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Este blog respira libros. Es de libros. Sobre libros. En torno a libros.

Un aliento entre escombros #19septiembre

Foto mía

Ayer, entre las clases que doy en la Escuela de Escritores, fui de nuevo a ofrecerme como voluntaria a la colonia Condesa, en la capital mexicana. La brigada médica en la que estuve ayudando del martes 19 (día del terremoto) al sábado 23 ya está muy organizada por médicos y enfermeras, de modo que no hacen falta manos.

Busqué en qué apoyar y por fin caí en la Casa Refugio Citlaltépetl. Ahí estuve varias horas bajo el mando de Marlene Fautsch Arranz, ayudando a clasificar los libros de la escritora Lorna Martínez Skossowska, quien murió en el terremoto en su departamento en las calles de Laredo y Amsterdam. Su biblioteca fue parcialmente recuperada y está bajo resguardo en Citlaltépetl. Lorna tenía 85 años. Ya con el edificio colapsado, su teléfono seguía sirviendo, así que los rescatistas pudieron hablar con ella 48 horas después del temblor, pero su cuerpo no aguantó las estiradas horas del rescate.

La verdad, yo no había leído a Lorna ni me suena su nombre, y además de sus libros se rescataron parcialmente otras cuatro bibliotecas. Fue impresionante hojear el Julio Cortázar, el Jorge Ibargüengoitia, la Marguerite Duras, el Pablo Neruda, Lawrence Durrell, Jorge Luis Borges, Stefan Zweig, varios de ellos con polvo de escombros entre páginas y otros más, rotos, despanzurrados, como si les hubiera caído el mundo encima. Y sí.

De alguna manera, integrar una biblioteca pública con esos libros hará que un aliento de ella siga por aquí.

Foto mía

 

Foto mía
Foto mía

Siempre voy como arriba de un avión

captura-de-pantalla-2016-11-21-a-las-8-19-57

No me había dado cuenta, pero exactamente así es como atiendo algunos desatinos de mis personajes favoritos: “Le oye hablar con la misma indiferencia con que se deja hablar a un sobrecargo que da instrucciones de emergencia”. Es cortesía del escritor uruguayo Felisberto Hernández.

Es, también sin duda, el gesto difuso con el que otros me escuchan de regreso.

Se siente bien tenerlo claro. Ya lo había cantado Charly: “no voy en tren…”.

 

¿Media hora con Antonio Ortuño? Sí, gracias

El oficio de escritor es el polo opuesto del glamour. Ese pudiera ser el intertexto del espléndido libro de cuentos La vaga ambición, de Antonio Ortuño, con el cual ganó recientemente en España el Premio Ribera del Duero y que publica la editorial Páginas de Espuma.

En BAzar de Letras platiqué con él sobre la clave para ganar un reconocimiento de ese nivel, en el que compitió con más de 800 participantes de todo el mundo de habla hispana. También hablamos de cómo escribir es, en el fondo, mentir bien y de qué modo trabaja cotidianamente con el lenguaje.

Regálate media hora para oír la conversación que tuve con él: da click aquí.  Es gratis y no duele.

 

#MiércolesDePoesía Lo que viene siendo un beso que no es

Escultura: Los millares, de Marianne Weil
http://www.artparks.co.uk/artpark_sculpture.php?sculpture=4325&sculptor=marianne_weil

A veces un beso encierra mundos. No, no mundos: galaxias. Tampoco. Más bien confina a dos que se desbordan labios adentro. Y a veces, sólo a veces, el beso no existe, pero da igual.

En este #MiércolesDePoesía, el invitado es el español Pedro Salinas, con este fragmento que pertenece al portento de libro La voz a ti debida.

Sea, la poesía.

“[…] Vamos,
a fuerza de besar,
inventando las ruinas
del mundo, de la mano
tú y yo
por entre el gran fracaso
de la flor y del orden.
Y ya siento entre tactos,
entre abrazos, tu piel
que me entrega el retorno
al palpitar primero,
sin luz, antes del mundo,
total, sin forma, caos”.

Ese cuerpo mío, tan sin sombra, en Blanco Móvil

Cómo da gusto que el nombre de una de pronto se relacione con una publicación leída y admirada. Así estoy: la revista mexicana de literatura Blanco Móvil, bajo la atinada dirección del poeta Eduardo Mosches, incluye varios poemas míos en su sitio web. Me pone de veras muy de buenas.

Aquí van tres, como bocadillo:

Ubicua
Con frecuencia me acerco a esa niña tan fuera de lugar y le acomodo el mechón de pelo que le cae sobre la frente a esa niña frágil de asombro ante unos versos que no entiende.

A veces le digo que sigo siendo ella.

Sofoco
Adolorarse
el cuerpo de estar solo

de andar hecho una mueca
exprimido por dentro
harto de llevarse puesto

y sobrarse

tan poquito de alma

tan sin sombra.

Urbanita
La lombriz se arquea
en la grava de la avenida,
como que busca.
Le lastima la sombra
y mucho más en la entraña,
escalofrío tan nocláxon noamenaza,
uno como mareo del alma expuesta.
Ahí fingimenta, se casiarrastra
cual si no le inminenciara
que su suave toda pulpa
es la más despanzurrable alarma.
El suyo es un amor muy insensato.

Da click aquí para echarle ojo a todos.

Conversas en tierras montevideanas

Vista de la ciudad desde alguna de las Ramblas

Sigo disfrutando el gusto y las euforias y el vino y los cariños que recibí en Montevideo, Uruguay. Qué días más ricos, más retadores pasé allá en el viaje que tuvo como propósito recibir el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti.

Los uruguayos me sorprendieron por su profesionalismo a toda prueba. Qué maravilla es la gente que se toma en serio la cultura.

Aquí van tres de las conversaciones en tierras montevideanas, por si les da morbo o curiosidad echarles lente. Más adelante compartiré otras, porque me producen mucha felicidad

Medio: Radio Nacional de Uruguay
Programa: La máquina de pensar
Periodista: Pablo Silva
Da click aquí para oírla

Medio: Nuevo Siglo Televisión
Programa: Por amor al arte
Periodistas: Malena Rodríguez y Jaime Clara
Da click aquí para verla
(El enlace no es directo: al entrar a la página NSNOW, baja a donde dice “Señales” y da click en NSTV, de color verde claro. Luego baja a donde está el programa Por amor al arte: mi entrevista es la primera en aparecer y arranca a partir del minuto 31:43).

Medio: Semanario Brecha (edición impresa y digital)
Periodista: Ana Inés Larre Borges. Perdón por el arrugue de las páginas, es que viajaron de lejos.

Parte de guerra desde Montevideo (3)

Se me acabaron las palabras, no sé decir lo rico del evento de premiación de anoche y la avalancha de entusiasmos en la presentación de Eros una vez, el libro ganador.

Creo que esta sonrisa dice más o menos cómo me siento. En la foto estoy con Hortensia Campanella, presidenta de la Fundación Mario Benedetti.

Parte de guerra desde Montevideo (2)

Hoy: dos buenísimas entrevistas (una, con Rocío Miranda, de EFE, y otra con Nelson Caula, del programa El Tungue Lé, en Radio Nacional de Uruguay), un poco de tiempo libre en la Ciudad Vieja y visita a la librería Puro Verso, una pasada fugaz a la Feria del Libro Infantil, algunas diligencias auxiliada por Washington Carrasco y después, gracias a la entrañable Diane de Noir, un ratito de shopping para llevarle algo a la adolescenta.

Luego, por cortesía de la muy querida Hortensia Campanella, una función del Ballet Nacional Sodre de Uruguay, que fue de veras soberbia: Don Quijote. Además, no tanto frío como temía. O sea, la vida es bella.

Podría decir mucho sobre la gente pero resumo: los uruguayos son muy abrazables. 

Que las cosas sigan saliendo tan de libreto, tan chulas, mañana que me reúno con poetas de aquí y, sobre todo, en la presentación en sociedad de mi libro Eros una vez y en el evento de recepción del Premio Benedetti.

Anden, hados, sean buenos un día más. 

Viene un día sobrecargado de entusiasmos

Hay noticias que emociona dar, pero esta es para morirme de euforia: la próxima semana estaré en Uruguay  para recibir el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti y presentar Eros una vez, libro con el que gané y que publica el sello Seix Barral.

Además tendré el gusto de que me presenten Jorge Arbeleche, uno de los mayores poetas de habla hispana, y Hortensia Campanella, presidenta de la Fundación Benedetti.

Si estás en Montevideo el jueves 8 de junio te invito a acompañarme. Si estás en cualquier otro lugar alza una copa y celebra conmigo, que yo sola no puedo con tantos entusiasmos.

 

 

Coleccionistas de páginas: pagar más de 100 mil pesos por un libro

En la edición de mayo de la revista A, The Style Guide publicaron un texto mío sobre el coleccionismo de libros. Cómo disfruté hacerlo, de verdad.

Entrevisté a Max Ramos, dueño de El Burroculto, una de las librerías de viejo más extraordinarias del país, donde sólo se puede acceder con cita. Ahí la fotógrafa Mónica Ornelas se dio vuelo tomando las espléndidas imágenes que acompañan las palabras.

También hablé con Selva Hernández, de La Increíble Librería, y con Óscar G. Chávez, de Librería Anticuaria Eguiara.

Ojalá disfrutes esta mirada a un mundo de quienes saben saborear el papel.

Da click aquí para leerlo completo.

 

 

 

 

Rulfo: los reglazos que lo empujaron a escribir

Imagen 3

“[…] De los seis a los doce años sólo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a los abuelos: era una casa enlutada”, dijo Juan Rulfo en una entrevista para la revista mexicana Proceso (29/ septiembre/1980). Añadió, explicativo: “Después de la Revolución quedaron muchas gavillas, bandas, que entraban al pueblo a matar, a robar”.

Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recupero esta entrada de hace tiempo. Inmenso autor de Pedro Páramo, que García Márquez llamó “la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español” y del libro de cuentos El llano en llamas, poesía narrativa que bucea como nunca se había hecho en el lenguaje mexicano, su talento se alimentó de lecturas de infancia.

“Leía mucho, me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado. Pero ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos”.

Los lectores hispanoamericanos deberíamos hacer un monumento a esa regla que sirvió de acicate.

 

Por qué te urge tomar este Taller de Escritura Creativa

Porque puedes aprender mucho sobre algunos puntos que señala Robert Louis Stevenson en este fragmento del libro Escribir:

“El primer mérito que nos atrae desde las páginas de un buen escritor es

1) la elección correcta y

2) el contraste idóneo de las palabras empleadas.

Es extraña aptitud la de coger todos esos bloques toscos, concebidos para las transacciones del mercado o de la cantina, y

3) dotarlos, con sólo ponerlos en la posición adecuada,

4) de los significados y matices más precisos,

5) reestablecerlos en su energía primigenia,

6) quitarlos de ahí y llevarlos a otro lugar sin que se note o convertirlos en un tambor que despierta pasiones”.

Quedan muy pocos lugares disponibles en el taller, así que si te interesa pide informes a: tallerdeescrituracreativamx@gmail.com.

Avisado estás.

 

Nos apropiamos de Anaïs Nin (y la envidiamos)

Al terminar la mesa nos abrazamos Ana Clavel, Paola Tinoco, Julia Cuéllar, yo y Carmen Rioja. En la foto falta Verónica Maza. Andaba no sé dónde.

Anaïs Nin pasó de visita por la Feria Nacional del Libro de León, en Guanajuato. Estuvieron sus palabras y su affaire con la vida en exceso, con la sobreabundancia del arte.

Cinco mujeres escritoras nos encontramos allá para hablar de ella y del imán brutal que tienen su vida y su obra, a 40 años de su fallecimiento. Ana Clavel, Paola Tinoco, Verónica Maza, Carmen Rioja y yo participamos en una mesa sobre las implicaciones de la pluma de quien dejó líneas como éstas: “Es a Henry a quien amo de esta manera criminal. Locamente. Cometería crímenes por él. Otra vez la locura […] el desbordamiento de una extravagancia indisciplinada. Al diablo con el buen gusto y el arte, con todos los frenos y barnices […] Amar es lo primero… amar, perder, rendirse […] Solo creo en el fuego” (Diarios amorosos, Siruela).

Abordamos su coraje de exponer fuerza y fragilidad por sobre la buena conciencia. El rigor quemante de no quedarse con las ganas. Su convicción de que las vivencias alimentan la literatura, la hacen vestirse de cuerpo y alma.

Me pareció curioso que, como ha ocurrido otras veces, apareció entre nosotras la palabra “envidia”. Esta mujer nacida en 1903 fue capaz de vencer en su escritura y su día a día lastres que todavía nos cobran factura a nosotras, de la segunda mitad del siglo XX.

Qué gozadera hablar de Anaïs con colegas queridas. Hacerla, de nuevo, propia.

Carmen Rioja, espléndida moderadora
Leyendo algún fragmento de los Diarios amorosos publicados por Siruela
Creo que estaba pensando: la de veces que he vuelto a Anaïs, para encontrarme.

 

#MiércolesDePoesía De cuando la prisa se cuela en la cama

Foto tomada de Internet: https://contrastly.com/abstract-photography-walkthrough-what-it-is-how-to-make-the-most-of-it/

Llegó de puntillas otra entrada que se ocupa de versos necesarios. Esta vez la invitada es Ingrid Bringas, poeta de Monterrey con varios libros publicados, entre ellos La edad de los salvajes (2015) y Jardín botánico (2016).

El poema que comparto hoy pertenece a su libro más reciente, Nostalgia de la luz, publicado el año pasado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Disfruto su humor negrito, sus ganas de jugar con una expresión común, para resignificarla. Al final, de eso se trata el oficio de escribir: dar a las palabras un sentido nuevo. Que Ingrid siga escribiendo. Y que la sigamos leyendo.

Sea este #MiércolesDePoesía.

Por favor sea breve

En esta vida condenada le suplico sea breve
como telegrama
como brizna cualquiera
vórtice devorador el tiempo
que nos pide que conjuremos el acto del amor
la breve cobardía
la rabia también desgárrela pero le suplico sea breve
que la brevedad no le impida jadear con desesperanza
deje que el sexo palpite y arda
déjelo correr entre sus piernas
pero por favor sea breve.

El mosquito que se independizó de la historia (de nuevo, Tario)

“¡Con cuánta más agudeza, fe en sí mismo, con cuánta más resolución y bellos propósitos criminales persigue un mosquito a un hombre que un hombre a un mosquito!”. –Francisco Tario

Qué libro más inagotable es Equinoccio, incluido en la Antología de Francisco Tario compilada por Alejandro Toledo y publicada este año por Ediciones Cal y Arena. Está hecho de minúsculas ficciones, fragmentos, versos sueltos, imágenes que caminan independientes de una historia, como ésta: nada  más vulgar que un mosquito y, sin embargo, vaya templo le erige el escritor en apenas tres renglones.

Aunque muchos libros esconden un mecanismo minucioso y exacto, como un reloj finísimo, en lo que va del año ninguno me había asombrado tanto como esta antología.

De veras, por favor busquen leer a Francisco Tario. No se mueran sin conocerlo.

Por qué escribir es tan difícil

“Podríamos decir que la poesía no hace lo que Stevenson pensaba: la poesía no pretende cambiar por magia un puñado de monedas lógicas. Más bien devuelve el lenguaje a su fuente originaria”. Lo dice, nada menos, Borges en la conferencia “Pensamiento y poesía”, incluida en el libro Arte poética, publicado por Editorial Crítica y que llega a mis manos gracias a quien amo.

El escritor (de poesía, pero no sólo) busca regresar al manantial original, a la sonoridad primigenia. No es poca cosa: en forma y fondo llegar a ese punto donde cada uno reconoce algo de sí que no sabía que sabía.

Por eso poquísimas veces lo consigue.

Que no. Que el silencio no existe.

“El tiempo corre.
—No, amigo mío; ni corre ni existe. Tú sí corres; y aprisa”.

Me estoy bebiendo la antología de Francisco Tario preparada por Alejandro Toledo y recientemente publicada por Editorial Cal y Arena. Este fragmento pertenece a Equinoccio (1946), libro de Tario compuesto por ficciones cortas, ideas, aforismos “anécdotas e imprecaciones”, según el prólogo de Esther Seligson.

Es muy impresionante lo que logra con las palabras, no tiene madre lo maestro que es de los adjetivos. Me emociona y aprendo una barbaridad. Desde 2015, cuando se metió en mi cama, no quiero salirme de sus páginas, en las que caminan sonidos y perfumes y matices, como aquí:

“No hay tal silencio, fijaos bien. Es un constante rumor de astros, de aguas, de respiraciones heladas, de alas de pájaros”.

 

Escribir, esa moneda al aire

Estoy leyendo Mudanza, reciente libro de ensayo de Verónica Gerber Bicecci (Almadía), que hace confluir la literatura y las artes visuales a partir de un rigor bien entendido. Me topo con esto:

“Las palabras son cuevas. Difícil usarlas sin producir malentendidos. Las palabras son los cables kilométricos, las señales vía satélite que separan a dos personas, cada una en su auricular. Escribir o hablar, monedas al aire: el peligro latente de que los significados se acomoden en formas insólitas”.

La imagen de la cueva no es gratuita, me parece: ahí espera Platón para afirmar que de la realidad sólo vemos sombras. Mi oficio es, justo, enfrentarme de cotidiano al reto de trepar el muro que me separa de los otros en tiempo y distancia, perpetuar un atisbo de sombra que espero conecte con el atisbo de sombra de alguien más.

Sumar palabras que alimenten los silencios es una moneda al aire. Una insensatez.

 

Una banda de escorpiones me persigue

Hace noches tuve de visita a este escorpión (¿alacrán?). Mi hija lo vio quieto sobre una pared, sin hacer ruido, esperando con ese garbo que no pide perdón. Me aterra y me fascina esa belleza terrible (perdón por la doble redundancia).

Por alguna razón, últimamente he tenido muy cerca a personas de ese signo y una banda de escorpiones se me ha aparecido también en un sueño y en lecturas, como en este pasaje soberbio de la colombiana Laura Restrepo, de su novela Pecado, donde habla un sicario sobre una zona peligrosa de la ciudad: “Ahora El Cardo es un moridero, un penúltimo círculo del infierno. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. Qué imagen más brutal.

Y, claro, esto del inglés Malcolm Lowry, en ese monumento que es Under The Volcano: “A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beutiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway”. [Aquí va una traducción que encontré en Internet, sin nombre del traductor: “Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo”].

Escribí hace tiempo un poema inspirado en esta cita de Lowry y otro, donde figura un alacrán. Ahora estoy trabajando un tercer poema sobre ellos. Ya que una banda de escorpiones me persigue, algo debo decir al respecto.

Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

#LunesDeMonos Yo y mi tragedia mayúscula

Cartón: Tute http://www.tutehumor.ar

Eché a perder un poema largo, el que me iba a consagrar en las alturas más altas del Parnaso mexicano. No guardé copia de la versión previa,  la que iba cuajando bien, como gelatina que se respeta.

Si tuviera sentido del humor me reiría. Me parece más digno proclamar que a partir de ahora mis hordas de lectores no deben esperar más que endechas (y sirve que con la palabrita sueno culta).

Escribir sobre las grietas que llevamos dentro: Ana García Bergua

Foto sin crédito, tomada de http://www.literalmagazine.com

En cada uno de sus cuentos hay siempre historias, más de una. Está la evidente, la gritona, pero también una soterrada, que a veces se asoma pero otras tantas apenas se sugiere, aunque con frecuencia mueva los hilos de la trama.

En la más reciente emisión de BAzar de letras, programa de radio que conduzco en la estación en línea Código CDMX, platiqué con la escritora mexicana Ana García Bergua, a propósito de su libro de cuentos La tormenta hindú y otras historias, publicado por Editorial Textofilia. Habló sobre por qué le gusta escoger personajes corrientes y comunes: porque esconden los desequilibrios más inesperados, las grietas más perversas. También conversamos sobre cómo sus cuentos son de una sencillez muy trabajada.

Da click aquí para oír el programa completo.