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#MiércolesDePoesía El bendito miedo

Foto: Dean Farrell www.deanfarrell.com
Foto: Dean Farrell http://www.deanfarrell.com

El poeta y yo tenemos una historia entrañas adentro. Él me escribió un poema insuperable que se llama “Palabras para Julia”. Yo no le escribí nada, cómo atreverme luego de leerlo, pero muchas veces soy él porque en sus palabras soy más yo. Es decir, más él. Bueno, nos entendemos.

Se llama José Agustín Goytisolo y me escribió también este poema, para que pudiera usarlo cuando tuviera necesidad, como hoy. Se llama “Esa flor instantánea” y leerlo y releerlo es lo mejor a lo que puedo dedicarme en este #MiércolesDePoesía.

“Miedo a perderse ambos,
vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento, la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo, bendito miedo
que propicia el deseo,
la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego”.

 

 

#MiércolesDePoesía De cuando quien “debía” quererte mira a través de ti

Escultura: La musa dormida, de Constantin Brancusi (sí, Borgeano querido, otra vez Brancusi)
Escultura: La musa dormida, de Constantin Brancusi (sí, Borgeano querido, otra vez Brancusi)

Acaba de celebrarse el que hubiera sido el cumpleaños 91 de la poeta y narradora mexicana Rosario Castellanos, así que no busco más excusas para invitarla a este #MiércolesDePoesía.

Aquí están unos flagelantes versos suyos que ponen el dedo en la llaga: nada me acerca más a la experiencia de no-ser, de carecer de un rostro y un nombre, como saber que quien podría amarme no lo hace, que no detiene su mirada en mí. Es lo más parecido a ser una muerta anónima. Cómo se agradecen poemas como éste, que en el momento de la herida ayudan a ponerle palabras al dolor.

Desamor

Me vio como se mira al través de un cristal
o del aire
o de nada.

Y entonces supe: yo no estaba allí
ni en ninguna otra parte
ni había estado nunca ni estaría.

Y fui como el que muere en la epidemia,
sin identificar, y es arrojado
a la fosa común.

#MiércolesDePoesía Una orgía con Jaime Sabines

Mónica Soto lee "Espero curarme de ti".
Mónica Soto lee “Espero curarme de ti”.

Anoche hicimos una bacanal a costillas de Sabines. Estrenamos sus poemas, los comimos e inhalamos, los bebimos. Impúdicos, dejamos que nos pintaran la boca de rojo y nos dejaran remecidos.

Éramos más de 100 (calculo) en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. El evento se anunció como una celebración por los 90 años que hubiera cumplido el escritor, pero en realidad llegamos desde distintos puntos de la ciudad, en realidad estábamos ahí para leer un poema y asegurar: “No es de Sabines, es mío, tiene mi nombre”. O: “Con él me di cuenta de que sabía algo sin saber que lo sabía”. O, incluso: “Estos versos me dicen mejor que yo mismo”.

Los invitados no éramos Mónica Soto, Rocío Cerón, Alejandro Baca, Javier Moro Hernández y yo misma, colegas a quienes amablemente mi querido José Luis Enciso convidó a leer nuestros textos sabinianos favoritos. Los invitados tampoco eran quienes llegaron con su libro bajo el brazo y pasaron a leer sus versos preferidos o los que los recitaron de memoria o los leyeron en el celular. El invitado de honor era el poema.

Me emocionó, me emociona esa apropiación, ese invitar a la gente a ponerle su firma a unos versos que, aunque escritos por Sabines, son de uno. La poesía es tremenda por eso, porque “es un puente que tendemos entre una soledad y otra”, dijo alguna vez el autor chiapaneco. Y anoche lo vi ocurrir una vez más.

Hoy me pongo más cursi de lo normal y digo: qué chingona es la poesía y qué rico orgiar con Sabines.

Dejo por aquí estos versos suyos que son míos:

“Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando”.

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Alguien del público comparte “He aquí que tú estás sola”.

 

Yo leo "Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti".
Yo leo “Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti”.

 

Una chica del público lee en su celular los versos que el poeta escribió para ella.
Una chica del público lee en su celular los versos que el poeta escribió para ella.

 

"Yo no lo sé de cierto, pero supongo/ que una mujer y un hombre un día se quieren, se van quedando solos poco a poco...".
“Yo no lo sé de cierto, pero supongo/ que una mujer y un hombre un día se quieren,/ se van quedando solos poco a poco…”.

#MiércolesDePoesía Esos hombres tatuados. Ufff.

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He desarrollado por ellos una leve infatuación. Un jodido vicio, pues. Y si los tatuajes son incorrectos, ni les cuento. Me parecen tremendamente sexys justo porque son perjudiciales, algo que no hace un hombre decente y formal. Así que me sale natural marcar a fuego el #MiércolesDePoesía con éste del autor mexicano Eduardo Casar y titulado, precisamente, “Los tatuajes”. Porque sí, el amor también se tatúa en la piel. Feliz y entintado paseo por estos versos.

 

Sucede que yo no me enamoro.

Simple, infinitivamente

me tatúo.

 

Se me quedan

tus manos y tus voces

como una mordedura

permanente.

 

Se me contagia todo

del tatuaje,

la música, el olor

del mar privado,

lo que íbamos a ser

y nunca hicimos.

 

Basta la lluvia

y se me nota todo.

 

-Eduardo Casar, “Los tatuajes”, Mar privado (CONACULTA/ Instituto Cultural de Aguascalientes)

#MiércolesDePoesía “Soy la nerviosa ardilla que huye”

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¿Cómo decir cuando una desea a uno que no aparece? ¿Que no contesta?

¿Cómo le hace una cuando está segura de que él está ahí, pero finge que no? Acabo de descubrir a la poeta peruana Rossella Di Paolo y, en especial, acabo de saborearme varias veces estos versos ansiosos y magistrales, de la amante que se compara a una ardilla buscadora, que no encuentra. Aquí los dejo, para un #MiércolesDePoesía en el que llueve.

La estaca

“Soy yo

la que corre y suena sus rótulas

la que pela sus dientes

la que trepa asustada por tu tronco

la que pregunta y vuelve a bajar

porque no hay nadie entre el follaje no hay nadie

soy yo la nerviosa ardilla que huye

a rondar otra estaca      otro afán

otro imposible follaje que responda”.

-Rossella Di Paolo, “La estaca”, Tabillas de San Lázaro, en Gustavo Guerrero (editor), Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Instituto Cervantes/ Editorial Pre-Textos).

#MiércolesDePoesía La noche oscura del alma

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Un poema me resuena estos días en la cabeza, no sé por qué. Lo aprendí de memoria hace años y luego lo olvidé, pero esta semana estos versos me retumban sin aviso:

“¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.”

Claro, es la “Noche oscura” del místico español Juan de la Cruz (me resisto a llamarlo “San Juan” porque me parece mucho más digno elevarlo como el poeta exquisito que fue, a darle el dudoso privilegio de santo). Nacido en 1542 en la región de Castilla, llevó la poesía a niveles que nunca antes había alcanzado, con el deseo de explicar su experiencia mística. Éste es uno de sus poemas más conocidos, de una belleza y sonoridad espléndidas. En una primera lectura, digamos terrenal, es un poema deliciosamente erótico, pero señalan sus estudiosos que, bajo el sentido evidente, el poeta buscaba expresar la aventura del alma que sale a buscar la unión con Dios. Sea como sea, esta semana Juan de la Cruz es el invitado que llena de luz este #MiércolesDePoesía con versos que no saben hacerse viejos.

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.

“En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste,
¡oh noche amable más que el alborada:
oh noche, que juntaste
amado con amada, amada
en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”.

*Tomo la versión de ortografía modernizada que avala Gerald Brennan, uno de los mayores estudiosos del poeta español, en el libro Gerald Brennan, San Juan de la Cruz (DeBolsillo)

Mañana, mis poemas en sociedad

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Llega otro #MiércolesDePoesía y uno especial para mí, porque justo mañana presento en sociedad mi libro de poesía erótica Rabia de vida/ Rabia debida. La cita es a las 7:30 p.m. en el auditorio de la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, en la Colonia Condesa, Ciudad de México. Lo presentará Eduardo Casar, riquísimo poeta, narrador y conductor del programa de TV de Canal 22, La Dichosa Palabra. Toda la comunidad del blog está invitada, la intención es pasar un buen rato entre versos. Ojalá me puedan acompañar.

En ese contexto, aquí va un poema del libro. Por cierto que es uno de mis favoritos por cómo plantea la sugerencia del deseo y por el suspenso que deja entre los dedos.

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Poema de paso sobre un hotel de ídem

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Otro #MiércolesDePoesía llega de improviso, sin avisar. Para recibirlo como se merece, aquí va un poema rico de Vicente Quirarte sobre un tema que nadie podría tachar de ligero. Se titula “Una mujer y un hombre” y se incluye en Puerta del verano. Provecho.

Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,

entrar en un hotel (ese templo escondido

que de ser invocado se aparece)

y amarse a plena luz del día.

 

Pero una mujer y un hombre deben antes

entrar en un cine, aunque jamás se enteren

de lo que pasa en la pantalla

y él mire la pelusa de durazno en su mejilla

y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.

 

O una mujer y un hombre pueden

salir a caminar y que la mano de él parezca

prolongación de la cintura de ella

y que entonces sea mayor la cadencia

del caminar de la mujer,

pues a eso sólo se parece

un barco bogando en altamar

en el umbral de la primavera.

 

O pagar el café ya frío cuando los ojos

y las manos han dicho sí mil veces.

Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,

una mujer y un hombre pueden, finalmente,

entrar en un hotel y darse el cuerpo,

dejar abierta la ventana para que pasen

la brisa caliente de los parques,

el rumor de los que salen del cine,

las campanas golpeando contra tazas,

la débil voz que va diciendo “así”.

Codiciar la nuez de Adán

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Aquí va un pequeño poema mío que celebra esa delicia de la geografía masculina, con frecuencia pasada por alto cuando se habla de sexo, pero en el juego del deseo exquisita de imaginar, acariciar, chupar, morder, besar. Si Adán hubiera sabido cuánto iba a estar presente en mis fantasías…

 

Quiero tu cuello

ahora

grueso

lamerle la nuez

como áspera es la noche.

Quiero tu cuello

quiero

grueso

lamerle la nuez.

 

-Julia Santibáñez

Dedicado con cariño a “la otra”

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Ana María Rodas es una poeta guatemalteca contemporánea, que descubrí el año pasado en esa tierra por recomendación de un librero. Su sabroso erotismo ha estado de visita varias veces por el blog y hoy enriquece el #MiércolesDePoesía con este poema breve, que contiene una granada.

Cuando se prende a tu boca/

cuando te lame el sexo/

ella/

encuentra/

mis besos.//

El fin de los mitos y los sueños, en Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)

 

Da click aquí para leer un poema sorprendente de Rodas 

Da click aquí para ir a su texto “En vez de semen, palabras”

Da click aquí para leer la entrada sobre Rodas: “Iluminación a dos cuerpos”

Me desordeno, amor, me desordeno

Foto: Andreas Bitesnich
Foto: Andreas Bitesnich

Ayer quise retomar la sanísima costumbre de los #MiércolesDePoesía, pero me fue imposible. Tuve que hablar del libro de Martín Caparros, El hambre, porque su crudeza no me dejó opción, de modo que por esta vez celebraré el #JuevesDePoesía. Para ello invito a la poeta cubana Carilda Oliver Labra, nacida en 1924 y que con este poema resume la exquisita confusión del deseo.

Me desordeno, amor, me desordeno/
cuando voy en tu boca, demorada;/
y casi sin por qué, casi por nada,/
te toco con la punta de mi seno.//

Te toco con la punta de mi seno/
y con mi soledad desamparada;/
y acaso sin estar enamorada;/
me desordeno, amor, me desordeno.//

Y mi suerte de fruta respetada/
arde en tu mano lúbrica y turbada/
como una mal promesa de veneno;//

y aunque quiero besarte arrodillada,/
cuando voy en tu boca, demorada,/
me desordeno, amor, me desordeno.

Iluminación a dos cuerpos

Foto: Germán Paraire
Foto: Germán Paraire

“Fuerte, mucho más fuerte/

para que de tan fuerte/

yo no distinga/

entre el dolor y el placer/

ni dónde acabas tú/

y yo empiezo.//”

-Ana María Rodas, Cuatro esquinas del juego de una muñeca, en Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial).

Cuando eso pasa, por supuesto, el deslumbramiento es total.

En vez de semen, palabras

Screen shot 2013-07-30 at 1.28.12 PMA veces se convierten en sucedáneo del cuerpo amado, de los besos, de la vida. Colocadas sobre la cama, acompañan. Qué haría uno sin ellas.

“Sin embargo/ no todo está perdido./ Yo sigo viendo tus ojos en el sueño/ y así, te beso/—porque la imaginación es algo serio—/ cada centímetro de piel.// Tu voz me eriza cada vez que la recuerdo.// Me conformo con eso./ Con la memoria de lo que no ha sido/ con la experiencia negativa/ de tu ausencia.// En vez de semen en las piernas y en la cama/ hay una fila interminable de palabras.// No importa/ además de ser mujer, soy poeta”. -Ana María Rodas, Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)

Celebración de la intensidad

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Coactemalan, palabra indígena que significa ‘lugar de muchos árboles’, es una tierra de naturaleza sorprendente. Ahora mismo, en Antigua Guatemala, el verde inunda sin misericordia. De un lado, montañas cuajadas de árboles. Del otro, el Volcán de Agua y más allá, el Volcán de Fuego. Arriba, un cielo tapizado de nubes que no deciden si llorar o aguantarse. Aquí nada conoce las medias tintas. Tampoco los poetas: sus palabras tienen el deslumbre del sol que se trenza en las plantas de café pero también truenan como el cielo, que en un segundo estalla en tormenta y luego vuelve a sonreír. Este poemita pertenece a esta geografía:

“Asumamos la actitud de vírgenes./ Así/ nos quieren ellos.// Forniquemos mentalmente/ suave, muy suave/ con la piel de algún fantasma.// Sonriamos/ femeninas/ inocentes.// Y a la noche, clavemos el puñal/ y brinquemos al jardín,/ abandonemos/ esto que apesta a muerte”. -Ana María Rodas, Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)