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Rulfo: los reglazos que lo empujaron a escribir

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“[…] De los seis a los doce años sólo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a los abuelos: era una casa enlutada”, dijo Juan Rulfo en una entrevista para la revista mexicana Proceso (29/ septiembre/1980). Añadió, explicativo: “Después de la Revolución quedaron muchas gavillas, bandas, que entraban al pueblo a matar, a robar”.

Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recupero esta entrada de hace tiempo. Inmenso autor de Pedro Páramo, que García Márquez llamó “la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español” y del libro de cuentos El llano en llamas, poesía narrativa que bucea como nunca se había hecho en el lenguaje mexicano, su talento se alimentó de lecturas de infancia.

“Leía mucho, me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado. Pero ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos”.

Los lectores hispanoamericanos deberíamos hacer un monumento a esa regla que sirvió de acicate.

 

BAzar de letras: ¿Para qué otra revista cultural?, con Moramay Kuri y Luis Torres

Juana de Asbaje, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, vivió en la Nueva España durante el siglo XVII (1651-1695). Poeta, dramaturga y ensayista, logró en vida reconocimiento como una de las más altas plumas que jamás han escrito en español.

Ordenada monja jerónima, fungió como poeta de la corte novohispana y su fama llegó a España, donde en 1689 fue publicado su libro Inundación Castálida. De él toma su nombre la revista cultural que acaba de lanzar la Universidad del Claustro de Sor Juana, en la Ciudad de México.

En BAzar de letras platiqué con Moramay Kuri, directora de la revista, y con Luis Torres, editor de la misma, sobre las particularidades de Inundación Castálida, qué persigue y hasta si es posible publicar en ella. Hablamos brevemente de los dos primeros números, el primero de los cuales aborda los 100 años del nacimiento de Juan Rulfo: tiene textos notables de Jorge F. Hernández y Alí Chumacero, además de una entrevista de Daniel Rodríguez Barrón con Cristina Rivera Garza, quien acaba de publicar un libro sobre el Rulfo que, mientras escribía, era empleado de la llantera Goodrich. El segundo número celebra los 40 años del restablecimiento de relaciones entre México y España: por supuesto, el exilio español llegado a este país es protagonista, además incluir de un texto emocionante de Juan Villoro y otro, de Ana García Bergua.

Total, la conversa se puso rica y plural, bajo el amparo de Sor Juana. Y creemos haber respondido la pregunta que dio origen a este BAzar de letras: ¿para qué otra revista cultural?

Da click aquí para oír el programa completo (duración: 25 minutos).

(Listo: se resolvieron los problemas técnicos en la estación y aquí está el enlace, funcionando. Gracias por su paciencia).

“Para soñar que no estamos huyendo”, de nuevo a escena

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El teatro, la caja vacía que vibra de historias y matices, es una gran mentira. Los actores pretenden ser otros, estar en distinto tiempo y lugar, mientras los espectadores les creemos y reímos como si lo que pasa en escena ocurriera de a devis, nos estrujamos las vísceras, exprimimos el corazón cuando el momento lo amerita. Pero lo que dijera Rulfo sobre la literatura aplica igual al teatro: es una mentira que dice la verdad.

Lo traigo a cuento porque acaba de estrenarse en el teatro El Galeón la obra Para soñar que no estamos huyendo, con texto y dirección de Ana Francis Mor y actuaciones de Amanda Schmelz, Antonio Cerezo y la siempre amable (de amabilidad y de que merece ser amada) Marisol Gasé. Vi la obra en su anterior temporada en el Teatro Juárez y sin duda ahora me daré otra vuelta. En ella, a partir de una cama, un atril y algo de utilería se crea un mundo complejo, traspasado de violencia. Con apenas apoyos escénicos pero bien pertrechados con las armas flagrantes de la ironía y la lucidez (perdón por la redundancia), tres personajes exploran la vocación victimaria que aún permea nuestra querida culturita mexicana: con la voz y el cuerpo sacuden, hacen reír, tragar camote y vuelta a empezar. Además, a un lado del escenario Leika Mochan crea con el cuerpo atmósferas sonoras que subrayan lo que pasa en escena y lo vuelven más poderoso.

Mor y Gasé, las Chulas que son unas Reinas y con las que hace poco aplaudí el aniversario diez de El Vicio, hacen que uno se pregunte con cara de pasmo: ¿los personajes huyen o nomás sueñan que huyen? Sepa la bola. Lo innegable es que en ellos nos vemos retratados, en esas mentiras que cuentan verdades innegables. Ni cómo hacernos a un lado.

Para soñar que no estamos huyendo se presenta lunes y martes a las 8 pm, del 11 de enero al 1 de marzo, en el teatro El Galeón (atrás del Auditorio Nacional), en la Ciudad de México.

 

El Premio FIL, para Vila-Matas por líneas como éstas

El escritor.
Enrique Vila-Matas, el escritor que entiende la literatura como un juego con el lector.

Si va a seguir escribiendo cosas así, que le den todos los premios que quieran.

Se anunció esta semana que el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 se entregará el 28 de noviembre en Guadalajara al catalán Enrique Vila-Matas (1948). El galardón lo determinó un jurado internacional en reconocimiento a una escritura que representa “un salto al vacío que pone en riesgo tanto al autor como al lector”. Al comentar el galardón, Vila-Matas dijo que siente “toda la admiración del mundo” por la obra de Juan Rulfo y agradeció el premio a su amigo Sergio Pitol, quien fue “decisivo” en su vocación literaria.

Aprovecho la noticia para volver a un libro de Vila-Matas que me fascina y recomiendo: Suicidios ejemplares (Anagrama). Es un juego impecable, una colección de cuentos cargados de ironía que trazan una geografía imaginaria del suicidio, una suerte de mapa de ruta que guía en un terreno espinoso. En especial se quedó a vivir conmigo “Rosa Schwarzer vuelve a la vida”, la historia de la cincuentenaria vigilante de un museo que está cansada de todo, harta de la infidelidad de su esposo y el desprecio de sus hijos, aunque vive apasionada por un cuadro que debe cuidar.

Un día amanece sintiendo el llamado del suicidio, pero deja pasar oportunidades de despedirse de la vida. De pronto entra a un bar, en el que un borracho se pone a conversar con ella y terminan caminando juntos, en eso que es una “secuencia de color de su recién animada vida” y entonces ella dice estas breves líneas: “Es decir, resumiendo, que esta mañana todo me parece nuevo, nada de lo que me ocurre me había sucedido antes”. No daré el spoiler del cuento pero sí diré que ante la certeza de que la realidad es desagradable, ella se plantea que quizá la ficción, tanto la que le cuenta el borracho como la que plantea aquel cuadro del museo, quizá sean más desagradables, “como si hubiera comprendido que después de todo no sabemos —lo diré con las palabras del poeta— si en realidad las cosas no son mejor así: escasas a propósito”. Por líneas así me alegra que los 150 mil dólares se los lleve Vila-Matas. Cómo no.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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Macondo y Comala se asoman en Estambul (Crónicas desde Turquía 9)

Foto: Julia Santibáñez
Así esperan lectores El Aleph, Vivir para contarla y Ensayo sobre la ceguera. Foto: Julia Santibáñez

Entro a una librería en la zona de Beyoglu, centro de Estambul. Busco literatura turca en inglés, pero apenas hay unos títulos para turistas. No encuentro ninguna biografía de Atatürk, nada sobre la “Revolución del alfabeto” que impulsó ese visionario. También quisiera algo de poesía y alguna novela. Nada.

El librero me oye decir algo en español y pregunta de dónde soy. Al responder “México” casi grita: “¡Rulfo! ¡Uan Prekiado!”. En su pobre inglés pregunta cómo se pronuncia el nombre del protagonista de Pedro Páramo y con cierta pena corrijo: “Juan Preciado”. Cuenta que es su novela favorita, que la ha leído varias veces y se las ingenia para comunicar su hipótesis de que Comala influyó en el Macondo de Cien años de soledad, porque se publicó más de 10 años antes. Macondo y Comala se me aparecen a la mitad de Turquía.

Dice llamarse Mahsum y lamenta no tener en ese momento en la librería Hür Basımevi, la edición en turco de Pedro Páramo, pero me presume a Latinoamérica en su tienda: Cien años de soledad y Vivir para contarla de García Márquez, La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes y El Aleph de Borges, más un libro sobre Frida Kahlo. Es un gran lector, lástima que nos comunicamos con dificultad. Le pido me recomiende autores turcos que deba buscar, además de Orhan Pamuk. Me escribe una larga lista con nombres que desconozco, entre ellos Latife Tekin, Ece Ayhan y Nazim Hikmet. Al fin me despido de él como de un amigo con quien tengo amistades en común. Cómo no.

Muero por saber qué tanto le platican Aureliano Buendía y Juan Preciado cuando están solos.

Cien años de soledad. Foto: Julia Santibáñez
Cien años de soledad. Foto: Julia Santibáñez

El llano en llamas con 36 acentos

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Este mes se celebran 60 años de la publicación de El llano en llamas, volumen de cuentos del narrador mexicano Juan Rulfo. Según cuenta el blog especializado Talent (link abajo), esa primera edición se terminó de imprimir en la Ciudad de México en septiembre de 1953. La fecha no es central, sino el hecho de que, junto con la novela Pedro Páramo, es de los dos únicos libros que Rulfo publicó y con los que se colocó como uno de los más grandes autores hispanos de la historia.

Me gustan las varias interpretaciones que merecen obras emblemáticas como ésta o, en su momento Lolita, de Nabokov (aquí en enlace al comentario sobre Lolita: http://wp.me/p1POGd-1FL ). Arriba, 18 portadas de El llano en llamas en español hablan a lo largo de los años; abajo, traducciones al inglés, portugués, francés, italiano, griego, hebreo, holandés, finlandés, turco, croata, húngaro, eslovaco, chino y japonés. Me pregunto cómo suenan en esas lenguas las primeras líneas del libro: “Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.” Enorme, Rulfo.

Links relacionados

Blog Talent: http://goo.gl/ZTkZd2

Club Cultura: http://goo.gl/6Byg8f

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Gonzalo Rojas, Juan Rulfo y la no-muerte del segundo

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“Los poetas no mueren, quedan encantados”. Eso le dijo Gonzalo Rojas a Juan Rulfo cuando lo conoció, retomando la frase de Guimaraes Rosa. Era 1969, estaban en Viña del Mar en un encuentro de escritores. Vale recordarlo porque por estos días se cumplieron 96 años del natalicio de Rulfo, el hombre que nació pero no murió.

Link relacionado

Fragmento de Oscuro y otros textos, de Rojas: http://books.google.com.mx/books?id=56cLZXv5XV8C