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Lo dije en un poema: ¿Cómo no amar la tierra de esa lengua en la que todos falamos?

Escribir el mundo con luces y sombras

Fotos: Sebastiao Salgado
Fotos: Sebastião Salgado

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado es captado por la cámara del cineasta alemán Wim Wenders y, al mismo tiempo, Salgado fotografía a Wenders. Ese ir y venir de miradas me parece uno de los momentos más simples pero poderosos de La sal de la tierra, documental sobre los 40 años de trabajo de Salgado, realizado por Wenders y por Juliano Ribeiro Salgado, hijo del artista. Premiado en Cannes, abarca desde su temprana juventud como economista y su primer proyecto fotográfico, Otras Américas (1977), hasta el más reciente: Génesis (2004-2014).

De una increíble belleza visual, la película se arma con fotos y más fotos, además de escenas testimoniales del trabajo de campo detrás de muchas, entre ellas las que ilustran esta entrada. El argumento es sencillo: el artista habla a la cámara mientras va narrando los distintos momentos de su obra y las emociones que lo han acompañado a través de años de viajar por todo el mundo. Por un lado revela lo contagioso que es el odio, el animal feroz que es el ser humano y la conclusión inescapable “Nadie merece vivir”, mientras por otro es una celebración de la belleza del planeta, en cuyo fondo se oye la voz del artista que dice: “Soy tan parte de la naturaleza como el oso o el árbol caído”. Así, en blanco y negro (tanto literal como metafóricamente hablando) La sal de la tierra toca mente y emociones sin dar concesión. Fui con mi adolescenta a ver el documental y me emocionó que saliera tan tocada por el poder de la imagen, tanto, que quiere empezar a tomar fotos “en serio”. Y es que el hecho de que alguien sea capaz de escribir el mundo con luces y sombras, como Salgado define el trabajo del fotógrafo, me parece brutalmente hermoso.

Da click aquí para ver dos tráilers del documental:

Screen shot 2015-05-05 at 8.08.39 AM

Screen shot 2015-05-05 at 8.09.30 AM

Screen shot 2015-05-05 at 8.08.04 AM

Screen shot 2015-05-05 at 11.38.45 AM

 

Screen shot 2015-05-05 at 11.50.40 AM

Screen shot 2015-05-05 at 11.46.44 AM

Éste es el idioma más cachondo

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Me encantan las lenguas, he estudiado varias y podría dedicar el resto de mi vida a aprenderlas todas. Para este #MiércolesDePoesía va un pequeño poema juguetón que celebra una de mis favoritas, por razones que distan de ser académicas. Ustedes disculparán.

“En portugués

tú falas

yo falo.

Cómo no amar esa lengua

en la que todos falamos”.

Vivir en estado de poesía

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Empieza la última semana del año y, con ella, 2014 termina de deshilacharse. Despedirlo con buena música me parece una idea inmejorable, así que invito al escenario de este blog a la portentosa María Bethania, con esta canción que me comparte mi querido Pablo, desde Argentina: “Estado de poesía”. Habitar el asombro y la intensidad de las emociones, vivir con el alma a flor de piel en un permanente estado de poesía suena como lo que quiero para 2015. Salud.

PD Aunque está en portugués, se entiende bastante bien en español. Y lo que no se entiende, se imagina.

 

 

San Piojo Herrera, sálvanos de la sufridera

Playera marca Ambulante (antes Naco)
Playera marca Ambulante (antes Naco)

Hoy la selección mexicana juega contra Croacia en el Mundial de Futbol. Lo sé no porque el tema me interese (que no), tampoco porque siga las noticias (que menos), sino porque es imposible sustraerse a la tensión en el ambiente: en casa una adolescenta entusiasta y un novio que no concibe perderse el partido, en la oficina colegas con camisetas verdes, el país parado y todo el mundo sólo hablando de dónde verá el encuentro y cuál puede ser el marcador.

El entusiasmo es tal que me contagia: comparto la idea de que san Piojo Herrera puede ganar el partido y, en consecuencia, resolver todos los problemas del país, desde violencia hasta pobreza, crisis y corrupción, en suma, de todo sufrimiento presente y por venir. A él me encomiendo.

Por qué América se llama así

Mapa de Martin Waldseemüller

En 1507, el clérigo alemán Martin Waldessmüller realizó un mapa que cambiaría la forma de entender el mundo. Consta de 12 bloques de madera que forman una imagen de 2.50 por 1.20 metros y se volvió fundamental porque es el “acta de nacimiento” de América: nombra por primera vez así al “nuevo” continente, aunque también contiene numerosas imprecisiones, cuenta Simon Garfield en el tesoro inagotable que es su libro En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto, publicado por Taurus (da click en Las monjas que intuyeron a Borges y Cómo Google Maps alimenta el ego, otras entradas sobre este libro).

El nombre figura sobre Sudamérica y en un recuadro en la parte inferior izquierda, Waldessmüller anota que “los antiguos no hacen mención” de esta zona y que su inclusión se basa “en conocimientos geográficos auténticos y precisos”. Además, en la parte superior representa a dos personajes: a la izquierda Ptolomeo, padre de la cartografía, junto al ya conocido hemisferio oriental, mientras a la derecha aparece Américo Vespucio, junto al nuevo hemisferio occidental.

Recuerdo que en mis años escolares me pregunté por qué el continente lleva el nombre de Vespucio, personaje del que nunca oí nada, y no el de Cristóbal Colón, protagonista en mis clases de historia y en la “fiesta” del 12 de octubre. Ahora salgo de la duda: resulta que Vespucio, navegante florentino, realizó varios viajes a Sudamérica en los primeros años del siglo XVI y fue considerado por muchos el primero en llegar a la tierra recién explorada. Luego se aclaró que Colón fue el primero, pero se ve que al momento de hacer su mapa, Waldseemüller era de los fans de Vespucio. Así, explica en la introducción a su mapa: “Puesto que tanto Europa como Asia recibieron nombres de mujeres, no veo razón alguna para  no llamar a esta parte del mundo Amerige, esto es, la tierra de Americo, o América, por Americo, su descubridor”. Y aunque seis años después, en otro mapa Waldseemüller nombró a Colón como el primero en llegar a tierras incógnitas, era tarde: ya se había copiado masivamente su representación del mundo y, con ella, el nombre América para designarla.

Amo estas historias fantásticas que subrayan la fuerza del azar.

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Cabalgar sobre tu cuerpo (y hacerlo en portugués)

Foto: Andreas Bitesnich
Foto: Andreas Bitesnich

(Da click en el enlace para oír la canción)

Es viernes de música y de amores, y aunque el Mundial de Futbol es un cero a la izquierda entre mis intereses, aprovecho la ola de pasión carioca para compartir una canción brasileña seductorísima. Se llama “Cavalgada” y la cantaba Roberto Carlos (entiendo que es de su autoría), pero prefiero esta versión del dueto Bruno e Marrone.

Es la metáfora de un amante que dice querer cavalgar toda la noche con su amada, usar con ella su mano más audaz, tomarse de sus cabellos para no caer del galope y después de todo deleitarse en el cansancio de ella, sin importar si en ese instante “soy dominado o si domino”, “si me siento un gigante o tan pequeño como un niño”. Es una absoluta delicia, la sutileza del mejor Brasil. Aquí está la letra en portugués, que se entiende bastante bien y, abajo, una versión en español.

“Vou cavalgar por toda a noite
Por uma estrada colorida
Usar meus beijos como açoite
E a minha mão mais atrevida
Vou me agarrar a seus cabelos
P’ra não cair do seu galope
Vou atender aos seus apelos
Antes que o dia nos sufoque.

Vou me perder de madrugada
P’ra te encontrar no meu abraço
Depois de toda a cavalgada
Vou me deitar no seu cansaço
Sem me importar se nesse instante
Sou dominado ou se domino
Vou me sentir como um gigante
Ou nada mais do que um menino.

Estrelas mudam de lugar;
Chegam mais perto só pra ver
E ainda brilham de manhã
Depois do nosso adormecer.

E na grandeza deste instante
O amor cavalga sem saber;
E na beleza desta hora
O sol espera pra nascer”.

Da click aquí para oír una versión en español del propio Roberto Carlos

El deseo, ese huracán

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Hace poco terminé de leer Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios, novela del brasileño Marçal Aquino (Océano), cuya lamentable portada no me apetecía nada. Es lo primero que conozco de él y disfruté pasajes deliciosos como estos:

“Valió la pena ser invadido por una oleada de felicidad, ser tocado por la tormenta. Una vez, en el interior de los Estados Unidos, fotografié un letrero que decía: No one forgets a hurricane. ¿Quién podría olvidarlo? Yo no olvido el mío. Lavinia desnuda, caminando por mi casa en una tarde interminable […]”.

Y sí, hay deseos como tormenta, que dejan marcas en todo alrededor. Qué bien que Aquino lo ponga en palabras.