Archivo de la etiqueta: Rosario Castellanos

#MIércolesDePoesía Amo ciegamente, como ama una raíz

Augustin Cayot, Muerte de Dido (siglo 1717)

Ando en plan de disfrute grosero de la vida, así que este día de versos lo dedico a uno de mis poemas favoritos desde hace tiempo: “Lamentación de Dido”, de Rosario Castellanos.

La escritora mexicana lo construyó en torno al personaje mitológico de Dido, reina de Cartago que se pierde por el troyano Eneas, quien luego de un tiempo de amores correspondidos dedice abandonarla para seguir su viaje. “Destrenzada y frenética”, Dido corre por la playa mientras trata de convencer al extranjero de quedarse, pero fracasa. Levanta entonces una hoguera para quemar las posesiones que él dejó y ahí se suicida con el puñal del propio Eneas (lo cuenta Virgilio en la Eneida y una de las Heroidas de Ovidio es, justamente, la de Dido a Eneas).

Bueno, pues en este portentoso poema portentoso, Castellanos le pone voz a Dido, a la insensatez de quien ama hasta traspasar fronteras, contra toda lógica y decoro. Y aunque el mundo se vuelva un rato perfecto, aunque incluso toque melodías con “flauta de pastor”, el amante siempre quiere más. Tanto el poema como la imagen que ilustra esta entrada son testimonio de la sensualidad y la tragedia de esta historia brutal.

Me fascina el ritmo de los versos en prosa y la sorpresa de esta imagen: quien ama, lo hace igual que amaría una raíz. Qué cosa.

“[…] —La mujer es la que permanece; rama de sauce que llora en las orillas de los ríos—.

Y yo amé a aquel Eneas, a aquel hombre de promesa
jurada ante otros dioses.

Lo amé con mi ceguera de raíz, con mi soterramiento
de raíz, con mi lenta fidelidad de raíz.

No, no era la juventud. Era su mirada lo que así me
cubría de florecimientos repentinos. Entonces yo
fui capaz de poner la palma de mi mano, en signo
de alianza, sobre la frente de la tierra. Y vi
acercarse a mí, amistadas, las especies hostiles. Y
vi también reducirse a número los astros. Y oí que
el mundo tocaba su flauta de pastor.

Pero esto no era suficiente. Y yo cubrí mi rostro con la
máscara nocturna del amante.

Ah, los que aman apuran tósigos mortales. Y el
veneno enardeciendo su sangre, nublando sus ojos,
trastornando su juicio, los conduce a cometer actos
desatentados; a menospreciar aquello que tuvieron
en más estima […]”.

Da click aquí para leer el poema completo.

#MiércolesDePoesía De cuando quien “debía” quererte mira a través de ti

Escultura: La musa dormida, de Constantin Brancusi (sí, Borgeano querido, otra vez Brancusi)
Escultura: La musa dormida, de Constantin Brancusi (sí, Borgeano querido, otra vez Brancusi)

Acaba de celebrarse el que hubiera sido el cumpleaños 91 de la poeta y narradora mexicana Rosario Castellanos, así que no busco más excusas para invitarla a este #MiércolesDePoesía.

Aquí están unos flagelantes versos suyos que ponen el dedo en la llaga: nada me acerca más a la experiencia de no-ser, de carecer de un rostro y un nombre, como saber que quien podría amarme no lo hace, que no detiene su mirada en mí. Es lo más parecido a ser una muerta anónima. Cómo se agradecen poemas como éste, que en el momento de la herida ayudan a ponerle palabras al dolor.

Desamor

Me vio como se mira al través de un cristal
o del aire
o de nada.

Y entonces supe: yo no estaba allí
ni en ninguna otra parte
ni había estado nunca ni estaría.

Y fui como el que muere en la epidemia,
sin identificar, y es arrojado
a la fosa común.

¡Este blog llega a 4 mil seguidores!

Captura de pantalla 2015-04-14 a las 22.34.03

Rosario Castellanos, la poeta mexicana que habla con el mismo aliento fresco que cuando escribió sus textos, visita este #MiércolesDePoesía con un poema sobre lo indispensable que resultan los amigos. Aprovecho para agradecer con él a los cuatro mil seguidores que hoy alcanza este blog, es decir, a las cuatro mil personas que conforman conmigo esta comunidad en la que se conversa, se comparten lecturas, ideas y experiencias, abrazos que borran la distancia pero, sobre todo, palabras que vibran. Miles de gracias a todos. En serio.

“Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.

¿Cómo podrías estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan
hasta el amanecer?”

-Rosario Castellanos, “Apelación al solitario”

La herida que no debe sanar

Screen shot 2013-10-02 at 10.11.16 AM

Hoy hace 45 años se perpetró en México, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, una matanza de estudiantes que protestaban contra el gobierno. Lo ocurrido lastima la memoria, es recuerdo infame y vergonzante. Pero si esa herida se cierra es más vergüenza, si llegamos a olvidarla estamos condenados a repetirla. Por eso desde entonces y hasta ahora se repite “DosDeOctubreNoSeOlvida”. Esto escribió entonces la poeta chiapaneca Rosario Castellanos. Valga hoy como memoria:

”[…] ¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie./

La Plaza amaneció barrida; los periódicos/

dieron como noticia principal/

el estado del tiempo./

Y en la televisión, en la radio, en el cine/

no hubo ningún cambio de programa,/

ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el/

banquete./

(Pues prosiguió el banquete).//

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres/

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:/

a la Devoradora de Excrementos.//

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.// […]

Recuerdo, recordemos/

hasta que la justicia se siente entre nosotros.”

(Fragmento del poema “Memorial de Tlatelolco”)

“Todas las noches nos salvamos de la muerte”

En algunos días saldré de viaje de amor a Chiapas, tierra mágica a la cual no he vuelto en muchos años. Como un buen augurio, recibiré ahí el año nuevo. Para viajar antes de viajar me empapo de dos de sus hijos predilectos: leo por vez primera Oficio de tinieblas, impactante novela de Rosario Castellanos, y repaso poesía de Jaime Sabines.

Aquí, un video de su propia voz leyendo un fragmento de Adán y Eva, con palabras tan desarmantes como estas: “Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande de algún modo. Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día. Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca”.