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Éste es el idioma más cachondo

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Me encantan las lenguas, he estudiado varias y podría dedicar el resto de mi vida a aprenderlas todas. Para este #MiércolesDePoesía va un pequeño poema juguetón que celebra una de mis favoritas, por razones que distan de ser académicas. Ustedes disculparán.

“En portugués

tú falas

yo falo.

Cómo no amar esa lengua

en la que todos falamos”.

Vivir en estado de poesía

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Empieza la última semana del año y, con ella, 2014 termina de deshilacharse. Despedirlo con buena música me parece una idea inmejorable, así que invito al escenario de este blog a la portentosa María Bethania, con esta canción que me comparte mi querido Pablo, desde Argentina: “Estado de poesía”. Habitar el asombro y la intensidad de las emociones, vivir con el alma a flor de piel en un permanente estado de poesía suena como lo que quiero para 2015. Salud.

PD Aunque está en portugués, se entiende bastante bien en español. Y lo que no se entiende, se imagina.

 

 

Cabalgar sobre tu cuerpo (y hacerlo en portugués)

Foto: Andreas Bitesnich
Foto: Andreas Bitesnich

(Da click en el enlace para oír la canción)

Es viernes de música y de amores, y aunque el Mundial de Futbol es un cero a la izquierda entre mis intereses, aprovecho la ola de pasión carioca para compartir una canción brasileña seductorísima. Se llama “Cavalgada” y la cantaba Roberto Carlos (entiendo que es de su autoría), pero prefiero esta versión del dueto Bruno e Marrone.

Es la metáfora de un amante que dice querer cavalgar toda la noche con su amada, usar con ella su mano más audaz, tomarse de sus cabellos para no caer del galope y después de todo deleitarse en el cansancio de ella, sin importar si en ese instante “soy dominado o si domino”, “si me siento un gigante o tan pequeño como un niño”. Es una absoluta delicia, la sutileza del mejor Brasil. Aquí está la letra en portugués, que se entiende bastante bien y, abajo, una versión en español.

“Vou cavalgar por toda a noite
Por uma estrada colorida
Usar meus beijos como açoite
E a minha mão mais atrevida
Vou me agarrar a seus cabelos
P’ra não cair do seu galope
Vou atender aos seus apelos
Antes que o dia nos sufoque.

Vou me perder de madrugada
P’ra te encontrar no meu abraço
Depois de toda a cavalgada
Vou me deitar no seu cansaço
Sem me importar se nesse instante
Sou dominado ou se domino
Vou me sentir como um gigante
Ou nada mais do que um menino.

Estrelas mudam de lugar;
Chegam mais perto só pra ver
E ainda brilham de manhã
Depois do nosso adormecer.

E na grandeza deste instante
O amor cavalga sem saber;
E na beleza desta hora
O sol espera pra nascer”.

Da click aquí para oír una versión en español del propio Roberto Carlos

Estado de mujer

Kurt Van Wagner

Mañana de sábado, afuera hace frío mientras yo leo en la cama (¿para qué es la vida sino para estos momentos?). Me acompaña una extraordinaria compilación de cuento brasileño y tropiezo con este pasaje, quizá políticamente incorrecto, seguramente criticable desde una óptica feminista, pero que puedo suscribir una y mil veces:

“[…] Se percató de que se había construido una escena animal, como si un animal rozara la carne que mimaba, como si un animal se lanzara contra el rostro del otro, un animal fermentando el deseo en la piel de los dos dedos y en la dureza de las uñas del hombre, un animal que quería arder […] Se enteraba de su estado de mujer estando con un hombre, ya no un niño, un hombre realmente, de puños duros, venas salientes, vellos gruesos, como si fuera esa la gran generosidad. […]”.

Cíntia Moscovich, “Un hueco y un vacío”, en Paula Parisot (compiladora), La invención de la realidad. Antología de cuentos brasileños (Cal y Arena)

Canción para olvidar que es martes

Después de oír a Rita Lee y Milton Nascimento cantando esta cachondería, pasa a segundo término este ingrato día de la semana (lo juro, me pasó).

Meu bem, você me dá água na boca
Vestindo fantasias, tirando a roupa
Molhada de suor
De tanto a gente se beijar
De tanto imaginar loucuras

A gente faz amor por telepatia
No chão, no mar, na lua, na melodia
Mania de você
De tanto a gente se beijar
De tanto imaginar loucuras
Nada melhor do que não fazer nada
Só pra deitar e rolar com você

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El Cristo de Corcovado o el Apocalipsis en una mañana

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Me dijeron que subir a verlo requiere la abnegación de un santo… y se ve que además de mi hija y yo, hay miles de santos queriendo hacerlo a las 8:30 am de hoy. La fila para tomar el trenecito a la montaña Corcovado es, dicen, de unas tres horas. Un “muy amable” empleado del servicio de vans ofrece subirnos por “sólo” 50 reales por persona (unos 350 pesos mexicanos o 27 dólares). Muchos aceptamos de inmediato. Por ese precio supongo que nos llevarán a la coronilla misma de la estatua, pero tras apenas 15 minutos de un viaje atropelladísimo y rebotadísimo nos deja en la taquilla del monumento. Hay otros miles de abnegados-con-cámara-fotográfica haciendo dos filas: una para pagar 27 reales por persona (unos 190 pesos o 15 dólares) y la otra, eterna, para tomar oootro transporte hacia la cumbre. Me pregunto si mejor sería regresar, aunque nos perdamos el paraíso mismo. Decidimos seguir el trayecto: a estas alturas literales y metafóricas merecemos la canonización inmediata.

Hacemos lo que corresponde y luego de más de media hora por fin abordamos la segunda camioneta. Otro conductor frustrado de Fórmula 1 nos lleva a la cima. Ahí nos esperan unos 200 escalones atascados de turistas, 300 tiendas de souvenirs y, eso sí, varios miradores desde donde se ve Río a 360 grados alrededor. La vista es bellísima, única. Acabamos de subir y por fin estamos a los pies de la estatua.
Es muy impresionante. El efecto de sus 30 metros de altura es similar al de las catedrales góticas: hacer que uno se sienta minúsculo, que mire hacia arriba con reserva y hasta un cierto temor. Además, esta imagen rodeada de nubes y con los brazos extendidos parece venir flotando de las alturas.

Con toda seguridad, si hay un día de Apocalipsis va a comenzar aquí, con este Cristo cobrando vida y aniquilando con el dedo meñique a herejes como yo, que subimos hasta sus pies sólo a tomar fotos.

Mujer caliente de sol

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Seguro, segurísimo, De Moraes pensaba en una mujer de Copacabana cuando escribió esto tan deliciosamente erótico:

Un mujer al sol es todo mi deseo,/
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz/
y la flor de los labios abierta para el beso/
y en la piel refulgente el polen de la luz.//

Una hermosa mujer, los senos en reposo/
y caliente de sol, nada más se precisa./
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa/
en la flor de los labios, abierta para el gozo.//

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje/
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,/
y que al someterse se enfurezca y solloce,//

e intente rechazarme, y que al sentirme ausente/
me busque nuevamente y se quede a dormir/
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.//

-Vinicius de Moraes

Sabores de la costa brasileña

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Uno de mis máximos gustos al viajar es despertar a nuevos sabores, buscar la referencia conocida para tratar de explicarlos: “sabe como a…”, sabiendo que la comparación será inexacta. En todo caso, siendo cuasi-vegetariana, no es opción para mí la carne, tan popular por estos lares. Amante de la feijoada y los mariscos, más bien me dedico a experimentar frutas, bebidas, golosinas.
Va una breve reseña de lo hallado en la playa, las calles y un mercado cerca de Ipanema:
1. Guaravita: En el centro de Río, muerta de sed pruebo esta bebida harto publicitada. Es un jugo de guaraná, muy endulzado pero refrescante (perdón por la referencia puramente mexicana, pero es la única que me viene a la mente: ¡sabe a Chaparrita de piña!). Mi hija se vuelve adicta al primer sorbo y ahora no quiere nada más que beber Guaravitas.
2. Goiaba: variedad grande de guayaba que nunca he visto en México, dulcísima y de pulpa rosa, deliciosa.
3. Jaca: fruta muy grande, del tamaño de una sandía pero de corteza rugosa, interior blanco/ amarillento, dulce y pulposo. Parece guanábana pero más fibrosa. Buena aunque podría vivir sin volver a comerla.
4. Itaipava: cerveza clara, suave, digamos que parecida a una Corona.
5. Kaki: fruta por fuera parecida a un jitomate, por dentro de pulpa muy dulce. La he probado antes, creo que en español se llama pérsimo. Mi favorita. Si se descuidan en la aduana, puedo llevar varios kilos en la maleta.
6. Globo: golosina en forma de dona, de harina inflada. Pasa sin pena ni gloria.
7. Caipirinha de kiwi: francamente deliciosa y refrescante para este calor de 26 grados.

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Mensaje en un sobre de azúcar

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No evito el lugar común de tomarme una caipirinha en mi primera hora en Copacabana, igual que mi adolescenta futbolera tampoco evita jugar futbol en la arena y pedirme que le tome fotos frente a la portería. De lugares comunes estamos hechos. La novedad es que en el restaurantito playero donde bebo el licor de cachaça hay un recipiente con sobres de azúcar “inspiracionales”, es decir, mensajes positivos cualquier-cosa-que-eso-signifique. El primero que tomo dice “Viva intensamente”. Qué fácil obedezco.

Primera lección en Río

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Recién desembarcadas en esta ciudad “abençoada” (bendecida), aventar las maletas en el hotel y bajar a Copacabana fueron una y la misma cosa. Arena suave, mar glorioso, paisaje a punto, hija feliz.
Alérgica mental al sol como soy, de inmediato rento una sombrilla para completar mi dicha. Un sonriente muchacho la entierra en la arena junto a mí, para luego irse con mi billete de 20 reales, diciendo que me traerá de vuelta el cambio: 15. Media hora después, ni sus luces. Mi paranoia (“seguro ya desapareció con el dinero”) y mi escasa paciencia chilanga (“no puede tardarse tanto en cambiar un billete”) se combinan: me enfilo a buscar al infeliz. Lo encuentro tomando un coco, qué más, y platicando. Le digo que vine por el dinero y mientras me lo da, sorprendido dice: “ya lo llevaba, relájese”.

Recuerdo lo que me dijo hace años en Jamaica un guía local, a quien pregunté por qué no empezaba el paseo a las Cascadas del río Dunn si estábamos todos listos (incluído él) desde hacía 20 minutos. Respondió: “No hay prisa. Si no te retrasas es que no estás relajado”. Primera lección: aquí el tiempo corre a otro ritmo. Y está bien.

La tierra del cero-estrés

(da click en el enlace para oír la canción)

En pocas horas abordo un avión hacia Río de Janeiro. Me emociona cantidad: pasaré unos días oyendo el hermoso portugués, visitando la tierra de mi querido amigo Giancarlo, de Vinícius de Moraes, de Rubem Fonseca, Drummond de Andrade, el enorme Caetano Veloso, María Bethania, Bruno e Marrone.

Buscando información de sitios por visitar, en una página de internet encuentro esta cita de la cantante negra Dionne Warwick: “Brazil is a stress-free country”. Es justo lo que necesito. Como música de fondo, esta preciosa canción de Veloso, que tanto disfrutaba Giancarlo.