo saben, lo practican. Esta mañana que no termina de ser me abrazo a este poema del mexicano Alejandro Aura que corre en la misma línea y dice lo que quiero sea un mantra en este #MiércolesDePoesía:

“Lo que tengo pensado hace ya tiempo
es que la vida es demasiado simple,
que no vale la pena hacer tanta alharaca;
te pones a pasar los años,
haces lo que querías hacer,
cuando te den ganas de llorar, pues lloras;
si puedes te enamoras y si no, pues no:
y te vas así esperando,
sin demasiada vanidad,
a que te toque”.

-Alejandro Aura, “Un muchacho que puede amar”, Antología general de la poesía mexicana, Volumen 1 (Océano)

El deseo, ese huracán

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Hace poco terminé de leer Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios, novela del brasileño Marçal Aquino (Océano), cuya lamentable portada no me apetecía nada. Es lo primero que conozco de él y disfruté pasajes deliciosos como estos:

“Valió la pena ser invadido por una oleada de felicidad, ser tocado por la tormenta. Una vez, en el interior de los Estados Unidos, fotografié un letrero que decía: No one forgets a hurricane. ¿Quién podría olvidarlo? Yo no olvido el mío. Lavinia desnuda, caminando por mi casa en una tarde interminable […]”.

Y sí, hay deseos como tormenta, que dejan marcas en todo alrededor. Qué bien que Aquino lo ponga en palabras.

 

 

A veces los poetas se mueren

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Aunque no deberían, a veces los poetas se mueren (qué falta de empatía con sus lectores, que los necesitan). Ayer se fue sin despedirse el autor mexicano Rubén Bonifaz Nuño, de 89 años. Me produce una gran tristeza que se murieran también sus dedos. Escribían versos llenitos de aire, de música, de perfumes, como estos:

“Centímetro a centímetro

—piel, cabello, ternura, olor, palabras—

mi amor te va tocando.

 

Voy descubriendo a diario, convenciéndome

de que estás junto a mí; de que es posible

y cierto; que no eres,

ya, la felicidad imaginada,

sino la dicha permanente,

hallada, concretísima; el abierto

aire total en que me pierdo y gano.

 

Y después, qué delicia

la de ponerme lejos nuevamente.

Mirarte como antes

y llamarte ‘de usted’, para que sientas

que no es verdad que te haya conseguido;

que sigues siendo tú, la inalcanzada;

que hay muchas cosas tuyas

que no puedo tener […]”.

-Rubén Bonifaz Nuño, “Centímetro a centímetro”, Antología general de la poesía mexicana (Océano)

Leer nos hace físicamente más reales

Ayer, en una conversación en este blog con Borgeano, comentábamos sobre la dificultad de mantenernos al día con lo que cada día se publica: no hay forma de abarcar siquiera una mínima parte de las muchas letras vaciadas en impresos y en digital, en todos los formatos imaginables. Entonces recordé esto, escrito por el enorme Gabriel Zaid y recopilado en ese volumen delicioso llamado Los demasiados libros (Océano):

“¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”.

Coincido con Zaid (vaya soberbia la mía. Mejor: “aplaudo a Zaid”).